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El insulto legislativo

LA TALACHA

Por Francisco Cuéllar Cardona

El insulto legislativo

En la actual legislatura de Tamaulipas, se legisla poco y se insulta mucho. La producción o elaboración de leyes, es lo que menos importa entre las diferentes bancadas que dan rienda suelta a todas sus complejos políticos. Ahí se insulta, se dan golpes bajos y las buenas iniciativas, cuando llegan a presentarse en el pleno, se van al bote de la basura, o a empolvarse en las comisiones, donde se hace todo, menos trabajo.

Cada semana, el debate legislativo, es de muy bajo nivel y las argumentaciones no valen, solo el lenguaje soez, ruin y pendenciero.

El Congreso tamaulipeco es dominado por la mayoría panista desde el 2016. Su similitud o su parentesco a las legislaturas priístas del pasado, son igual: antidemocrático, autoritario y cerrado. Semanalmente, panistas y morenistas llegan con el mismo guión. Los primeros a defender los intereses la causa azul, y los segundos a hacer lo mismo en pro del gobierno de la Cuarta transformación. Los diputados priístas, son insípidos y pequeños; auténticas veletas que van o navegan según sople el viento del poder. Los de Movimiento Ciudadano, son simples convidados de piedra.

En la retrospectiva legislativa, no hay punto de comparación entre la LXVI legislatura con las que han pasado por el Congreso en los últimos años. A decir de analistas, periodistas y académicos que han conocido y estudiado el trabajo de los diputados locales de Tamaulipas, la actual es la más pobre de todas. Revisando el perfil académico, político y profesional de cada legislador, se cae en cuenta que no se le puede pedir peras al olmo.

Atrás quedaron aquellos Congresos del pasado, aunque priístas y antidemocráticos tenían oficio, hasta para cometer torpezas. Las oposiciones de finales de los 70s y 80s, salidos de partidos satélites como el PARM, sabían debatir, argumentar y hasta para golpear. Los maestros parmistas, hijos putativos de Carlos Cantú Rosas, como Homero Ochoa, José de la Paz, Jesús Treviño Rábago, subían a tribuna y sus piezas oratorias eran para destacarse, aunque luego pasaban a cobrar sus jugosas dietas con el poder priísta al que servían.

Los panistas Francisco García Lozano, Jorge Camargo, los luchadores de la vieja izquierda como Elpidio Tovar, Goyo Luna, Pedro Alonso Pérez, Luisa Alvarez, y hasta el último parmista polémico como Bruno Alvarez, defendían sus ideas. Había priístas que a pesar de su origen, debatían y se llevaban el aplauso. Los de hoy, se ganan el rechazo y el bostezo.

En la legislatura actual dominada por panistas y morenistas compiten para ver quien grita e insulta más. Lo más triste es que el actual pastor de la bancada mayoritaria, es el delfín azul más avanzado que busca iluminar el Estado en el 2022. Gerardo Peña, está logrando que los reflectores se enfoquen en él, pero para mal. Así no puede aspirar al futuro.

En el ranking de los Congresos del país, el tamaulipeco, según las evaluaciones, aparece entre los últimos lugares. Es la realidad de la política que se hace en Tamaulipas.

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