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La «nueva normalidad política»

LA TALACHA

Por Francisco Cuéllar Cardona

La «nueva normalidad política»

 

Los tiempos en que el poder presidencial era absoluto y omnipotente al que se rendían todos sin objeción alguna, ya no existe, y no volverá más.

También aquellos días en que los gobernadores de los Estados, escuchaban sumisos y temerosos la voz del Presidente, se quedaron en el olvido y se guardarán como anécdotas en la historia política del país, en donde la tiranía del poder se ejercía a rajatabla.

Las conductas institucionales y de la disciplina implacable, pertenecen a una clase política y a una sociedad rezagada y retrasada que no cabe en estos tiempos en que las democracias en el mundo empiezan a verse y sentirse como entidades de carne y hueso. Por eso, hay que empezar a vivir y a convivir en medio de la diversidad y las discrepancias políticas e ideológicas.

Solo aquellos que entiendan la «nueva normalidad política», van adaptarse a las nuevas normas de convivencia social en el país.

Si había muchos que se sonrojaban o se sonrojan aún, cuando escuchaban los discursos contestatarios del Presidente de la República, de los gobernadores, de los empresarios y de los intelectuales, deben de irse acostumbrando al nuevo lenguaje y a los nuevos estilos de entendimiento político.

En estos tiempos, partidos como el PRI, que lleva en su nombre la palabra «institucional» se va a ver obligado, y quizás para su bien y para su supervivencia, cambiar nombre y sus formas de hacer política.

Lo anterior viene al caso, luego de ver y entender la presencia de Andrés Manuel López Obrador en Guanajuato y Jalisco, en donde los dos poderes: presidente y gobernadores, entendieron que son tiempos nuevos de hacer política. Diego Sinhué gobernador de Guanajuato y AMLO estaban confrontados mediática y políticamente, y este miércoles, sin exponer sus dignidades políticas, hablaron de sus agendas y de sus conveniencias, haciendo a un lado la confrontación. Ambos entendieron que por encima de las diferencias políticas, está el trabajo y el hacer un buen gobierno.

En Jalisco, Enrique Alfaro, que ha sido el más duro y rebelde de los gobernadores con el Presidente, fue prudente, duro, pero políticamente correcto con su visión del país y la que tiene el Presidente:

«Defender a Jalisco no significa confrontarse con el gobierno de la República, tener diferencias en la manera de ver algunos temas no significa que seamos enemigos, hablar con la verdad y de frente puede hacerse también con respeto y reconocimiento al presidente de todos los mexicanos», dijo Alfaro, y el presidente lo entendió e hizo el compromiso de encontrar las coincidencias haciendo a un lado las banderas partidistas.

La enseñanza de estos encuentros y mensajes llaman a entender que en una democracia, cuando domina la inteligencia, se pueden zanjar las diferencias más profundas.

El presidente va a ir a Chihuahua, a Michoacán, a Tamaulipas y a Nuevo León, donde ha tenido desencuentros con los gobernadores, y va hacerse oír, también escuchará verdades y reclamos fuertes, pero nadie debe sorprenderse; este es el tono y el color del nuevo ejercicio del poder; sí hay errores, cada actor y cada gobernante debe asumirlo y pagarlo en las urnas.

Esta «nueva realidad» no se debe a la 4T, ni a los conservadores, ni a los ultraderechas, ni a los liberales. Esto es consecuencia de la dinámica social, de los tiempos democráticos que vive el mundo y al cual México no está excento de experimentarlo.

Los discursos hipócritas y demagógicos, están y deben ser borrados de la cursilería del poder en México.

Bienvenido el lenguaje de la discrepancia y de la dignidad.

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