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La otra Caravana

La Talacha

Por Francisco Cuellar Cardona

Las migraciones de centroamericanos a México y Estados Unidos, siempre han existido, pero recientemente en una de sus locuras, a Donald Trump se le ocurrió poner el tema en su agenda de cara a las elecciones intermedias en Estados Unidos en donde no anda nada bien y en su cuenta de twitter empezó a disparar amenazas a diestra y siniestra contra los países de Centroamérica y México por alentar y apoyar las caravanas de migrantes hacia su país.

El asunto se volvió viral y hoy la Caravana de indocumentados que caminan por territorio mexicano con el objetivo de alcanzar la frontera norte y cruzar a los Estados Unidos, es noticia mundial y principal bandera de Trump para congraciarse con los votantes gringos y con su partido el Republicano para que voten por él.

El problema de los migrantes es muy delicado y se puede convertir en un asunto peligroso, porque la demanda real es humanitaria y necesita la solidaridad del mundo para atenderlo, pero queda claro también que Trump y su gobierno, están usando el tema como bandera política para ganar electores.

Mientras eso sucede, en el territorio nacional, todos los gobiernos locales, incluyendo el gobierno federal, se cuelgan de la Caravana y cada quien trata de sacar raja política. En Nuevo León, Jaime Rodríguez Calderón, El Bronco fue el único que desentonó, como siempre, y dijo que los expulsará y los deportará si estos llegan al Estado.

La ruta de la Caravana, todo indica que apunta hacia Tamaulipas por ser el trayecto más corto para llegar a los Estados Unidos. Reynosa sería el objetivo final para brincar a los Estados Unidos por McAllen, Texas.

Las regla internacional dice que el Derecho Humano del Migrante está por encima de cualquier opinión o desplante de autoridad o gobierno, de tal manera que tanto Trump, y El Bronco en Nuevo León están obligados a respetar y ser humanitarios con los Migrantes. El gobierno federal, y los gobiernos por donde está pasando la Caravana han sido respetuosos, y han dado apoyo logístico y alimentario, incluso la población en un gesto propio de los mexicanos se han volcado apoyándolos con comida, medicinas y ropa. Hasta donde se ve, la autoridad migratoria mexicana, ha atendido las recomendaciones de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM).

La criticas hacia los gobiernos locales y a la misma Federación sobre el tema, es que estos han mostrado dos caras, pues mientras se desviven por atender a los migrantes extranjeros en tránsito, han olvidado a los otros migrantes locales.

En Chiapas, miles de indígenas huyen de sus comunidades de la violencia, del hambre y la falta de oportunidades para sobrevivir. En otros Estados como Michoacón, Guerrero, Oaxaca, Guanajuato, y no se diga Tamaulipas, padecen el otro fenómeno migratorio que no recibe los titulares ni los espacios en los medios.

Nuevo León, ya lo declaró Manuel Gonzalez, Secretario General de Gobierno, recibe cada año 100 mil migrantes de Tamaulipas, San Luis Potosi y Veracruz, «vienen huyendo de la violencia, pero también en busca del sueño mexicano, en lo que se ha convertido Nuevo León para muchos paisanos que vienen del interior del país».

En Tamaulipas, según el INEGI en los últimos 3 años, 58 mil personas se han salido del Estado en busca de protección por la ola violenta que se padece en Tamaulipas; cifras conservadoras extraoficiales, sin embargo hablan de 200 mil que han abandonado hogares y comunidades completas por culpa del problema de inseguridad.

«La doble moral» de los gobiernos mexicanos, así se titula una imagen que circula en las redes sociales en donde miles de indígenas chiapanecos en largas caravanas salen de entre la selva, escapando de la explotación de los caciques y grupos delincuenciales que los acosan y los matan y ningún gobierno les tiende la mano y los protege.

Es inadmisible que en Tamaulipas, de manera silenciosa y sin los reflectores, salgan familias huyendo del acoso criminal y los gobiernos de los tres niveles se queden callados. Los otros migrantes, los de aquí, gritan desde el destierro que no ser «candil de la calle y oscuridad de la casa». Exhiban a los gobiernos su doble moral, ante un problema que nadie atiende y que están convertidas en una verdadera bomba de tiempo que va a estallar en cualquier momento.

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