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Fueron Nuevoleoneses los primeros fundadores de Tamaulipas

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Cuentan los historiadores que desde diferentes  puntos de Nuevo León, se integraron expediciones armadas para colonizar las primeras villas de Tamaulipas 

El noreste novohispano

Luis H. Alvarado

En 1747, con el aval de su paisano el virrey Juan Francisco de Guemez y Horcasitas y la hoja de servicios que le precedía al ‘pacificar’ etnias en la Sierra Gorda de Querétaro, el colonizador del Nuevo Santander, José de Escandón recibe poderes de mando sobre los antiguos gobiernos de Nuevo León y Coahuila para apoyar el poblamiento de lo que sería Tamaulipas.

Así, el de Cantabria envía misiva al jefe del Nuevo Reino de León, informándole que el 7 de enero de 1747 saldría de Querétaro para estar en Jaumave el día 20 y luego ir al Río Grande.

Aunque inicialmente el plan de inspección para llegar a la Costa del Seno Mexicano fue envolvente entre Tampico y la Bahía de Espíritu Santo, dirige luego otras órdenes al gobierno de Nuevo Extremadura –Coahuila-.

De Cadereyta a San Fernando

En la empresa le acompañaban al conde dos religiosos, José de Velasco y Lorenzo de Medina. En San Alberto se añaden 40 hombres más.

Por Guadalcázar, San Luis Potosí, sigue a Tula, donde Antonio Fernández de Acuña se le une con 150 hombres. El alcalde de Labradores -hoy Galeana, N. L.- suma 10 más y otros 10 recibe en Jaumave, llegando a 220 hombres, además de herradores, muleros, 50 sirvientes y 30 indios aliados.

Y por el sur, Escandón y Helguera ordena que de Pánuco y Tampico salieran desde el día 20 un capitán y 150 soldados a reconocer la costa, mientras que el capitán de la villa de Valles, con igual número de hombres, saldría por el centro.

Igualmente ordena al capitán de la Bahía del Espíritu Santo –Texas- que, con 25 soldados y otros 25 que le enviaría el gobernador de Los Adaes –en Natchitoches, Luisiana-, saliera el 22 rumbo al sur, hasta encontrarse con él.

Por su lado, el gobernador de Coahuila Rábago y Terán ordena al Capitán Miguel de la Garza Falcón la salida el 21 de febrero, con 50 soldados y 25 indios aliados para llegar a la costa en un recorrido de 128 leguas.

Tres meses de exploración

De Cerralvo, N. L. al norte tamaulipeco

El gobernador del Nuevo Reino de León, Vicente Bueno de la Borbolla accede en todo y moviliza dos cuerpos, el primero al mando del capitán Blas María de la Garza Falcón, quien sale de Cerralvo el 21 de enero con 42 soldados, hacia la confluencia del San Juan y el Bravo, para continuar por la ribera sur hasta el Golfo.

Antonio Ladrón de Guevara, por su lado, parte de Linares el 28 con 53 soldados por la ribera

del Conchos, donde se incorpora a las fuerzas de Escandón para llegar ambos al Bravo el 24 de febrero, ubicando su campamento a 12 leguas de su desembocadura.

En ese sitio Escandón logra reunir a más de 750 hombres dividiéndose las funciones, unos para explorar, otros para identificar zonas aptas para la ganadería, ubicación de ríos, ensenadas, indios. Acompañaban a Escandón el alcalde de Labradores, Francisco Manrique de Lara y el marqués del Castillo de Aysa, dueño de la hacienda la Soledad, en el sur del Nuevo Reino.

La exploración tarda tres meses y para regresar cada uno de los grupos lo hace por caminos distintos a fin de reconocer la mayor parte de terreno.

En carta dirigida al gobernador nuevo reinero, el conde de Sierra Gorda le observa: “v porque en ese reino hay muchos soldados y vecinos que no tienen tierras y puede resultarles gran conveniencia de entrar a poblar, para que llegue a noticia de todos mandará vuestra señoría publicar esta resolución por bando previniendo en él que todas las familias que se junten con este motivo serán admitidas bajo la real protección, se les concederán el derecho de pobladores, el de soldados arreglados, les mercenaré tierras en común y en particular para que, radicados, queden a sus descendientes…”

De la Huasteca y Las Rucias

En diciembre de 1748, a un año y diez meses de su entrada a la inspección, Escandón vuelve a salir de Querétaro, “con la idea de comenzar las fundaciones del Nuevo Santander”. Pero es hasta nueve años después que el inspector Tienda Cuervo informa sobre lo ya efectuado y la procedencia de los colonos, que en el caso del sur de la provincia, los 40 vecinos de Altamira

llegaron en 1749 de la misma Huasteca.

Los de la ciudad de Horcasitas, luego congregación Magiscatzin y ahora González, son reclutados “de la villa de Valles y jurisdicción de la Huasteca, de Río Verde, San Luis Potosí, Valle del Maíz y Tula”.

En la erección de la villa de Escandón, actual Xiconténcatl, vienen casi todos sus colonizadores  “de Río Verde y sus circuitos”.  A Santa Bárbara -Ocampo-, llegan familias del Valle de Maíz.

Asimismo, los pobladores del Real de los Infantes –Bustamante- arriban de Matehuala y Charcas. Los de Palmillas se anota que eran “todos de tierra afuera”.

Colonos novoreineros en Reynosa

La villa de Llera, llamada antiguamente las Rucias (con c y no con s, al aludir al color del ganado caballar y no al imperio ruso), es fundada con familias de Armadillo, Guadalcázar, Charcas, Venado, refiere Israel Cavazos en su obra Nuevo León y la colonización del Nuevo Santander.

La vieja comunidad de Jaumave, existente desde 1725 ya había recibido antes de la llegada de Escandón, a 18 familias ‘de tierra afuera’ y a seis de Río Blanco, -actual sur de Nuevo León-.

La villa de Aguayo, fundada en 1750 -actual Ciudad Victoria-, es ocupada con las primeras 15 familias “de los pastores que estaban en los ranchos de la antigua población –novoreinera- de San Antonio de los Llanos” –actual Hidalgo, Tam.-, y los demás, “de tierra afuera”, según declaración de Juan Diego Guerrero.

Y la villa Santo Domingo de Hoyos, fundada en 1752 por Domingo de Unzaga representa el traslado a corta distancia del antiguo valle de San Antonio de los Llanos.

Las villas del centro

Respecto a las familias asentadas en las villas del centro, son reclutadas en su casi totalidad, de los pueblos del Nuevo Reino de León. En el caso de Padilla, en 1749 con 39 familias, fray José Márquez declara en las informaciones de 1757 que “los pobladores que vinieron a esta villa los más de ellos vinieron de Río Blanco (Aramberri y Zaragoza, N. L.), algunos de Linares, valle del Pilón ..”.

Los apellidos Porras, Castillo y otros, vienen del sur de Nuevo León.

A la villa de Güemes, establecida en el mismo año, son llevadas 40 familias procedentes del Nuevo Reino, según declara Francisco Javier Gámez, ‘con excepción de la del declarante que llegó de San Miguel el Grande’.

El Capitán Juan Elías Moctezuma detalla más aún el origen, al explicar que “llegaron de Linares, La Mota (General Terán), Labradores (Galeana) y el Pilón (Montemorelos)”.

En el caso de la villa de los Cinco Señores de Santander –Jiménez-, fray Buenaventura Antonio Ruiz de Esparza manifiesta el 14 de junio de 1757 que las familias fundadoras llegaron “de varios lugares del Nuevo Reino de León”, con los apellidos González de Ochoa, Alanís, Flores,

Rodríguez de Montemayor, Mancha, De la Garza, Caballero, Saldívar y otros, ‘aunque en el padrón de la revista no se expresa, nos sitúan en Cadereyta y en el valle del Huajuco –actual Santiago y Allende, N. L.-.’

Santillana (Abasolo), tenía 15 familias en 1757. De éstas, ocho eran originarias de Nuevo León y las siete restantes procedían “de los casamientos que aquí se han hecho”, según declara el Capitán Tomás Conde.

Iban al Nueces, se quedan en La Marina

La villa de Soto la Marina es fundada en 1750 con “48 o 50 familias de las inmediaciones de Monterrey”, según Melchor de Treviño. “Este núcleo fundador, al decir del mismo declarante, fue el mismo que había salido con destino al río Nueces pero que, esperando órdenes de Escandón, se situó temporalmente en la ribera sur del Bravo, donde “formaron sus jacales e iglesia designando al lugar con el nombre de Nuestra Sra. del Refugio. ¿Será éste el antecedente de Matamoros?”, escribe Israel Cavazos.

Allí muere su capitán Pedro González de Paredes, y el resto decide regresar a sus lugares de origen. Melchor Treviño los persuade de volver hasta Santander, donde queda la mayor parte; los demás pasaron a las márgenes del Purificación para fundar Santillana en 1752 –Abasolo-.

Según las quejas recabadas entre los mismos colonos  “muchísimas familias no recibieron los cien pesos que se les había ofrecido “como ayuda de costa” y que les fueron hechas las mercedes de tierra pero no en forma individual sino en comunidad.

El repartimiento se hizo veinte años más tarde en 1769 cuando muchos de los primeros pobladores ya no vivían”, por negativa del propio Escandón a la propiedad privada.

En el norte

A diferencia del poblamiento del centro del Nuevo Santander en que es efectuado ‘en su mayoría’ por familias novoreineras, en el caso de las de las villas del Norte, fueron reclutadas en su totalidad en el Nuevo Reino.

Villa de Mier, tiene 38 familias en su fundación, “todos los más de la villa de Cerralvo. Sáenz, Gutiérrez, Peña, Vela, Chapa, Hinojosa, Guerra, Salinas, Del Bosque, Ramírez, Bazán, Barrera, etc., son apellidos que no dan lugar a duda a esta afirmación”, observa el autor Cavazos Garza.

Apunta que gran parte de las tierras de este lugar, llamado el Paso del Cántaro, ya para 1734 era de José Félix de Almandos, vecino de Higueras, quien las vende a Don Prudencio Basterra y fueron más tarde de don Manuel de Aldaco, terrateniente de México.

Escandón, en el norte del Nuevo Santander

Revilla (Cd. Guerrero) es fundada con 58 familias provenientes del Nuevo Reino de León. Serna, Villarreal, Adame, Mendiola, Dávila, Canales, Benavides, Gutiérrez, son los apellidos predominantes.

A la villa de Burgos el capitán Antonio Leal y Guerra traslada a las familias desde Santander hasta donde las había llevado Ladrón de Guevara, según declara Leal el 31 de julio de 1757.

“De San Fernando, pudiera decirse en tono festivo que es una ‘sucursal’ de Cadereyta. De allí y de otras partes del Nuevo Reino, llegaron las 43 familias fundadoras Sánchez de Zamora, Santos, Coy, Villarreal, Hinojosa, Caballero, Flores, Alanís, Montemayor, Cantú, Galván y otras, según testifica Nicolás Iglesias Merino.

Camargo recibe también las 40 familias nuevo reineras que le dieron origen, dirigidas por Blas María de la Garza Falcón.

Acerca de Reynosa, es el capitán Carlos Cantú quien acompaña a las 40 familias pioneras. En 1757 el padrón registraba 20 más, procedentes también de Nuevo León. Provenían todos de

Cadereyta, el Pilón, Sabinas y Pesquería Grande (Villa de García).

De Coahuila, los de Dolores, al otro lado del río Bravo

Los planes escandonianos vislumbraban la creación de más villas en la Franja del Nueces, en la parte norte novo santanderina entre los ríos Bravo y Nueces –actual Texas-, pues hacia ese territorio se dirigían las familias que llevaba Pedro González de Paredes, junto con Tomás Sánchez, nacido en Ciénega de Flores, Nuevo León.

“Sánchez recorrió el Nueces buscando sitio adecuado, pero decidió, a la postre, asentarse con diez familias en la ribera norte del Bravo, en el paso de Jacinto, -en Laredo-. García, Saldívar, Treviño, Sánchez, Díaz, Salinas y otras, fueron las que dieron origen, en 1755, a la villa que Escandón llamó: San Agustín de Laredo”.

La hacienda de Dolores, “al otro lado del río Grande” creada cinco años antes por José Vázquez Borrego, es la única con familias procedentes de San Francisco de Coahuila.

San Carlos en siglo 19

Cruillas, San Carlos y Croix (Casas), también son pobladas por nuevoreineros, a propuesta de Tienda de Cuervo, cuyos documentos existentes en el Archivo Municipal de Monterrey refieren la comisión dada por Escandón a Joaquín Galván, para reclutar 30 familias para la fundación de Cruillas. Y otra dada al Cap. Luis Fuentes, para la de San Carlos.

 

 

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  1. Bernardo Waltho

    agosto 13, 2020 at 5:09 am

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Investigación

Logra Tamaulipas reducción histórica de la pobreza extrema

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El alza salarial, la inversión sin precedentes en programas sociales, el gobierno del Estado y Federación lograron darle a más de 50 mil tamaulipecos mejores condiciones de bienestar, reportan los informes del INEGI.

Por Regina Cardona Jasso

Tamaulipas registró una de las reducciones más importantes de pobreza extrema en su historia reciente, de acuerdo con cifras oficiales del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI). Los datos correspondientes a la medición de pobreza multidimensional 2024 muestran que más de 50 mil tamaulipecos dejaron atrás la condición de pobreza extrema en apenas dos años, un resultado que tanto el Gobierno Federal como la administración estatal atribuyen a la combinación de programas sociales, aumento salarial, generación de empleo y políticas de bienestar.

Según el informe oficial del INEGI, en Tamaulipas la pobreza extrema pasó de 2.9% en 2022 a 1.5% en 2024. En términos absolutos, la cifra cayó de 102 mil 600 personas a 52 mil 400 tamaulipecos en esa condición. Esto significa que alrededor de 50 mil 200 personas lograron salir de la pobreza extrema en el estado durante ese periodo.

El avance también se reflejó en la pobreza multidimensional general. En 2022, el 26.8% de la población tamaulipeca vivía en situación de pobreza; para 2024, el indicador bajó a 20.2%. Es decir, más de 242 mil personas dejaron esa condición en apenas dos años.

Para el gobierno encabezado por Américo Villarreal, estos resultados representan una validación de la estrategia social aplicada desde el inicio de la administración. La Secretaría de Bienestar estatal destacó programas como “Alimentando tu Bienestar”, los Comedores del Bienestar, apoyos alimentarios, infraestructura social y esquemas de empleo temporal dirigidos a zonas vulnerables.

Sin embargo, las autoridades estatales también subrayan que la reducción no puede entenderse sin el contexto nacional impulsado primero por el gobierno de Andrés Manuel López Obrador y posteriormente por la continuidad de políticas sociales federales. Entre los factores señalados por especialistas y organismos oficiales aparecen el incremento histórico del salario mínimo, los programas sociales universales, las pensiones para adultos mayores, becas educativas y el fortalecimiento del empleo formal en regiones fronterizas como Tamaulipas.

De hecho, el propio INEGI informó que entre 2022 y 2024 México registró una de las mayores reducciones de pobreza de las últimas décadas. A nivel nacional, 8.3 millones de personas salieron de la pobreza multidimensional, mientras que más de 2 millones dejaron la pobreza extrema.

En el caso de Tamaulipas, el fenómeno adquiere especial relevancia porque históricamente el estado enfrentó fuertes desigualdades regionales, particularmente en zonas rurales, fronterizas y urbanas marginadas. Por ello, analistas locales consideran que la caída de casi 50% en pobreza extrema constituye uno de los avances sociales más relevantes para la entidad en años recientes.

El gobierno estatal ha insistido en que este resultado no es casualidad, sino consecuencia de una coordinación permanente con la Federación para dirigir recursos a sectores históricamente olvidados. En distintos municipios se ampliaron programas alimentarios, atención médica, apoyos escolares y proyectos de vivienda social, mientras que el dinamismo industrial y maquilador de la frontera contribuyó a mejorar ingresos laborales.

Aun así, especialistas advierten que persisten desafíos importantes. Aunque la pobreza disminuyó de forma significativa, todavía existen regiones con rezagos en salud, educación y acceso a servicios básicos. Además, el propio debate nacional sobre la desaparición del Coneval y la transferencia de funciones al INEGI ha generado discusiones sobre cómo seguir evaluando de manera independiente las políticas sociales.

Pese a ello, las cifras oficiales colocan hoy a Tamaulipas como uno de los estados que más avanzaron en reducción de pobreza extrema durante los últimos años. Para el discurso oficial de la llamada Cuarta Transformación, se trata de una prueba de que los programas sociales, el aumento salarial y la inversión pública pueden traducirse en mejoras reales para millones de personas. Y para el gobierno tamaulipeco, representa uno de los logros sociales más importantes del actual sexenio estatal.

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Investigación

Avanzan investigaciones interinstitucionales en la UNAM para combatir la cisticercosis

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Ciudad de México.— Investigaciones científicas desarrolladas de manera interinstitucional avanzan en el estudio y control de la cisticercosis y la teniasis, enfermedades parasitarias que, aunque han disminuido en México, continúan presentes y representan un problema de salud pública. Ambas están incluidas por la Organización Mundial de la Salud (OMS) dentro del grupo de enfermedades tropicales desatendidas, junto con padecimientos como la lepra, el dengue y la enfermedad de Chagas.

El investigador posdoctoral del Instituto de Biotecnología de la UNAM (IBt), Ricardo Miranda Blancas, explicó que el tránsito de personas provenientes de comunidades con limitado acceso a servicios de salud ha contribuido a la persistencia de estos padecimientos. Añadió que, a nivel internacional, la OMS ha alertado sobre su reaparición en algunas regiones —incluso en países desarrollados— debido a los flujos migratorios y a que, durante la pandemia por COVID-19, estos casos pasaron a segundo plano en los sistemas de vigilancia y atención médica.

La teniasis ocurre cuando una persona consume carne de cerdo contaminada con larvas de Taenia solium, parásito que se aloja en el intestino humano y puede provocar síntomas como dolor abdominal, molestias digestivas y pérdida de peso. El escenario más grave se presenta cuando los huevos del parásito se transforman en larvas dentro del organismo y se alojan en tejidos como músculos, ojos, piel o cerebro, dando origen a la cisticercosis.

“Cuando las larvas se localizan en el sistema nervioso central hablamos de neurocisticercosis, una de las principales causas de epilepsia adquirida en México. Sus manifestaciones clínicas van desde cefaleas crónicas hasta crisis epilépticas severas que afectan de manera importante la calidad de vida”, explicó el investigador del Departamento de Medicina Molecular y Bioprocesos del IBt.

De acuerdo con datos de la OMS, Taenia solium es responsable de alrededor del 30 por ciento de los casos de epilepsia en zonas endémicas donde existen cerdos en libertad en cercanía con las viviendas humanas.

Panorama epidemiológico en México

En el país se observa una tendencia a la baja en los casos de cisticercosis. No obstante, cifras oficiales de la Secretaría de Salud indican que hasta la semana epidemiológica 31 de 2025 se habían registrado 85 casos nuevos, mientras que el total acumulado en 2024 fue de 65, lo que confirma que la enfermedad sigue activa.

Miranda Blancas explicó que el ciclo “clásico” del parásito implica la infección humana con la solitaria, la contaminación de cerdos a través de heces humanas y, posteriormente, el consumo de carne infectada sin inspección sanitaria. Este fenómeno se presenta principalmente en zonas rurales donde se crían animales de traspatio y el manejo de excretas es deficiente. En contraste, subrayó que la carne que llega a centros urbanos suele pasar por estrictos controles en rastros y puntos de inspección.

Existe, además, un ciclo alterno de contagio particularmente peligroso: la ingestión directa de los huevos del parásito, generalmente asociada a malas prácticas de higiene. “Si una persona infectada no se lava adecuadamente las manos después de ir al baño y manipula alimentos, puede transmitir los huevos a otras personas, que desarrollan cisticercosis sin haber consumido carne contaminada”, advirtió.

Prevención y control

El especialista enfatizó que la prevención se basa en medidas básicas pero efectivas: cocer adecuadamente la carne de cerdo, mantener hábitos estrictos de higiene —especialmente el lavado de manos— y realizar desparasitaciones periódicas, cada seis meses o al menos una vez al año, a todas las personas que viven en un mismo hogar.

Cuando se detecta la presencia de la solitaria, además del tratamiento antiparasitario se recomienda el uso de laxantes para facilitar la expulsión completa del parásito y reducir el riesgo de complicaciones posteriores.

Diseño de nuevos fármacos

Paralelamente a las acciones de prevención, la investigación científica busca fortalecer los tratamientos disponibles. En el IBt, Miranda Blancas colabora con el investigador Enrique Rudiño Piñera, especialista en estructuras cristalográficas, y con Abraham Landa Piedra, de la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional Autónoma de México, experto en la caracterización bioquímica de proteínas del parásito.

Asimismo, trabajan con Ponciano García Gutiérrez y Rafael Zubillaga Luna, de la Universidad Autónoma Metropolitana Unidad Iztapalapa, en el diseño de fármacos complementarios. La estrategia se centra en estudiar las proteínas del sistema de desintoxicación de Taenia solium, conocidas como glutatión transferasas, que funcionan como verdaderos “escudos” bioquímicos y permiten al parásito resistir la acción de los medicamentos.

El grupo ha logrado determinar la estructura de la glutatión transferasa clase sigma y avanza en el análisis de otras dos enzimas, identificadas como glutatión transferasa 25 y 26, según su peso molecular. “Conocer la forma tridimensional de estas proteínas y sus sitios activos es clave para diseñar inhibidores específicos”, explicó el investigador.

Aunque el trabajo continúa en fase experimental, mediante modelos predictivos de estructura proteica el equipo ya logró diseñar un inhibidor para la glutatión transferasa de 26.5 kilodaltons, un avance que podría sentar las bases para terapias más eficaces contra la cisticercosis.

Conclusión.
Las investigaciones encabezadas por la UNAM confirman que, pese a su aparente control, la cisticercosis sigue siendo un desafío sanitario en México. La combinación de prevención comunitaria, vigilancia epidemiológica y desarrollo de nuevos fármacos abre una ruta integral para enfrentar una enfermedad que, de no atenderse, puede tener consecuencias neurológicas severas y permanentes.

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Esenciales, los primeros mil días de vida: Elena Zambrano

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Ciudad de México.— La salud durante el embarazo y la lactancia no es una responsabilidad individual, sino un proceso que involucra a la comunidad y a las políticas públicas, pues de ello depende el adecuado desarrollo de la descendencia. Así lo afirmó Elena Zambrano González, académica de la Facultad de Química de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), al subrayar la relevancia de los primeros mil días de vida, periodo que abarca desde la gestación hasta los dos primeros años y que, en el ámbito científico, se conoce como los Orígenes en el Desarrollo de la Salud y la Enfermedad (DOHaD, por sus siglas en inglés).

La también investigadora del Departamento de Biología de la Reproducción del Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición Salvador Zubirán explicó que las condiciones nutricionales y ambientales en etapas tempranas del desarrollo tienen efectos duraderos en la salud. Un ejemplo es el desarrollo renal: al nacer, cada riñón humano cuenta con alrededor de un millón de nefronas; sin embargo, si durante el embarazo la madre sufrió desnutrición severa, el feto puede desarrollar menos unidades funcionales. Aunque posteriormente existan condiciones óptimas de alimentación, ese déficit implica una mayor carga de trabajo renal y una predisposición temprana a padecimientos como hipertensión arterial.

La especialista precisó que estos riesgos no constituyen una condena irreversible. Una vida saludable puede mitigar los efectos adversos de la programación fetal; no obstante, la predisposición existe y debe ser considerada en estrategias de prevención.

Evidencia transgeneracional

Zambrano González y su equipo han realizado aportaciones relevantes a nivel internacional. Mediante modelos animales demostraron el paso transgeneracional de la resistencia a la insulina y documentaron que la descendencia de madres con obesidad, aun cuando recibe una dieta controlada durante toda su vida, presenta alteraciones metabólicas y una menor expectativa de vida en comparación con hijos de madres con nutrición adecuada.

Asimismo, sus investigaciones muestran que intervenciones oportunas pueden revertir parte de estos riesgos. Cambios en la dieta de mujeres obesas incluso un mes antes del embarazo, así como la incorporación de actividad física, mejoran de manera significativa los desenlaces metabólicos en la descendencia. “Si no se logró optimizar la salud durante el embarazo y la lactancia, nunca es tarde: también se puede intervenir directamente en las hijas y los hijos”, señaló.

Ambiente, epigenética y evidencia histórica

La académica, galardonada con la Medalla David Barker 2025 —máximo reconocimiento de la Sociedad Internacional DOHaD—, destacó que el concepto de los primeros mil días enfatiza que la salud no depende únicamente de la genética. El ambiente, la nutrición y los cambios epigenéticos en etapas críticas —como la formación de células germinales o la adolescencia— influyen de manera decisiva.

Diversos estudios epidemiológicos respaldan esta perspectiva. Entre los más documentados se encuentra el del “invierno hambriento” en los Países Bajos (1944–1945), donde la desnutrición severa durante la Segunda Guerra Mundial se asoció, décadas después, con mayor prevalencia de obesidad, diabetes e hipertensión en la descendencia. Hallazgos similares se han registrado tras el sitio de Leningrado y la hambruna en China entre 1959 y 1961. No obstante, Zambrano González aclaró que estas son asociaciones poblacionales y que para identificar mecanismos causales se requieren estudios clínicos y de laboratorio controlados.

Investigación en curso y políticas públicas

En el Departamento de Biología de la Reproducción del INCMNSZ, los equipos trabajan con modelos experimentales para comprender los efectos de la desnutrición y la obesidad materna, así como la programación metabólica por la vía paterna, el envejecimiento y los impactos en sistemas como el reproductivo, el neurodesarrollo, la memoria y la expectativa de vida. Se trata de proyectos multiinstitucionales con colaboración internacional.

La científica celebró que el enfoque de los primeros mil días de vida sea ya una prioridad en las acciones de salud pública del gobierno mexicano, a partir del Protocolo Nacional de Atención Médica, y llamó a fortalecer la coordinación entre áreas epidemiológicas, clínicas y de investigación básica para traducir la evidencia científica en políticas efectivas.

Conclusión.
La investigación liderada por Elena Zambrano González confirma que la prevención de enfermedades crónicas comienza antes del nacimiento. Garantizar condiciones nutricionales y ambientales adecuadas durante los primeros mil días de vida no sólo mejora la salud individual, sino que puede romper ciclos intergeneracionales de riesgo metabólico y reducir la carga futura de enfermedades en la población.

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