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Morena se está «perredisando»

La Talacha

Por Francisco Cuellar Cardona

Morena, como el PRD, puede acabar en el desmoronamiento.

Las tribus de la izquierda que migraron del Sol Azteca, los priístas renegados y los panistas trasnochados, parecen empujar al movimiento que llevó a Andrés Manuel Lopez Obrador al poder al «despeñadero».

Son muchos los intereses y las fobias internas que difícilmente va hacer huesos viejos en el poder, dicen todos los análisis que se hacen sobre su futuro inmediato.

Lo que pasó este lunes en el Senado, y lo que está sucediendo en el proceso interno para elegir al nuevo presidente o presidenta de Morena, hacen pronosticar que las cosas no van a terminar bien en este partido.

Ricardo Monreal y Marcelo Ebrard, de orígenes priístas, como el presidente López Obrador; Martí Batres, Yeidckol Polevnsky y Claudia Scheinbaum, residuos de las viejas corrientes comunistas están, cada uno por su lado, haciendo todo para  tirar a la basura el triunfo ciudadano de julio del 2018; y lo que es peor, el presidente nada está haciendo para evitarlo.

El 5 de mayo de 1989, el Partido de la Revolución Democrática (PRD), nació como un gran partido de izquierda donde desembocaron organizaciones políticas como el Partido Mexicano Sociaista (PMS), Partido Mexicano de los Trabajadores (PMT),  Partido Socialista Unificado de Mexico (PSUM), Partido Socialista de los Trabajadores, La Unidad de Izquierda Comunista (UIC) y otras organizaciones minoritarias del mismo partido. Fue un trabajo de unificación de las izquierdas donde sus principales líderes  fueron Heberto Castillo, Cuahtémoc Cárdenas, Porfirio Muñoz Ledo, Ifigenia Martínez, Gilberto Rincón Gallardo y otras figuras brillantes que todavía tienen vigencia, y que han visto con tristeza, cómo esa gran obra política que hicieron hace 30 años, hoy se  ha convertido en un guiñapo vergonzoso que da lástima y está a punto de desaparecer: El PRD.

El mismo patrón que encumbró y derrumbó al sol azteca lo estamos viendo con Morena, en donde las ambiciones e intereses personales y facciones lo están llevando al colapso. Los mismos morenistas críticos, lo admiten y afirman que Morena  se está «perredisando».

Morena es hoy un botín por el que todos pelean y se matan. Y lo que se vio este lunes en el senado, se ve y se repite en Tamaulipas, Nuevo León, San Luis Potosí, Tabasco, Veracruz, Chihuahua; en todos los estados, hay mafias y grupos que se están  despedazando por el control del partido.

Andrés Manuel López Obrador, como líder fundador de Morena, ha dicho que no meterá las manos al partido porque ahora «es de todos los mexicanos, y que el partido debe caminar solito en este proceso de transformación que vive el país».

Morena puede ser una ficción electoral, si el presidente o alguien no se atreve a dar un manotazo en la mesa y mete orden. Los números no mienten. Apenas un año después del gran triunfo en 2018, el partido perdió el 50 por ciento de los  votos, y aunque ganó las dos gubernaturas de Puebla y Baja California, lo hizo con la mitad de los votos que obtuvo el año pasado. En Tamaulipas, donde casi alcanzó los 700 mil votos, apenas logró 200 mil, ganando una mísera diputación de las 22 que estaban  en disputa.

La causa de este desplome fueron sus pleitos y sus diferencias, que siguen y que proyectan incertidumbre en el futuro inmediato.

Por eso, Morena está sumido en un territorio peligroso de confrontación que amenaza con destruirse así mismo; las diferencias son tantas entre sus líderes y corrientes que se ve imposible una reconciliación, por eso los pronósticos no  son nada alentadores y por eso se cree que lleve el mismo camino a la perdición que acabó con la euforia perredista de 1989.

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