Crónicas de la calle

talachaadminfebrero 17, 2019

6min220

Por Kiara Cristabel Enríquez

Este título puede sonar exagerado, pero es una realidad cuando tienes que llegar al trabajo o a la escuela y tu único recurso es el autobús o el Metro, que si de horarios hablamos es como una ruleta rusa donde todo es cuestión de suerte.

A las 8:30 de la mañana me paré frente al pabellón del Tecnológico de Monterrey, un día nublado y en donde se apreciaba poco tráfico por la hora.

Diez minutos esperé el camión para abordar la ruta que me llevaría a la estación del Metro Félix U. Gómez. Hace dos semanas me había convertido en la guía de turistas de una amiga regia que nunca se había subido al transporte público ¿Cómo con 19 años nunca había tenido la desdicha de pasar por este mundo de experiencias?

Más aún cuando Monterrey es una de las dos ciudades de México que cuentan con el servicio de Metro; fue toda una experiencia para ella, iba tomando fotografías de los murales de colores vivos con mensajes políticos sobre Ayotzinapa y Trump, videos de la llegada rápida del Metro con anuncios de diferentes marcas y sobre como ser mejor ciudadano con dibujos caricaturescos. Todo eso era algo nuevo para ella.

Esta vez mi suerte iba en aumento. El camión rojo vivo con la palabra Metrobús entre estrellas iba casi vacío, 5 personas atrás y otras 4 desperdigadas por los asientos de adelante donde 7 eran hombres; además de esa suerte era la primera vez que me subía y no tenia ese olor a trapeador sucio con químicos de limpieza. Tenía un olor cotidiano.

Me senté cerca de la ventana aun mirando lo que pasaba a mi alrededor. El conductor, un hombre robusto y moreno de aproximadamente 47 años con un bigote bien cuidado, iba despreocupado y tenía una expresión neutral en su rostro con la cual sacó su celular y empezó la llamada romántica con la que parecía ser su mujer mientras iba haciendo las paradas de manera descuidada en donde la gente le pedía hacerlo.

Los autobuses en Monterrey suelen tener un botón en la parte de atrás con un color anaranjado para poder avisar tu parada sin gritar el típico – ¡Bajan! – o indicarlo con chiflidos, pero al parecer este no funcionaba y las personas del fondo golpeaban desesperadas la parte superior de la puerta para indicar que ahí era su destino.

Llegamos a la estación del metro que estaba congestionada para no ser una hora pico y tuve que subir los mas de 40 escalones. La gente llegaba y se arremonilaba. ¿De donde sale tanta gente? Es ahí cuando pensé si realmente utilizar el transporte publico solucionaría el problema de circulación de la ciudad.

Usar esa tesis nos llevaría a otro problema del lado contrario por la falta de transporte, si solamente basta con intentar subir en la estación Cuauhtémoc, lugar donde ambas líneas se juntan, a cualquier hora del día para entender de lo que hablo y esta vez no fue la excepción.

Personas de todas las edades con bolsas, maletas y grandes mochilas escolares no dudaron en empujar para alcanzar un lugar en el concurrido vagón que empezaba a llenarse con un aroma humano, parece que la hora tranquila terminó.

Bajar dos estaciones después de Cuauhtémoc fue todo un logro. Resutó toda una odisea esquivar las mochilas y entrar entre los espacios que la gente dejaba para poder llegar a la puerta fue la travesía de mi vida. Y no se diga bajar las escaleras donde individuos intentaban ir contra la corriente del mar de gente.

Si queremos mejorar el sistema de circulación en nuestras urbes latinoamericanas es necesario que se invierta más en el transporte público para que rinda un mejor servicio, cómodo y seguro. Y, sobre todo, para que cada viaje sea una mejor experiencia para el pasajero…


talachaadminjunio 15, 2018

6min160

Por Aarón Garcia Gonzalez

Consuelo era su verdadero nombre, pero poco conocido. Para clientes y compañeras era Corina.

Era una mujer menudita pero muy bien proporcionada, de rostro bello y mejores modales.

Desentonaba con la cantina dónde, según decía. Pagaba sus culpas, por una mala pasión.

Era de Guanajuato, desde niña conoció muy poco de afectos familiares, o de la vida, porque hasta los 16 años vivió internada en instituciones de monjas.

Fue ahí donde conoció al hombre que le cambió la vida.

El, eventualmente iba al internado a realizar reparaciones de carpintería, albañilería o electricidad.

Una tarde, según platicaba con frecuencia.. Era día de visitar familiares y la institución, se había quedado casi sola. Ella no tenía a quién visitar. Desde que tenía uso de razón, la hacían sentir como un estorbo para su familia, poco la visitaban. Menos sabía de ellos.

Aquella tarde Consuelo caminaba por el patio y se topó con él.

Era alto, de rostro agraciado y de mirada que inspiraba confianza.

La platica fue inevitable. Era el primer hombre con el que platicaba.

Ella se sentía cautivada, al escucharlo hablar de un mundo que desconocía, de salidas a un parque, al cine o a bailar.

Aquella platica fue el inició de encuentros a escondidas y luego de escapadas.

En una de tantas, él la llevó a un hotel. Ahí perdió su inocencia y la cordura.. Fue ella quién le propuso escapar, no volver más al internado.

Sentía que por primera vez en su vida, para alguien era importante.

A escondidas, sacó la poca ropa que tenía y los ahorros que había juntado con el dinero que le enviaba su familia.

Aquel hombre la esperó en la central y se fueron a Gudalajara.

Fueron varios los días que estuvieron encerrados en un hotel, sólo atinaban a mal comer.

Una tarde, él salió con el pretexto de comprar algunas cosas. Jamás volvió.

Lo esperó dos días más, pidió ayuda porque temía que algo le hubiese pasado, pero no aparecía ni en cárceles, ni en hospitales.

No conocía a nadie en la ciudad y el poco dinero que tenía, había desaparecido, junto con aquel hombre.

Tuvo que dejar la mayoría de sus pertenencias en el hotel, no tenía para pagar.. cargó unas cuantas prendas y anduvo en las calles de un lugar a otro.

Ni cómo pensar en regresar al internado, que a pocos días de libertad, veía como una cárcel.

Menos, en acudir con su familia, dónde sólo halló desamor.

Hambienta y cansada, así la encontró una mujer que la invitó unos tacos.

Le platicó su historia y la mujer le ofreció compartir su cuarto para vivir.

Fue ahí dónde se inició en el oficio inducida por aquella mujer, de quién aprendió la frase.

‘Antes que un hombre te joda. Bájale el dinero ‘

Al poco tiempo, había perdido no sólo sus principios religiosos . Si no hasta el nombre. Dejo de ser Consuelo, para llamarse ‘Corina’, porque según su amiga, era más de puta.

Aprendió trucos para no embarazarse y para no emborracharse cuando fichaba.

Con hambre por conocer mundo, se mudó a Tijuana, luego a Nuevo Laredo y Matamoros donde trabajó de mesera y fichando. Un día llegó a Ciudad Victoria dónde vivió en el zumbido hasta que lo cerraron. Así fue como acabó en los negocios de doña Chema.

Era una mujer muy limpia y ordenada de trato amable y educada.

Era la más demandada por los clientes.

Lo cual despertaba envidias y mofas.

Y no faltaban las indirectas.

‘Mta Chema, aquí vienen más cabrones a rezar, que a coger’.

-Pues enséñense. Primero a hincarse cabronas, replicaba Chema, haber si así agarran clientes.

Corina nunca se ganchó con las habladas .

Corina duró poco tiempo en el lugar, jamás se volvió a saber de ella, pero se ganó el afecto sincero de doña Chema, quién siempre la recordaba.

‘Corina fue puta por accidente. No por gusto. Lo bonito de ella es que nunca perdió su educación, ni su Don de gente. Dios perdona a pocas putas, creo que su perdón lo tiene bien ganado’.. sentenciaba, con un nudo de pesar atrapado en su garganta.


talachaadminjunio 1, 2018

5min830

Por Aáron González García

Pilar… era una mujer robusta. De piel como de palo de ébano. Entre café y oscuro. Pero muy orgullosa de su oficio.

Cuando las putas mueren solas

Era discípula, comadre y compañera en ‘el talón’ de años de Doña Chema, la dueña de la cantina dónde presumía..’Aún despertaba pasiones en los pelaos’

Yo apenas tenía ocho años y me habían  adoptado como mandadero del negocio. Pero por instrucciones de doña Chema sin permiso de entrar.

Pilar, era de piernas gruesas, y siempre presumía sus grandes senos que a su edad, parecían dormir en la parte alta de su abultado estómago.

Sus platicas con Doña Chema en la mecedora de palma afuera del negocio estaban llenas de ocurrencías, indirectas  y de experiencia de vida.

.’. hija de la chingada,_ se quejaba doña Chema- .. Ya hiciste que me miara  por hacerme reir tanto, sabes que tengo incontinencia y tú con tus cosas.’.

Y Pilar, riendo contestaba siempre pícara..

‘Si ya no lo usas pa otras cosas, de perdido pa miar’..  Y soltaban la carcajada.

A veces reparaba en que estaba cerca y  se quejaba con un dejo de anuencia..’Mira éste cabrón chamaco, nomás oyendo platicas de putas..’ y volvían a soltar la risotada

Pilar había empezado en el talón.. desde los 14 años, cuando huyó de su casa. Porque su padrastro intento abusar de ella.

‘De dárselo a ese cabrón. Ha dárselo a alguien por mi gusto.. mejor me di el gusto..’ platicaba  siempre…

No tuvo novios, sólo clientes. Y aprendió desde que pisó el primer congal que ‘en este negocio sólo está permitido abrir las patas. Pero nunca el corazón’.

Aún joven parió a su única hija, a la que apodaba ‘Caglu’. Qué era la abreviatura de ‘Cagluquina’ una inyección que se usaba como medicamento abortivo …’el cabrón. Me falló’ y ahi está la Caglu.’

Presumía haber conocido a doña Chema en un congal de Saltillo, aún jóvenes, se acompañaron, en Nuevo Laredo, en la Coyotera de Monterrey y en la zona de Reynosa.

‘Perdí mucha carne en el negocio y gane grasa, platicaba con premeditado autoflagelo.

.. Pero justificaba su sacrificio.

..’En la cama, no solo le ayudamos a los hombres a quitarse las ganas, sino también.. a quitarse la soledad. Y las malquerencias de sus mujeres’.

Siempre andaba risueña y con su inseparable chicle.. una discípula alguna vez le preguntó. Qué porque nunca tiraba el chicle. Sin inmutarse le contestó.

‘Porque el chicle me quita la tentación de besar a un cliente cuando estamos en la cama.

Los besos son peligrosos, porque delatan cuando una puta no tiene orgasmo.. o lo que es peor.. te enamoran.. Así que, si eres puta por gusto..no dejes de mascar chicles’

Al paso de los años, la salud de Pilar se deterioró.. el abuso del alcohol le pasó la factura y enfermó de cirrosis.

Su comadre Chema había muerto dos años antes… por ello vivía sola en una casucha que alcanzó a construir en un terreno que le regaló un cliente de años.

Se había distanciado de su hija… por lo que sufrió una agonía lenta y prolongada..

Tal vez recordó en su final a su comadre que siempre decía… ‘la vida nos acerca muchos hombres.. pero al final, las putas mueren solas’



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