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Sheinbaum y Morena muestran músculo a EU y la derecha

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Por Regina Cardona Jasso

El acto encabezado por la presidenta Claudia Sheinbaum para conmemorar los dos años de su triunfo electoral dejó lecturas distintas dentro y fuera de México, pero en términos políticos puede considerarse una demostración de fuerza y cohesión de Morena en un momento particularmente complejo para su gobierno.

Entre simpatizantes, gobernadores, legisladores y la estructura de Morena, el evento fue visto como una exhibición de músculo político. La movilización nacional mostró que, pese a las recientes controversias relacionadas con Sinaloa, Chihuahua y las tensiones con Washington, el oficialismo mantiene una importante capacidad de convocatoria.

El mensaje más aplaudido fue el rechazo a cualquier intervención extranjera en los asuntos internos de México y la advertencia de que no permitirá injerencias rumbo a las elecciones de 2027. La defensa de la soberanía sigue siendo un tema con amplio respaldo entre los mexicanos, incluso entre sectores que no necesariamente simpatizan con Morena. Encuestas recientes muestran que la mayoría favorece la cooperación con Estados Unidos, pero rechaza operaciones o intervenciones directas de agencias extranjeras en territorio mexicano.

Sin embargo, entre la oposición el evento fue interpretado como una concentración partidista más que institucional. Diversos críticos señalaron que la presidenta aprovechó la ceremonia para reforzar la narrativa de confrontación contra la derecha mexicana y contra sectores políticos estadounidenses.

Para la prensa internacional el evento de Claudia Sheinbaum y su partido demostraron dos aspectos:
La firme defensa de la soberanía mexicana frente a las presiones de Washington.
Y el endurecimiento del discurso político de Sheinbaum frente a las acusaciones y procesos judiciales que involucran a funcionarios mexicanos investigados por autoridades estadounidenses.

Medios internacionales han señalado que la relación bilateral atraviesa uno de sus momentos más delicados en años debido a diferencias sobre seguridad, narcotráfico y presuntas investigaciones contra actores políticos mexicanos.

Al mismo tiempo, algunos analistas extranjeros consideran que la insistencia en el tema de la “injerencia extranjera” puede fortalecer el nacionalismo interno, pero también aumentar la tensión diplomática con Washington.

Desde una perspectiva objetiva, el acto deja tres conclusiones principales:

Primera: Sheinbaum sigue siendo una figura políticamente fuerte. Aunque ha registrado desgaste por diversas crisis, mantiene niveles de aprobación elevados para un gobierno en funciones y conserva una base social sólida.

Segunda: la presidenta optó por cerrar filas con su movimiento en lugar de moderar el discurso. El mensaje central no fue la conciliación, sino la defensa de la soberanía y la denuncia de presiones externas e internas.

Tercera: Morena busca convertir la confrontación con sectores de la derecha y con actores estadounidenses en un elemento de cohesión política rumbo a las elecciones intermedias de 2027.

En conclusión, el evento no resolvió las tensiones con Estados Unidos ni disipó las críticas de la oposición, pero sí logró algo importante para el oficialismo: proyectar una imagen de unidad y resistencia en medio de una coyuntura complicada. Para sus simpatizantes fue una demostración de liderazgo y defensa de la soberanía; para sus detractores, una muestra de polarización y confrontación.

En términos políticos, el saldo parece favorable para Sheinbaum porque logró cambiar la conversación pública de la crisis hacia la narrativa de la defensa nacional, un terreno históricamente rentable para los gobiernos mexicanos.

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