Investigación

La pugna racial y migratoria entre EU y México

Las diferencias raciales hispanas y anglosajonas en Norteamérica tienen su origen desde 1520 en Europa cuando se dan las primeras pugnas entre España e Inglaterra, cuyos países al colonizar América traerían consigo sus odios étnicos y religiosos

Luis Alvarado

La brecha cultural y racial entre mexicanos y anglosajones en los Estados Unidos representa algo más que la incómoda convivencia en un país donde los ancestros de los primeros coexistieron y  se vieron obligados a vivir como extranjeros en su propia tierra a partir del despojo yanqui a la mitad del territorio azteca en 1848.

Matizado por factores agravantes como la inmigración azteca hacia el norte, idiosincrasias,  religiosidad o pulido por condiciones pacifistas y de convivencia entre todas las razas, el encuentro entre ambas culturas ha significado a lo largo de siglos el conflicto tolerado pero presente a lo largo de generaciones desde antes de la pérdida del suelo azteca.

Aunque muchos connacionales, chicanos y gringos lo ignoren, la discriminación a latinos incrementada en el gobierno de Trump ha tenido su origen más atrás de la invasión estadounidense a este país y de la colonización de los territorios norteños de la Nueva España recién independizada.

Se remonta hasta antes de 1520 y nace en Europa a raíz de los conflictos armados entre España e Inglaterra, las que como parte de las potencias mundiales dominantes se disputaban allá y en el nuevo mundo la posesión y explotación de los territorios vírgenes, que para ambas naciones vendrían a serlo los ahora México y Estados Unidos.

El argumento divino para invadir países.

Las guerras anglo-ibéricas

España,  la más débil de las potencias europeas entra al juego geopolítico mundial al reclamar la propiedad de la América descubierta por el portugués Cristóbal Colón en 1492. Mientras la dominación ibérica avanza en la llamada Nueva España, en Europa ya tenía una de sus primeras  guerras con Inglaterra en 1500.

Para 1585 viene el conflicto armado de 19 años, firmándose la paz entre ambas naciones en 1604. Entre 1655 y 1660 libran nueva lucha comercial por las Indias Occidentales. Estalla otra menor en 1717.

Estas guerras de las potencias están vestidas de religiosidad; los ibéricos de catolicismo y los anglos de protestantismo, la corriente rebelde que surge ante la corrupción eclesiástica y falta de piedad de la iglesia romana.

Es a raíz del protestantismo que los ingleses marcan su menosprecio hacia los iberos, a quienes acusan en el viejo mundo de ser de una raza impura con una religión corrupta. El conato se transporta por el tiempo y barcos interoceánicos hasta llegar al este de Norteamérica.

Una España “satánica”

Ya en 1607 los primeros colonizadores de la Nueva Inglaterra construyen una aldea en Virginia y ganan dinero con el cultivo del tabaco. Estos otorgaban un sentido ‘profético’ a la migración con el argumento de que si España no colonizaba el este de Norte América era “porque Dios reservaba esas tierras para Inglaterra”. Asentados en el nuevo mundo organizan saqueos y piratería contra los buques ibéricos.

A su llegada a la Nueva Inglaterra existen cerca de 200 tribus que hablan cerca de 50 lenguas, con una población estimada entre siete y 12 millones.

Las ocupaciones británicas en el nuevo mundo están ‘legitimadas’ en su rivalidad con España. En 1583 un informe dirigido a Terranova por sir Humprey Gilbert resalta la evangelización de los indígenas como parte primordial del viaje, “para que no quedaran expuestos a la influencia satánica española”.

Una vez conseguida la independencia de Inglaterra siguen con el invento del ‘Destino Manifiesto’, la tesis ‘divina’ que justifica la expansión territorial para Estados Unidos.  A diferencia de los iberos que si se mezclaban con los indios sometidos, los anglos no se unen para mantener ‘la pureza de su raza’.

El origen de la lucha racial se remonta al siglo XVI en las guerras anglo-españolas. Aquí negocian

Migraciones al norte novohispano

Lo que se ha dado en llamar la historia de los chicanos está formada por dos etapas; La de 1598 a 1848 y de 1848 a 1970, señala por su parte  Esperanza García y García en su libro El Movimiento Chicano en el Multiculturalismo de Estados Unidos, (UNAM, 2007).

Una de las primeras migraciones al norte novohispano –ahora de Estados Unidos- se registran en 1598, primero en Nuevo México, luego en Tejas en 1716 y en las Californias en 1769, todas por razones económicas. Los iberos promueven una transculturización local con una invasión central de indios aztecas y tlaxcaltecas con la lengua náhuatl.

Desde 1690 y hasta 1730 se establecen una serie de misiones a lo largo del río Bravo, siendo la primera la de San Francisco de las Tejas. Todas fracasan por desinterés de la colonia.

Para 1718 otra expedición edifica San Antonio Béxar y otras más se ubican en El Paso y Laredo 22 años después. La gente común vive en jacales de carrizo y lodo mientras que los colonos anglos al norte en confortables y amplias casas con granero aparte. Este es uno de los puntos que marcan las diferencias culturales; los que piensan en pequeño en chozas y los que lo hacen en grande en viviendas cómodas.

García y García cita a un observador gringo que diferencia la espiritualidad, “aunque los mejicanos seguían formas extremas y simbólicas religiosas, ésta para ellos era más un hábito que un principio moral”. Al consumarse la independencia mexicana en 1821 muchas cosas siguen igual, siendo la población tejana de dos mil 240 habitantes en ese año y de cuatro mil para 1836.

La invasión angloestadounidense en Palo Alto, Tamaulipas.

Virrey Apodaca abre la migración gringa

El último virrey novohispano,  Apodaca fue también el primero en permitir a los extranjeros anglosajones colonizar Tejas a partir de 1821, bajo la influencia del liberalismo español, iniciándose así el lento proceso de transculturización.

Ya en su viaje al frente de la Comisión de Limites en 1827, Manuel Mier y Terán observa en su libro de la peligrosa presencia de colonos anglos que superan casi ocho a uno a los mexicanos de Tejas.

Bajo esta amenazadora presencia ‘pre-gringa’ los colonos extranjeros se van adueñando de Tejas hasta que agrupados exigen derechos de posesión y la creación de sus propias leyes, ignorando las mexicanas que les imponían obediencia ciega a la religión católica y normas diferentes.

Para 1840 numerosas familias mexicanas huyen al no poder convivir con los anglosajones. Más de mil salen de San Antonio, ‘pues los anglos no ven aliados, solo ven razas’. Tejas es el foco de las mayores fricciones y rencores étnicos.

Independizados de México en 1836, los miembros de la élite tejana como Lorenzo de Zavala y Juan Seguín creen posible ser leales a la República de Texas, pero tarde se dan cuenta de que esta no era una revuelta más contra el centralismo azteca sino un parte aguas cultural en el que ya no cabrían, refiere por su lado David Montejano en su obra Anglos y Mexicanos en la Formación de Texas, 1836-1896 (México, Conaculta, 1991).

Expresión mexicana que agradece la defensa del batallón de irlandeses contra la invasión norteamericana.

El color de la piel en 1837

Entre 1837 y 1842, 13 ‘compradores’ adquieren más de 547 mil hectáreas de 358 mexicanos, con lo que la principal fuente de riqueza pasa a manos anglosajonas, al tiempo que soldados anglos emprenden venganzas contra todo latino, ‘sólo por el color de su piel’, hayan participado o no a favor de la independencia tejana.

Los latinos sufren el precio que pagan por haberse independizado de México, creyendo que lo hacían del gobierno, “sufrieron desde el principio…muchos perdieron sus herencias y todos perdieron su ideal: La República de Texas”, escribe Montejano.

Al reclamar México el regreso de Texas, ésta se anexa a Estados Unidos y sobreviene la llamada Mexican War para los anglos, invasión para los mexicanos. Muchos aztecas se repatrían durante y después del conflicto en Paso del Norte, Guerrero, Mier, Camargo, Reynosa, Matamoros, otros fundan Nuevo Monterrey (Laredo), Mesilla y Guadalupe, aún así la población del sur y oeste de Texas sigue siendo mayoritariamente mexicana.

Una serie de reportajes de Frederick Olmstead del New York Times entre 1855 y 60, escribe que en 1820 había 25 mil mexicanos en Texas, siete mil arriba del río Nueces (la antigua frontera tamaulipeca); ocho mil en el oeste (El Paso y Presidio); cinco mil 500 abajo del Nueces (entre Laredo y El Bravo); una población flotante de cuatro mil.

Según Cué Cánovas en su aporte al libro El México Olvidado (David Maciel, México, UACJ, 1996),  “los mexicanos que quedaron al norte del Bravo eran cerca de 100 mil; con 28 mil en Texas; 57 mil en Nuevo México y 23 mil en California”.

“Los mexicanos conquistados llegaron a ser extranjeros en su tierra natal y sus descendientes se quedaron entre dos mundos, dos culturas”, escribe por su lado Eliverio Chávez en su obra Mestizaje: Introducción a la Cultura Mexicoamericana, (Author House, 1997).

En contrapartida vivían 120 mil anglos arriba del Nueces y cuatro mil 500 al sur y oeste del mismo. El despojo estaba consumado y el Destino Manifiesto se enseñoreaba en los anteriores territorios novohispanos y mexicas. Se agudiza el clima antimexicano, los abusos, crímenes y encarcelamientos no cesan. Vienen algunas rebeliones que logran algunas reformas paliativas.

El caso Arizona

Pasados cinco años del despojo, Estados Unidos se hace de otros 30 mil millas cuadradas de territorio mexicano al sur de Arizona y sur de Nuevo México para la extracción de minerales y el trazado de las vías ferroviarias.

En 1887 se descubren grandes yacimientos de plata alrededor de Tombstone que atrae la fiebre de pistoleros como Doc Holliday (John Henry), Johnny Ringo, los tiroteos entre Wyatt Earp y los Clanton en 1881. Estos últimos roban ganado de las estancias mexicanas a lo largo de la frontera con México, matando a sus propietarios a ambos lados de la línea.

Estos atracos estaban consentidos por las autoridades gringas pues lo robado era para satisfacer la demanda de mineros y mantenimiento de fuertes militares contra los apaches. Para 1890 los mexicoamericanos  recurren a la vía organizada en la defensa de sus derechos creando sociedades mutualistas  y sindicatos para afrontar el racismo y explotación de que son objeto por los güeros.

Juan N. Cortina se rebela en 1859, quien sufre en carne propia los abusos y despojos. En un año arrasa desde Brownsville hasta Río Grande y mata a 15 gringos y unos 80 mexicanos vendidos, siendo atrapado en México por tropas de Porfirio Díaz en 1874.

Bracero, un programa de humillaciones

En 1910 los gringos constatan la falta de mano de obra para la producción agropecuaria e industrial y se crea la primera gran ola migratoria. Ya en plena II Guerra Mundial se crea el programa Bracero en busca de mano de obra barata (250 mil trabajadores) para producir los requerimientos gringos en el conflicto entre 1942-1947.

Surge una protesta del gobierno mexicano por el trato inhumano a los connacionales, cancelando la cuota de braceros, pero surgiendo alternamente un tráfico de indocumentados, calculándose solo para Texas unos 120 mil ilegales, dispuestos a ser humillados  con míseros salarios que no encontraban en sus lugares de origen.

Otra guerra de Estados Unidos, ahora contra Corea, da lugar a una segunda versión del programa Bracero entre 1950-53 y lejos de  frenar la entrada de ilegales, ésta aumenta para llegar a medio millón en 1951; 893 mil en 1953 y más de un millón en 1954.

 

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