Sembrador de tormentas
LOS HECHOS
Por José Inés Figueroa Vitela
Sembrador de tormentas
Morena aún puede ganar
Esa es la falsa expresión que se propala en algunos corrillos del cuadro chico de El Partido en sus alturas domésticas.
Morena no “puede ganar”; Morena, en el tácito inicio, bajo el liderazgo firme y claro del Gobernador AMÉRICO VILLARREAL ANAYA, está ganada, de cara a los inminentes procesos electorales.
Pero eso parece ser un inconveniente para algún o algunos renglones torcidos incrustados en la cúpula partidista.
Son los que andan filtrando las expresiones de que “la elección está muy competida” y que el fantasma de la derrota flota sobre tales o cuales plazas de interés, a través de algunos escaparates mediáticos.
De la misma forma como andan abriendo frentes en otros apartados del andamiaje político y de la media, animando rencores y zozobras que justifiquen sus dichos.
La vieja y parvularia táctica de generar percepción de derrotas incendiarias, para vender extintores y facturar servicios de apagafuegos, de parte de los pretendidos “operadores políticos”, en busca de irse con las medallas de oro prendidas del bolsillo, muestra su reluciente colmillo.
Cuentas y propiedades palaciegas, viajes de postín continentales, asistencia a espectáculos globales de alta factura, ocultas perversiones satisfechas mediante el sobajamiento de terceros, excesos a granel que bien valen sorprender a quien jamás volverán a ver, cuando migren con las alforjas desbordantes, concluido el saqueo.
No hay nada nuevo bajo el sol.
Aquí la memoria es perenne, más allá del fin de los días.
Nada que no se haya visto en la larga noche tricolor y su epílogo albiceleste, con los caros y rimbombantes “títulos internacionales”, que hoy se pretenden salvavidas en el mar de los bots y los votos, los amagos y tendencias digitales, repitiendo clichés técnicos de salón que a nadie sorprenden.
Andan queriendo espantar con el petate del muerto, construyendo una fantasmagórica derrota de la que “solo ellos podrán rescatar” a la causa superior del segundo piso de la Cuarta Transformación, dicen y repiten a quienes quieren oírlos.
Son mercaderes de la mentira, sin más cuna ni bandera que el brillante metálico depositado en sus cuentas radicadas en lejanas tierras, so pena de la debacle.
Juegos fatuos de timideces provincianas que no escapan al ojo avizor del centro y, en el recuento de los haberes, más temprano que tarde ondearán aquí, por todo lo alto, en presencia de quien ordena, sanciona, decide.
Se necesita mucho para que MORENA pierda en la elección de alcaldes y diputados locales el año entrante, pero los gazapos aquellos están “dispuestos al sacrificio”, a dar todo su perverso ingenio por lograrlo, si a vuelta de año van por el resto de los tesoros de El Partido.
La jugada es de tres bandas.
Si con todo y sus malas artes la elección del 2027 se gana —que es lo más probable—, dirán que se la deben a ellos, “porque los escenarios estaban de perder”; pero si con todos los bonos a favor se pierde, reclamarán que se debió a que no les hicieron caso de “invertirle más” al proyecto.
En cualquier escenario, para ellos, “el año de Hidalgo” ya inició y no se les ve intención de bajarse de él, multiplicado por dos.
“La derecha delincuencial mexicana está empeñada en borrar de la memoria de las y los mexicanos sus crímenes. Indignante resulta ver a Alito, a Anaya, a Romero, a Cabeza de Vaca —todos con expedientes judiciales abiertos— darse baños de pureza y rogar a Trump que les salve”, recién posteó don PIME, el inefable cronista audiovisual del Movimiento para la Regeneración Nacional.
De esos ya sabíamos desde antes y hemos tomado las cosas de quien vienen.
De quienes hay que cuidarse ahora, dicen a ras del suelo, es de los infiltrados y perdidos que han lanzado por la borda del desprecio los principios fundamentales de la Cuarta Transformación:
No robar, no mentir y no traicionar al pueblo —aquí— de Tamaulipas.
Son gachos, pero por “sus obras” los estamos conociendo, en el inevitable recuento de armas previo a la madre de todas las batallas.
Vemos y decimos.