México y la frontera demócrata
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CUADRANTE POLITICO
Por: Fernando Acuña Piñeiro
México y la frontera demócrata
Texas, California, Arizona y Nuevo México, se acaban de vestir de azul demócrata. ¿Cuáles serán las resonancias mexicanas de corto y mediano plazo, con el empoderamiento fronterizo del partido fundado en el siglo XIX por Andrew Jackson, también llamado El Viejo Nogal Américano?
Veamos:
Escenario inédito, el de los cuatro estados fronterizos de USA con México, donde acaban de ganar políticos del partido demócrata. Gracias a ese punto de inflexión, a partir de enero del año próximo, existe la esperanza en torno a una nueva era en la relación bilateral de México con el vecino del norte.
Pese a que el análisis sugiere prudencia, por aquello de que no todo será miel sobre hojuelas, lo cierto es que, el reacomodo en la geografía política de USA, permite ver una luz en el túnel.
El gobierno federal y las administraciones estatales podrían contar con gobernanzas homólogas más sensibles hacia la posibilidad de respetar derechos humanos de migrantes. Y contener las embestidas de los agentes del ICE.
De hecho estas fueron algunas de las banderas más socorridas, en las ofertas de campaña demócrata, cuyo desenlace fue una votación masiva de jóvenes hijos de residentes hispanos. Los llamados “No sabo kids”, cambiaron el curso de la historia político-electoral en USA.
Todo ello ocurre, de cara a una política fronteriza trumpista, libre de candados en lo inherente a la facultad presidencial, para endurecer posturas anti migrantes. Súper acotado en lo interno, “el león herido” de la Casa Blanca, podría desquitarse con acciones de mayor agresividad hacia las familias descendientes de mexicanos.
Justo ahí radica la importancia de la nueva frontera demócrata con nuestro país.
Analizándolas a detalle, nos parece que son más las ventajas para México, derivadas del tsunami azul en USA.
Uno de estos ejemplos podría darse en el estado de Texas, donde la colocación de boyas con púas por parte del gobernador republicano Greg Abbot podría desaparecer. Pero también medidas extremas que en ocasiones estrangulaban el comercio bilateral.
Tal vez ahora el lenguaje del poder entre ambas fronteras recupere su nivel técnico de antaño, y los diseños de una diplomacia firme, pero respetuosa, sustituya las embestidas mediáticas.
Todo dependerá sin duda de la actitud que asuman los nuevos gobernantes de la alternancia estadounidense, en la línea limítrofe con nuestro país.
Y es que en determinado momento, todos ellos podrían erigirse en un bloque de resistencia legal y política contra las agresiones del Presidente Trump. Probablemente podremos estar a la vuelta de la esquina de litigios ante cortes federales, para frenar la canalización de recursos anti migrantes.
Es cierto que en temas estratégicos como el T-MEC, la defensa del interés norteamericano estará por encima de partidos y colores de USA. Pero al menos la agresividad arancelaria con la pestilencia del chantaje, podría atenuarse. Aunque en su lugar sí habría una indeclinable decisión para revisar derechos laborales, energía y cumplimiento de la agenda ambiental.
Estados como Texas y California, seguramente abogarán firmemente para que no se rompan las cadenas comerciales de suministro.
¿Y que pasará en materia de combate al narcotráfico?
Se perfila una mayor coordinación de inteligencia y combate a las adicciones. Y estarían a la baja las amenazas de intervención militar en nuestro país. Un aspecto en el cual no se esperan mayores cambios o concesiones, será en el control fronterizo, contrabando de fentanilo y tráfico de personas.
Se abren nuevos esquemas en la relación México-USA. La nueva clase política en el poder estadounidense es más sensible a temas humanistas. Pero al mismo tiempo, igual de inflexibles, en lo que se refiere a defender los intereses de su país.
¿La ganancia mexicana?
El final de la pesadilla. Y el replanteamiento de una relación más formal, donde los actores de la relación bilateral, deberán de ajustarse al cumplimiento de obligaciones mutuas.
