octubre 24, 2026

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Tania: de las urnas a los resultados de la transformación judicial

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OTRA MIRADA

Por Rosa María Rodríguez Quintanilla

Tania: de las urnas a los resultados de la transformación judicial

Tania Contreras López llegó a la presidencia del Supremo Tribunal de Justicia de Tamaulipas con una promesa de gran alcance: refundar una institución marcada por rezagos históricos, romper con inercias arraigadas durante décadas y convertir la justicia en un motor de paz.

Su camino no fue sencillo. Enfrentó una intensa campaña mediática en contra, en medio de una contienda sin precedentes en Tamaulipas. Por primera vez, magistradas, magistrados y demás personas juzgadoras tuvieron que salir a las calles, presentar sus propuestas y solicitar el voto a la ciudadanía.

Tania ganó aquella elección y asumió un compromiso que trascendía la renovación de los cargos judiciales: demostrar que cambiar a quienes imparten justicia podía significar también transformar la institución.

Un año después, llegó el momento de rendir cuentas. Y no echó las campanas al vuelo.

Ante la mirada de todos, en una exposición magistral, con un formato didáctico y ágil, pocas veces visto en un informe judicial, Tania sorprendió por su soltura como oradora, claridad expositiva y dominio de los temas, sin recurrir a la lectura de un discurso ni al apoyo de un teleprompter. Presentó resultados sin desconocer que los problemas acumulados durante décadas no pueden resolverse en doce meses. Una posición pertinente frente a una reforma cuya trascendencia deberá medirse no por el relevo de sus integrantes, sino por los cambios que ya empieza a experimentar la ciudadanía al acudir a los tribunales.

El diagnóstico que expuso permite dimensionar el desafío: más de una década de rezago salarial, trabajadores con sueldos base inferiores al salario mínimo, más del 91 por ciento de equipos de cómputo obsoletos y un Archivo Judicial con más de quince años de rezago documental. Difícilmente podía hablarse de una justicia moderna en semejantes condiciones.

Frente a ese panorama, la magistrada presidenta dio cuenta de más de 200 acciones y resultados que merecen atención: 70 mil 365 asuntos concluidos durante el primer año y mil 34 expedientes pendientes resueltos en las salas unitarias durante los primeros cien días.

También reportó que la espera para una audiencia penal pasó de cuatro meses a aproximadamente quince días, mientras que las sentencias de segunda instancia, que tardaban entre seis y ocho meses, comenzaron a dictarse en un promedio de siete semanas.

Sostuvo que la justicia no debe medirse solamente por expedientes y sentencias, sino por el impacto de las resoluciones en la vida de las personas. Y tiene razón en colocar ahí el debate: una sentencia puede significar para una mujer obtener una pensión alimenticia, para una víctima acceder a la reparación del daño o para una familia poner fin a años de incertidumbre.

La dignificación salarial del personal judicial fue otro de los avances, para el cual Tania reconoció el respaldo del gobernador Américo Villarreal Anaya. Era una deuda institucional largamente postergada. A ello se suman la modernización tecnológica y la preparación para la justicia oral civil y familiar, con mil 815 personas capacitadas y 31 salas de oralidad proyectadas para 2027.

La apuesta por una justicia que contribuya a construir paz también empieza a traducirse en resultados. Tania informó que, mediante mecanismos alternativos, se orientó a 6 mil 879 personas y se atendieron mil 934 asuntos; más de la mitad se resolvió en un promedio de ocho días hábiles, con un nivel de satisfacción del 85.72 por ciento.

Especial relevancia tiene otro dato: reconoció que encontró una preparación prácticamente nula para juzgar con perspectiva de género y reportó que el 100 por ciento de las personas juzgadoras recibió capacitación en esta materia.

Es un paso necesario frente a las barreras que históricamente han enfrentado las mujeres para acceder a la justicia. Pero la formación deberá traducirse en sentencias libres de estereotipos, capaces de reconocer las desigualdades y garantizar una protección efectiva a las víctimas.

Que una mujer encabece el Poder Judicial tiene un significado histórico. Que esa institución imparta justicia con perspectiva de género representaría un cambio de mayor profundidad.

En su intervención, el gobernador Américo Villarreal reconoció los avances y reivindicó el origen democrático de la reforma. Su respaldo ha contribuido a atender rezagos institucionales, pero esta nueva etapa también exige preservar la independencia judicial.

La coordinación entre poderes es necesaria; la subordinación, inadmisible. Quienes integran los tribunales deben responder a la Constitución y a los derechos de las personas, no a intereses políticos.

Tania llegó con el respaldo de las urnas y una promesa de transformación; hoy comienza a dar cuenta de sus avances. El reto es consolidarlos y convertir la legitimidad electoral en confianza ciudadana. Porque la transformación judicial cobra verdadero sentido cuando sus resultados trascienden los tribunales y se reflejan en la vida de las personas, haciendo de la justicia ese motor de paz que ofreció construir.

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