La otra prensa

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La Talacha

Por Francisco Cuellar Cardona

La ley es muy clara en materia de comunicación social: los gobiernos están obligados a informar y difundir sus actividades a través de los canales oficiales o privados, por las que tienen que pagar, y para lo cual en los presupuestos de cada año, se destinan  montos y cantidades que se regulan por medio de contralorías internas y que la Auditoria Superior de la Federación o las Auditorías Estatales, verifican si se aplican correctamente.

Las partidas o presupuestos para las áreas de comunicación social de cada gobierno, en sus tres niveles, son variantes. Dependen en muchas ocasiones de la voluntad del gobernante en turno: si le gusta salir en la foto, o en televisión o radio, abre la chequera  a la publicidad, y si no, la cierra y canaliza ese recurso para otras áreas.

El tema siempre ha sido polémico, espinoso e incómodo, tanto que hasta la misma sociedad ha satanizado a los gobiernos por desembolsar grandes cantidades a la prensa y a los periodistas. Es ahí cuando se entra en el terreno de la discusión si el gobierno debe  pagar a los medios, y si estos por ese «favor»,  deben callar los errores o los actos de corrupción en las administraciones públicas. Es una cuestión de ética, que el gobierno y el poder nunca han entendido, y también un sector de los medios.

Son dos cosas diferentes, que con el tiempo se volvió una relación de complicidad entre gobierno y prensa.

Esto recuerda al sexenio de José López Portillo cuando el presidente hizo célebre aquella declaración, «te pago para que me pegues», se refería entonces al reclamo que le hizo el respetado periodista potosino Don Francisco Martínez de la Vega, por haberle retirado  la publicidad oficial a la revista Proceso, que entonces ejercía, como lo sigue haciendo, una aguda crítica a su gobierno.

“¿Una empresa mercantil organizada como negocio profesional tiene derecho a que el Estado le dé publicidad para que sistemáticamente se le oponga?”, preguntó López Portillo ante  propietarios y directivos de los medios que celebraban en momento el Día de la  Libertad de Expresión.

Y así el Presidente López Portillo, definió la relación prensa – gobierno:

“Esta es, señores, una relación perversa, una relación morbosa, una relación sadomasoquista que se aproxima a muchas perversiones que no menciono aquí por respeto a la audiencia”. Y fue ahí en ese marco que soltó la pregunta: “¿Te pago para qué me pegues?”.

La ley obliga al gobierno de todos los niveles a contratar espacios de publicidad en los medios, pero no están estos obligados a no publicar los errores del gobierno, cosa que se volvió un vicio.

En el gobierno de Egidio Torre, Tamaulipas fue el Estado que más destinó por año, dinero a los medios, con mas de 800 millones de pesos para pagar a la prensa, en algunas ocasiones superó los mil millones, dice un informe de Artículo 19. Ya en este gobierno el monto  se redujo hasta el 60 por ciento o más.

En Nuevo León, Rodrigo Medina, en su sexenio, igual llegó a pagar a medios por año, arriba de 700 millones de pesos. Hoy El Bronco, lo bajó hasta 300 millones de pesos: más de la mitad. Enrique Peña Nieto en su sexenio destinó para imagen cerca de 40 mil millones  de pesos. Lo lamentable del caso es que el mayor porcentaje iba a medios consentidos del régimen.

Andrés Manuel López Obrador, tiene presupuestado alrededor de 3 mil millones de pesos para publicidad, y asegura que no tendrá medios ni periodistas favoritos. Sin embargo las preguntas que todos se están haciendo sobre el tema, ¿en dónde está ese dinero que ya no se invierte a los medios?. La respuesta está en boca de todos: los dineros para comunicación social, los gobiernos de todos los niveles los están gastando en redes sociales y en sus propios medios digitales que están creando.

Los gobiernos, y el federal particularmente, ha creado sus propias empresas digitales de comunicación para dos fines: difundir sus actividades, y atacar mediante trolls o robots anónimos a los medios y periodistas críticos. Muchos medios tradicionales están  cerrando porque ya no hay fuentes de financiamiento, ni públicas ni privadas, sin embargo están surgiendo otros medios fantasmas manejados por el Estado para destruir a la prensa crítica.

Y lo más lamentable de todo es que la sociedad, que debería estar de lado de los medios y la prensa, aplaude estas acciones. No sabe que al atacar o satanizar a los medios, está mutilando la posibilidad de tener una sociedad más critica y más democrática.

Francisco Cuellar Cardona


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