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Cuidades violentas

La Talacha

Por Francisco Cuellar Cardona

Cuidades violentas

En todos los informes sobre violencia e inseguridad en el mundo desde el 2016, Victoria aparece como la octava ciudad más peligrosa para vivir. En la capital de Tamaulipas, se registran 83 homicidios dolosos por cada 100 mil habitantes. A nivel nacional, solo la supera Los Cabos, que en el radar delictivo ocupa el primer lugar en México. Victoria es la número dos.

Reynosa, es la segunda ciudad tamaulipeca más violenta con una tasa de homicidios del 42 por ciento. En los reportes trimestrales del Secretariado Nacional de Seguridad Pública, se incluyen otras ciudades del Estado, como Nuevo Laredo y Mante, pero Victoria, penosamente, desde hace mas de dos años, ocupa un deshonroso lugar en el mapa de la inseguridad en el mundo.

Desde la óptica local, vivir en Victoria es una experiencia de zozobra e incertidumbre; no se sabe en qué momento van a salir las armas y los ataques entre las bandas que guerrean en las calles. Hace apenas algunos meses, los ajustes de cuentas entre ellos, hoy no se miden las consecuencias y los atentados ocurren en plena vía publica y ante los ojos de las familias que son víctimas de los daños colaterales.

Aunado a esa guerra entre las bandas, hay que agregarle los delitos de extorsión, secuestros, robos, que en las estadísticas, también se han duplicado en Victoria; las familias ya no quieren salir de sus casas ante el temor de ser víctimas de la delincuencia.

Los victorenses que pudieron, se fueron y se pusieron a salvo de este escenario de violencia; los que se quedaron, no tuvieron otra opción que vivir con el jesús en la boca y encomendarse al poder divino. ¿Cómo se puede vivir así?, ¿cómo soportan este clima de sangre y muerte?, cuestionan los que ven la realidad capitalina desde el exterior.

En el Plan Nacional de Seguridad (PNS) del nuevo gobierno federal, existe un apartado especial en el que están consideradas las 20 ciudades más violentas e inseguras del país, entre las que están por supuesto Ciudad Victoria,  Acapulco, Tijuana, La Paz, Culiacan, Chihuahua, Ciudad Juarez, Cd Obregon, Tepic, Reynosa, Nuevo Laredo, Guadalajara, Monterrey, Manzanillo, entre otras.

De cada una de estas ciudades, existe un diagnóstico y se ha confeccionado un plan integral de seguridad, en donde ¡Ojo!, no tienen contemplado tomar en cuenta a las policías, ni a las autoridades locales. Dicen: son parte del problema, y será la Guardia Nacional la que tome en sus manos el asunto de la seguridad.

En las carpetas de cada una de las «ciudades violentas», también existe un diagnóstico de cómo trabaja y opera cada gobierno municipal. En Monterrey, por ejemplo, llama la atención que el conflicto postelectoral que tiene a la capital nuevoleonesa sin gobierno, ha sido aprovechada por los grupos de la delincuencia para imponer su ley, de ahí las balaceras y las ejecuciones diarias en la zona metropolitana.

Monterrey relajó su vigilancia policíaca, a partir de que empezaron las campañas electorales y donde su candidato Adrián De la Garza, le dio prioridad a las tareas electorales que a su responsabilidad de gobierno. Desde entonces, arreció la violencia.

En el caso de Ciudad Victoria, se habla de un desinterés del gobierno municipal por ver los asuntos de seguridad. El tema de la violencia se lo echaron al Estado y se desatendieron de él. Tanto la administración que terminó, como la que empezó, han dejado en el desamparo a la población que ve como las frivolidades, están primero que la seguridad.

Y todas las ciudades violentas concentradas en las carpetas del PNS tienen ese patrón: La poca o la nada atención que los gobiernos locales le han puesto a la seguridad.

La amarga experiencia que vive Victoria, es un pequeño reflejo de lo que viven las 20 ciudades violentas del país que hoy se han convertido en una prioridad del gobierno federal, y donde seguramente, muchos gobiernos van a tener que modificar conductas y volver los ojos hacia la gente.

 

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