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El asesinato de Roxana Guzmán: un crimen que exhibe los riesgos de ejercer el periodismo en México

Por Sebastián Villanueva Díaz

Ciudad de México.-La confirmación del asesinato de la periodista veracruzana Roxana Berenice Guzmán Ramírez, un mes después de haber sido privada de la libertad por un grupo armado, volvió a colocar a México bajo los reflectores internacionales por la violencia que enfrentan quienes ejercen el periodismo.

La Fiscalía General del Estado de Veracruz confirmó este viernes que los restos localizados en un predio del municipio de Moloacán corresponden a la directora del portal Pulso Informativo del Sureste, quien desapareció el pasado 2 de junio tras ser sacada por la fuerza de su domicilio en Nanchital, al sur de Veracruz.

Un secuestro que quedó grabado

La privación ilegal de la libertad de Roxana Guzmán fue captada por cámaras de videovigilancia. En las imágenes se observa cómo un grupo de hombres armados irrumpió en su vivienda y la obligó a subir a un vehículo para posteriormente escapar.

Desde ese momento, familiares, colegas y organizaciones nacionales e internacionales iniciaron una intensa campaña para exigir su localización con vida, mientras las autoridades desplegaban operativos en la región sur de Veracruz. Sin embargo, las investigaciones terminaron con el hallazgo de restos humanos cuya identidad fue confirmada mediante pruebas periciales.

Ocho detenidos, entre ellos policías

La investigación dio un giro con la captura de presuntos integrantes de una célula criminal que opera en la región.

Hasta ahora, la Fiscalía ha informado la detención de ocho personas, entre ellas cuatro policías municipales de Ixhuatlán del Sureste, señalados de presuntamente brindar apoyo logístico al grupo delictivo involucrado en el secuestro y asesinato.

También fueron capturados presuntos integrantes del grupo criminal conocido como Grupo Sombra, entre ellos Javier Iván “N”, alias “Delta 1”, y José del Carmen “N”, alias “Delta 7”, considerados piezas clave dentro de la investigación. Todos permanecen a disposición de las autoridades mientras continúan las indagatorias para esclarecer la participación de cada uno y determinar si existen más implicados.

Condenan el asesinato

Organizaciones como Reporteros Sin Fronteras (RSF) advirtieron que el caso evidencia nuevamente la incapacidad del Estado mexicano para garantizar la seguridad de quienes ejercen el periodismo y demandaron una investigación exhaustiva que alcance tanto a los autores materiales como a los intelectuales.

La Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) y colectivos de periodistas también condenaron el asesinato y exigieron combatir la impunidad que rodea los crímenes contra la prensa.

Durante el homenaje realizado en Veracruz, colegas, familiares y organizaciones civiles insistieron en que el crimen no puede convertirse en una estadística más y demandaron justicia para Roxana Guzmán.

Veracruz, una herida abierta para la prensa

El asesinato de Roxana Guzmán revive uno de los capítulos más dolorosos para el periodismo mexicano.

Veracruz continúa siendo una de las entidades más peligrosas para ejercer la profesión. Diversas organizaciones documentan 34 periodistas asesinados en ese estado en los últimos 15 años, además de otros comunicadores que permanecen desaparecidos.

Casos como los de Regina Martínez, Moisés Sánchez, Gregorio Jiménez, Anabel Flores, Leobardo Vázquez y ahora Roxana Guzmán forman parte de una larga lista que permanece como símbolo de la violencia contra la libertad de expresión.
El homicidio de Roxana Guzmán también reabre el debate sobre las condiciones en las que trabajan miles de periodistas en el país.

México continúa siendo considerado uno de los países más peligrosos del mundo para ejercer el periodismo fuera de zonas formalmente en guerra. Las agresiones provienen tanto del crimen organizado como de actores políticos, servidores públicos y, en algunos casos, de integrantes de corporaciones de seguridad.

Especialistas sostienen que el principal problema sigue siendo la impunidad. En la mayoría de los asesinatos de periodistas no se logra sancionar a los responsables intelectuales, lo que genera un efecto de intimidación para quienes documentan temas relacionados con corrupción, seguridad pública, delincuencia organizada o violaciones a los derechos humanos.

El caso de Roxana Guzmán resulta particularmente grave por la presunta participación de policías municipales en el secuestro, una línea de investigación que vuelve a poner bajo escrutinio la posible colusión entre autoridades y grupos criminales en diversas regiones del país.

Mientras las investigaciones continúan, la muerte de Roxana Guzmán deja una nueva herida en el periodismo mexicano y renueva las exigencias para que las autoridades rompan el ciclo de impunidad que durante décadas ha acompañado los ataques contra la prensa.

Para sus familiares, colegas y organizaciones defensoras de la libertad de expresión, la detención de ocho presuntos responsables representa apenas el primer paso. La verdadera justicia, sostienen, llegará cuando se esclarezca completamente el móvil del crimen, se identifique a todos los responsables —materiales e intelectuales— y existan garantías reales para que ningún periodista vuelva a ser asesinado por ejercer su labor.

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