La TalachaOpinión

¡Basta de verguenzas!

El fallo del Tribunal Estatal Electoral que revocó el triunfo del PAN en los municipios de Monterrey y Guadalupe, para entregarlos al PRI y que colocó a Nuevo León en los primeros planos informativos del país, debe de leerse y entenderse más allá de un pleito postelectoral, en donde se decreta un ganador o un perdedor.

Las reacciones que se vieron después del dictamen de TEE, no son propias de dos municipios que están catalogados como los mas grandes de Nuevo León y colocados entre los más importantes del país. Esta, es una riña aldeana entre los partidos PRI y PAN, que no representan los intereses culturales, sociales y democráticos de Monterrey y Guadalupe. La actitud de sus líderes y de algunos simpatizantes que llegaron a la violencia verbal y a los golpes, demuestran una conducta retardataria y porril que recuerda a los años del autoritarismo priista de los años mas negros de la lucha electoral mexicana.

La razón debe dársele a quien la tenga, y por como están las cosas, será la Sala Regional del Tribuna Federal, que está ajena a los intereses locales, la que dictamine quien ganó y quien hizo trampa en las pasadas elecciones. Y el fallo de ésta, debe ser contundente e inapelable, que tendrán que aceptar a rajatabla ganadores y perdedores, porque la ciudadanía está cansada de ver cómo dos partidos (PRI y PAN) confrontados se descalifican y se acusan de lo peor, y que reflejan de paso un apetito voraz por el botín presupuestal en estos dos municipios.

La elección municipal del 1 de julio, fue desaseada y tramposa, en donde los dos partidos protagonistas priistas y panistas, incurrieron por igual en anomalías y deben ser autocríticos para admitirlo.

Monterrey y Guadalupe y toda su zona metropolitana, en el entorno nacional, es ejemplo de trabajo, de desarrollo, de inversiones, que ninguna otra zona del país posee y no puede ser paralizada por una crisis política que están empujando estos dos partidos. Si en otras regiones de país, los partidos a través de sus gobiernos marcan las pautas y las agendas de desarrollo, aquí eso, la sociedad nuevoleonesa no debe permitirlo.

Si ya en el pasada elección presidencial, Jaime Rodríguez Calderón, El Bronco, con su campaña sus propuestas e iniciativas sonrojaron y avergonzaron a muchos electores nuevoleoneses, los pleitos, plantones y pataleos que iniciaron los partidos esta semana en Monterrey y Guadalupe deben reconsiderarse.

En las democracias se gana y se pierde con un voto y cuando se llega a la instancia de los tribunales hay que admitir los veredictos, por eso, la tarea que hagan los magistrados de la Sala Regional debe ser aceptada por quienes hoy están enfrascados en una riña postelectoral que parece que camina hacia un túnel sin final y que pone en riesgo la armonía, la convivencia política y la tranquilidad en el corazón de Nuevo León.

Felipe de Jesús Cantu, Pedro Garza Treviño, Adrián de la Garza y Cristina Díaz, como cabezas de estos dos grupos, como nuevoleoneses bien nacidos, están obligados a conducir sus luchas y sus movimientos por la ruta de la civilidad y la legalidad, procurando que las pasiones no se desborden para evitar tragedias. Es mucha la violencia y la inseguridad que se vive en las calles, como para que los actores políticos le echen leña a la hoguera con sus berrinches y apetitos insaciables por el poder y el presupuesto.

La sociedad de Nuevo León y particularmente la de los municipios de Monterrey y Guadalupe no merecen ser rehenes de intereses y reyertas partidistas. El PAN, el PRI, sus candidatos y sus lides, deben de tomarlo en cuenta.

 

 

 

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