REFLEXIONES 2025
Lectora por afición
Por: Mtra. Emilia Vela González
«Hay quienes no pueden imaginar un mundo sin
pájaros;
hay quienes no pueden imaginar un
mundo sin agua; en lo que a mí se refiere,
soy incapaz de
Imaginar un mundo sin libros “
Jorge Luis Borges
Con frecuencia afirmo que soy lectora por afición, pero quizá tal expresión no sea la que mejor defina mis sentimientos hacia la lectura; diría que lo que en sus inicios fue una especie de entretenimiento al que dedicaba parte de mi tiempo libre, con el transcurrir de los años se convirtió en una verdadera pasión. Como Jorge Luis Borges, –toda proporción guardada– no puedo imaginar mi mundo sin libros.
El placer que me proporciona la lectura data desde mi niñez, cuando – en mi propio hogar- descubrí un tesoro. Me refiero a la enciclopedia “El tesoro de la juventud”. En las páginas de sus veinte tomos, encontraba, además de ilustraciones que me hablaban de los países y sus costumbres, imágenes de obras emblemáticas de la Historia del arte. A través de las mismas, conocí el argumento de libros celebres, narraciones extraordinarias, hechos heroicos, fabulas y una variedad de respuestas a interrogantes infantiles y juveniles.
En esos libros, que me permitían evadirme de la realidad y alimentar mi imaginación: Sufrí con el amor contrariado de Romeo y Julieta; me lastimaron los celos de Otelo por Desdémona; la avaricia de Shylock en el mercader de Venecia y de Scrooge en cuento de navidad, así como las aventuras y desventuras de Oliver Twist, ignorando entonces el nombre de sus autores: pasarían años antes de identificarlos como William Shakespeare y Charles Dickens.
Y habrían de transcurrir también varios lustros, para saber que aquellas reproducciones de pinturas que captaban mi atención como: “El nacimiento de venus” “las Meninas “, “La Maja vestida” eran obras de artistas consagrados de distintas épocas y escuelas como Sandro Boticelli, Diego Velazquez y Francisco de Goya.
En el verano previo a mi ingreso a la escuela secundaria, leí mi primer libro completo. Se trataba de “Fabiola” del inglés Nicolás Wiseman, en el que se narra la historia de una joven de familia noble romana, que se convierte al cristianismo en una época, Siglo IV D.C., en que los cristianos eran perseguidos por sus creencias y se refugiaban en las catacumbas. Describe a Roma bajo el imperio de Dioclesiano, y narra eventos que tenían lugar en el redondel del impresionante Coliseo: batallas de gladiadores y de cristianos frente a las fieras.
Esa lectura y otras relacionadas que vendrían después, sin duda influyeron para que años más tarde al encontrarme frente al imponente Coliseo Romano, experimentara una opresión en el pecho y me fuera imposible contener las lágrimas, sin saber a ciencia cierta si el llanto obedecía a la experiencia inédita de visitarlo o por todos aquellos que, en el pasado, ahí perdieron su vida.
No podría precisar cuántas novelas leí durante mi época de secundaria, pero si tengo presente los hechos relacionados con la Literatura que me marcaron. Irene Soriano de Martínez fue mi maestra de esa materia, y aún puedo escucharla con su modulada voz declamar “Metamorfosis“del poeta mexicano Luis G. Urbina y el movimiento de sus manos con aquel cautivo beso enamorado; asi como el inicio del primer Capítulo del Quijote “En un lugar de la Mancha de cuyo nombre no quiero acordarme… de Miguel de Cervantes Saavedra.
Un lugar muy especial sin duda lo ocupa la novela “Matar a un ruiseñor” de la escritora norteamericana Harper Lee. Que aborda el difícil desarrollo de un juicio en el cual el protagonista Atticus Finch, un honesto abogado, defiende contra toda esperanza, en el sur profundo de Estados Unidos donde la segregación era un estilo de vida, a un hombre de color acusado de violar a una mujer blanca. El libro sería determinante para decidir estudiar abogacía.
A través de la lectura he viajado a los lugares más recónditos del universo, he experimentado el calor quemante del desierto, el frío congelante del ártico, el calor húmedo, mosquitos y densidad selvática del Amazonas. He sentido el bullicio de las grandes ciudades, así como la sequía y desesperanza de las zonas rurales desérticas. Y Así mismo, he podido acompañar a personajes de la Historia en sus batallas internas y las libradas frente al enemigo.
La lectura permite evadirnos de nuestra realidad y diaria cotidianidad, desarrolla nuestra imaginación, amplia nuestro conocimiento y sin duda, nuestro vocabulario. Nos hace pensar, reflexionar y entender que no hay verdades absolutas
Remitiéndome nuevamente a Jose Luis Borges
“La Lectura debe ser una de las formas de felicidad, y no se puede obligar a nadie a ser feliz”.

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