Tras el desencanto, ¿MORENA es la opción?

Las Izquierdas de Tamaulipas en 2018. Perspectiva electoral y retos actuales.

Con un PRI desarticulado, un PRD en descomposición y el bono democrático logrado por Acción Nacional en el 2016 agotado en menos tiempo del esperado, el movimiento de López Obrador en Tamaulipas parece colocarse como la alternativa esperanzadora de la izquierda local.

¿La primera fuerza electoral en Tamaulipas?

Por Pedro Alonso Pérez

Entendemos por izquierda en el lenguaje político,  una noción que hace referencia al cambio social, procurando conquistar siempre mayor igualdad en un mundo lleno de desequilibrios económicos, sociales y culturales, entre otros. Un posicionamiento político e ideológico en favor de derechos y libertades para las mayorías de cualquier sociedad, especialmente para los sectores más vulnerables.

Desde el anterior enfoque puede afirmarse que, en Tamaulipas existen personas y grupos que podríamos definir “de izquierda”. Y el propósito de este texto es hacer un breve repaso en términos generales – como lo permite este espacio – sobre la situación de dicho conjunto, enmarcado en la coyuntura electoral de 2018 y frente a los retos que hoy pueden visualizarse.

Conjunto heterogéneo

Tal vez es mejor hablar en plural cuando se trata de definir o entender lo que denominamos “la izquierda”.

«Sin embargo, la irrupción de AMLO en su tercera campaña resulta arrolladora: agita a los convencidos que cada día son más, pone a pensar a indecisos que cada día son menos y les mueve el tapete a otros partidos, cuyas estructuras se ponen a prueba.  Sin duda, muchos panistas y perredistas, inconformes con el Frente donde quedaron atrapados están valorando cambiar su voto; y en el PRI, donde la cargada no es novedad, los escurrimientos hacia Morena no han parado».

En México existen varias izquierdas y la entidad norteña a que nos referimos no es excepción. Se trata de un conjunto heterogéneo de personas,  siglas, agrupamientos y posicionamientos políticos y/o electorales que abogan por el cambio social y político, pugnando en general por la inclusión y la equidad en todas sus expresiones.

MORENA y sus actores en Tamaulipas

Sin desconocer que existen otros referentes, queremos ubicar nuestro análisis en tres afluentes principales: Morena, PRD y algunos movimientos sociales. Es cierto, no todos los integrantes de estos espacios tienen ideología de izquierda, muchos ni siquiera entienden el concepto, pero también es claro que sin estos agrupamientos difícilmente podría hablarse de la existencia de dicha tendencia en el escenario político de este estado fronterizo.

Morena es hoy la fuerza más representativa, a pesar de ser un joven partido de apenas cuatro años, fundado a partir de una ruptura en el PRD, considerado tradicionalmente una organización de izquierda. El partido de AMLO ha tenido un crecimiento espectacular, que recuerda – pero los supera- los mejores momentos del sol azteca durante la primera década de su vida en la entidad tamaulipeca.

Morena se beneficia del carisma y apoyo popular que tiene su líder nacional, y del descontento social creciente, motivado, entre otras cosas, por la inseguridad pública y especialmente por la obscena corrupción practicada en las cúpulas del poder económico y político. No obstante, los resultados de  la primera elección en que participó en la entidad no son halagadores para este novel partido; su candidato a gobernador solo obtuvo poco más de 32 mil votos (prácticamente la misma votación del PRD en su primera participación electoral en 1989) y su votación de Representación Proporcional (la que se contabiliza para efectos de registro electoral, posiciones y prerrogativas) fue de 53 mil votos, poco más del 2%, que les dio derecho a una diputación.

«Hoy, el PRD en Tamaulipas es un agrupamiento marginal, que en la última elección no alcanzó siquiera el porcentaje mínimo para conservar su registro electoral, menos su representación política en el Congreso o cabildos. Sin figuras políticas prestigiadas; con fuerte fractura interna profundizada en la pasada elección, cuando algunos ex dirigentes estatales y grupos municipales apoyaron inopinadamente al candidato a gobernador del PAN»

Como puede verse, estos números no hablan de un arraigo, sino de cierta precariedad; sin embargo, en los últimos seis meses el fortalecimiento de la organización es evidente y la aceptación de AMLO y su partido van a la alza. López Obrador encabeza todas las encuestas con porcentajes que fluctúan entre 35 y 40 %, un verdadero fenómeno electoral, si consideramos las dificultades que tuvo su candidatura en el norte y particularmente en
Tamaulipas, en 2006 y 2012. Ahora, impulsadas por el enojo social y las alianzas tejidas por Andrés Manuel, las expectativas favorecen a Morena a nivel nacional y en el estado se torna bastante competitivo.

En cambio, la situación del PRD resulta desfavorable. Este partido venía desdibujándose hace tiempo y los resultados de 2012 aceleraron su descomposición; la separación de sus fundadores y principales líderes lo debilitó política y  electoralmente, pero la renuncia de López Obrador y sus seguidores, que dieron vida a Morena, terminó por reducirlo en todo el país. Además, continuaron sus conflictos internos, divisiones, errores e inconsecuencias. Hoy, el PRD en Tamaulipas es un agrupamiento marginal, que en la última elección no alcanzó siquiera el porcentaje mínimo para conservar su registro electoral, menos su representación política en el Congreso o cabildos.

La fuerza de MORENA en Matamoros

Sin figuras políticas prestigiadas; con fuerte fractura interna profundizada en la pasada elección, cuando algunos ex dirigentes estatales y grupos municipales apoyaron inopinadamente al candidato a gobernador del PAN, dando la espalda a su propio partido; con dirigencias anodinas en ambos niveles; atascado en el pragmatismo extremo y sin posibilidades de competir solo, el PRD se aferra a un clavo ardiendo, al integrarse a una coalición electoral capitaneada por Acción Nacional, que de acuerdo con experiencias pasadas – más allá de la manifiesta incongruencia en esta coyuntura – solo servirá para fortalecer posiciones de centro-derecha.

Lo que resta de izquierda en el partido amarillo parecen ser, lamentablemente, solo los recuerdos.

En cuanto a movimientos sociales, pueden visualizarse en el espacio público tamaulipeco, el magisterial en ciertas regiones y el movimiento por los desaparecidos de la guerra antinarco (no debe  olvidarse que Tamaulipas es la entidad que cuenta con mayor número de desaparecidos, más de cinco mil, un doloroso drama social). Igualmente los grupos pro derechos humanos han mantenido cierto protagonismo. Mientras, parecen larvarse otros movimientos y luchas al interior de sindicatos como los de salud, burocracia, telefonistas y maquiladoras que podrían manifestarse en cualquier momento.

En estos movimientos sociales actúan gentes o activistas de izquierda – a nivel de dirección o base – pero sus preocupaciones centrales parecen lejanas del escenario electoral, aunque sus acciones pueden influirlo eventualmente.

Escenario complejo

El grave problema de la inseguridad continúa en Tamaulipas. Pero la sociedad ha sabido digerirlo, no sin angustias. Por una parte, confió en promesas políticas de campaña y mantiene alguna esperanza que termine la pesadilla; por otra, aminora el temor de antaño a salir a la calle y se afirma lentamente la confianza propia en recuperar espacios y restaurar tejidos sociales dañados. En cualquier caso, inseguridad, delincuencia e impunidad son percibidas como un círculo vicioso donde muchas veces la misma autoridad se encuentra implicada.

Esta situación generalizada, el fracaso del gobierno  Peña Nieto, la corrupción destapada, gasolinazos, falta de empleos, bajos ingresos y pobreza, entre otras cosas, hacen crecer el descontento social, cada vez más grande en todo el país.

En Tamaulipas, además, la alternancia política levantó altas expectativas que no parecen satisfechas y en muchos sectores sociales es evidente el desencanto con el gobierno panista. El bono democrático del resultado electoral de 2016 se agotó en menos tiempo del esperado y prematuramente aparecen signos de desgaste. No obstante, el PAN con el poder local es fuerza política dominante y se prepara a utilizar sin recato el aparato de gobierno para apuntalar a sus candidatos. Mientras el PRI vive sus peores momentos en la entidad: desarticulado, desprestigiado, con dos ex gobernadores en la cárcel y fuerte rechazo social; aunque mantiene algunos bastiones en ciudades emblemáticas como Matamoros, Tampico y la capital del estado.

Los partidos tradicionales del sistema político como se advierte, arrastran dificultades serias al entrar a la competencia en este complejo escenario electoral.

En la acera de enfrente también hay problemas, aunque de menor calado. La división de las izquierdas podría retardar más los necesarios cambios sociales en favor de las mayorías. Pero el pragmatismo se ha generalizado, el PRD cayó en  brazos del PAN, para salvar lo poco que queda del naufragio oportunista, y Morena, para acceder al poder sin las complicaciones de anteriores procesos, hoy se encuentra muy cercana a grandes empresarios y al PES, un partido de inspiración religiosa. Todo lo anterior genera inquietudes y algunas desconfianzas entre los militantes.

Sin embargo, la irrupción de AMLO en su tercera campaña resulta arrolladora: agita a los convencidos que cada día son más, pone a pensar a indecisos que cada día son menos y les mueve el tapete a otros partidos, cuyas estructuras se ponen a prueba.

Sin duda, muchos panistas y perredistas, inconformes con el Frente donde quedaron atrapados están valorando cambiar su voto; y en el PRI, donde la cargada no es novedad, los escurrimientos hacia Morena no han parado.

Muchos ex priistas serán abanderados del partido de López Obrador, pero también ex panistas. En todo caso, estas candidaturas en diferentes niveles – senadores, diputados federales y municipios – han fortalecido las posibilidades de este partido en Tamaulipas, que tampoco parece tener cuadros competitivos propios; pero al menos, aquellas decisiones políticas se adoptaron sin mayores tensiones, complicaciones o rupturas al interior del movimiento obradorista. Así, Morena se perfila en la entidad tamaulipeca como el principal adversario  electoral del panismo gobernante.

Algunos retos pendientes

El Movimiento de Regeneración Nacional y AMLO su líder indiscutible – a pesar de ciertas carencias y críticas – son hoy por hoy, la única alternativa de izquierda a las fracasadas políticas neoliberales en México, adoptadas por igual por PRI y PAN.

La coalición electoral creada por Morena con el PT y el PES, denominada “Juntos Haremos Historia”, bien puede ganar la elección presidencial de julio e iniciar con ello, lo que López Obrador llama la cuarta transformación nacional en la historia mexicana.

Después de la Independencia, la Reforma y la Revolución. Un reto enorme sin duda, pero las condiciones actuales son propicias para hacer realidad esa esperanza de millones de mexicanos. Habría que sentar bases desde ahora para desarrollar fuerte identidad progresista en el movimiento social encabezado por AMLO, afinar la ideología de izquierda para nuestra época, practicar desde arriba una política basada en la ética y los principios, pero sobre todo, desatar abajo la energía popular, gobernar con las mayorías y empoderar a los ciudadanos, hombres y mujeres, como protagonistas centrales de la democracia participativa que tendría que generarse.

Pero no adelantemos vísperas. Antes de ver a López Obrador como presidente de la República, encabezando los destinos nacionales; primero debe pasarse la aduana del 1 de julio y ganar la elección en las urnas. Tarea harto difícil, si consideramos que en este país sigue rondando el ominoso fantasma del fraude electoral.

El reto principal será cuidar todas las casillas el día D. Pero el porcentaje real de cobertura de Morena en la pasada elección osciló entre 70 y 80 % de las casillas en todo el estado, lo cual es un dato preocupante; ahora, en mejores condiciones, tendría que ser al 100 %. Sin esa estructura de representantes de casilla y generales, total y bien preparada, capacitada y dispuesta a defender cada voto, difícilmente puede ganarse esta elección.

Además, se requerirá articular todas las iniciativas para movilizar la mayor cantidad de observadores electorales y ciudadanos vigilantes durante el proceso de votación para evitar o al menos inhibir: acarreos, compra de votos, presiones sobre los electores, y otras mañas conocidas o desconocidas que tratarán de ponerse en práctica.

Las élites políticas y económicas beneficiarias del sistema imperante – la mafia del poder, según conocida expresión del candidato puntero – no se resignarán a perder sus privilegios ni a entregar fácilmente el gobierno; eso es verdad, pero también  lo es el hartazgo social y la posibilidad real que tiene López Obrador de ganar este 2018. El contexto nacional lo favorece. En Tamaulipas, con sus peculiaridades, la disputa electoral será encarnizada en distritos y municipios, desde Nuevo Laredo y Reynosa hasta Tampico y Ciudad Madero. Es cierto, es la hora de la democracia, el tiempo de las izquierdas aglutinadas en torno al movimiento
obradorista. Como bien se ha dicho, la tercera es la vencida.

talachaadmin


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