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El regreso de los renegados

LA TALACHA 

Por Francisco Cuéllar Cardona

El regreso de los renegados

 

Un análisis interno de Morena sobre la militancia y los conflictos que se han vivido desde que este partido llegó al poder en el 2018, revela una preocupación que encendió las alarmas en la emproblemada dirigencia de Alfonso Ramírez Cuéllar.

«Existe una honda decepción en la militancia morenista, sobre todo en aquellos que llegaron de otros partidos en busca de espacios y posiciones apenas se ganó el poder. Muchos, si no es que la mayoría, están pensando en regresar a sus partidos de origen», dice el documento que ya estaría en manos del propio presidente López Obrador.

Los «renegados», así los identifican en Morena, no encontraron el paraíso democrático que pensaron y soñaron cuando se fueron de sus partidos; «hallaron rechazo, hostigamiento, golpes bajos y nunca recibieron las oportunidades que les prometieron», dicen.

Durante estos casi dos años, los «renegados» andan como perro sin dueño, de un lado para otro, esperando que los volteen a ver o les cumplan con las chambas que les ofrecieron; a una buena cantidad les dijeron que habría candidaturas y muchos cargos por repartir como delegaciones y direcciones, pero sólo recibieron en estos tiempos portazos y malos tratos; algunos se quejan de discriminación política.

Existe un desencanto total en la militancia y los pleitos son desgastantes e interminables que pintan un panorama negro y desolador para el 2021; por eso en la mente de muchos, ya está el deseo y la intención de regresar a sus antiguos partidos. Los más motivados a hacerlo son los ex priístas que quieren volver a su partido.

En la dirigencia de Morena que encabeza Ramírez Cuéllar, no le hallan la cuadratura al círculo, «los egos y la soberbia los tienen ciegos» y aunque en las encuestas Morena sigue apareciendo en los primeros lugares de las preferencias, aseguran que es una ficción que se va a desmoronar en los próximos meses, porque no existe una estrategia para unificar grupos y criterios; todos se sienten generales; no hay soldados rasos en el partido, dicen quienes están cerca de Ramírez Cuéllar.

Muchos priístas y panistas que se enrolaron en las filas de Morena antes y después de que alcanzaran el poder, llaman «ingratos» al Presidente López Obrador y a quienes se han apropiado de la dirigencia como a Yeidckol Polevnsky y al mismo Ramírez Cuéllar, «les ayudamos a ganar la Presidencia; sin nosotros no hubieran podido hacerlo y nos han pagado muy mal ese apoyo», se quejan.

El pronóstico y el diagnóstico de Morena, sobre este panorama no es nada halagador: «si no hay una reagrupación y una reconciliación, mucha de la militancia se va a ir», opinan al interior del partido. Quienes tienen el control de éste, coinciden que el discurso del rebelde Alejandro Rojas puede sumarlos a todos, pero «los duros», como Bertha Luján y el propio Ramírez Cuéllar no lo tragan y eso hace imposible una reconciliación.

Ahora que inició el proceso electoral del 2021, Morena, enfrenta la «crisis del poder»: ahora que lo tienen no saben qué hacer. Tienen la información y están conscientes de que están mal, pero sus diferencias y sus egos son tan grandes que no saben como canalizarlos. El 2021 se juegan la vida y el futuro de la 4T, y es difícil, más ahora que sus «renegados» están decididos a abandonarlos. Están en un verdadero problema y no saben como salir de él; ni ellos mismos saben como van a llegar al proceso del próximo año.

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