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La guardia y el perdón

La Talacha
Por Francisco Cuéllar Cardona
La Guardia y el perdón

Desde el viernes, luego de su aprobación en el Senado fueron enviadas las minutas a los Estados para que estos las analizaran, las discutieran y las aprobaran en su caso. Campeche fue el primer Estado en hacerlo, y este lunes, el Congreso de Nuevo León la palomeó sin objeciones.

En Tamaulipas ya debe estar en correspondencia y solo falta saber cuando se discute en comisiones y se sube el pleno para su discusión; todo indica que podría ser aprobada este mismo miércoles.

Hay una urgencia de parte del gobierno federal para que la Guardia Nacional empiece sus operaciones; solo falta el aval de 17 Congresos Estatales.

El índice de la violencia, lejos de bajar en los últimos tres meses que van del nuevo gobierno federal, han sido los más sangrientos en los años recientes, y eso trae muy preocupado al presidente, por eso ya le urge tener lista la Guardia.

La Guardia Nacional operará en 266 regiones, que de acuerdo a los análisis sobre la violencia, son donde los grupos criminales están asentados y actúan con toda impunidad.

Las características que distinguirán a la Guardia Nacional, es la no violencia; es decir: combatirán a los grupos criminales con inteligencia y buscarán datos para dar tiros de precisión y que no haya daños ni víctimas colaterales.

Cuando el presidente habla o compara a la Guardia con los Cascos Azules, es porque busca evitar hasta donde se pueda, derramar sangre o disparar balas contra los delincuentes. Situación que se antoja muy difícil porque el lenguaje que entienden las bandas, solo es el de las balas.

Hasta ahora, está por demás claro que por las buenas, el crimen y sus dirigentes, no entienden ese mensaje de perdón y de amnistía que propone López Obrador. Su propuesta redentora de ir hablar y perdonar a los criminales, no está funcionando. Ya fue a Badiraguato, Sinaloa, la tierra del Chapo, y convocó a todo el ejército de trabajadores agrícolas y familias que se han dedicado por años a la siembra, cultivo y comercialización de la marihuana, y los resultados no aparecen.

En Tamaulipas mandó al doctor Mireles a ofrecer el perdón y olvido a los delincuentes, y solo unos cuentos le hicieron caso; la tregua de la violencia duró pocos días, y después se disparó. En Michocán y Guerrero, tampoco ha funcionado la «buena voluntad» del gobierno.

El país y Estados como Tamaulipas o Guerrero, están muy lastimados. Han sido muchos años de sangre, de muerte y de impunidad, que el perdón no basta.

Los Colectivos de familiares de personas desaparecidas, reclaman a sus desaparecidos, como sean: vivos o muertos, pero también exigen justicia y castigo para quienes cometieron los crímenes contra los suyos.

La descomposición social y penetración del crimen en todos los niveles y en todas las actividades cotidianas, hacen imposible frenar esta guerra. El discurso frente a las balas, fracasa.

El voto de confianza hacia el gobierno de la Cuarta Transformación, está y va en aumento. Los niveles de credibilidad no solo se mantienen sino que se disparan; ya es el 85 por ciento de la aceptación del presidente, pero, eso no es suficiente para creer en esta estrategia de paz para poner fin a una guerra compleja y devastadora.

Colombia tardó 30 años, y aún no se cierran esas heridas. Ademas el país sudamericano cultural, social y políticamente es muy diferente a México.

Ante la complejidad del problema, Lopez Obrador y su gobierno, deben de tener un plan B para cumplir la promesa de pacificar el país. La Guardia Nacional ya está por salir del comal legislativo y hay expectativas para que su eficiencia se note y se siente; sin embargo, hasta donde se ve, el remedio que se está proponiendo, no convence del todo, y hay que evitar el fracaso.

La experiencia con Calderón y Peña Nieto fue muy amarga y sería desastroso y doloroso que este gobierno de la esperanza, saliera igual que ellos.

 

 

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