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La prensa ¿debe portarse bien?

La Talacha

Por Francisco Cuéllar Cardona

Nunca como ahora, la prensa y los periodistas habían enfrentando una crisis en su tarea de informar.

En los últimos tres sexenios, el gremio ha sido perseguido, amenazado y víctima de atentados mortales; desde el año 2000 a la fecha, suman más de 130 comunicadores muertos en el ejercicio de la profesión, siendo las bandas del crimen organizado y los gobiernos en sus tres niveles, los autores de estos atentados.

Los gobiernos de Vicente Fox, Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto, y los gobiernos estatales quedan inscritos en la historia como los más represores de la prensa: las estadísticas así lo avalan.

Cuando Andrés Manuel López Obrador ganó las elecciones en julio del 2018, entre las expectativas donde más generó certidumbre fue en el sector de la prensa: llegaba por fin al poder, un gobierno que en su agenda y en su discurso ponía el respeto a los derechos humanos, y al ejercicio de la libertad de expresión, «ahora sí la prensa mexicana tendrá destellos de luz y de garantías para trabajar sin miedos», coincidían líderes de organizaciones de periodistas y especialistas en el tema.

¿Pero qué pasó?.
Como en muchos otros temas públicos, las cosas no solo no han sido como se esperaban, sino que han empeorado. La estadísticas hablan de que siguen asesinando y amenazando a periodistas, y el nuevo gobierno no ha sido capaz de dar garantías a los comunicadores para hacer su trabajo. Incluso, desde lo más alto del poder, desde la boca del presidente López Obrador el acoso y el hostigamiento ha sido diario en contra de la prensa que lo critica o lo cuestiona.

Siempre ha existido prensa orgánica o que está al servicio del gobierno, pero se respetó esa naturaleza; estaban bien identificados quienes eran y como era su comportamiento, pero hoy, hay prensa fifi, mal portada, ligera, chayotera; se le sataniza y es directamente el presidente de la república quien lo hace. «La prensa no está de lado, ni apoya la transformación de país como en su tiempo lo estuvo Francisco Zarco o los Flores Magón, acusa, reprocha y descalifica el presidente.

En sus conferencias Mañaneras, casi a diario, el Presidente despotrica y descalifica a la prensa y a los periodistas que lo critican; le desagrada que lo cuestionen y exhiban sus fallas, «a ustedes los mandan o me atacan porque no les doy dinero; porqué no se portaban así de críticos con los otros gobiernos», cuestiona desde su papel de víctima.

Fox era cínico y socarrón; las críticas se le escurrían. De hecho con su llegada al poder, se desmitificó la figura presidencial; los mismos caricaturistas llegaron a decir al final de sexenio «que se le extrañaría», porque todos los días daba material para hacer periodismo de humor.

Felipe Calderón, era de mecha corta y estaba en desacuerdo con la prensa que lo criticaba, pero aguantaba callado. Lo único que le molestaba de la prensa era que le dijeran «borrachín». Carmen Aristegui lo sufrió. Fuera de esa anécdota, Calderón no tuvo más desencuentros con la prensa. De hecho, en su gobierno, la prensa de provincia recibió millones de pesos por concepto de publicidad oficial, como nunca antes se había visto.

Enrique Peña Nieto, soportó todas las criticas. La prensa no se cansó de señalar y enumerar las corruptelas de su gobierno, pero de su boca nunca salió un reproche, salvo aquella frase célebre de «que ningún chile les embona», refiriéndose a la crítica de los medios.

Pero con Andrés Manuel, todo ha cambiado. La intolerancia hacia los medios es enorme. Nunca,  ningún Presidente había tenido tantos choques en tan poco tiempo con ellos. AMLO dice que respeta a la prensa, pero todos los días habla de su mal comportamiento. Y no tiene respeto para nadie: desde el portal digital más insignificante, hasta el medio más influyente le molesta.

Periódicos, periodistas, académicos e investigadores que se dedican a la tarea de informar, han  convocado a unirse contra la represión gubernamental, y están redactando un comunicado para hacerle saber al Presidente la dimensión y la gravedad de su papel frente a la prensa. Su conducta no está a tono con un estadista, ni con un demócrata que todos los días ataca y descalifica a los medios de comunicación que solo cumplen con su tarea de informar.

La prensa «bien portada» sólo se ve en los regímenes totalitarios. «Por ahí no va», le dirán los periodistas al presidente López Obrador.

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