La TalachaOpinión

La vida después del Covid-19

LA TALACHA

Por Francisco Cuellar Cardona

La vida después del Covid-19

No son pocos los que afirman y casi juran que después de que pase esta emergencia sanitaria, y el coronavirus sea sometido y controlado por los genios del gobierno, este mundo no volverá a ser igual, pues nunca en la historia de la humanidad, por un virus que se mata con agua y jabón el planeta se paralizó casi por completo.

Algunos aseguran que después de esto habrá un Nuevo Orden Mundial y que el mundo será dominado y controlado por unos cuantos millonarios que van a imponer códigos y nuevos estilos de vida. Otros pronostican episodios de violencia nunca antes vistos que nos llevarán al final de la era; que se cumplirán las profecías bíblicas y que llegará el Apocalipsis. Y no faltan los optimistas que creen que el planeta volverá a ser verde y que la contaminación desaparecerá, que los animales recuperan sus espacios perdidos y que la gente volverá a ser buena, que saldrá a la calle a abrazarse y a tender la mano; que se acabará la maldad.

Diversas voces profetizan que esta cuarentena prolongada y este encierro nos hizo reflexionar y que seremos una sociedad nueva, pero solo son buenos deseos. Este mundo está tan patas arriba, que no tiene remedio: todo seguirá igual o peor.

Después del Covid-19, al día siguiente que los señores del gobierno den la orden de salir a la calle de nueva cuenta, la gente correrá desesperada a buscar y a rescatar su trabajo, si es que no lo ha perdido ya. «La normalidad» regresará y el encierro será un vago recuerdo que se quedará como anécdota y que se contará a los nietos o que se registrará en las crónicas de los diarios y la literatura. Los bares, los restaurantes, las tiendas, los mercados, van a estar de nueva cuenta a reventar.

Contrario a lo que hemos visto y padecido, las élites del poder en el mundo se derrumbarán. El Nuevo Orden Mundial será un sueño guajiro de aquellos que alguna vez quisieron dominar y someter a la humanidad. La ONU, el FMI, el Banco Mundial, la OMS, la OCDE, los G-7 y los G-20 serán desmantelados. Los nacionalismos que hoy están ganando las elecciones y gobernando el mundo, derrotarán a los globalizadores. Estados Unidos dejará de ser la potencia mundial, y China, Rusia, la India y otras naciones se apuntan para ser los nuevos actores del poder económico y político del mundo.

Después del coronavirus, seguirá la vida loca y el cambio climático continuará despedazando al mundo. La gasolina volverá a subir de precio, y el petróleo recuperará su valor en los mercados. El balón rodará otra vez en los estadios y estos continuarán siendo las cantinas gigantes para idiotizar y alimentar el fanatismo. Esta sociedad no va a cambiar, porque es individualista y egoísta. La tierra seguirá girando alrededor del sol y seguirá su marcha hacia la destrucción y al pecado.

El confinamiento surtió el efecto al revés. Hoy no hay tiempo para pensar en la reflexión, sino en la vida rápida y en lo inmediato. El Coronavirus, se volverá tan simple como la influenza, el dengue o un resfriado que se curará con un antibiótico que algún vival transnacional ya debe tener guardado en algún laboratorio del mundo. Del Covid-19 nos quedará alguna cumbia, alguna historieta, una película o una anécdota que nos causará risa. Este mundo bizarro, esta sociedad sin conciencia, no tiene remedio y no va a cambiar jamás; está enfermo y no tiene cura.

Hoy, lo que todos quieren es salir de sus encierros y recuperar sus hábitos, sus costumbres. Para qué rasgarse las vestiduras por un mundo que está «patas arriba», como lo escribió Eduardo Galeano.

De una cosa sí debemos estar ciertos: esta crisis mundial sanitaria que inmovilizó a la humanidad, nos enseñó que todos somos iguales, que ricos y pobres son tan vulnerables como el que más; ambos van a una misma fosa y a un crematorio donde nadie les puede llorar. Nos permitió ver que así como un trabajador se queda sin trabajo y sin comida, un potentado se queda sin fortuna y sin oportunidades.

Sin embargo, pese a toda esta calamidad, el deseo en el fondo, es que esta humanidad, se ubique en su dimensión y entre en razón de que está de paso por esta vida.

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