Un moño rosa, no basta
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EN VISTO
Un moño rosa, no basta
Por Dora A.de la Cruz
Un moño rosa y edificios públicos iluminados, no bastan para la prevención y atención del cáncer de mama; se necesitan acciones y etiquetar los recursos públicos suficientes para abastecer de medicamentos oncológicos y más equipo médico para la detección oportuna de esta enfermedad que le cuesta la vida a más de ocho mil mujeres al año en México.
Las mujeres con cáncer de mama que son atendidas en hospitales públicos, enfrentan un peregrinar para ser atendidas y cuando son remitidas a hospitales especializados, se enfrentan con un sistema de salud, que no cubren todos los medicamentos; ellas además de enfrentar la enfermedad, tienen que pagar de su bolsillo las quimioterapias, a costa de vender parte de su propio patrimonio, con ayuda de toda la familia que le entra a apoyar y con la asistencia invaluable de organizaciones de la sociedad civil.
Precisamente Octubre, llamado el “mes rosa”, es la campaña internacional para la prevención de cáncer de mama, sin embargo, en algunos hospitales los aparatos no sirven, pero también, hay que decirlo, se vuelven insuficientes, durante la campaña, para cubrir el servicio de las mastografías, porque es cuando la demanda aumenta drásticamente.
Cada año se detectan 30 mil casos nuevos de cáncer de mama, en México. Son cifras, detrás de las que en cada caso, hay una historia de batalla, de miedo, de preocupación, de incertidumbre, de ir y venir a hospitales a veces solas, apenas con el dinero del pasaje del autobús. Es cuando queda en evidencia la ausencia del acompañamiento institucional.
Aunque a nivel internacional, México registra una tasa baja de nuevos casos de cáncer de mamá, en relación con el promedio mundial (46.8 al millar), incluso de los países del primer mundo que andan por el 47.8, el reto de México, está en la mortalidad, vinculada a causas de la detección tardía; es decir, se necesita impulsar la cultura de la prevención, pero también atender la falta en el suministro de medicamentos.
Este año se anunció un presupuesto de ocho mil millones de pesos. Si las matemáticas no fallan, al dividir esa cantidad entre los 30 mil nuevos casos de cáncer de mama que se detectan cada año, corresponderían alrededor de 266 mil pesos por paciente. Sin embargo, esa cantidad equivale apenas al costo de una inmunoterapia de varias dosis para una paciente en estado grave, con aplicaciones cada 21 días. Los recursos públicos para atender el cáncer de mama son raquíticos.
Claro, no todos los casos son graves, pero sí un alto porcentaje de ellos y otras vez, volvemos a la importancia de la detección oportuna.
También están las organizaciones civiles, que realizan un trabajo extraordinario para apoyar a las mujeres con cáncer de mama. Gestionan ayuda, organizan actividades para recaudar fondos y cuentan con casas cercanas a los hospitales oncológicos, donde ofrecen alojamiento a las pacientes y sus acompañantes. Les proporcionan alimentos durante los días de tratamiento y buscan la manera de aliviar parte de sus gastos, hasta el límite de sus capacidades.
Magda Pérez es una sobreviviente de cáncer de mama. Su dolor lo transformó para crear “Cachito de Luz”, una A. C. cuyo objeto social es apoyar a mujeres con cáncer. En la capital del estado tiene una casa donde apoya a estas mujeres; toca puertas ante las instituciones para conseguir medicamentos, e incluso arma pelucas para las pacientes con esta enfermedad. Como ella, hay muchas en todo el país.
De su experiencia nace la convocatoria a aprovechar las campañas y gratuidad en los exámenes; a poner en la justa prioridad las periódicas valoraciones, porque es la forma más segura de acotar la amenaza de la mortalidad de las pacientes.
El cáncer de mama puede ser curable si se detecta a tiempo, por eso la prevención y la detección temprana son fundamentales. Pero también es una deuda que el Estado mexicano tiene con la salud de las mujeres. No basta con invitarlas a revisarse, hay que garantizarles el acceso a estudios, diagnósticos oportunos, medicamentos y tratamientos completos.
Detectar a tiempo salva vidas, pero contar con un sistema de salud que las acompañe sigue siendo el factor decisivo.
