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¿Y los otros superdelegados?

La Talacha

Por Francisco Cuellar Cardona

¿Y los otros superdelegados?

Fue con Carlos Salinas de Gortari en 1991, cuando los «superdelegados» federales eclipsaron a los gobernadores en los Estados. Estos funcionarios llamados delegados del programa «Solidaridad» tenían un poder político absoluto: manejaban programas sociales, obra pública y jugaban el papel real de vicegobernadores.

En Coahuila fue Rogelio Montemayor y en Tamaulipas, Manuel Cavazos Lerma. Ambos brincaron de «Solidaridad» a las gubernaturas, donde hicieron un penoso gobierno.

Y cuando Vicente Fox ganó la presidencia de la república en el 2000, hubo casos similares, en las delegaciones federales en los  estados se volvieron instrumentos de negociación política para pagar favores electorales y premiar o enriquecer a los amigos en el poder. También fueron espacios, que los gobiernos federales utilizaron para hacer clientela electoral y ganar elecciones.

El PRI lo hizo desde que fue gobierno, después el PAN lo copió con Fox y Calderón y el PRD en la Ciudad de México y en los estados donde ganó, hizo exactamente lo mismo.

Pero fue en el sexenio de Felipe Calderón, donde se perdió el pudor de los partidos y las ideologías. En este sexenio, los priístas, panistas y perredistas, se repartían las delegaciones federales como si fueran un botín productor y generador de votos.

Las delegaciones federales, literalmente, se ponían a la venta en diferentes ventanillas: algunas veces era desde la Cámara de Diputados, el Senado de la República, la Secretaría de Hacienda, la Secretaría de Gobernación, o a veces directamente la oficina de Los Pinos, donde el presidente en turno las palomeaba.

En este sexenio de Enrique Peña Nieto, fue la Secretaría de Gobernación de Miguel Angel Osorio Chong la que ofertó, repartió y vendió al mejor postor las delegaciones federales, siendo su Oficial Mayor, Jorge Márquez, quien operó sin escrúpulos el reparto de éstas. Por su oficiaba desfilaban gobernadores, secretarios, diputados, senadores a recoger los nombramientos para sus favoritos.

Cada vez que un gobernador priísta, panista o perredista ganaba un estado, se apersonaba con Márquez y le entregaba la lista de las delegaciones federales que quería y se las entregaba a cambio de acuerdos o amarres políticos, y en ocasiones hasta a cambio de fabulosas bolsas de dinero. En Tamaulipas y en Nuevo León, bastaría preguntarle a los actuales delegados «cuánto les costó y como se hicieron de su chamba».

Por supuesto que las delegaciones más cotizadas eran las de Sedesol, Sedatu, SCT, IMSS, Sagarpa, por eso cuando Judith Díaz, próxima coordinadora estatal en Nuevo León, dice que este asunto de los “coordinadores o superdelegados» no es nuevo y que tanto priístas como panistas cuando estuvieron en el poder crearon estas figuras que hoy los gobernadores cuestionan y se espantan con su presencia.

La corrupción y los cochupos políticos en las delegaciones federales, es un asunto mayor y fue por eso que Andrés Manuel hoy optó por crear estas figuras, primero para quitarles poder a los gobernadores y segundo para que los programas federales lleguen directamente a los beneficiarios. La decisión ya esta aprobada en la Cámara y no va haber reversa.

Por todo lo anterior, el asunto de los coordinadores estatales o «superdelegados» no va acabar bien entre el presidente electo, Andrés Manuel Lopez Obrador y los gobernadores panistas y priistas, porque el tabasqueño les va a ganar la partida ante la Corte, y eso va a provocar que exista una relación tirante y desgastaste con el próximo presidente, al menos los primeros meses de gobierno.

Aquí, aparte de que es un tema legal, constitucional, en el que López Obrador lo trae muy bien planchado y sustentado jurídicamente, es una cuestión política en la que el próximo presidente no va a ceder ni un milímetro. Y si se habla de caprichos, en ese terreno Andrés Manuel es muy intolerante. Así que lo mas recomendable es que se lleven la fiesta en paz porque si trasladan el pleito al terreno político o legal, los gobernadores no tienen muchas opciones de salir victoriosos.

El bono democrático, las dos cámaras a su favor y con una influencia importante en el poder judicial federal, Andres Manuel, las lleva de ganar.

 

 

 

 

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