Mientras en el país, los bonos de Morena andan en los cuernos de la luna, en Nuevo León, su militancia, sus líderes y sus figuras, parece que se los tragó la tierra. Nadie sabe de ellos. Bueno, hasta la «superdelegada» se volvió un fantasma en su oficina: nadie la ve. La maldición de las tribus, dicen, están borrando del mapa a Morena en NL.
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