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La pugna racial y migratoria entre EU y México

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Las diferencias raciales hispanas y anglosajonas en Norteamérica tienen su origen desde 1520 en Europa cuando se dan las primeras pugnas entre España e Inglaterra, cuyos países al colonizar América traerían consigo sus odios étnicos y religiosos

Luis Alvarado

La brecha cultural y racial entre mexicanos y anglosajones en los Estados Unidos representa algo más que la incómoda convivencia en un país donde los ancestros de los primeros coexistieron y  se vieron obligados a vivir como extranjeros en su propia tierra a partir del despojo yanqui a la mitad del territorio azteca en 1848.

Matizado por factores agravantes como la inmigración azteca hacia el norte, idiosincrasias,  religiosidad o pulido por condiciones pacifistas y de convivencia entre todas las razas, el encuentro entre ambas culturas ha significado a lo largo de siglos el conflicto tolerado pero presente a lo largo de generaciones desde antes de la pérdida del suelo azteca.

Aunque muchos connacionales, chicanos y gringos lo ignoren, la discriminación a latinos incrementada en el gobierno de Trump ha tenido su origen más atrás de la invasión estadounidense a este país y de la colonización de los territorios norteños de la Nueva España recién independizada.

Se remonta hasta antes de 1520 y nace en Europa a raíz de los conflictos armados entre España e Inglaterra, las que como parte de las potencias mundiales dominantes se disputaban allá y en el nuevo mundo la posesión y explotación de los territorios vírgenes, que para ambas naciones vendrían a serlo los ahora México y Estados Unidos.

El argumento divino para invadir países.

Las guerras anglo-ibéricas

España,  la más débil de las potencias europeas entra al juego geopolítico mundial al reclamar la propiedad de la América descubierta por el portugués Cristóbal Colón en 1492. Mientras la dominación ibérica avanza en la llamada Nueva España, en Europa ya tenía una de sus primeras  guerras con Inglaterra en 1500.

Para 1585 viene el conflicto armado de 19 años, firmándose la paz entre ambas naciones en 1604. Entre 1655 y 1660 libran nueva lucha comercial por las Indias Occidentales. Estalla otra menor en 1717.

Estas guerras de las potencias están vestidas de religiosidad; los ibéricos de catolicismo y los anglos de protestantismo, la corriente rebelde que surge ante la corrupción eclesiástica y falta de piedad de la iglesia romana.

Es a raíz del protestantismo que los ingleses marcan su menosprecio hacia los iberos, a quienes acusan en el viejo mundo de ser de una raza impura con una religión corrupta. El conato se transporta por el tiempo y barcos interoceánicos hasta llegar al este de Norteamérica.

Una España “satánica”

Ya en 1607 los primeros colonizadores de la Nueva Inglaterra construyen una aldea en Virginia y ganan dinero con el cultivo del tabaco. Estos otorgaban un sentido ‘profético’ a la migración con el argumento de que si España no colonizaba el este de Norte América era “porque Dios reservaba esas tierras para Inglaterra”. Asentados en el nuevo mundo organizan saqueos y piratería contra los buques ibéricos.

A su llegada a la Nueva Inglaterra existen cerca de 200 tribus que hablan cerca de 50 lenguas, con una población estimada entre siete y 12 millones.

Las ocupaciones británicas en el nuevo mundo están ‘legitimadas’ en su rivalidad con España. En 1583 un informe dirigido a Terranova por sir Humprey Gilbert resalta la evangelización de los indígenas como parte primordial del viaje, “para que no quedaran expuestos a la influencia satánica española”.

Una vez conseguida la independencia de Inglaterra siguen con el invento del ‘Destino Manifiesto’, la tesis ‘divina’ que justifica la expansión territorial para Estados Unidos.  A diferencia de los iberos que si se mezclaban con los indios sometidos, los anglos no se unen para mantener ‘la pureza de su raza’.

El origen de la lucha racial se remonta al siglo XVI en las guerras anglo-españolas. Aquí negocian

Migraciones al norte novohispano

Lo que se ha dado en llamar la historia de los chicanos está formada por dos etapas; La de 1598 a 1848 y de 1848 a 1970, señala por su parte  Esperanza García y García en su libro El Movimiento Chicano en el Multiculturalismo de Estados Unidos, (UNAM, 2007).

Una de las primeras migraciones al norte novohispano –ahora de Estados Unidos- se registran en 1598, primero en Nuevo México, luego en Tejas en 1716 y en las Californias en 1769, todas por razones económicas. Los iberos promueven una transculturización local con una invasión central de indios aztecas y tlaxcaltecas con la lengua náhuatl.

Desde 1690 y hasta 1730 se establecen una serie de misiones a lo largo del río Bravo, siendo la primera la de San Francisco de las Tejas. Todas fracasan por desinterés de la colonia.

Para 1718 otra expedición edifica San Antonio Béxar y otras más se ubican en El Paso y Laredo 22 años después. La gente común vive en jacales de carrizo y lodo mientras que los colonos anglos al norte en confortables y amplias casas con granero aparte. Este es uno de los puntos que marcan las diferencias culturales; los que piensan en pequeño en chozas y los que lo hacen en grande en viviendas cómodas.

García y García cita a un observador gringo que diferencia la espiritualidad, “aunque los mejicanos seguían formas extremas y simbólicas religiosas, ésta para ellos era más un hábito que un principio moral”. Al consumarse la independencia mexicana en 1821 muchas cosas siguen igual, siendo la población tejana de dos mil 240 habitantes en ese año y de cuatro mil para 1836.

La invasión angloestadounidense en Palo Alto, Tamaulipas.

Virrey Apodaca abre la migración gringa

El último virrey novohispano,  Apodaca fue también el primero en permitir a los extranjeros anglosajones colonizar Tejas a partir de 1821, bajo la influencia del liberalismo español, iniciándose así el lento proceso de transculturización.

Ya en su viaje al frente de la Comisión de Limites en 1827, Manuel Mier y Terán observa en su libro de la peligrosa presencia de colonos anglos que superan casi ocho a uno a los mexicanos de Tejas.

Bajo esta amenazadora presencia ‘pre-gringa’ los colonos extranjeros se van adueñando de Tejas hasta que agrupados exigen derechos de posesión y la creación de sus propias leyes, ignorando las mexicanas que les imponían obediencia ciega a la religión católica y normas diferentes.

Para 1840 numerosas familias mexicanas huyen al no poder convivir con los anglosajones. Más de mil salen de San Antonio, ‘pues los anglos no ven aliados, solo ven razas’. Tejas es el foco de las mayores fricciones y rencores étnicos.

Independizados de México en 1836, los miembros de la élite tejana como Lorenzo de Zavala y Juan Seguín creen posible ser leales a la República de Texas, pero tarde se dan cuenta de que esta no era una revuelta más contra el centralismo azteca sino un parte aguas cultural en el que ya no cabrían, refiere por su lado David Montejano en su obra Anglos y Mexicanos en la Formación de Texas, 1836-1896 (México, Conaculta, 1991).

Expresión mexicana que agradece la defensa del batallón de irlandeses contra la invasión norteamericana.

El color de la piel en 1837

Entre 1837 y 1842, 13 ‘compradores’ adquieren más de 547 mil hectáreas de 358 mexicanos, con lo que la principal fuente de riqueza pasa a manos anglosajonas, al tiempo que soldados anglos emprenden venganzas contra todo latino, ‘sólo por el color de su piel’, hayan participado o no a favor de la independencia tejana.

Los latinos sufren el precio que pagan por haberse independizado de México, creyendo que lo hacían del gobierno, “sufrieron desde el principio…muchos perdieron sus herencias y todos perdieron su ideal: La República de Texas”, escribe Montejano.

Al reclamar México el regreso de Texas, ésta se anexa a Estados Unidos y sobreviene la llamada Mexican War para los anglos, invasión para los mexicanos. Muchos aztecas se repatrían durante y después del conflicto en Paso del Norte, Guerrero, Mier, Camargo, Reynosa, Matamoros, otros fundan Nuevo Monterrey (Laredo), Mesilla y Guadalupe, aún así la población del sur y oeste de Texas sigue siendo mayoritariamente mexicana.

Una serie de reportajes de Frederick Olmstead del New York Times entre 1855 y 60, escribe que en 1820 había 25 mil mexicanos en Texas, siete mil arriba del río Nueces (la antigua frontera tamaulipeca); ocho mil en el oeste (El Paso y Presidio); cinco mil 500 abajo del Nueces (entre Laredo y El Bravo); una población flotante de cuatro mil.

Según Cué Cánovas en su aporte al libro El México Olvidado (David Maciel, México, UACJ, 1996),  “los mexicanos que quedaron al norte del Bravo eran cerca de 100 mil; con 28 mil en Texas; 57 mil en Nuevo México y 23 mil en California”.

“Los mexicanos conquistados llegaron a ser extranjeros en su tierra natal y sus descendientes se quedaron entre dos mundos, dos culturas”, escribe por su lado Eliverio Chávez en su obra Mestizaje: Introducción a la Cultura Mexicoamericana, (Author House, 1997).

En contrapartida vivían 120 mil anglos arriba del Nueces y cuatro mil 500 al sur y oeste del mismo. El despojo estaba consumado y el Destino Manifiesto se enseñoreaba en los anteriores territorios novohispanos y mexicas. Se agudiza el clima antimexicano, los abusos, crímenes y encarcelamientos no cesan. Vienen algunas rebeliones que logran algunas reformas paliativas.

El caso Arizona

Pasados cinco años del despojo, Estados Unidos se hace de otros 30 mil millas cuadradas de territorio mexicano al sur de Arizona y sur de Nuevo México para la extracción de minerales y el trazado de las vías ferroviarias.

En 1887 se descubren grandes yacimientos de plata alrededor de Tombstone que atrae la fiebre de pistoleros como Doc Holliday (John Henry), Johnny Ringo, los tiroteos entre Wyatt Earp y los Clanton en 1881. Estos últimos roban ganado de las estancias mexicanas a lo largo de la frontera con México, matando a sus propietarios a ambos lados de la línea.

Estos atracos estaban consentidos por las autoridades gringas pues lo robado era para satisfacer la demanda de mineros y mantenimiento de fuertes militares contra los apaches. Para 1890 los mexicoamericanos  recurren a la vía organizada en la defensa de sus derechos creando sociedades mutualistas  y sindicatos para afrontar el racismo y explotación de que son objeto por los güeros.

Juan N. Cortina se rebela en 1859, quien sufre en carne propia los abusos y despojos. En un año arrasa desde Brownsville hasta Río Grande y mata a 15 gringos y unos 80 mexicanos vendidos, siendo atrapado en México por tropas de Porfirio Díaz en 1874.

Bracero, un programa de humillaciones

En 1910 los gringos constatan la falta de mano de obra para la producción agropecuaria e industrial y se crea la primera gran ola migratoria. Ya en plena II Guerra Mundial se crea el programa Bracero en busca de mano de obra barata (250 mil trabajadores) para producir los requerimientos gringos en el conflicto entre 1942-1947.

Surge una protesta del gobierno mexicano por el trato inhumano a los connacionales, cancelando la cuota de braceros, pero surgiendo alternamente un tráfico de indocumentados, calculándose solo para Texas unos 120 mil ilegales, dispuestos a ser humillados  con míseros salarios que no encontraban en sus lugares de origen.

Otra guerra de Estados Unidos, ahora contra Corea, da lugar a una segunda versión del programa Bracero entre 1950-53 y lejos de  frenar la entrada de ilegales, ésta aumenta para llegar a medio millón en 1951; 893 mil en 1953 y más de un millón en 1954.

 

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Logra Tamaulipas reducción histórica de la pobreza extrema

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El alza salarial, la inversión sin precedentes en programas sociales, el gobierno del Estado y Federación lograron darle a más de 50 mil tamaulipecos mejores condiciones de bienestar, reportan los informes del INEGI.

Por Regina Cardona Jasso

Tamaulipas registró una de las reducciones más importantes de pobreza extrema en su historia reciente, de acuerdo con cifras oficiales del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI). Los datos correspondientes a la medición de pobreza multidimensional 2024 muestran que más de 50 mil tamaulipecos dejaron atrás la condición de pobreza extrema en apenas dos años, un resultado que tanto el Gobierno Federal como la administración estatal atribuyen a la combinación de programas sociales, aumento salarial, generación de empleo y políticas de bienestar.

Según el informe oficial del INEGI, en Tamaulipas la pobreza extrema pasó de 2.9% en 2022 a 1.5% en 2024. En términos absolutos, la cifra cayó de 102 mil 600 personas a 52 mil 400 tamaulipecos en esa condición. Esto significa que alrededor de 50 mil 200 personas lograron salir de la pobreza extrema en el estado durante ese periodo.

El avance también se reflejó en la pobreza multidimensional general. En 2022, el 26.8% de la población tamaulipeca vivía en situación de pobreza; para 2024, el indicador bajó a 20.2%. Es decir, más de 242 mil personas dejaron esa condición en apenas dos años.

Para el gobierno encabezado por Américo Villarreal, estos resultados representan una validación de la estrategia social aplicada desde el inicio de la administración. La Secretaría de Bienestar estatal destacó programas como “Alimentando tu Bienestar”, los Comedores del Bienestar, apoyos alimentarios, infraestructura social y esquemas de empleo temporal dirigidos a zonas vulnerables.

Sin embargo, las autoridades estatales también subrayan que la reducción no puede entenderse sin el contexto nacional impulsado primero por el gobierno de Andrés Manuel López Obrador y posteriormente por la continuidad de políticas sociales federales. Entre los factores señalados por especialistas y organismos oficiales aparecen el incremento histórico del salario mínimo, los programas sociales universales, las pensiones para adultos mayores, becas educativas y el fortalecimiento del empleo formal en regiones fronterizas como Tamaulipas.

De hecho, el propio INEGI informó que entre 2022 y 2024 México registró una de las mayores reducciones de pobreza de las últimas décadas. A nivel nacional, 8.3 millones de personas salieron de la pobreza multidimensional, mientras que más de 2 millones dejaron la pobreza extrema.

En el caso de Tamaulipas, el fenómeno adquiere especial relevancia porque históricamente el estado enfrentó fuertes desigualdades regionales, particularmente en zonas rurales, fronterizas y urbanas marginadas. Por ello, analistas locales consideran que la caída de casi 50% en pobreza extrema constituye uno de los avances sociales más relevantes para la entidad en años recientes.

El gobierno estatal ha insistido en que este resultado no es casualidad, sino consecuencia de una coordinación permanente con la Federación para dirigir recursos a sectores históricamente olvidados. En distintos municipios se ampliaron programas alimentarios, atención médica, apoyos escolares y proyectos de vivienda social, mientras que el dinamismo industrial y maquilador de la frontera contribuyó a mejorar ingresos laborales.

Aun así, especialistas advierten que persisten desafíos importantes. Aunque la pobreza disminuyó de forma significativa, todavía existen regiones con rezagos en salud, educación y acceso a servicios básicos. Además, el propio debate nacional sobre la desaparición del Coneval y la transferencia de funciones al INEGI ha generado discusiones sobre cómo seguir evaluando de manera independiente las políticas sociales.

Pese a ello, las cifras oficiales colocan hoy a Tamaulipas como uno de los estados que más avanzaron en reducción de pobreza extrema durante los últimos años. Para el discurso oficial de la llamada Cuarta Transformación, se trata de una prueba de que los programas sociales, el aumento salarial y la inversión pública pueden traducirse en mejoras reales para millones de personas. Y para el gobierno tamaulipeco, representa uno de los logros sociales más importantes del actual sexenio estatal.

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Avanzan investigaciones interinstitucionales en la UNAM para combatir la cisticercosis

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Ciudad de México.— Investigaciones científicas desarrolladas de manera interinstitucional avanzan en el estudio y control de la cisticercosis y la teniasis, enfermedades parasitarias que, aunque han disminuido en México, continúan presentes y representan un problema de salud pública. Ambas están incluidas por la Organización Mundial de la Salud (OMS) dentro del grupo de enfermedades tropicales desatendidas, junto con padecimientos como la lepra, el dengue y la enfermedad de Chagas.

El investigador posdoctoral del Instituto de Biotecnología de la UNAM (IBt), Ricardo Miranda Blancas, explicó que el tránsito de personas provenientes de comunidades con limitado acceso a servicios de salud ha contribuido a la persistencia de estos padecimientos. Añadió que, a nivel internacional, la OMS ha alertado sobre su reaparición en algunas regiones —incluso en países desarrollados— debido a los flujos migratorios y a que, durante la pandemia por COVID-19, estos casos pasaron a segundo plano en los sistemas de vigilancia y atención médica.

La teniasis ocurre cuando una persona consume carne de cerdo contaminada con larvas de Taenia solium, parásito que se aloja en el intestino humano y puede provocar síntomas como dolor abdominal, molestias digestivas y pérdida de peso. El escenario más grave se presenta cuando los huevos del parásito se transforman en larvas dentro del organismo y se alojan en tejidos como músculos, ojos, piel o cerebro, dando origen a la cisticercosis.

“Cuando las larvas se localizan en el sistema nervioso central hablamos de neurocisticercosis, una de las principales causas de epilepsia adquirida en México. Sus manifestaciones clínicas van desde cefaleas crónicas hasta crisis epilépticas severas que afectan de manera importante la calidad de vida”, explicó el investigador del Departamento de Medicina Molecular y Bioprocesos del IBt.

De acuerdo con datos de la OMS, Taenia solium es responsable de alrededor del 30 por ciento de los casos de epilepsia en zonas endémicas donde existen cerdos en libertad en cercanía con las viviendas humanas.

Panorama epidemiológico en México

En el país se observa una tendencia a la baja en los casos de cisticercosis. No obstante, cifras oficiales de la Secretaría de Salud indican que hasta la semana epidemiológica 31 de 2025 se habían registrado 85 casos nuevos, mientras que el total acumulado en 2024 fue de 65, lo que confirma que la enfermedad sigue activa.

Miranda Blancas explicó que el ciclo “clásico” del parásito implica la infección humana con la solitaria, la contaminación de cerdos a través de heces humanas y, posteriormente, el consumo de carne infectada sin inspección sanitaria. Este fenómeno se presenta principalmente en zonas rurales donde se crían animales de traspatio y el manejo de excretas es deficiente. En contraste, subrayó que la carne que llega a centros urbanos suele pasar por estrictos controles en rastros y puntos de inspección.

Existe, además, un ciclo alterno de contagio particularmente peligroso: la ingestión directa de los huevos del parásito, generalmente asociada a malas prácticas de higiene. “Si una persona infectada no se lava adecuadamente las manos después de ir al baño y manipula alimentos, puede transmitir los huevos a otras personas, que desarrollan cisticercosis sin haber consumido carne contaminada”, advirtió.

Prevención y control

El especialista enfatizó que la prevención se basa en medidas básicas pero efectivas: cocer adecuadamente la carne de cerdo, mantener hábitos estrictos de higiene —especialmente el lavado de manos— y realizar desparasitaciones periódicas, cada seis meses o al menos una vez al año, a todas las personas que viven en un mismo hogar.

Cuando se detecta la presencia de la solitaria, además del tratamiento antiparasitario se recomienda el uso de laxantes para facilitar la expulsión completa del parásito y reducir el riesgo de complicaciones posteriores.

Diseño de nuevos fármacos

Paralelamente a las acciones de prevención, la investigación científica busca fortalecer los tratamientos disponibles. En el IBt, Miranda Blancas colabora con el investigador Enrique Rudiño Piñera, especialista en estructuras cristalográficas, y con Abraham Landa Piedra, de la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional Autónoma de México, experto en la caracterización bioquímica de proteínas del parásito.

Asimismo, trabajan con Ponciano García Gutiérrez y Rafael Zubillaga Luna, de la Universidad Autónoma Metropolitana Unidad Iztapalapa, en el diseño de fármacos complementarios. La estrategia se centra en estudiar las proteínas del sistema de desintoxicación de Taenia solium, conocidas como glutatión transferasas, que funcionan como verdaderos “escudos” bioquímicos y permiten al parásito resistir la acción de los medicamentos.

El grupo ha logrado determinar la estructura de la glutatión transferasa clase sigma y avanza en el análisis de otras dos enzimas, identificadas como glutatión transferasa 25 y 26, según su peso molecular. “Conocer la forma tridimensional de estas proteínas y sus sitios activos es clave para diseñar inhibidores específicos”, explicó el investigador.

Aunque el trabajo continúa en fase experimental, mediante modelos predictivos de estructura proteica el equipo ya logró diseñar un inhibidor para la glutatión transferasa de 26.5 kilodaltons, un avance que podría sentar las bases para terapias más eficaces contra la cisticercosis.

Conclusión.
Las investigaciones encabezadas por la UNAM confirman que, pese a su aparente control, la cisticercosis sigue siendo un desafío sanitario en México. La combinación de prevención comunitaria, vigilancia epidemiológica y desarrollo de nuevos fármacos abre una ruta integral para enfrentar una enfermedad que, de no atenderse, puede tener consecuencias neurológicas severas y permanentes.

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Esenciales, los primeros mil días de vida: Elena Zambrano

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Ciudad de México.— La salud durante el embarazo y la lactancia no es una responsabilidad individual, sino un proceso que involucra a la comunidad y a las políticas públicas, pues de ello depende el adecuado desarrollo de la descendencia. Así lo afirmó Elena Zambrano González, académica de la Facultad de Química de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), al subrayar la relevancia de los primeros mil días de vida, periodo que abarca desde la gestación hasta los dos primeros años y que, en el ámbito científico, se conoce como los Orígenes en el Desarrollo de la Salud y la Enfermedad (DOHaD, por sus siglas en inglés).

La también investigadora del Departamento de Biología de la Reproducción del Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición Salvador Zubirán explicó que las condiciones nutricionales y ambientales en etapas tempranas del desarrollo tienen efectos duraderos en la salud. Un ejemplo es el desarrollo renal: al nacer, cada riñón humano cuenta con alrededor de un millón de nefronas; sin embargo, si durante el embarazo la madre sufrió desnutrición severa, el feto puede desarrollar menos unidades funcionales. Aunque posteriormente existan condiciones óptimas de alimentación, ese déficit implica una mayor carga de trabajo renal y una predisposición temprana a padecimientos como hipertensión arterial.

La especialista precisó que estos riesgos no constituyen una condena irreversible. Una vida saludable puede mitigar los efectos adversos de la programación fetal; no obstante, la predisposición existe y debe ser considerada en estrategias de prevención.

Evidencia transgeneracional

Zambrano González y su equipo han realizado aportaciones relevantes a nivel internacional. Mediante modelos animales demostraron el paso transgeneracional de la resistencia a la insulina y documentaron que la descendencia de madres con obesidad, aun cuando recibe una dieta controlada durante toda su vida, presenta alteraciones metabólicas y una menor expectativa de vida en comparación con hijos de madres con nutrición adecuada.

Asimismo, sus investigaciones muestran que intervenciones oportunas pueden revertir parte de estos riesgos. Cambios en la dieta de mujeres obesas incluso un mes antes del embarazo, así como la incorporación de actividad física, mejoran de manera significativa los desenlaces metabólicos en la descendencia. “Si no se logró optimizar la salud durante el embarazo y la lactancia, nunca es tarde: también se puede intervenir directamente en las hijas y los hijos”, señaló.

Ambiente, epigenética y evidencia histórica

La académica, galardonada con la Medalla David Barker 2025 —máximo reconocimiento de la Sociedad Internacional DOHaD—, destacó que el concepto de los primeros mil días enfatiza que la salud no depende únicamente de la genética. El ambiente, la nutrición y los cambios epigenéticos en etapas críticas —como la formación de células germinales o la adolescencia— influyen de manera decisiva.

Diversos estudios epidemiológicos respaldan esta perspectiva. Entre los más documentados se encuentra el del “invierno hambriento” en los Países Bajos (1944–1945), donde la desnutrición severa durante la Segunda Guerra Mundial se asoció, décadas después, con mayor prevalencia de obesidad, diabetes e hipertensión en la descendencia. Hallazgos similares se han registrado tras el sitio de Leningrado y la hambruna en China entre 1959 y 1961. No obstante, Zambrano González aclaró que estas son asociaciones poblacionales y que para identificar mecanismos causales se requieren estudios clínicos y de laboratorio controlados.

Investigación en curso y políticas públicas

En el Departamento de Biología de la Reproducción del INCMNSZ, los equipos trabajan con modelos experimentales para comprender los efectos de la desnutrición y la obesidad materna, así como la programación metabólica por la vía paterna, el envejecimiento y los impactos en sistemas como el reproductivo, el neurodesarrollo, la memoria y la expectativa de vida. Se trata de proyectos multiinstitucionales con colaboración internacional.

La científica celebró que el enfoque de los primeros mil días de vida sea ya una prioridad en las acciones de salud pública del gobierno mexicano, a partir del Protocolo Nacional de Atención Médica, y llamó a fortalecer la coordinación entre áreas epidemiológicas, clínicas y de investigación básica para traducir la evidencia científica en políticas efectivas.

Conclusión.
La investigación liderada por Elena Zambrano González confirma que la prevención de enfermedades crónicas comienza antes del nacimiento. Garantizar condiciones nutricionales y ambientales adecuadas durante los primeros mil días de vida no sólo mejora la salud individual, sino que puede romper ciclos intergeneracionales de riesgo metabólico y reducir la carga futura de enfermedades en la población.

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