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269 años, cargando penas

La Talacha

Por Francisco Cuellar Cardona

269 años, cargando penas

El próximo domingo 6 de octubre, ciudad Victoria cumple 269 años. El colonizador, José de Escandón, Conde de Sierra Gorda, la fundó bajo el nombre de Villa de Santa María de Aguayo. El 20 de abril de 1825, el Congreso del Estado, asentado en Viejo Padilla, la elevó a rango de ciudad y se le da el nombre de ciudad Victoria, en honor de Guadalupe Victoria, primer presidente de México, y desde entonces es sede de los poderes del Estado.

Victoria, por ser capital, es diferente al resto de los 42 municipios del Estado. No tiene industria y su economía se mueve en función de los presupuestos públicos; es decir, el 95 por ciento de la población vive alrededor de los dineros del gobierno. El que no trabaja en alguna oficina del gobierno federal, es burócrata estatal, municipal o de la Universidad Autónoma de Tamaulipas. El comercio local, la iniciativa privada en su totalidad es proveedor del gobierno.

Estudios e investigaciones revelan que hasta el 2015, en la capital del Estado, circulaban por año más de 5 millones de pesos, todo el dinero, provenía de los tres niveles de gobierno. Su nivel de vida, estaba por encima de la media del Estado, y de la media nacional. La administración municipal o la alcaldía, era una extensión más del gobierno estatal. Al alcaldía victorense, siempre se le vio como un integrante mas del gabinete estatal. Hoy, apenas llega a los 900 millones.

Políticamente, a ciudad Victoria, el resto de los municipios, sobre todo los grandes de la frontera, como Nuevo Laredo, Reynosa y Matamoros, y el sur como Tampico, la han visto con recelo, y algunas veces con envidia y hasta con coraje. En obra pública, en servicios, en educación, salud y recreación, la capital siempre fue privilegiada; fue referente en todo. Su alegría se veía y sentía desde antes de entrar por los cuatro puntos cardinales. Los de la costa, se regocijaban apenas miraban el monumento del Cuerudo, incluso los del Altiplano se sentían libres cuando salían de los laberintos serranos de la Rumbo Nuevo, o los más antiguos que veían como una luz de libertad el viejo Mono (Portes Gil) que está en la antesala del cañón del novillo. Los del norte y del sur, aun cuando sus ciudades eran baluartes económicos, veían a la capital como un oásis de sabiduría política. Venir a Victoria significaba estar cerca del poder político y de la información privilegiada.

Pero eso era Victoria hasta apenas unos cuatro o cinco años. Algo pasó. Serían los malos gobiernos y la ausencia de proyectos modernizadores, pero de repente todo se vino abajo: la economía se colapsó, las inversiones se fueron para otros lados; la poderosa clase política siempre cercana a un solo partido político (PRI) desapareció; llegaron las calamidades, y hasta el agua, aunque siempre fue escasa, terminó por irse dejando con sed a más de 350 mil habitantes. Y peor aún: la violencia y la delincuencia se apropiaron de todo lo que una vez fue luz, bonanza, color y alegría. Durante cinco años, consecutivamente tiene el privilegio de estar ranqueada entre las 10 ciudades más inseguras y violentas del mundo. En el último año, ocupó el cuarto lugar mundial.

Victoria es un fantasma. Las casas están abandonadas; unas en venta y otras en renta, pero nadie las ocupa ni se interesa por ellas porque no hay dinero. En los últimos tres años, según, el INEGI, se fueron más de 10 mil familias; unas huyendo de la violencia y otras del hambre y la falta de trabajo. Los que se quedaron lo dicen son resignación: «nos quedamos porque no tenemos para irnos». La gente camina en la calle como zombie, sin ganas y sin futuro.

Un estudio de la CANACO local afirma que ciudad Victoria tardará en recuperarse diez años; es decir, hasta el 2029. ¿Aguantará la población sobrevivir hasta ese tiempo?.

¿Qué festejar en este aniversario 268?. Nada. ¿Qué reclamar y reprochar?. Mucho.

Ojalá este mal no dure 100 años porque no habrá quien los aguante.

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