La Talacha Noreste

Busca Morena sepultar al PRI en Coahuila; encuestas favorecen al tricolor

Por Jesús Rodríguez Alcocer

La elección para renovar el Congreso local de Coahuila se perfila como una de las más relevantes del país en 2026, no solo porque definirá el equilibrio político interno del estado, sino porque pondrá a prueba la capacidad del PRI para conservar su último gran bastión histórico frente al avance nacional de Morena.

Actualmente, el escenario favorece a la alianza encabezada por el PRI y la UDC, que mantiene ventaja en la mayoría de los distritos electorales, particularmente en regiones clave como Saltillo, Monclova y Ramos Arizpe. Diversas encuestas proyectan que el bloque PRI-UDC podría ganar entre 10 y 16 de los 16 distritos de mayoría relativa, dependiendo del comportamiento de la participación ciudadana y del voto urbano.

El principal activo del PRI en Coahuila sigue siendo su estructura territorial. A diferencia de otros estados donde el tricolor colapsó tras 2018, en Coahuila conserva una maquinaria política sólida, operadores regionales, control municipal y una red de movilización electoral que todavía funciona. Además, el gobernador Manolo Jiménez Salinas mantiene niveles relativamente altos de aprobación, lo que fortalece a los candidatos priistas. El PRI también ha sabido construir una narrativa local basada en estabilidad, seguridad y crecimiento industrial, particularmente frente a la incertidumbre económica nacional.

Sin embargo, Morena llega en una posición más competitiva que en procesos anteriores. Aunque históricamente el partido ha tenido dificultades para penetrar en Coahuila —en 2020 el PRI ganó los 16 distritos locales— hoy existe un desgaste natural del priismo después de décadas de hegemonía. Morena ha logrado consolidarse como segunda fuerza política y concentra sus principales posibilidades en zonas urbanas y obreras, especialmente en Torreón, algunos sectores de Saltillo y la región carbonífera.

El problema central de Morena en Coahuila es que todavía no logra construir un liderazgo estatal fuerte y unificado. A diferencia de entidades donde el partido gira alrededor de una figura dominante, en Coahuila existen divisiones internas entre grupos provenientes del obradorismo tradicional, expriistas y liderazgos locales sin cohesión. Incluso la dirigencia nacional ha tenido que involucrarse directamente en la operación política estatal para evitar fracturas.

Otro factor importante es que el PAN prácticamente dejó de ser protagonista en Coahuila. Hace una década era la principal oposición al PRI, pero hoy la disputa real es entre PRI y Morena. Movimiento Ciudadano tampoco aparece aún como una fuerza capaz de competir seriamente por distritos, aunque podría captar voto joven urbano y convertirse en un factor que reste votos a la oposición.

Objetivamente, Morena sí tiene posibilidades reales de crecer en el Congreso local, pero todavía parece lejos de arrebatarle el control político total al PRI en esta elección. El escenario más probable es uno donde Morena aumente su número de diputaciones y reduzca la hegemonía priista, pero sin lograr una mayoría. Para el PRI, mantener el Congreso significaría demostrar que aún puede competir territorialmente en México; para Morena, incluso avanzar algunos distritos tendría un valor estratégico enorme rumbo a la gubernatura de 2029.

La gran incógnita será la participación electoral. En Coahuila, el PRI históricamente se fortalece cuando la participación es baja y depende de su estructura de movilización. Morena, en cambio, necesita una elección altamente participativa y una fuerte nacionalización del discurso político para competir realmente. Por eso, más allá de los candidatos, la batalla será entre dos modelos: el aparato territorial priista contra la ola nacional de Morena.