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El poder de los gobernadores

LA TALACHA

Por Francisco Cuellar Cardona

El poder de los gobernadores

 

Nunca como ahora, los gobernadores habían tenido tanta fuerza en sus Estados. Y no es que hayan hecho un trabajo impecable con la gente, la razón es que desde la Presidencia de la República los han dejado solos sin que nadie los perturbe; ellos dicen que han sido abandonados.

El hecho es que han acumulado tanto poder, que en el futuro inmediato, electoralmente van a decidir por completo candidaturas y negociaciones locales con los partidos, incluído Morena, que se supone es el partido de la 4T.

El caso más ilustrativo de esto ocurre en Nuevo León, en donde Jaime Rodríguez Calderón, El Bronco, que hasta antes de esta pandemia estaba en la lona y a punto de ser sancionado por el Congreso, y ahora la población empieza a verlo con buenos ojos a partir de cómo manejó esta emergencia sanitaria. El Covid-19, dicen, le salvó el pellejo, tanto que recuperó el vigor y las ganas de ser un factor de decisión en la sucesión gubernamental el año próximo.

Lo cierto es que el famoso virus vino a fortalecer los poderes locales que vieron la oportunidad de hacerlo, ante una mala operación en el tratamiento de la pandemia por parte del propio Presidente López Obrador que ha sido enjuiciado por la crítica mundial al no reaccionar adecuadamente frente a la pandemia.

Hasta antes del año 2000, el autoritarismo priísta era tal que el Presidente en turno sometía a su antojo a los gobernadores: ponía y quitaba a quien no acatara las decisiones del poder central. Los casos más patéticos ocurrieron en el sexenio de Carlos Salinas de Gortari donde dejó a 14 Estados sin gobierno; los tumbó y puso a sus incondicionales.

En 1985, Roberto Madrazo desde Tabasco, siendo gobernador, inició la rebelión al chocar políticamente con el Presidente Ernesto Zedillo, pero éste jamás pudo derrocarlo. Con Fox y Calderón, los gobernadores, sobre todo los priístas cogobernaron el país con el poder presidencial, a cambio de acuerdos económicos y políticos. De ahí se afianzó y se consolidó el amasiato PRIAN que continúa hasta la fecha.

En la actualidad, el poder de los gobernadores crece a partir de la ruptura con el Presidente López Obrador, con quien no hay acuerdos ni arreglos políticos de ningún tipo. Incluso, algunos plantean acciones separatistas y hasta salirse del Pacto Federal porque alegan que el gobierno central no es equitativo con el reparto de los dineros que se recaudan en los Estados.

En este poder acumulado de los gobernadores, los partidos políticos salen sobrando. Incluso, tanto para los gobernadores y el mismo Presidente, estos son un estorbo para conseguir sus objetivos electorales. López Obrador ha sido el más claro cuando afirma que Morena, ya no lo satisface del todo, y atribuye a la mezquindad de los líderes morenistas ese desprecio. Los gobernadores, sobre todo los priístas, también reniegan de su partido, pues es una marca electoral negativa y desgastada que en lugar de sumar, resta.

En este contexto y gracias a los efectos colaterales que trajo el Covid-19, los gobernadores ya se dieron cuenta que solo ellos son ahora el contrapeso político del poder presidencial, y ya pusieron en operación una estrategia para ganar las elecciones del 2021, haciendo alianzas con tirios y troyanos. Cada gobernador, en su Estado hará valer su poder y se moverá de acuerdo a sus intereses y circunstancias políticas.

El choque verdadero entre el Presidente y los Gobernadores se va a empezar a notar más conforme se acerque la elección del próximo año.

Por el lado del Presidente, su estrategia está basada en la Unidad de Inteligencia Financiera, la Fiscalía General de la República, la Auditoría Superior de la Federación, las Cámaras federales y la secretaría de Hacienda. A ellos se atiene para darles la pelea.

El choque de trenes será brutal. Ya veremos.

 

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