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«Sin dolor, no hay triunfo»

La Talacha

Por Francisco Cuellar Cardona

«Sin dolor, no hay triunfo»

La expresión del rostro del presidente Andrés Manuel López Obrador, cuando le informaron que la cifra de los muertos por la explosión en Hidalgo, superaba las 70 víctimas, lo dice todo.

«Está desencajado y triste; nunca lo habíamos visto así», coincidieron muchos.
El problema no es para menos.
La tragedia del viernes, supera a muchas otras que vivieron en su momento Salinas, Zedillo, Fox, Calderón y Peña Nieto, por tanto, la preocupación del presidente es muy alta y la lectura de su semblante, lo confirma.
La descomposición social de lo que está pasando en el país, se refleja en un vídeo que circula en redes sociales en donde la policía y el ejército le piden y le suplican a la turba de familias que se retiren del lugar por lo peligroso que representa estar ahí, pero nadie los escucha.
Con claridad se ve cómo la gente no respeta a nadie y se tiran a matar, literalmente, al río de gasolina que brota de los ductos agujerados. El problema del huachicoleo está desbordado, se le ha salido de las manos al gobierno. Se han lesionado los intereses más grandes de la delincuencia organizada, por eso las preguntas que se hacen, tienen sus respuestas con los hechos.
¿Fue un accidente lo que pasó en Hidalgo?, ¿fue algo provocado?, ¿fue una respuesta de los huachicoleros a las acciones de gobierno?. Ninguna de las hipótesis deben descartarse.
Andrés Manuel López Obrador le ha pegado donde más le duele a la delincuencia organizada y a la delincuencia política que ha llevado a la ruina a la máxima industria del país, como es Pemex. Y como a toda acción, hay una reacción, no debe entonces descartarse un sabotaje que puede repetirse en cualquier parte del territorio nacional.
Incendiar el país, no le cuesta nada a la delincuencia. Basta con prender un cerillo y dejarlo caer sobre una toma clandestina donde se arremolinan decenas de familias que son utilizados como carne de cañón de grupos sin escrúpulos.
El asunto es más delicado de lo que se imaginó el mismo gobierno. Aquí no se trata de jugar a la vencidas ni retar a la delincuencia, porque esta se encuentra en la raíz de la estructura gubernamental. El cáncer está en toda la estructura de Pemex.
Dicen que a grandes males, grandes remedios, de ahí que el gobierno debe amarrarse y seguirle adelante atacando el problema y asumiendo las consecuencias. Meter reversa a estas alturas, sería peor. Esto es una guerra y en todas las guerras hay muertos y víctimas inocentes como el caso de la explosión de Hidalgo.
Así como la mayoría de las encuestas y sondeos nacionales y extranjeras aplauden las acciones de López Obrador, muchos bajo las cobijas, están deseando que le vaya mal y que el país se convierta en un caos. El nuevo gobierno sabe y tiene identificados a los opositores y a sus acciones, también a quienes apuestan por más explosiones y más muertos.
No son tiempos de caras de arrepentimiento, ni de temores, menos de arrugarse, ni echarse para atrás.
«Sin dolor, no hay triunfo», dice una máxima universal y el sábado, cuando el presidente López Obrador estaba afligido por los muertos de Hidalgo, un colaborador, se la recetó al oído.

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