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A enfermos mentales, se les encadena en Filipinas
El Drama: Alejandro Rodrigo tiene 35 años. Desde hace 7 años vive con el tobillo encadenado al tronco de un árbol a unos 30 metros de la casa de su familia, en el pueblo de Agooho Daan, también en el distrito de San Remigio.
Por Luca Pistone. Enviado
San Remigio, Filipinas | Notimex.- Encerrados en una jaula en el bosque o encadenados al tronco de un árbol: este es el trágico destino de los enfermos mentales en las zonas rurales de Filipinas.
La espesa vegetación es útil para esconder. Las barras de hierro escapan a cualquier ojo que no esté atento. Al acercarse, se observa inmediatamente una figura inquieta, que se mueve de un lado al otro de una prisión de poco más de tres metros cuadrados.
El detenido se llama Theodoro Bucado, tiene 38 años y no sale de este apestoso agujero desde hace más de 10 años.
“Es lo peor que le pasó a nuestra familia”. Krisanta, la anciana madre de Teodoro, estalla en lágrimas en cuanto se habla de su hijo. No puede apartar la vista de la cerradura de la jaula y de la zanja con los excrementos.
“Me enfermé estando a su lado -continúa la mujer-, y mi hija tuvo que dejar los estudios. Gastamos todo el dinero que teníamos por él. Nos dijeron que sufre de esquizofrenia”.
Estamos en el pequeño pueblo de Kayam, en el distrito de San Remigio, en el norte de la isla de Cebú. En la zona hay muchos casos como el de Theodoro, quizás cientos.
Rey Mangayo, el director de Pads, una asociación humanitaria local, sostiene un mapa: “basta con preguntar por aquí y aparecen como hongos. Algunos están en jaulas, otros encadenados. Es algo espantoso”.
La interacción más cercana con la medicina a la que tienen acceso personas como Theodoro es la rara visita de voluntarios no especializados.
Tienen medios para dispensar medicamentos antisicóticos viejos, pero son insuficientes para tratar a personas tan vulnerables.
“A las familias -asegura Rey- hay que entenderlas. ¿Cómo pueden cuidar a sus seres queridos sin la menor ayuda por parte del estado?. Por aquí el primer siquiatra lo vimos hace 20 años”.
“Si hay algo que va mal acuden al chamán; muchos de ellos son baratos. Corresponde a las asociaciones y las autoridades hacer entender a los familiares que estamos hablando de enfermedades”, refiere.
Alejandro Rodrigo tiene 35 años. Desde hace siete años vive con el tobillo encadenado al tronco de un árbol a unos 30 metros de la casa de su familia, en el pueblo de Agooho Daan, también en el distrito de San Remigio.
La espesa vegetación le permite estar siempre en la sombra. Un agujero cubierto con una pieza de hojalata sirve de retrete.
“Un terrible accidente de motocicleta -cuenta su hermana Marj- y haber presenciado un asesinato son los traumas que lo llevaron a volverse loco. Había empezado a matar a los animales de los vecinos, así que decidimos encadenarlo”.
En noviembre de 2013 el tifón Yolanda tocó tierra en Filipinas. Se contabilizaron más de seis mil muertos y 28 mil heridos. Los daños económicos fueron inestimables.
En ese momento, Jona Mae Flores, de la aldea de Takop, tenía solo 13 años. Fue demasiado para ella. Aún hoy, apenas caen dos gotas de lluvia, comienza a maldecir y a gritar a los cuatro vientos.
“Apenas habla -dice su madre, Thelma- y siempre tiene la mirada perdida en el vacío. Tuvimos que atarla con una cadena porque por la noche siempre se escapaba. Le construimos esta pequeña choza, al menos no está al aire libre”.
Todos los enfermos identificados por Rey Mangayo fueron ingresados en el Departamento de Siquiatría del Hospital Vicente Sotto de Cebú City, la capital de Cebú.
Desde San Remigio hay aproximadamente tres horas en autobús, un boleto que afecta notablemente los ingresos de los familiares de los enfermos.
Además, el gasto promedio anual en los medicamentos recetados por los médicos es de mil 500 dólares, una cifra impagable para la gran mayoría de la población filipina.
“Esto no ocurre solo en San Remigio -explica el doctor Renato Obra, el jefe de Siquiatría-, sino que se da en otros lugares de Filipinas. También aquí, en Cebú City. Una vez me sugirieron ir a ver a un paciente encadenado al tronco de un árbol”.
Afirma que “es algo realmente inhumano, de otro tiempo. Pero hoy hay medicamentos modernos capaces de curar”.
“A menudo se trata de enfermedades genéticas, pero lo que es interesante es el desencadenante, es decir, lo que hace que estalle, que casi siempre es un trauma. En estas latitudes hablamos de huracanes, terremotos, violencia doméstica”, dice.
“Sin embargo -continúa-, la salud mental no es una prioridad para nuestro gobierno. ¿Sabéis cuántas personas hay en Filipinas con trastornos psicóticos? El uno por ciento de la población total”.
Se trata de una cifra cuando menos impresionante si se tiene en cuenta que los filipinos son más de 100 millones.
Todos los días los médicos del Departamento de Siquiatría visitan a entre 60 y 100 pacientes. El edificio, el único especializado en Siquiatría de toda la isla, puede aceptar hospitalizaciones solo durante unos días y solo en los casos más graves.
Esto se debe a los pocos fondos de los que disponen. Así, los familiares se ven obligados a llevarse a los enfermos a casa con una pequeña cantidad de medicamentos proporcionados por el hospital.
Mientras los pacientes toman los medicamentos, hay mejoras evidentes. Pero una vez que se terminan, las familias no tienen más remedio que condenar a sus seres queridos al cautiverio.
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La ultraderecha gana la primera vuelta en Colombia; Petro objeta resultados
Bogotá, Col.- Colombia amanece con un escenario político altamente polarizado luego de que el candidato de derecha radical, Abelardo de la Espriella, se colocara al frente de la primera vuelta de las elecciones presidenciales, superando al aspirante oficialista Iván Cepeda y obligando a una segunda vuelta que se celebrará el próximo 21 de junio.
Con más del 99 por ciento de las mesas contabilizadas en el preconteo, De la Espriella obtuvo alrededor del 43.7 por ciento de los votos, mientras que Cepeda, respaldado por el movimiento político del presidente Gustavo Petro, alcanzó cerca del 40.9 por ciento. Ninguno logró la mayoría absoluta requerida para ganar en primera ronda.
El resultado representa un fuerte avance de la derecha colombiana y coloca a De la Espriella como favorito para la segunda vuelta. El abogado y empresario ha construido su campaña con un discurso de mano dura contra la delincuencia, combate frontal al narcotráfico y críticas a las políticas impulsadas por el actual gobierno de izquierda.
Sin embargo, la jornada postelectoral quedó marcada por la reacción del presidente Gustavo Petro, quien rechazó públicamente los resultados preliminares del preconteo y afirmó que sólo reconocerá los resultados oficiales emitidos por las comisiones escrutadoras dirigidas por jueces de la República.
Petro aseguró que existen dudas sobre el sistema de conteo rápido utilizado durante la elección y denunció posibles inconsistencias en el censo electoral y en los algoritmos empleados para el procesamiento de los votos. Hasta el momento, las autoridades electorales no han reportado pruebas concluyentes que respalden esas acusaciones.
La postura del mandatario generó una inmediata reacción de sus adversarios. De la Espriella rechazó los señalamientos y exigió respeto al resultado expresado en las urnas, mientras diversos sectores políticos pidieron preservar la estabilidad institucional y esperar el escrutinio definitivo.
Analistas consideran que el resultado refleja un desgaste del proyecto político de Petro y un crecimiento del voto conservador en temas de seguridad, economía y combate a los grupos armados. También anticipan que la segunda vuelta será una de las más competidas y polarizadas de la historia reciente de Colombia.
Durante las próximas tres semanas, ambos candidatos buscarán conquistar el voto de los sectores de centro y de los electores que respaldaron a otras fuerzas políticas en la primera vuelta. El desenlace definirá si Colombia mantiene el rumbo iniciado por Petro en 2022 o gira hacia una administración de corte conservador encabezada por De la Espriella.
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Republicanos perderían la elección, por culpa de Trump: Encuestas
- El 47 por ciento de los electores darían el voto a demócratas y el 41 a republicanos. La desaprobación que tiene el Presidente Trump alcanza ya el 60 por ciento.
Washington.- A menos de seis meses de las elecciones intermedias de noviembre en Estados Unidos, el panorama político comienza a inclinarse ligeramente hacia el Partido Demócrata, impulsado principalmente por el desgaste de la administración del presidente Donald Trump y el deterioro de la percepción económica entre amplios sectores de la población estadounidense.
Las encuestas nacionales conocidas como “generic ballot”, que miden la intención de voto general para el Congreso, colocan actualmente a los demócratas con una ventaja promedio cercana a los seis puntos porcentuales sobre los republicanos. Diversos agregadores de encuestas sitúan a los demócratas con alrededor del 47% de las preferencias frente a un 41% de los republicanos, una diferencia que recuerda el escenario previo a la ola demócrata de 2018.
Aunque todavía falta tiempo para la elección, estos números son relevantes porque históricamente el partido del presidente suele perder terreno en los comicios intermedios, especialmente cuando existen problemas económicos o baja aprobación presidencial. Analistas consideran que si la tendencia actual se mantiene, los demócratas tendrían posibilidades reales de recuperar la Cámara de Representantes e incluso competir con fuerza en algunos estados clave del Senado.
La principal dificultad para los republicanos es la caída en la popularidad de Donald Trump. Diversas encuestas publicadas durante mayo muestran que la aprobación presidencial oscila entre el 35% y el 42%, mientras que su desaprobación supera en algunos estudios el 57% e incluso el 60%.
Los temas que más afectan la imagen del presidente son el costo de vida, la inflación, el aumento en los precios de la gasolina y el impacto económico derivado del conflicto con Irán. Encuestas recientes indican que una mayoría de estadounidenses considera que la economía está empeorando y que Trump no ha cumplido sus promesas de reducir los costos para las familias.
Sin embargo, pese al desgaste, Trump mantiene una base electoral muy sólida dentro del movimiento conservador y continúa dominando completamente al Partido Republicano. Su estrategia para recuperar apoyo se centra en tres ejes principales.
El primero es la inmigración. Trump ha endurecido todavía más su discurso y sus políticas migratorias, insistiendo en deportaciones masivas, reforzamiento de la frontera y acciones contra ciudades gobernadas por demócratas. Busca reactivar el sentimiento nacionalista y movilizar a los votantes conservadores que consideran que la seguridad fronteriza es una prioridad.
El segundo eje es el nacionalismo económico. Aunque sus aranceles y medidas proteccionistas han generado críticas por aumentar costos, Trump insiste en presentarse como el presidente que “defiende a los trabajadores estadounidenses” frente a China y otros competidores globales. La Casa Blanca sostiene que las dificultades actuales son temporales y que sus políticas traerán beneficios a largo plazo para la industria nacional.
El tercer elemento es la confrontación política permanente. Trump continúa utilizando actos masivos, redes sociales y discursos polarizantes para mantener movilizada a su base. Su narrativa sigue centrándose en denunciar a los medios, atacar a los demócratas y presentarse como víctima del “establishment” político de Washington. Esa estrategia, aunque genera rechazo entre independientes y moderados, sigue siendo muy efectiva entre el electorado republicano más leal.
Del lado demócrata, el partido intenta capitalizar el desgaste presidencial enfocándose casi totalmente en la economía y el costo de vida. Después de la derrota de 2024, muchos estrategas demócratas han moderado algunos discursos ideológicos y buscan reconectar con votantes suburbanos, independientes y clase trabajadora.
Aun así, el escenario está lejos de estar definido. Estados Unidos sigue profundamente polarizado y Trump ha demostrado en varias ocasiones capacidad para recuperarse políticamente incluso en momentos de baja popularidad. Además, los republicanos mantienen ventajas estructurales importantes en distritos electorales y en varios estados conservadores.
Por ahora, las encuestas muestran un ambiente favorable para los demócratas rumbo a noviembre, pero la evolución de la economía, la inflación y la situación internacional serán factores decisivos para determinar si el descontento actual realmente se traduce en una derrota republicana en las urnas
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Irán: … Noventa días de terror, enojo, miedo y destrucción
– La sociedad iraní está desolada luego de tres meses bombardeos. Entre la sociedad hay malestar contra Estados Unidos, Israel y el mismo régimen gobernado por los herederos persas
TEHERÁN | La guerra entre Irán, Israel y Estados Unidos ha dejado un país profundamente golpeado, no sólo por los daños militares y económicos, sino también por el desgaste emocional de millones de iraníes que viven entre el miedo, la incertidumbre y el enojo. A casi tres meses del inicio de los ataques conjuntos lanzados por Washington y Tel Aviv contra objetivos estratégicos iraníes, la vida cotidiana en ciudades como Teherán, Isfahán y Karaj cambió radicalmente.
Aunque las autoridades iraníes han intentado proyectar una imagen de control y resistencia nacional, diversos reportes internacionales describen un ambiente marcado por el cansancio social, las dificultades económicas y el temor permanente a nuevos bombardeos. En muchas zonas urbanas, los ciudadanos viven pendientes de las alarmas aéreas y de las interrupciones eléctricas, mientras el gobierno mantiene restricciones de internet y vigilancia reforzada para evitar protestas o difusión de imágenes de los daños.
En Teherán, la rutina diaria se ha vuelto una mezcla de normalidad forzada y ansiedad constante. Comercios abiertos, tráfico intenso y cafeterías llenas contrastan con edificios dañados, ventanas cubiertas y familias que duermen cerca de refugios improvisados. Algunos iraníes reconocen sentir miedo ante la posibilidad de nuevos ataques, especialmente después de los bombardeos contra infraestructura energética, instalaciones militares y universidades. Otros expresan enojo tanto contra Estados Unidos e Israel como contra el propio régimen iraní, al que responsabilizan de haber llevado al país a una confrontación de gran escala.

La economía iraní, que ya enfrentaba inflación, sanciones y caída del rial antes del conflicto, se encuentra todavía más deteriorada. Reportes de medios iraníes y organismos internacionales señalan escasez de alimentos básicos, largas filas para conseguir pan subsidiado y aumentos drásticos en productos esenciales. En algunas regiones, el precio del pan y otros alimentos prácticamente se duplicó tras el inicio de la guerra.
El daño a la infraestructura también ha sido considerable. Ataques a complejos militares, carreteras, puentes, universidades, instalaciones energéticas y sitios culturales han dejado pérdidas multimillonarias. Sólo en la Universidad de Ciencia y Tecnología de Irán, en Teherán, autoridades universitarias estimaron daños por unos 3 millones de dólares tras un bombardeo que destruyó laboratorios y edificios académicos.
Además, el Ministerio de Cultura iraní reportó daños en al menos 120 sitios históricos y museos, incluidos espacios considerados patrimonio de la humanidad por la UNESCO. Entre ellos figuran zonas históricas de Isfahán, el Palacio Golestán y otros monumentos alcanzados por ataques o escombros de explosiones.
En ciudades industriales y petroleras, la destrucción ha afectado refinerías, carreteras y puertos estratégicos. Analistas internacionales estiman que las pérdidas económicas acumuladas podrían superar varias decenas de miles de millones de dólares, tomando en cuenta la caída de exportaciones, los daños físicos y el impacto sobre la producción energética.
El estado de ánimo social parece dividido. Mientras algunos sectores cerraron filas con el gobierno iraní ante los ataques extranjeros, otros consideran que la guerra agravó el desgaste político y económico que ya existía desde las protestas masivas de finales de 2025. Investigaciones periodísticas describen sentimientos mezclados de resignación, patriotismo, frustración y desesperanza.
A pesar del alto al fuego parcial impulsado por mediadores internacionales, los iraníes continúan viviendo bajo tensión. El temor a una reanudación de los ataques sigue presente y muchos consideran que la guerra dejó heridas difíciles de reparar, no sólo en la infraestructura del país, sino también en la estabilidad emocional y social de toda una generación.

