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La IP contra la barbarie

La Talacha

Por Francisco Cuéllar Cardona

La IP contra la barbarie

Masacrar a familias enteras con saña, se ha vuelto un práctica común en esta guerra entre las bandas del narco en México. Es la descomposición social total, porque no solo las víctimas son mujeres y hombres, si no que existen niños y bebés recién nacidos que reciben de los delincuentes el mortal «tiro de gracia». Es la barbarie.

Lo que pasó en Minatitlán, Veracruz, es apenas una pequeña muestra de la crueldad diaria que se vive en Estados dominados por el narco como Tamaulipas, Sinaloa, Guerrero, Guanajuato, Colima y Jalisco.

Los muertos se cuentan por «cantidades industriales», pero no todos se publican en los medios de comunicación ni en las redes sociales. Ningún país en su peor época violenta vivió lo que ahora está padeciéndose en México.

Lo mas lamentable de todo, es que nadie hace nada para ponerle fin a este gravísimo problema. El gobierno, en sus tres niveles está rebasado. Ni con nuevas estrategias, ni con Guardias Nacionales, tampoco echando todos los ejércitos a la calle van a pacificar este país.

Por décadas, las bandas del crimen operaron con la complicidad y benevolencia del Estado.

Los ajustes de cuentas se daba entre ellos, pero nunca se metieron con la sociedad como ahora ocurre. Fue en el gobierno de Vicente Fox, donde se desataron las amarras y los privilegios de su gobierno favorecieron a un solo grupo criminal, y eso desató esta guerra que hoy padecemos.

Felipe Calderón en su afán protagónico de legitimarse, después de haber llegado mediante trampas al poder presidencial, sacó a la calle el ejercito y la marina y echó toda la fuerza del Estado a los criminales, con el pretexto de que todas las policías eran corruptas y estaban servicio del narco.

Esa estúpida guerra que lava más de 12 años ha cobrado más de un cuarto de millón de muertos y se han mutilado familias con miles de desaparecidos. Todos han fallado, todos se han equivocado y la sociedad mexicana está no solo desprotegida sino a merced del hampa.

La juventud mexicana está extraviada y sin futuro, y sin oportunidades educativas y laborales.

En julio del 2018, los mexicanos se armaron de valor y con credencial de elector en mano salieron a declararle la guerra a los malos gobiernos priistas y panistas, y a reprocharles sus políticas públicas equivocadas y fracasadas en el tema de la seguridad.

Votaron por una esperanza que se les vendió y la compraron, pensando en que esto cambiaría, pero el problema sigue aquí.

Las masacres y los ejecuciones masivas, no se han frenado, sino que se han incrmentado.

Es cierto, apenas van cuatro meses del nuevo gobierno y exigir rendición de cuentas es muy temprano, sin embargo, las medidas adoptadas y los discursos del nuevo régimen sobre el tema, no convencen y empiezan a matar la esperanza que se iluminó al triunfo de un nuevo gobierno.

Ls recetas y los plazos que está anunciando el lopezobradorismo para poner fin a la violencia no tienen pies ni cabeza. Después de la masacre de Minatitlán, salir a decir que en seis meses no habrá más muertos, y que entregando el dinero de los programas sociales a quienes los necesitan, los señores del narco dejaran de jalar el gatillo porque el señor Presidente así lo ha dispuesto y ordenado. Esta es una aberración y una falta de respeto a los 30 millones que votaron por una esperanza y una oportunidad para la paz.

No se vale mentir ni jugar con los sueños de tranquilidad de una sociedad que hoy solo quiere un remanso de paz. La violencia no se acaba con discursos ni con buenos deseos.

En Nuevo León, hace 9 años, los grupos empresariales, ante la ausencia e inoperancia del gobierno, tuvieron que tomar la batuta y poner de sus recursos para solucionar el problema de inseguridad. Y lo lograron. Ese ejemplo ilustra a con claridad de que si se puede poner fin a la violencia, todo es cuestión de voluntad, es una actitud que jamás ha tenido.

La prueba ahí está y sería bueno que los empresarios mexicanos, tomen la bandera y le demuestran al gobierno que sí se puede pacificar el país.

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