Habemus plan anticelulares
INTERIORES
Habemus plan anticelulares
Por Carlos López Arriaga
Cd. Victoria, Tam. Es alto el margen de error si nos proponemos escribir sobre una disposición que apenas se anunció este lunes —en lo general— y cuyos detalles se sabrán hasta el martes, cuando sean publicados en el Diario Oficial de la Federación.
Con esa salvedad, me ocupo del asunto que, por cierto, ya fue tema de esta columna el viernes 21 de agosto pasado (Interiores, “Celular, huésped incómodo”, https://x.gd/64mP4).
En efecto, al iniciar la presente semana, la doctora SHEINBAUM informó en su conferencia matutina sobre las nuevas reglas de uso en la telefonía celular para los alumnos de las escuelas públicas y privadas.
Lo sustantivo aplica en los niveles básico y medio básico (primaria, secundaria), donde será prohibido su uso, lo mismo en clase que en patios y pasillos, salvo casos de emergencia familiar.
Añaden que los tentadores aparatos (incluyendo pantallas, es decir, tabletas) pueden llevarse guardados en la mochila, lo cual siembra interrogantes en cuanto a quiénes y cómo harían cumplir dicha medida. El desacato está, literalmente, al alcance de la mano.
Hasta donde se entiende el mensaje, en el nivel medio superior —preparatoria— se otorga un margen relativamente amplio a cada escuela para que aplique las medidas pertinentes. No habría regla única: cada plantel definiría las suyas, en acuerdo con la comunidad. En el nivel superior —universidades—, cada institución fija su política.
En todos los niveles, los maestros están exentos de dicha prohibición, aunque se dice que les será entregado un puñado de reglas al que llaman “decálogo”. Esperemos, pues, a conocer dichas tablas de la ley.
DISTRACTOR POTENTE
Se menciona como objetivo el reducir la adicción a pantallas móviles para disminuir (por principio) distracciones y esto sería lo principal o más urgente. Que atiendan a la clase. Aunque también se habla de “proteger el desarrollo y la creatividad”.
En el contexto de estas medidas, se escuchan todavía los ecos de la prueba PISA sobre lectura y capacidad de abstracción, cuyos más recientes resultados fueron para México un desastre. La SEP salió reprobada y con orejas de burro (https://x.gd/HNbLRf).
En fin, la experiencia dirá si fue suficiente decir a los estudiantes que “guarden sus aparatos”. Tal vez sirva la experiencia de países más avanzados, narrada en la columna de agosto, cuando escribí:
“La tendencia mundial llega más allá de apagar celulares. Se avanza ahora al diseño de mecanismos para que los aparatos dejen de estar disponibles durante la jornada.”
“Tal variedad de estrategias responde de diferentes maneras a la pregunta básica sobre el destino del aparato mientras el alumno está en clase. Apagar y guardar es la regla más obvia, denominada también bell to bell, al permanecer inactivo de timbre a timbre.”
“La cual figura entre las más fáciles de violar, cuando, de manera furtiva, el estudiante enciende la pantalla para fines recreativos o bien para consultar probables respuestas a un examen.”
Comenté al respecto que en la Unión Americana, los jóvenes entregan sus equipos al personal escolar al momento de la entrada. Lo cual supone tareas de recolección, resguardo y devolución cada día. Otra variante es que cada quien deposite su aparato en algún locker.
Más interesante resulta la obligatoriedad de portar una funda con cerradura magnética. El usuario conserva el móvil, pero no puede operarlo. El celular jamás pasa a otras manos ni se guarda en casillero alguno. La cubierta solo se abre al salir, cuando acerque su equipo al dispositivo que desactiva el seguro.
¿Y EL AULA INTELIGENTE?
Interesante el caso de las tabletas (tablets, iPads) sobre las cuales se renuncia al uso didáctico. En aras de evitar la distracción, desperdician el potencial pedagógico de los aparatos mayores. No serán herramienta educativa, salvo que el Diario Oficial diga otra cosa este martes.
Y bueno, si hablamos del primer mundo, el modelo de referencia (al menos para este columnista) no es el malvado imperialismo yanqui, sino la República Popular China, donde instrumentos de control superior conectan las tablets con la pizarra electrónica de gran tamaño donde el maestro interactúa con los alumnos.
Desde luego, son aparatos de uso personal purgados de distractores, con navegación restringida y sin aplicaciones de chat que permitan el contacto con el exterior.
Cómputo móvil concentrado en el aula, la clase, el conocimiento, donde el equipo individual está sincronizado con la pantalla común, conectado a la inteligencia artificial, el big-data y el Internet de las Cosas.
Mire usted, en la tierra del ingeniero XI JINPING, el empleo de multimedia es práctica regular y aulas inteligentes (Zhihui ketang,智慧课堂) incluyen pantallas interactivas y equipos de uso individual en la dotación básica de cada escuela nueva. El modelo se emplea también en campañas de alfabetización.
Desde luego, ello implica una disposición del magisterio al aprendizaje y la actualización digital, en conocimientos y capacidades. Meta lejana en el horizonte nuestro. Si usted les pregunta ahora a los chicos y chicas del SNTE (o la CNTE), pues hombre, andan más preocupados (preocupadas) por actualizar su guardarropa con miras a las campañas del año entrante.
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