(Tomado de la Revista Proceso)
La investigación sobre la ejecución del candidato del PRI a la gubernatura de Tamaulipas está en punto muerto. El fiscal del caso, Alejandro Arochi, señaló al entonces procurador general de la República, Jesús Murillo Karam, que los autores del asesinato de Rodolfo Torre Cantú fueron elementos de la Marina, pertenecientes a un grupo especial. Sin embargo, con la llegada de Marisela Morales a la PGR, el expediente fue auditado, manoseado y presuntamente alterado con fojas arrancadas, mientras los marinos llamados a declarar murieron antes de ratificar su testimonio.
Por Francisco Cuéllar Cardona
CIUDAD VICTORIA, Tamps.– Cuando Rodolfo marcó el número telefónico de Ernesto Neto Robinson para felicitarlo por su cumpleaños, un fuerte impacto sacudió la camioneta en la que viajaba junto con su equipo de campaña: Enrique Blackmore, Enrique De la Garza y Alejandro Martínez el Bolillo. El celular cayó de sus manos y mientras se recuperaban del golpe una voz del exterior le ordenó: “¡Bájese!”.
“Esto es una confusión. Déjenme arreglarlo”, dijo el candidato a gobernador del PRI de Tamaulipas.
Bajó de la camioneta, los demás lo hicieron al mismo tiempo. Rodolfo se identificó. El hombre, descrito por testigos como alguien vestido con uniforme de la Marina, que le ordenó bajar, le respondió con un seco: “Ya sé”.
De acuerdo con el testimonio de uno de los sobrevivientes, todos fueron tirados al suelo y la ráfaga de balas llegó por todos lados; “fue ensordecedor todo; sentí las balas ardiendo cuando entraron a mi pierna”, recuerda sobre aquel episodio de muerte. Todo ocurrió en segundos.
Ahí se acabó la vida de Rodolfo Torre Cantú. Sobre el asfalto de la carretera que lleva al aeropuerto de Ciudad Victoria quedaron los cuerpos del candidato a gobernador, del diputado Enrique Blackmore, los escoltas Luis Gerardo Zubiate, Rubén López Zúñiga y Francisco López Catache. Sobrevivieron al ataque Alejandro Martínez, Enrique de la Garza y un escolta. La acción fue quirúrgica, cronometrada: bastaron menos de dos minutos para consumar la ejecución.
Dieciséis años después del crimen que enlutó al priismo de Tamaulipas y del país, el expediente de 11 tomos –de mil fojas cada uno– sigue abierto, sin responsables sentenciados y sin avances públicos conocidos. La Fiscalía Especial creada para investigar el caso desapareció y, de acuerdo con fuentes consultadas, el expediente pasó por averiguaciones previas, la exSIEDO, y la última ocasión que se revisó de manera oficial, en 2015, estaba en la Coordinación de Asesores de la Procuraduría.
En años posteriores nadie ha exigido nada, sólo los días 28 de cada junio la familia lo recuerda con una misa y algunos priistas del primer círculo de Rodolfo Torre se reúnen para recordarlo. En la estatua que se levantó en su honor en el edificio del PRI estatal se realiza una ceremonia discreta con apenas unos reclamos de justicia, sin ningún eco.

No hay detenidos ni responsables sentenciados, pese a que fueron llamadas a declarar más de 300 personas, entre ellas los exgobernadores Eugenio Hernández y Egidio Torre (hermano de Rodolfo); Graciela Beba de la Garza, esposa de Rodolfo; integrantes de su comité de campaña, candidatos opositores, líderes de partidos y hasta un jefe de alto nivel del crimen organizado.
“Fueron los marinos”
En los primeros días de 2013 –con Enrique Peña Nieto en el gobierno federal– Jesús Murillo Karam, procurador general de la República, convocó a una reunión para revisar el expediente del crimen de Rodolfo Torre Cantú y sus acompañantes. A ese encuentro acudieron los subprocuradores y se invitó al agente del Ministerio Público Alejandro Arochi Jaimes, quien llevó por casi tres años la investigación.
De acuerdo con testimonios de personas cercanas a esa reunión, se planteó que el operativo para privar de la vida a Rodolfo Torre Cantú habría sido estrictamente planeado y ejecutado con una precisión atribuible a militares o equipos tácticos altamente entrenados. En esa hipótesis se descartó que hubiera sido algún cártel, bajo el argumento de que “ellos no realizan así sus ejecuciones”. El objetivo, según esa versión, era preciso: matar a Rodolfo.
Después de tres horas de aquella reunión Jesús Murillo Karam soltó la pregunta a bocajarro al Ministerio Público, Arochi:
“Licenciado Arochi, para usted que inició e hizo toda la investigación, ¿me puede decir quién, a su criterio, mató a Rodolfo Torre Cantú?
La respuesta, según los testimonios recabados, fue directa: “Fueron los marinos, señor procurador”.
El ambiente se puso tenso y sin decir más palabras el procurador finalizó la reunión. Semanas después, de acuerdo con uno de los testigos que había solicitado ese encuentro, Murillo Karam le habría dicho que el expediente estaba muy manoseado y que sería muy difícil dar con los responsables. “La investigación no puede continuar”, le habría comentado en voz baja, como evitando que alguien más escuchara.
De acuerdo con el testimonio de un alto funcionario estatal que estuvo atento al caso, cuatro días después de la ejecución del candidato priista se registró un aparatoso operativo de la Secretaría de Marina en el municipio de Llera de Canales, a 55 kilómetros de la capital tamaulipeca. En una casa vecina al comité de campaña del candidato priista Mario Alberto Ortiz Cano se encontraron armas de fuego, presuntamente relacionadas con el asesinato de Rodolfo Torre Cantú.
El mismo funcionario entrevistado cuenta que, mediante canales oficiales, se consultó con el almirante comandante de la Secretaría de Marina, destacamentado en el municipio de Ciudad Madero, para conocer información sobre ese cateo. Según su versión, el mando confirmó que sí eran agentes de la Marina, pero que pertenecían a un grupo especial que recibía órdenes directas de la Ciudad de México.
Los elementos de la Marina que, según esa línea de investigación, participaron en el operativo en Llera de Canales fueron llamados a declarar ante el agente del Ministerio Público Alejandro Arochi. De acuerdo con fuentes consultadas, sus declaraciones tuvieron contradicciones sobre las armas encontradas en ese lugar. La conclusión atribuida a Arochi, en ese momento, fue que el armamento sí habría sido usado en el asesinato de Rodolfo y que presuntamente fue sembrado de manera deliberada en ese domicilio.
Cuando esos marinos fueron requeridos para una nueva declaración ante el fiscal, de acuerdo con la versión de fuentes vinculadas al caso, ya habían muerto en diferentes lugares en cumplimiento de su deber.
El fiscal Alejandro Arochi, quien tuvo una destacada carrera en la exProcuraduría General de la República, murió de enfermedad en 2024.
Semanas antes de morir, consultado sobre el tema, reveló que, según sus indagatorias, una de las hipótesis era que marinos habrían reclutado a algunos elementos de la delincuencia tamaulipeca para realizar el plan para quitarle la vida al candidato priista al gobierno de Tamaulipas.
Dolor, drama y la unción de Egidio, su hermano
Del radio Matra, cuya frecuencia compartían todos los integrantes de la campaña, el gobernador Eugenio y los primeros mandos de los cuerpos de seguridad, escapó una primera alerta:
“Hay un altercado de los escoltas del candidato con desconocidos”.
En segundos, de la misma frecuencia del Matra, volvió a escucharse:
“¡Atentan contra el candidato! ¡Atentan contra el candidato!”.
Ricardo Gamundi, que estaba en el previo a la conferencia de prensa en Los Ébanos, llamó al teléfono de Enrique Blackmore, pero ya no contestó. Marcó al Bolillo y éste le alcanzó a contestar diciendo que los habían matado a todos y que mandara ambulancias. El líder del PRI se trasladó al lugar del crimen y fue el primero en llamar al gobernador Eugenio Hernández Flores que estaba en Palacio de Gobierno para confirmar la mala noticia.
“¡Lo mataron! ¡Lo mataron! ¡Lo mataron!”, comunicó llorando Gamundi al gobernador.
En el Hospital General de Victoria, justo cuando lo desconectaban de la máquina dializadora, Manuel Muñoz Cano, coordinador de la campaña, recibió la noticia.
Se enfiló a Casa de Gobierno e instruyó al director jurídico de la campaña, Herminio Garza, que fuera al lugar de los hechos. En el tercer piso de Palacio todos corrían. En el trayecto hacia la esquina del poder, el mayor Espinosa, jefe de seguridad del gobernador, gritaba alarmado.
En su oficina, Eugenio estaba en shock. La primera llamada que contestó fue del presidente Felipe Calderón. Tras recibir el pésame, éste le ordenó tajante: “Hay que suspender las elecciones. No puede haber elecciones así”.
En el país se celebraban elecciones para gobernador en 12 estados. En Tamaulipas, Rodolfo Torre tenía la ventaja más holgada en las encuestas. Para actores priistas de la época, “el PAN y Felipe Calderón querían descarrilar al PRI, que venía con mucha fuerza para recuperar el poder en 2012, con Enrique Peña Nieto como figura protagonista”.
Desde la lectura de actores priistas de la época, el PAN y Felipe Calderón tenían interés político en Tamaulipas por su ubicación geográfica ante Estados Unidos. Según esa interpretación, si se cancelaba la elección en 2010, el blanquiazul tendría oportunidad de reposicionarse y aspirar a ganar, como ocurrió finalmente en 2016 con Francisco García Cabeza de Vaca, quien ha enfrentado señalamientos y procesos judiciales.
Felipe Calderón recibió la negativa de Eugenio Hernández de no suspender la elección del domingo. Beatriz Paredes, Jesús Murillo Karam y todos los gobernadores dieron todo el respaldo a Eugenio para que se realizaran las votaciones.
En el despacho del gobernador ya estaba su vocero, Mario Ruiz Pachuca; Antonio Martínez, secretario general de Gobierno; Morelos Canseco, consejero jurídico; Ricardo Gamundi, del PRI, y el procurador de Justicia, Jaime Rodríguez.
“¡Vámonos de aquí! ¡Vámonos a Casa de Gobierno! ¡La prensa ahorita nos va a tumbar la puerta!”, fue la recomendación, y así salieron en tropel todos rumbo a Casa de Gobierno.
En el trayecto Eugenio ordenó cambiar la ruta, ir a darle el pésame a Beba de la Garza.
Al salir, Eugenio volvió a cambiar el trayecto del viaje.
“Ahora quiero ir a darle el pésame al doctor Egidio (padre) y a Egidio (hermano). Ya ahí, sólo se fue con Coché, su secretario particular, pero antes ordenó que todos se fueran a Casa de Gobierno, y con un encargo principal:
“Vean el tema de la sustitución”. A Eugenio le sacudían en la cabeza las palabras de Calderón: la presión por cancelar las elecciones en Tamaulipas y el candidato sustituto.
En el camino a la casa del doctor Egidio, en su BlackBerry Eugenio recibe un mensaje de Mario Ruiz Pachuca:
“No pierdas de vista a Egidio. Es tu amigo, es tu brother, ha sido tu socio, y es hermano de Rodolfo. Ah, y está elegible, jurídicamente está elegible. Considéralo”. Eugenio respondió con un: “¡Yeeeessssssss!”. Cuando Eugenio estaba de acuerdo con algo, solía responder de esta manera.
A las 12:05 horas, en el lugar del crimen, los cuerpos de Rodolfo, Blackmore y los escoltas fueron levantados y llevados a los servicios forenses. Con la temperatura arriba de los 34 grados no podrían dejar más tiempo los cuerpos, explicaron los peritos de la Procuraduría de Justicia estatal al grupo de peritos de la PGR que llegó al filo de las 12:30 al lugar.
Alejandro Martínez y Enrique de la Garza (sobrevivientes del ataque) ya estaban en el Hospital General. Los doctores, encabezados por Jorge Salinas, trataban de salvarles la vida.
A su vez, el gobernador se disponía a recibir al secretario general del PRI, Jesús Murillo Karam, a los mandatarios priistas del país y a los líderes de los sectores que ya venían en camino a Tamaulipas. En ese momento el nombre de Egidio vuelve a aparecer en la conversación en un privado de la Casa de Gobierno.
“Si Egidio no es, van a decir todos que tú lo mandaste matar, y en estos momentos no es irte por una decisión para poner a uno de los tuyos. Es una decisión de Estado. Si no pones a su hermano, te van a acusar toda la vida de que tú lo mandaste matar. Si quieres eso, entonces pon al que tú quieras”.
Murillo Karam irrumpió de manera atropellada en la oficina del gobernador.
“Gobernador –dijo–, la presidenta viene en camino (Beatriz Paredes), y vienen en camino todos los gobernadores. Quiero decirte, gobernador, que la decisión que tú tomes será respaldada por todos”.
Ya en la tarde, tras un encuentro con todos los gobernadores y los sectores, se emitió un comunicado condenando el crimen y pidiendo que el proceso electoral no se suspendiera. Jorge Luis Navarro, presidente del IETAM, salió a anunciar el martes 29 de junio, un día después del asesinato, que “sí habría elecciones”.
La noche del lunes se hizo vieja y no había consenso sobre quién sería el orador en el homenaje a Rodolfo en el Polyforum. Egidio (hermano de Rodolfo) se apuntó para hablar, pero no había acuerdos: “Hay que cuidarlo, no se nos vaya a quebrar y lo necesitamos fuerte para lo que viene”, decían. Al final, ya casi en la madrugada del 29 de junio, se coincidió en que sería Egidio quien hablara en el homenaje.
La versión de la PGR
Para funcionarios de la entonces Procuraduría General de la República (PGR), que durante más de dos años armaron el expediente y llevaron la investigación del asesinato de Rodolfo Torre Cantú, “fue frustrante tener todo, recursos, apoyos, colaboraciones, testimonios, todo, y no tener un culpable, ni un presunto sospechoso”.
Así recuerdan su arribo a Tamaulipas, aquel 28 de junio de 2010.
“Llegamos dos horas después del asesinato al lugar de los hechos. Los cuerpos ya habían sido levantados y los heridos también. Un escolta tenía siete balazos en la espalda y sobrevivió. Fue tal vez el único que aportó más evidencias, pero no sirvieron de mucho”, detalla uno de los fiscales.
Dicen que sólo apoyaron en la recolección de las evidencias para no contaminar el proceso que ya estaba llevando la Procuraduría del estado, quienes vía el subprocurador Hernán de la Garza se disculpó por haber levantado los cuerpos antes de tiempo porque la temperatura superaba los 34 grados y era riesgoso mantenerlos sobre el pavimento en esas condiciones.
El primer gran problema al que se enfrentaron, explica, es que el huracán Alex empezó a sentirse la tarde-noche del miércoles 30 de junio: “Y lavó y borró” todas las evidencias en la escena del crimen.
El segundo problema fue que no hubo testigos que dijeran algo: “Nadie estuvo cerca. Nadie vio nada”. Sólo se sabía que los homicidas habían utilizado dos armas cortas y siete armas largas. Había tres cámaras que pudieron haber registrado los hechos: una del C-4 que estaba a 300 metros de distancia del lugar, otra, de una gasera ubicada a 250 metros y la del Parque Científico, con un alcance mínimo que sirve sólo para registrar la entrada y salida del personal y los alumnos. En ninguna de las grabaciones se alcanza a ver el momento del ataque.
“Fue muy frustrante… muy frustrante. Teníamos un asesinato, sabíamos cómo y dónde había sido, pero no sabíamos, hasta la fecha, el paradero de los responsables”.
Tras horas de análisis concluyeron que el atentado fue hecho por profesionales: “Les cerraron el paso, los rodearon; hicieron una especie de media luna sobre la carretera, los bajaron a todos y los ejecutaron. Fue un trabajo perfecto, hecho en segundos. Ningún improvisado hace esto. Hicieron los disparos necesarios, no gastaron tiros de más”.
Sólo se aseguró un vehículo: una Suburban verde y fue la policía de Guémez quien la encontró en una brecha. Cuando se llegó al lugar para revisarla, la policía y los militares estaban adentro de ella; habían contaminado las evidencias.
–¿Fue deliberado el hecho?
–No. Fue ignorancia. Querían encontrar algo, pero ya no había huellas de nada –dice otro funcionario de la PGR que participó en el levantamiento de la información.
En 24 horas la PGR se hizo cargo por completo del caso y la investigación. Una llamada del procurador Arturo Chávez Chávez bastó para que así fuera. Antes, Felipe Calderón ya había dado la orden de atraer el caso; llamó personalmente al gobernador Eugenio Hernández para informarle que el caso de Rodolfo lo llevaría la autoridad federal.
Admiten los peritos que fue tanta la impotencia de no dar con los responsables, que hasta abrieron una línea de investigación para saber si pudo haber sido un homicidio pasional. A ese extremo se llegó.
Se citaron a declarar a más de 300 personas. Algunas de ellas, en más de dos ocasiones. A los contendientes de Rodolfo, a los presidentes de los partidos estatales rivales, a todo el personal de la campaña.
Durante la declaración, el gobernador Eugenio Hernández no pudo contener las lágrimas por las preguntas que se le hicieron. Al final fue él quien más insistió en exigir justicia. Aun después que dejó el gobierno presionó para que la investigación no se detuviera, asegura uno de los fiscales.
El coordinador de la campaña, Manuel Muñoz, acudió molesto porque las investigaciones no avanzaban. El encuentro de Beba de la Garza, la esposa de Rodolfo, con el fiscal “fue dramático”, así lo describen. Aunque siempre se mantuvo firme, soportó preguntas duras en medio de su dolor: ¿tuvo problemas con él?, ¿alguna vez le fue infiel? Sorprendió su fortaleza en medio de su pena.
A Alejandro Martínez, el Bolillo, fue difícil declararlo. Cuando aceptó hacerlo puso la condición de que fuera en Estados Unidos. “Se le declaró dos veces: estaba destruido. Nadie me lo dijo, pero le habían matado a su papá, no a su jefe, no a su candidato; le habían matado al papá. Ésa era la naturaleza de la relación con Rodolfo”, narra el funcionario.
De acuerdo con funcionarios consultados, el más renuente a declarar fue su hermano, el entonces gobernador Egidio Torre. Fue muy difícil acceder a él. Tenía muchos temores. Pasaba el tiempo y no sabía de quién cuidarse. De hecho, lo primero que preguntó cuando estuvo ante el fiscal, fue: “Licenciado, dígame una cosa. ¿Quién mató a Rodolfo? Necesito saber de quién cuidarme”.
La última vez que estuvo ante el procurador Murillo Karam, Egidio expuso sus dudas sobre la investigación, “Son muy lentos, no han llegado a ningún lado”. De entonces no volvió más a la Procuraduría.
Un jefe de plaza del crimen organizado en Tamaulipas, después de su detención, también desfiló ante la fiscalía para dar su testimonio sobre el caso.
“No tenía la menor idea de quién era ni cómo era Rodolfo. Él mismo dijo que no había motivo para calentar la plaza de ninguna manera”.
Ciudad Victoria no tenía tanta violencia, la plaza estaba en paz. Los enfrentamientos estaban en Matamoros, Reynosa y en Nuevo Laredo.
Pero el testimonio más conmovedor ante la fiscalía fue el del escolta que sobrevivió a los siete balazos en la espalda. Recuerda cómo lo jalaron, cómo lo tiraron al suelo y cómo le dispararon. La PGR calcula que los homicidas tardaron 20 segundos para la ejecución. Sabían que la camioneta del candidato no era blindada. La gente de campaña y todos sabían que no usaba blindada, sólo cuando iba a la Ribereña. Además, Rodolfo siempre andaba con los vidrios abajo.
Su agenda era pública; todo mundo sabía dónde iba a estar y cómo se iba a ir; con observarlo unos pocos días se dieron cuenta cuántos escoltas traía.
Con Marisela Morales el expediente cambió de rumbo, según funcionarios consultados.
Al mes de que llegó Marisela Morales a la PGR el expediente de Rodolfo Torre cambió de manos, y también de rumbo la investigación. Se le hizo una auditoría al expediente. Durante tres semanas, seis agentes del Ministerio Público lo revisaron letra por letra. La única observación que cuestionaron fue: “¿Por qué se hicieron inspecciones ministeriales en lugar de ordenar investigaciones a la policía?”. Después de eso, el expediente fue puesto en manos de un fiscal sin experiencia. De acuerdo con funcionarios consultados, pasaron cosas muy extrañas y se percibió una intención de manosear el expediente.
En la Procuraduría, dicen los mismos funcionarios: cuando quieres que un asunto no se resuelva, lo revuelcas, lo pasas de un lugar a otro, lo contaminas. Según esas fuentes, eso fue lo que pasó con el expediente de Rodolfo cuando llegó Marisela a la PGR. Lo más delicado, dicen quienes lo revisaron por última vez, es que presuntamente tenía arrancadas varias fojas, estaba incompleto y habría sido alterado.
El expediente de Rodolfo está en punto muerto. Lo mandaron a la exSIEDO, en Averiguaciones Previas, y hasta donde se sabe, la última vez se quedó en la oficina del coordinador de Asesores de la Procuraduría.
A 16 años de distancia, sigue impune el crimen contra Rodolfo Torre, Enrique Blackmore y los tres escoltas. La PGR, en septiembre de 2012, filtró que un grupo del crimen en Tamaulipas fue el autor del asesinato de Rodolfo Torre; sin embargo, peritos e investigadores de la Procuraduría consultados para este reportaje sostienen que esa versión habría intentado darle otro rumbo al caso.
Alejandro Arochi, fiscal que llevó toda la investigación y que luego fue removido y sacado de la hoy Fiscalía General de la República, declaró para la elaboración del reportaje:
“Veo muy complicado que el caso de Rodolfo se aclare. Yo creo que tenemos que mirar hacia dónde no hemos visto, hacia lo más alto del poder. Si un grupo de investigadores independientes, valientes, tomaran el caso, darían fácilmente con él o los culpables”, aseguraba.
Y se lamenta: “Esto es algo que me va a perseguir siempre. ¿Quién fue? Me gustaría saber quién fue el que mandó matar a Rodolfo”.