La TalachaOpinión

«Animal mediático»

 

LA TALACHA

Por Francisco Cuéllar Cardona

«Animal mediático»

 

Cuando el Presidente López Obrador decidió hacer su conferencia Mañanera en el Hangar Presidencial, teniendo como escenografía principal el polémico avión presidencial, y condicionar a los medios que las preguntas que se formularan fueran sólo sobre la faraónica aeronave, demostró lo que es el mandatario mexicano: un verdadero animal mediático, a quien nadie puede vencer en el debate y en el manejo de medios. 

Para todos tiene. Es socarrón, testarudo, provocador e irónico. La agenda pública, su agenda, es la está en boca de todos porque así lo quiere y desea.

El avión, para él, es un monumento al despilfarro y al mundo de oropel en el que ha vivido siempre la clase del poder, por eso esta semana fue y lo puso a sus espaldas, y lo mostró como de las mayores groserías de lo que fueron los gobiernos pasados. El discurso mediático es lo suyo.

A Emilio Lozoya lo tiene como el máximo trofeo de la corrupción y con los dichos de este mantiene contra las cuerdas a todos, incluyendo a los medios de comunicación. El avión y Lozoya, son dos shows, dos ejemplos que mediáticamente los va a exprimir para justificar su lucha contra la corrupción. 

A él le gustan los reflectores y que estos lo enfoquen a plenitud, porque su naturaleza es hablar, pontificar, y ser el centro del poder.

A él sí que le quedó como anillo al dedo el apodo de «chachalaca», porque habla, habla y habla y ni quien lo calle, y lo hace todo premeditado. Vicente Fox ha quedado como un remedo. El mismo Diego Fernández de Cevallos ha reconocido que el tabasqueño es terrible en el terreno de la discusión, «no le ganas una», dice. El «Jefe» Diego, lo recuerda en el aquel célebre debate televisivo del 7 de marzo del año 2000, mediado por Joaquín López-Dóriga en donde un aguerrido «Peje» le tupió al panista hasta por debajo de la lengua: lo menos que le dijo fue ardilla, porque no salía de Los Pinos, donde recibía órdenes de Carlos Salinas de Gortari. 

Andrés Manuel, como el Chapulín Colorado, todo lo tiene fríamente calculado. Conoce al dedillo a cada uno de los actores políticos de este país, sabe sus debilidades y también sabe como atacarlos y dominarlos. Carlos Salinas, jefe de la mafia del poder y ante quien todos se persignaban, hoy le rehuye y lo evade, no quiere chocar con él. Los salinistas aseguran que el ex presidente ha confesado que minimizaron su inteligencia, «ahora es un peligro para todos nosotros», ha llegado a decir. De ese tamaño es el líder de la 4T. Como enemigo político, en sus tiempos de opositor, nadie quería enfrentarlo, y ahora como Presidente menos. Dicen que a todos les tiene guardado su dosis de venganza, y su arma para cumplirlo, es su discurso. Tiene el poder del Estado, los medios y su retórica para hacerlo.

A AMLO, quien no lo ama, lo odia. Y eso es para él, su realización y su plenitud: sentirse amado y odiado, aunque lo segundo, dicen, lo ensalza y lo engrandece. 

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