Caso Pilar Garrido exhibe fallas de la justicia del gobierno de Cabeza de Vaca
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- La absolución de Jorge Fernández González pone bajo escrutinio una acusación construida en aquel sexenio: pasó más de nueve años en prisión y las pruebas resultaron insuficientes para sostener su condena.
Ciudad Victoria, Tam.— La absolución de Jorge Fernández González, sentenciado por el feminicidio de su esposa, María del Pilar Garrido Santamans, exhibe las deficiencias de la investigación iniciada durante el gobierno de Francisco García Cabeza de Vaca y de la actuación de los tribunales que entonces respaldaron la acusación.
Fernández González recuperó su libertad la noche del 28 de octubre, después de más de nueve años en prisión. Tras una revisión ordenada por un tribunal federal, la Sala Colegiada Penal determinó que las pruebas presentadas por la Fiscalía eran insuficientes para acreditar su responsabilidad y sostener la condena de 47 años que recibió en enero de 2019.
La investigación y la sentencia original corresponden al sexenio de Cabeza de Vaca. Fue durante esa administración cuando las autoridades encargadas de procurar justicia formularon la acusación y los órganos judiciales la consideraron suficiente para imponer una pena de casi medio siglo de cárcel. El desenlace coloca bajo escrutinio la calidad de las investigaciones y los controles judiciales de aquella etapa.
El caso comenzó el 2 de julio de 2017, cuando Pilar Garrido desapareció durante el regreso de un viaje familiar desde La Pesca hacia Ciudad Victoria. Semanas después fueron localizados sus restos y, en agosto de ese año, su esposo fue detenido como probable responsable.
La defensa cuestionó la acusación y promovió los recursos que llevaron el expediente ante la justicia federal. La revisión ordenada obligó a valorar nuevamente si los elementos presentados permitían demostrar la responsabilidad penal del acusado, con respeto a la presunción de inocencia. El resultado fue una sentencia absolutoria.
La secuencia revela una falla de consecuencias profundas: una investigación iniciada en el gobierno de Cabeza de Vaca derivó en una condena que, al ser revisada bajo los parámetros federales, no pudo sostenerse. Para Fernández González, ese proceso significó más de nueve años privado de la libertad; para la familia de Pilar Garrido, la acusación tampoco produjo una respuesta judicial que resistiera la revisión.
El cuestionamiento alcanza tanto a las autoridades investigadoras de aquel sexenio, responsables de reunir y presentar las pruebas, como a los tribunales que dictaron la condena original. La insuficiencia probatoria reconocida en la nueva resolución obliga a examinar cómo se construyó el expediente y por qué sus deficiencias no impidieron aquella sentencia.
La absolución deja así un saldo que compromete el legado de procuración de justicia de la administración de Cabeza de Vaca: una condena sin respaldo probatorio suficiente y un feminicidio cuya responsabilidad permanece pendiente de esclarecer.
