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Comer animales, originó el Covid-19 y futuras pandemias?
Por Daniela Flores González
MÉXICO | Notimex.- Las hipótesis más recientes sobre el origen de la pandemia de coronavirus (COVID-19) en la ciudad de Wuhan, provincia china de Hubei, apuntan hacia una serie de eventos desafortunados protagonizados por un murciélago, un pangolín y, al final de la cadena, un humano.
Un murciélago de herradura, proveniente de la familia de los Rhinolophus podría haber salido a sobrevolar su hábitat infectado de alguna cepa de coronavirus. Durante su trayecto, sus excrementos caerían sobre plantas e insectos de las que un pangolín, el mamífero más traficado en el mundo por su armadura y su carne, se alimentaría.
El pangolín se convertiría en el huésped del coronavirus, una de las familias de virus más comunes en murciélagos. De ahí, sería trasladado para su venta a un mercado de animales exóticos en Wuhan, infectando a alguno de sus captores, vendedores, consumidores, o a todos. El resto es historia. La humanidad cruzaría una línea más en su vínculo con la naturaleza.
El trasfondo científico de la historia
La hipótesis planteada aún es parte de los caminos posibles delineados por la comunidad científica para llegar al final del laberinto: la retrospectiva para encontrar al “paciente cero” y al huésped del agente infeccioso. Sin embargo, aún no hay una conclusión definitiva.
De acuerdo con la Organización Mundial de Sanidad Animal (OIE), las probabilidades de que el SARS-CoV-2 provenga de los animales es elevada. Esto, ya que los datos de la secuencia genética lo relacionan con otro miembro de la familia de los coronavirus, el cual circula comúnmente entre los murciélagos de herradura.
La OIE enfatiza en su portal de internet que las investigaciones continúan para validar las hipótesis sobre el origen animal del virus. Por su parte, el profesor de la Sociedad Zoológica de Londres, Andrew Cunningham, dijo en días previos a BBC News que reconstruir la historia es todo un “trabajo de detective”.
No obstante, ésta no es la primera vez en que el vínculo entre el consumo humano y el ecosistema genera un problema de salud pública y, en este caso, una emergencia sanitaria global. De probarse la hipótesis del murciélago y el pangolín, el COVID-19 pasaría a formar parte del catálogo de enfermedades zoonóticas, también llamadas zoonosis.
Un largo historial de enfermedades zoonóticas mortales
Una investigación publicada en 2017 en la Biblioteca de los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos advirtió desde entonces sobre la amenaza que representan las zoonosis para la humanidad, los animales y, como se ha visto, para los sistemas de salud.
De acuerdo con el estudio en cuestión, se estima que el 60 por ciento de las enfermedades infecciosas conocidas y el 75 por ciento de los padecimientos nuevos o emergentes son de origen animal. Además, las zoonosis enferman a más de 2.5 miles de millones de personas y matan a 2.7 millones anualmente.
“Las zoonosis emergentes son responsables de algunas de las epidemias más devastadoras y de más alto perfil”, subrayó desde hace dos años la investigación respaldada por los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC, por sus siglas en inglés) de Atlanta, Estados Unidos.
La OIE explica que las enfermedades zoonóticas pueden transmitirse al humano de diversas formas. Principalmente, existen dos formas de contagio; por un lado, al estar en contacto con entornos contaminados por animales infectados; por otro, mediante huéspedes intermedios, los cuales se convierten en focos de infección cuando el ser humano los consume.
Tal ha sido el caso de otros padecimientos como la influenza aviar y sus subtipos, de los cuales, la influenza H3N2 y el tipo H1N1 se transmiten de forma recurrente a los humanos. De hecho, la infinidad de variantes genéticas de la influenza también afecta a otros animales de crianza como cerdos y caballos.
Entre las zoonosis mortales y de alto riesgo para los humanos que han alertado sobre la necesidad de repensar las formas de interacción con la naturaleza se encuentran el ébola, la rabia y la enfermedad de Lyme. El primero de los padecimientos descritos, también transmitido por murciélagos, ha acechado de forma letal al continente africano desde 2014.
Oídos sordos ante los coronavirus
En cuanto al caso particular de los coronavirus, las advertencias y los focos de alerta comenzaron desde inicios de este siglo. En 2007, un estudio difundido por la Universidad de Hong Kong advirtió sobre las amplias posibilidades de recombinación genética de las cepas de CoV, así como de su presencia en animales como los murciélagos de herradura.
Dicho estudio advirtió que estos virus eran una “bomba de tiempo”, a la cual, según informó el centro de investigación de Hong Kong, se suma el consumo de animales exóticos al sur de China. “No debe ignorarse la posibilidad de que el Síndrome Respiratorio Agudo Grave (SARS, por sus siglas en inglés) y otros virus reaparezcan”, enfatizó la investigación.
Justamente, el SARS fue uno de los preámbulos que enfrentó China antes de la pandemia y cuyo origen también se encuentra en la familia de los coronavirus. Dicha afección respiratoria generó una epidemia al interior del gigante asiático que infectó a más de ocho mil personas y mató a 700 más. Su tasa de mortalidad fue del 10 por ciento.
Las investigaciones continúan en torno a la posibilidad de que la humanidad se encuentre nuevamente frente a una enfermedad zoonótica. No obstante, los hallazgos podrían demorar más de un año, tal como ocurrió con los resultados ante el SARS, el cual, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), se transmitió de la civeta al ser humano.
La fábula del murciélago y el pangolín
El pasado 18 de mayo, el director general de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus, señaló: “a pesar del poderío de las naciones, el mundo ha sido humillado por el pequeño microbio”. Con ello, quedó claro que la sociedad ha sido rebasada por subestimar todo aquello que no es humano.
A estas alturas, regresar en el tiempo sólo servirá para identificar los momentos en que la humanidad se confió demasiado de su rol en el mundo. En ese sentido, la historia del murciélago que contagió a un pangolín, repite el capítulo de la civeta que propagó el SARS. Las lecciones de ambas fábulas llevan a una conclusión simple: urge implementar medidas preventivas ante las zoonosis.
De acuerdo con la OMS, en el escenario posterior a la pandemia se buscará “proporcionar orientación sobre cómo prevenir las infecciones por SARS-CoV-2 en animales y humanos y prevenir el establecimiento de nuevos reservorios zoonóticos”. Por su parte, la ciudad de Wuhan, epicentro inicial del contagio, ha prohibido la venta de animales salvajes durante cinco años.
Asimismo, la OIE ha hecho un llamado a la industria alimentaria para analizar los riesgos en sus cadenas productivas. No sólo de presencia de coronavirus, sino de otros padecimientos que pueden generarse en los animales que crían, trasladan y comercializan.
Así, si se desea combatir la propagación del coronavirus o prevenir futuras pandemias, expertos han enfatizado en que el consumo de productos de origen animal requerirá cambios drásticos en los protocolos de sanidad, controles de calidad, condiciones de crianza de cada especie y restricciones en la comercialización de animales salvajes.
Aún no hay suficiente evidencia para probar la hipótesis de que el COVID-19 fue causado por comer animales. No obstante, las enfermedades zoonóticas se mantienen como un riesgo latente cuando la humanidad cruza la línea de confianza con la naturaleza.
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La ultraderecha gana la primera vuelta en Colombia; Petro objeta resultados
Bogotá, Col.- Colombia amanece con un escenario político altamente polarizado luego de que el candidato de derecha radical, Abelardo de la Espriella, se colocara al frente de la primera vuelta de las elecciones presidenciales, superando al aspirante oficialista Iván Cepeda y obligando a una segunda vuelta que se celebrará el próximo 21 de junio.
Con más del 99 por ciento de las mesas contabilizadas en el preconteo, De la Espriella obtuvo alrededor del 43.7 por ciento de los votos, mientras que Cepeda, respaldado por el movimiento político del presidente Gustavo Petro, alcanzó cerca del 40.9 por ciento. Ninguno logró la mayoría absoluta requerida para ganar en primera ronda.
El resultado representa un fuerte avance de la derecha colombiana y coloca a De la Espriella como favorito para la segunda vuelta. El abogado y empresario ha construido su campaña con un discurso de mano dura contra la delincuencia, combate frontal al narcotráfico y críticas a las políticas impulsadas por el actual gobierno de izquierda.
Sin embargo, la jornada postelectoral quedó marcada por la reacción del presidente Gustavo Petro, quien rechazó públicamente los resultados preliminares del preconteo y afirmó que sólo reconocerá los resultados oficiales emitidos por las comisiones escrutadoras dirigidas por jueces de la República.
Petro aseguró que existen dudas sobre el sistema de conteo rápido utilizado durante la elección y denunció posibles inconsistencias en el censo electoral y en los algoritmos empleados para el procesamiento de los votos. Hasta el momento, las autoridades electorales no han reportado pruebas concluyentes que respalden esas acusaciones.
La postura del mandatario generó una inmediata reacción de sus adversarios. De la Espriella rechazó los señalamientos y exigió respeto al resultado expresado en las urnas, mientras diversos sectores políticos pidieron preservar la estabilidad institucional y esperar el escrutinio definitivo.
Analistas consideran que el resultado refleja un desgaste del proyecto político de Petro y un crecimiento del voto conservador en temas de seguridad, economía y combate a los grupos armados. También anticipan que la segunda vuelta será una de las más competidas y polarizadas de la historia reciente de Colombia.
Durante las próximas tres semanas, ambos candidatos buscarán conquistar el voto de los sectores de centro y de los electores que respaldaron a otras fuerzas políticas en la primera vuelta. El desenlace definirá si Colombia mantiene el rumbo iniciado por Petro en 2022 o gira hacia una administración de corte conservador encabezada por De la Espriella.
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Republicanos perderían la elección, por culpa de Trump: Encuestas
- El 47 por ciento de los electores darían el voto a demócratas y el 41 a republicanos. La desaprobación que tiene el Presidente Trump alcanza ya el 60 por ciento.
Washington.- A menos de seis meses de las elecciones intermedias de noviembre en Estados Unidos, el panorama político comienza a inclinarse ligeramente hacia el Partido Demócrata, impulsado principalmente por el desgaste de la administración del presidente Donald Trump y el deterioro de la percepción económica entre amplios sectores de la población estadounidense.
Las encuestas nacionales conocidas como “generic ballot”, que miden la intención de voto general para el Congreso, colocan actualmente a los demócratas con una ventaja promedio cercana a los seis puntos porcentuales sobre los republicanos. Diversos agregadores de encuestas sitúan a los demócratas con alrededor del 47% de las preferencias frente a un 41% de los republicanos, una diferencia que recuerda el escenario previo a la ola demócrata de 2018.
Aunque todavía falta tiempo para la elección, estos números son relevantes porque históricamente el partido del presidente suele perder terreno en los comicios intermedios, especialmente cuando existen problemas económicos o baja aprobación presidencial. Analistas consideran que si la tendencia actual se mantiene, los demócratas tendrían posibilidades reales de recuperar la Cámara de Representantes e incluso competir con fuerza en algunos estados clave del Senado.
La principal dificultad para los republicanos es la caída en la popularidad de Donald Trump. Diversas encuestas publicadas durante mayo muestran que la aprobación presidencial oscila entre el 35% y el 42%, mientras que su desaprobación supera en algunos estudios el 57% e incluso el 60%.
Los temas que más afectan la imagen del presidente son el costo de vida, la inflación, el aumento en los precios de la gasolina y el impacto económico derivado del conflicto con Irán. Encuestas recientes indican que una mayoría de estadounidenses considera que la economía está empeorando y que Trump no ha cumplido sus promesas de reducir los costos para las familias.
Sin embargo, pese al desgaste, Trump mantiene una base electoral muy sólida dentro del movimiento conservador y continúa dominando completamente al Partido Republicano. Su estrategia para recuperar apoyo se centra en tres ejes principales.
El primero es la inmigración. Trump ha endurecido todavía más su discurso y sus políticas migratorias, insistiendo en deportaciones masivas, reforzamiento de la frontera y acciones contra ciudades gobernadas por demócratas. Busca reactivar el sentimiento nacionalista y movilizar a los votantes conservadores que consideran que la seguridad fronteriza es una prioridad.
El segundo eje es el nacionalismo económico. Aunque sus aranceles y medidas proteccionistas han generado críticas por aumentar costos, Trump insiste en presentarse como el presidente que “defiende a los trabajadores estadounidenses” frente a China y otros competidores globales. La Casa Blanca sostiene que las dificultades actuales son temporales y que sus políticas traerán beneficios a largo plazo para la industria nacional.
El tercer elemento es la confrontación política permanente. Trump continúa utilizando actos masivos, redes sociales y discursos polarizantes para mantener movilizada a su base. Su narrativa sigue centrándose en denunciar a los medios, atacar a los demócratas y presentarse como víctima del “establishment” político de Washington. Esa estrategia, aunque genera rechazo entre independientes y moderados, sigue siendo muy efectiva entre el electorado republicano más leal.
Del lado demócrata, el partido intenta capitalizar el desgaste presidencial enfocándose casi totalmente en la economía y el costo de vida. Después de la derrota de 2024, muchos estrategas demócratas han moderado algunos discursos ideológicos y buscan reconectar con votantes suburbanos, independientes y clase trabajadora.
Aun así, el escenario está lejos de estar definido. Estados Unidos sigue profundamente polarizado y Trump ha demostrado en varias ocasiones capacidad para recuperarse políticamente incluso en momentos de baja popularidad. Además, los republicanos mantienen ventajas estructurales importantes en distritos electorales y en varios estados conservadores.
Por ahora, las encuestas muestran un ambiente favorable para los demócratas rumbo a noviembre, pero la evolución de la economía, la inflación y la situación internacional serán factores decisivos para determinar si el descontento actual realmente se traduce en una derrota republicana en las urnas
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Irán: … Noventa días de terror, enojo, miedo y destrucción
– La sociedad iraní está desolada luego de tres meses bombardeos. Entre la sociedad hay malestar contra Estados Unidos, Israel y el mismo régimen gobernado por los herederos persas
TEHERÁN | La guerra entre Irán, Israel y Estados Unidos ha dejado un país profundamente golpeado, no sólo por los daños militares y económicos, sino también por el desgaste emocional de millones de iraníes que viven entre el miedo, la incertidumbre y el enojo. A casi tres meses del inicio de los ataques conjuntos lanzados por Washington y Tel Aviv contra objetivos estratégicos iraníes, la vida cotidiana en ciudades como Teherán, Isfahán y Karaj cambió radicalmente.
Aunque las autoridades iraníes han intentado proyectar una imagen de control y resistencia nacional, diversos reportes internacionales describen un ambiente marcado por el cansancio social, las dificultades económicas y el temor permanente a nuevos bombardeos. En muchas zonas urbanas, los ciudadanos viven pendientes de las alarmas aéreas y de las interrupciones eléctricas, mientras el gobierno mantiene restricciones de internet y vigilancia reforzada para evitar protestas o difusión de imágenes de los daños.
En Teherán, la rutina diaria se ha vuelto una mezcla de normalidad forzada y ansiedad constante. Comercios abiertos, tráfico intenso y cafeterías llenas contrastan con edificios dañados, ventanas cubiertas y familias que duermen cerca de refugios improvisados. Algunos iraníes reconocen sentir miedo ante la posibilidad de nuevos ataques, especialmente después de los bombardeos contra infraestructura energética, instalaciones militares y universidades. Otros expresan enojo tanto contra Estados Unidos e Israel como contra el propio régimen iraní, al que responsabilizan de haber llevado al país a una confrontación de gran escala.

La economía iraní, que ya enfrentaba inflación, sanciones y caída del rial antes del conflicto, se encuentra todavía más deteriorada. Reportes de medios iraníes y organismos internacionales señalan escasez de alimentos básicos, largas filas para conseguir pan subsidiado y aumentos drásticos en productos esenciales. En algunas regiones, el precio del pan y otros alimentos prácticamente se duplicó tras el inicio de la guerra.
El daño a la infraestructura también ha sido considerable. Ataques a complejos militares, carreteras, puentes, universidades, instalaciones energéticas y sitios culturales han dejado pérdidas multimillonarias. Sólo en la Universidad de Ciencia y Tecnología de Irán, en Teherán, autoridades universitarias estimaron daños por unos 3 millones de dólares tras un bombardeo que destruyó laboratorios y edificios académicos.
Además, el Ministerio de Cultura iraní reportó daños en al menos 120 sitios históricos y museos, incluidos espacios considerados patrimonio de la humanidad por la UNESCO. Entre ellos figuran zonas históricas de Isfahán, el Palacio Golestán y otros monumentos alcanzados por ataques o escombros de explosiones.
En ciudades industriales y petroleras, la destrucción ha afectado refinerías, carreteras y puertos estratégicos. Analistas internacionales estiman que las pérdidas económicas acumuladas podrían superar varias decenas de miles de millones de dólares, tomando en cuenta la caída de exportaciones, los daños físicos y el impacto sobre la producción energética.
El estado de ánimo social parece dividido. Mientras algunos sectores cerraron filas con el gobierno iraní ante los ataques extranjeros, otros consideran que la guerra agravó el desgaste político y económico que ya existía desde las protestas masivas de finales de 2025. Investigaciones periodísticas describen sentimientos mezclados de resignación, patriotismo, frustración y desesperanza.
A pesar del alto al fuego parcial impulsado por mediadores internacionales, los iraníes continúan viviendo bajo tensión. El temor a una reanudación de los ataques sigue presente y muchos consideran que la guerra dejó heridas difíciles de reparar, no sólo en la infraestructura del país, sino también en la estabilidad emocional y social de toda una generación.
