Opinión
Entre Alexa y Google. Música y otras amenidades
REFLEXIONES 2021
Por Mtra. Emilia Vela González
Entre Alexa y Google. Música y otras amenidades
¿Alexa que horas son? Pregunté temprano. – Son las 7.37 – fue la respuesta en la que agregó el deseo de que disfrutara el día – ¿Alexa, ¿cuál es el clima en Reynosa? Fue mi siguiente interrogante -8 grados- contestó, añadiendo las temperaturas que se esperaban a lo largo del día, las horas que habría sol etc.
Esto, que en lo personal se ha convertido en una especie de rutina, son preguntas que suelo formular desde la cama, ya que el celular lo dejo cargando fuera de mi alcance al igual que el reloj.
En noviembre del 2020, como regalo de cumpleaños recibí de mi hermano Norberto y mi cuñada Beatriz Vela el dispositivo Echo de Amazon. Días después agradecí a mi cuñada el obsequio, manifestándole que me sentía como niña como juguete nuevo.
Inicialmente lo utilicé exclusivamente para escuchar música de distintas épocas y géneros. Redescubrí a Armando Manzanero, como intérprete no era precisamente mi favorito, pero escucharlo me produce una especie de tranquilidad y paz. Cuando leo, pido a Alexa música de piano o saxofón, y en esta época también villancicos.
Para el ejercicio o entusiasmo en el arreglo de la habitación, están los “Ángeles Azules”, evoco una anécdota. Aún laboraba en Cd. Victoria cuando entró en funciones el actual gobierno estatal. Ya no vi a los ángeles verdes en mis trayectos de esa ciudad a Reynosa, aparecieron los ángeles azules. En un grupo de Wattsapp compartieron un meme con una foto estos que decía: “No sé si pedirles que me ayuden con el carro o pedirles el listón de tu pelo. Cuando reconocí que no entendía me señalaron lo poco que conocía de cultura popular.
Pero a Alexa también le pido resúmenes de noticias, significados de palabras, y ocasionalmente juego maratón en reto contra la ignorancia, a la que, modestia aparte, le he ganado. Practicarlo me permite aprender mientras hago ejercicio u ordeno la habitación. De las preguntas fallo en Ciencia y Tecnología, así como en deportes, y compenso con cultura general, historia, arte y entretenimiento.
En noviembre de este año, recibí de mi amiga Blanca Fernández, un dispositivo de Google, con las características de Alexa. Lo coloqué en mi habitación de Victoria, como ahí no tengo TV, y si mi escritorio con la computadora, le pido síntesis de noticias, y mientras trabajo en esta lo escucho gran parte del día. Adelantos como este, inimaginables hace algunos años, aligeran cierta parte de nuestra vida, al brindarnos información y entretenimiento.
Para quienes nacimos a principios de la segunda mitad del siglo XX, escuchar a nuestro intérprete favorito significaba: los más afortunados que contaban con consola o tocadisco portátil adquirir un disco LP de 33 revoluciones o de 45. O, generalmente ya como adolescentes, acudir alguna nevería y seleccionar en una rockola el de nuestra preferencia, previa colocación de una moneda.
En los ochenta, los discos de vinil van a ser desplazados por casett y no era tan difícil adquirir una reproductora de los mismos y los vehículos contaban con estos o se les podía adaptar. A finales de los noventa y primeros años de este siglo tendríamos los CD´S, pero había que seguir gastando. Ahora por cantidades menores puedo escuchar toda clase de música e intérpretes en un dispositivo o celular.
Pero no obstante sus evidentes ventajas, un dispositivo nunca va a sustituir a la convivencia con las personas de nuestros afectos y para quienes somos lectoras, al placer que representa pasar las hojas de un libro.