octubre 20, 2026

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Europa en llamas: la rebelión de una generación que no encuentra futuro

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  • Vivienda inaccesible, presión económica y descontento con los servicios públicos alimentan las protestas. Trump y el Kremlin disputan su interpretación, mientras los sondeos muestran una sociedad dividida.

 

Por Iñaki Fernández de la Cueva

 

Madrid.-Europa atraviesa una ola de movilizaciones que está llevando a estudiantes, trabajadores y organizaciones sociales a las calles. Francia concentra las escenas más graves de violencia, mientras España, Portugal, Bélgica e Italia enfrentan protestas con demandas propias. En Alemania también hay movilizaciones, que amenazan con crecer en el país teutón.

Las imágenes de incendios, saqueos y enfrentamientos muestran una parte del conflicto. Detrás aparecen reclamaciones sobre alquileres, salarios, educación y servicios públicos, junto con la frustración de jóvenes que ven cada vez más difícil independizarse. Las manifestaciones reúnen a sectores diferentes, y la participación pacífica debe distinguirse de los grupos que protagonizan actos violentos.

Tampoco puede establecerse una secuencia simple en la que España haya encendido todo el continente.

El inicio de las actuales protestas francesas en septiembre, antes de las movilizaciones españolas de finales de ese mes. El panorama es el de conflictos que coinciden y se alimentan entre sí, con detonantes nacionales diferentes.

En Francia, las reclamaciones por falta de recursos y personal en las escuelas crecieron hasta incorporar el malestar por el costo de vida. Durante el fin de semana hubo marchas multitudinarias, pero también saqueos e incendios en varias ciudades. Emmanuel Macron condenó la violencia y responsabilizó a activistas de extrema izquierda, una acusación del mandatario que no explica por sí sola la composición del movimiento.

En España y Portugal, la vivienda ocupa un lugar central. Las protestas y acampadas expresan el rechazo a rentas que muchas personas ya no pueden pagar. En Bélgica se combinan las demandas educativas con la oposición a medidas de austeridad; en Italia confluyen reclamos por educación, servicios públicos y carestía, con enfrentamientos y saqueos registrados en Milán.

La presión habitacional tiene respaldo estadístico. Un informe del Parlamento Europeo señala que, entre 2010 y 2024, el precio de la vivienda aumentó en promedio 53% en la Unión Europea, mientras los alquileres subieron 25%. En las ciudades, casi una décima parte de la población vivía en hogares que destinaban más de 40% de su ingreso disponible a vivienda. Son datos anteriores a las protestas actuales, pero ayudan a entender el malestar acumulado.

Los sondeos también obligan a matizar la imagen de una sociedad completamente volcada contra sus gobiernos. Una encuesta de IFOP para LCI, realizada por internet entre mil adultos franceses los días 6 y 7 de octubre, encontró que 48% apoyaba o simpatizaba con el movimiento estudiantil, 35% se oponía y 17% era indiferente. Entre los jóvenes de 18 a 24 años, el respaldo o simpatía alcanzaba 74%.

Al mismo tiempo, 68% desaprobaba recurrir a la violencia para defender ideas. La encuesta muestra una fractura generacional y política, pero fue levantada antes de los disturbios del 17 y 18 de octubre: no permite medir cómo cambió la opinión después de esas jornadas ni extrapolar sus resultados al resto de Europa.

¿Quién está detrás?

La evidencia disponible sostiene con mayor claridad las causas internas. Que un gobierno extranjero pueda beneficiarse del desgaste europeo no demuestra que haya convocado, financiado o dirigido estas protestas.

En el caso de Donald Trump sí existe una intervención pública en la narrativa: atribuyó los disturbios franceses a la inmigración y reclamó cerrar fronteras. En Paris, no se señaló que las autoridades y la policía francesas no habían responsabilizado a los inmigrantes como colectivo.

Desde Rusia, representantes y medios cercanos al Kremlin también presentaron las escenas como prueba de decadencia occidental y errores europeos en migración y energía. Un análisis realizado por el influyente rotativo Le Monde documentó esa coincidencia discursiva con el movimiento MAGA, aunque precisó que Putin había guardado silencio el domingo. Es evidencia de aprovechamiento propagandístico, insuficiente para atribuir la organización de las marchas al presidente ruso.

El antecedente de injerencia rusa merece atención: el Consejo de la Unión Europea ha impuesto sanciones por actividades de manipulación informativa e interferencia. Sin embargo, esos antecedentes no acreditan automáticamente una operación detrás de las actuales movilizaciones.

Respecto de China, las fuentes consultadas, no aportan pruebas de que esté organizando esta ola. Su competencia comercial sí forma parte de las presiones económicas europeas. También se documentó recientemente la preocupación de los gobiernos por las importaciones chinas y su impacto industrial. Relacionar ese problema con una dirección clandestina de las protestas sería especulativo, dicen expertos en geopolítica.

El riesgo político es que las demandas sociales queden atrapadas entre la violencia, la respuesta policial y quienes buscan convertir el descontento en votos. La lectura que surge de esta revisión es que Europa enfrenta una crisis de expectativas: para una parte de su juventud, estudiar y trabajar ya no garantizan una vida independiente.

Las potencias extranjeras pueden explotar esa frustración. Pero los gobiernos europeos tendrán que responder a sus causas: ningún combate a la propaganda resolverá, por sí solo, un alquiler impagable.

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