La TalachaOpinión

El embarradero

 

LA TALACHA

Por Francisco Cuellar Cardona

El embarradero

 

El que acusa, está obligado a probar, se dice en el argot jurídico, y de esto debe estar muy consciente Emilio Lozoya Austin, que ha embarrado con sus dichos a una buena cantidad de personajes de la política y del poder, acusándolos de todo a partir de dichos.

Si no prueba lo que dice, quedará como un gran mentiroso que tendrá que pisar la cárcel, a la que tanto miedo le tiene, junto con su esposa y su madre que están igual que él, confesos e indiciados judicialmente.

Y si la Fiscalía confirma las mentiras de Lozoya, quien más dañado va a salir de este cochinero, no será Emilio Lozoya, sino el presidente Andrés Manuel López Obrador, autor intelectual verdadero de este escándalo político y mediático que tiene al país completo con el Jesús en la boca por tantas revelaciones en su lucha anticorrupción que tiene contra las cuerdas a su odiada «mafia del poder» a la que ha metido en un solo costal y bañado de estiércol.

Por eso, a estas alturas el más interesado en que todo sea cierto, es AMLO;  las pruebas y las evidencias que le prometió Lozoya, deben ser contundentes. Por el humor y el desparpajo como López Obrador está manejando el tema frente a la opinión pública, hace suponer que las tiene; pero hay que verlas.

Entre la gente cercana al Presidente, se dice que todo le está saliendo como lo pensó y planeó.

El primer golpe era embarrarlos a todos y causarles un daño político: ya los exhibió y los puso en boca de todos; si son inocentes, tendrán que probarlo llegado el momento.

Este escándalo, a decir de los abogados que ya revisaron con lupa la denuncia-declaración de Emilio Lozoya, y que el mismo López Obrador afirmó que es oficial, dicen que tiene muchas «fragilidades legales» que son fáciles de rebatir y que no son suficientes como evidencias, salvo que haya documentos firmados y videos, como dicen.

Con su discurso irónico como el de este jueves, AMLO sabe que se juega el pellejo y su credibilidad ante el país. La gente va a creerle cuando los «peces gordos» estén en la cárcel, pues la escaramuza mediática ya no es suficiente.

El Fiscal Alejandro Gertz Manero, que goza de una rectitud y una honorabilidad también se juega su prestigio. Ya en una ocasión declaró que no se prestaría a vendettas políticas; por eso sus pugnas y discrepancias con Santiago Nieto, titular de la Unidad de Inteligencia Financiera.

Esta «tragicomedia» como la llamó el Presidente, necesita tener un final justo. Si los acusados tienen responsabilidad penal, que paguen; y si son inocentes, que los acusadores reciban su castigo.

La impunidad y el uso del poder para ajustar cuentas, son incompatibles; más en estos tiempos en donde se habla de una forma de gobernar con valores. AMLO está obligado a probar que su lucha contra la corrupción no tiene tintes de venganza, y los embarrados, deben demostrar su inocencia, sino que enfrenten la justicia.

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