Opinión

¿Y las políticas de igualdad en los medios?

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OTRA MIRADA

¿Y las políticas de igualdad en los medios?

Por Rosa María Rodríguez Quintanilla

Mientras las políticas públicas de igualdad de todos los gobiernos sigan dejando fuera a los medios de comunicación, estarán condenadas al fracaso o, en el mejor de los casos, a avanzar con una lentitud que ya no es admisible.

Desde 1995, en la Conferencia Mundial sobre la Mujer en Beijing, se trazó una ruta clara con la Plataforma de Acción. El Capítulo J —“Mujer y medios de difusión”— reconoció el papel clave de los medios en cómo se construyen las ideas en la sociedad y obligó a los Estados a eliminar estereotipos sexistas, promover una imagen más equilibrada de las mujeres y garantizar su acceso a la comunicación y a la información.

Han pasado más de 30 años y esa tarea sigue pendiente.

La Red Internacional de Periodistas con Visión de Género ha denunciado que el Capítulo J es, precisamente, uno de los que menores avances presenta de las 12 áreas de especial preocupación de la Plataforma de Acción de Beijing.

Aunque ha habido avances en leyes de igualdad, la realidad en los medios cuenta otra historia. Las mujeres siguen siendo invisibilizadas o representadas desde roles limitados. El monitoreo global de Medios del 2025 lo deja claro: solo el 25% de los contenidos informativos tienen a mujeres como protagonistas. Y lo más preocupante es que los estereotipos de género siguen ahí, reproduciéndose como si nada.

Lo más grave es que los gobiernos siguen diseñando políticas de igualdad sin tomar en cuenta a los medios de comunicación. Y eso tiene consecuencias. No intervenir en ese espacio es dejar intacto uno de los principales lugares donde se construyen prejuicios. Es permitir que se sigan repitiendo narrativas que discriminan, que normalizan la violencia simbólica y que frenan cualquier intento real de cambio. En los hechos, es restarle fuerza a sus propias políticas de igualdad.

Ante ese vacío, han sido las redes de mujeres periodistas, colectivas feministas y defensoras de derechos humanos quienes han hecho el trabajo: monitorear, denunciar, capacitar y proponer. Han empujado, prácticamente solas, una agenda que debería ser prioridad de los Estados parte del sistema de Naciones Unidas.

Pero no tendría que ser así.

Incluir a los medios de comunicación en las políticas públicas de igualdad es fundamental. El acceso a la comunicación, a la información y a la libertad de expresión son derechos humanos. Y de su ejercicio pleno depende el acceso a muchos otros derechos: educación, salud, justicia, participación política.

La pregunta ya no es si los medios deben estar en la agenda pública, sino por qué los gobiernos siguen dejándolos fuera.

Porque esa omisión tiene efectos claros: mantiene la desigualdad, normaliza la discriminación y limita la forma en que la sociedad se entiende a sí misma. Por eso es urgente que los Estados asuman su responsabilidad y construyan políticas que incluyan de manera directa a los medios de comunicación y a las mujeres periodistas, con presupuestos, mecanismos de evaluación y obligaciones claras.

Cumplir con el Capítulo J de Beijing es una deuda pendiente que exige voluntad política, compromiso institucional y, sobre todo, la convicción de que la igualdad también se construye —o se niega— en el espacio mediático.

Si los gobiernos siguen dejando fuera a los medios de comunicación, la igualdad seguirá siendo solo discurso. Es urgente transformar lo que se comunica, de lo contrario no habrá cambio real.

La igualdad también se construye en lo que se dice, cómo se dice… y en lo que se decide callar.

 

Rosa María Rodríguez Quintanilla,

Consejera de la Red Internacional de Periodistas con Visión de Género (RIPVG).

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