La Talacha

Los deslindes inútiles

El 23 de mayo del 2016, ya entrada la noche, Egidio Torre recibió un mensaje en su celular. -«Gobernador, que esté al pendiente del teléfono, el candidato Baltazar va a llamarle. Va a comunicarle algo muy importante».

-«Ok». Fue la respuesta seca y cortante del entonces mandatario tamaulipeco.

Baltazar Hinojosa, fue convencido por su equipo de campaña, de deslindarse de Tomás Yarrington, Eugenio Hernández y Egidio Torre. Las encuestas de Mendoza Blanco y Asociados, empresa contratada por el PRI, ese día en la mañana, lo ponían tres puntos abajo del entonces candidato del PAN Francisco García Cabeza de Vaca. Los nervios estaban ya fuera de control en el equipo de Balta, tanto, que todos coincidieron que era urgente el deslinde de sus antecesores. «¡Hay que hacerlo ya!». «No podemos perder mas el tiempo». De inmediato se tomó el acuerdo que fuera en Tampico en el Espacio Cultural Metropolitano, el día siguiente. Corran las invitaciones, «Convoquen a los medios y a toda la clase política priísta. Ese día estaba en la agenda la visita de Emilio Gamboa Patrón y se le pidió que fuera testigo de calidad de aquel «deslinde histórico».

En el equipo de campaña de Balta, había representantes de Egidio y uno de ellos, le sugirió al candidato, «tienes que avisarle al gobernador de este acuerdo, ¿o quieres que nosotros se lo comentemos?».

-«No, déjame a mí, es mi deber que yo se lo diga directamente», respondió Baltazar.

Fue entonces que se envió aquel mensaje al teléfono de Egidio.

En el reloj dieron las 12 de la noche y el teléfono de Egidio no sonó. Dió la 1 de las mañana y nada. Las 2 de la mañana y nada. Fue tan larga la espera de la llamada que el sueño terminó venciendo al gobernador. Amaneció, y ni la llamada, ni el mensaje de Baltazar llegaron. Para entonces, se había corrido la voz a lo largo y ancho de Tamaulipas. Baltazar va hacer un pronunciamiento fuerte en Tampico. Todo mundo sabía del deslinde, menos Egidio; o al menos se lo imaginaba, pero esperaba que Batazar se lo comunicara, pero éste jamás se tomó el tiempo de llamar.

A las 12 horas del 25 de mayo, con el Metropolitano de Tampico a reventar, y con el doctor Egidio Torre Lopez, papá del gobernador en primera fila, Baltazar Hinojosa dejó escapar de su ronco pecho: «El candidato soy yo mero (le suena el ¿yo mero?), no soy Tomás, no soy Eugenio ni Egidio. Lo digo con la frente en alto, soy Baltazar y siempre he sido una gente de bien». Llegaron los aplausos y la llama de la ilusión volvió a prenderse entre los seguidores del candidato priísta.

«Ahora sí, después de esto ganamos la gubernatura», decía Chucho Collado y compañía. El deslinde, aseguraban, estaba a tiempo, aunque las encuestas, el ánimo y la opinión en las calles era otro.

En la casa de gobierno mientras tanto, Egidio Torre, estaba histérico; se retorcía de coraje. «¿Porque no avisó?», «¿Porqué Baltazar no fue lo suficiente hombre para decirme lo que iba hacer?». «Le faltaron huevos para decírmelo», casi gritaba montado en cólera. Lo que más dolor le producía al entonces gobernador es que hayan llevado a su papá, y lo hayan sentado en primera fila, y decirle en su cara, «Yo no soy Egidio».

Baltazar y Egidio terminaron odiándose y culpándose ambos de la derrota priísta. La relación ya estaba rota entre ellos, antes de que arrancara el proceso electoral. Egidio se defiende y se justifica de esta manera «a mi nunca me llamaron de Los Pinos, ni de Gobernación, tampoco de Hacienda para pedirme o encargarme a Balta». Baltazar tiene su opinión particular de que «Egidio entregó el Estado, pues nada hizo para pelear por el priísmo: la historia lo juzgará así».

Han pasado ya dos años de aquel deslinde y de aquella derrota que tiene al priísmo tamaulipeco en el suelo y del que tanto se ha escrito y dicho.

Coincidentemente y guardando las proporciones, no son pocas las voces que hoy piden a gritos que Jose Antonio Meade se deslinde de Peña Nieto y su estela de corrupción que hoy es la loza mas pesada que tiene anclado al candidato presidencial priísta en el tercer lugar de las encuestas y en el precipicio de la derrota.

A Baltazar no le alcanzó ni le sirvió el deslinde. Su derrota ya estaba pactada y escrita. ¿A Jose Antonio Meade le servirá el deslinde de Peña Nieto un mes antes de las elecciones?, ¿Le alcanzará para ganar?. Yo tampoco lo creo. Los deslindes, para que sean efectivos, deben de darse en tiempo y en forma. Balta no lo hizo, Meade, tampoco lo hará.

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