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El día que AMLO cambió de opinión

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Por Francisco Cuéllar Cardona

El día que AMLO cambió de opinión

Todavía el 7 de agosto del 2018 que Andrés Manuel Lopez Obrador recibió su constancia de mayoría que lo acreditaba como presidente electo de México, en su mente estaba regresar al Ejército y la Marina a sus cuarteles, aún a pesar de que Enrique Peña Nieto en su primer encuentro le había dicho que esa posibilidad, era casi imposible.

En campaña, AMLO se cansó de decir que apenas tomara posesión como presidente, militares y marinos, volverían a guardarse, pues su trabajo en las calles era «inconstitucional».

¿Pero qué pasó después?, ¿qué lo hizo cambiar de opinión y meter reversa a su propuesta de campaña?. Fuentes militares afirman que bastó un primer encuentro con los altos mandos de la milicia para que el socarrón tabasqueño modificara su postura.

Fue sometido a dos fuegos, dicen. Por un lado, los Generales de la Sedena y por el otro, los Almirantes de la Marina, le hablaron de la gravedad del tema de la violencia, de la gran corrupción en los cuerpos policíacos locales en todos los estados, incluso, de la podredumbre en la Policía Federal, «para enfrentar al narco, sólo nosotros, pero con una buena estrategia, o con una nueva estructura militar», le dijeron al Presidente electo.

-«¡Entonces ayúdenme!», suplicaría Andrés Manuel a los jerarcas militares, con quiénes ya habría sondeado sobre los posibles titulares del Ejército y la Marina.

La respuesta no fue inmediata. Ejército y Marina, desde siempre confrontados, esta vez hicieron causa común y acorralaron al presidente, de quien dicen, lo vieron frágil y hasta desconcertado.

Le dieron el sí, pero condicionado. Le exigieron -sí, le exigieron-, que le diera certidumbre constitucional a las fuerzas armadas en estas tareas de seguridad pública. Ya había sido declarada inconstitucional la Ley de Seguridad Interior por la Corte y las fuerzas castrenses del país, necesitaban protección, «Vamos a la guerra contra el narco, pero bajo un esquema legal y constitucional», fue la respuesta que le dieron a Andrés Manuel López Obrador.

Fue entonces, cuando se cambió el discurso y se metió reversa a la decisión de regresar a los militares y a los marinos a sus cuarteles. La Guardia Nacional, saltó a escena y aunque ya existía y existe su figura en la Constitución, habría que darle un reenfoque jurídico. Así Andrés Manuel bajó la línea al gabinete de seguridad y a las bancadas de Morena para generar las condiciones de aprobación de la Guardia Nacional, «Escuchen a todos, negocien con todos para que la Guardia Nacional salga fortalecida», fue la instrucción del presidente, que ya convencido y cambiada su idea y su discurso sobre la desmilitarización, se convertía en el más férreo defensor de que los militares debían estar en la calle, echando bala contra los narcos.

«De que se asustan los panistas y priístas que hoy se oponen a la Guardia Nacional, si este país lo militarizaron ellos desde hace 11 años», es hoy la justificación y la argumentación más sólida de Andrés Manuel y Morena, sobre la polémica Guardia.

La Guardia Nacional, es parte de un compromiso de campaña del presidente y la paz y la reconciliación de la que tanto se habló, no puede concebirse sin una organización militar como la que está por aprobarse en las Cámaras y que durante tres horas los altos mandos del Ejército y la Marina le hicieron ver al presidente López Obrador que era necesaria.

«La lealtad hacia el Presidente es total y ahora sí, sin condiciones», han dicho las fuerzas armadas del país. La Guardia Nacional, va.

Talachazos

ELECCIÓN EN RIESGO.- En un año, tres presidentes del Instituto Estatal Electoral de Tamaulipas se han ido del cargo sin dar más explicaciones. Ayer, el Vocal Ejecutivo del INE en el Estado, sorpresivamente también presentó su renuncia. Ninguno de los órganos electorales que van a calificar la elección local, tienen dinero para organizar el proceso electoral que está a la vuelta de la esquina. ¿Qué está pasando?. Existe una crisis y una incertidumbre entre partidos y consejeros. La elección está en riesgo y parece que a nadie le ha caído el veinte de la gravedad del tema. Los partidos están distraídos en sus procesos internos y el gobierno, tanto federal como estatal, están sumidos en otros asuntos no menos importantes.

El asunto es altamente delicado y alguien tiene que meterse en él para evitar posibles desencantos.

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