Cuadrante Político
Los pueblos prehispánicos y el balón cósmico
CUADRANTE POLITICO
Por Fernando Acuña Piñeiro
Los pueblos prehispánicos y el balón cósmico
Nuestros antepasados mayas y mexicas jugaban con el cosmos. Era una mezcla de destreza física y creencia en el mundo de lo invisible. En aquellos callejones atrapados entre dos taludes de piedra, la pelota de caucho rebotaba entre la estructura pétrea y los agiles cuerpos de los competidores. Un frenesí lúdico de codos, caderas y rodillas iban de un lado a otro, persiguiendo la gloria de pasar la bola de hule, por un aro.
En estos torneos celebrados en el vientre de la naturaleza, la redondez del sol y de la luna, presidían la veneración de las formas, pero también eran deidades omnipresentes.
La fe de los hombres en un futuro mejor, y el temor al castigo desencadenado desde lo alto, ya formaban parte de una religión primigenia basada en la centralización del poder solar.
En todo caso, se trataba de las raíces del miedo y del respeto por los asuntos no controlables en la tierra. Se dice que aquella pelota hecha de la sangre espesa del árbol Olicuahuitl, científicamente hoy conocido como Castilla Elástica, no debía de caer sobre el piso de tezontle y cascajo, donde se celebraban aquellas justas deportivas y rituales. El dios pagano Huitzilopochtli podía enojarse.
Las exploraciones arqueológicas han descubierto más de dos mil canchas en las zonas más importantes del México precolombino. Lo anterior nos define como una raza no solo con creencias en potestades superiores, sino también como pueblos abrazados a la pasión vital del movimiento, como base fundamental de la existencia y sus emociones.
El juego de pelota cuyos vestigios revelan la existencia de un mundo lúdico y competitivo, representan el legado más importante de una cultura que no lo resolvía todo por medio de la guerra. Aunque se habla de sacrificios humanos. En lo general se trataba de un espacio alterno, donde los señoríos solían definir disputas por fronteras y por tributos.
Todo este tesoro cultural y emotivo, fue destruido con la llegada de la conquista española. Desmantelaron y enterraron las canchas, y con ello apagaron aquel esplendor de destreza y dinamismo propia de nuestros pueblos originarios.
En el fondo, el veto de las tropas coloniales , no estaba exenta de cierta envidia y recelo, por aquella demostración de resistencia al golpeteo de pelotas de hule demasiado pesadas. Y todo lo que dicha dinámica física implicaba, para efectos de entrenamiento.
El futbol como deporte moderno, no existió durante la etapa independentista de nuestro país. Se sabe que sus primeras manifestaciones se dieron, a través de migrantes ingleses y escoceses que llegaron para conducir los trabajos del ferrocarril porfiriano, a finales del siglo XIX, en el estado de Veracruz.
Empezó como un deporte de élite, que solo los ricachones de los barrios extranjeros practicaban. Fue con la revolución que el futbol empezó a popularizarse. Aunque a ningún caudillo revolucionario le gustaba el balompié, pues preferían el beisbol y la charrería.
Con el nacimiento del partido de Estado, (PRI) los gobiernos encontraron en dicho deporte, una manera de distraer al pueblo. Y la clase política en el poder, alentó su financiamiento, como herramienta de control de masas y clientelismo electoral.
Por esta vía de la catarsis colectiva, entraron en juego los poderosos intereses de clanes empresariales como la familia Azcárraga. Dichos magnates lograron cambiar un simple entretenimiento, por una industria de grandes negocios y comercialización.
Como punto de partida, el consorcio Televisa adquirió al club América, el 22 de julio de 1959, en los inicios del gobierno de Adolfo López Mateos. De este hecho a construir toda una cultura televisiva e impulsar la dualidad entre equipos como Chivas y América, no hay mucho trecho.
Y así consecutivamente. Pasando por dos mundiales, hasta llegar a esta tercera ocasión, en la cual México comparte sede con Estados Unidos y Canadá.
Son 48 selecciones que jugarán en 16 ciudades de estos tres países. Este jueves, él árbitro dará el silbatazo inicial. Primero Jehová, ya les estaremos platicando como evoluciona dicha historia.
Ya no es una pelota de cuatro kilos como el balón prehispánico. Es un esférico que pesa entre 410 y 450 kilogramos. Fue fabricado por Adidas. Se llama Trionda, porque el mundial corre a cargo de tres países. Y por las ondas de la popular ola de la afición.