Pasado y Presente
Díaz Ordaz, las paradojas de su historia
PASADO Y PRESENTE
Por Pedro Alonso Pérez
Díaz Ordaz, las paradojas de su historia
Al amanecer el 27 de marzo de 1968, los habitantes del antiguo San Miguel de las Cuevas, luego llamado San Miguel de Camargo, despertaban con dos gratas noticias, trascendentes para su vida social.
Buena noticia para este pueblo, enclavado a orillas del río Bravo en la frontera tamaulipeca era que, finalmente se cumplía su viejo anhelo de convertirse en municipio – se independizaba de Camargo- pero, además, también amanecía con el rango de ciudad.
En efecto, el decreto legislativo 261 emitido el día anterior por el Congreso del Estado de Tamaulipas establecía: “Artículo Primero. – Se crea el municipio de San Miguel, Tamaulipas. Artículo Segundo. – El poblado de San Miguel se erige en cabecera del nuevo municipio y se le concede la categoría de ciudad.
” Triunfaba de esta forma una larga lucha por la autonomía municipal que venía desde años atrás, al menos desde la década 1940, cuando varios grupos sociales se organizaron para demandar ese reconocimiento sin lograrlo entonces. Incluso, en 1951 arañaron su independencia erigiéndose en municipio de forma efímera; conquista denegada por la posterior legislatura en 1953, argumentando que no fue publicado el decreto legislativo correspondiente y que San Miguel no reunía todos los requisitos legales para tal efecto.
Pero aquella pretensión de autonomía continuaría circulando en toda la comarca ribereña, era una sentida demanda social también en otros lugares fronterizos; en 1961, como respuesta a la petición de sus pobladores se creaba el municipio de Río Bravo, segregando territorio de Reynosa, y en 1966 se reiniciaba la lucha municipalista en San Miguel instalando el Comité Pro-emancipación, organismo plural que mediante diversas gestiones y firmes acciones político-sociales logró al fin en 1968 que fuera aceptada su propuesta: constituir el municipio tamaulipeco número 43.
No obstante, menos de un mes después de aquel alegre despertar, los mismos habitantes de San Miguel lamentarían haber perdido su nomenclatura histórica. El “cuadragésimo sexto” Congreso Local aprobaba el 24 de abril de 1968 otro decreto, el 276, para cambiar el nombre oficial del nuevo municipio y de su cabecera, por “Municipio Gustavo Díaz Ordaz” y “Ciudad Gustavo Díaz Ordaz” respectivamente. ¿Cómo ocurrió tal cambio y Por Qué? Responder a esta cuestión permite mostrar las paradojas de aquel memorable acontecimiento.
Imposición innoble
El licenciado Praxedis Balboa Gojon, a la sazón gobernador del estado, envió al Poder Legislativo la iniciativa que modificaba el nombre, argumentando: “Que el Pueblo y el Gobierno de Tamaulipas reconocen, sin reserva, que el Señor Presidente de la República (sic), Licenciado Gustavo Díaz Ordaz (en el original, título y nombre están escritos con mayúsculas), ha desarrollado en la Entidad (sic) un gigantesco programa de obras materiales de interés público que benefician a todos los sectores sociales…” y continúa el escrito por el mismo tenor alabando sin medida la función gubernamental del “Primer Mandatario de la Nación”, lo cual no era extraño en aquellos tiempos de cultura política priista; lo que si sorprende es el contenido del segundo considerando que a la letra dice: “Que ante la ausencia de antecedentes históricos que justifiquen el nombre del recién creado Municipio de San Miguel, Tamaulipas, el propio Ejecutivo Estatal con el apoyo y simpatía de todos los sectores activos interesados, ha resuelto cambiar el nombre del nuevo Municipio y su cabecera, imponiéndole el del Ciudadano Presidente de la República, para honrar en forma continua y permanente al Estadista que hoy rige los destinos de nuestra Patria.” El texto original está firmado por el gobernador Balboa y el licenciado Pedro de Kératry Quintanilla, entonces secretario general de gobierno, según consta en el archivo histórico del Congreso.
Al día siguiente de recibir este documento, el congreso tamaulipeco dictaminó y aprobó a toda prisa la iniciativa del Ejecutivo, sin modificarle siquiera algún punto o una coma. Y el mismo 24 de abril de 1968 se publicó en el Periódico Oficial el decreto 276 disponiendo: “Artículo primero. – A partir de la fecha en que entre en vigor este Decreto, al Municipio de San Miguel, Tamaulipas se le impone el nombre de Municipio Gustavo Díaz Ordaz, Tamaulipas. Artículo Segundo. – A la cabecera municipal se le impone el nombre de Ciudad Gustavo Díaz Ordaz.” Suscribían esta disposición de efectos inmediatos, los diputados Carlos Quintanilla Meléndez, como presidente y los secretarios, Ma. Del Refugio Perales G. y Gumaro Barrientos Galván. Aquella iniciativa gubernamental convertida íntegra en decreto legislativo, utilizaba el verbo “imponer” (“imponiéndole”, “se le impone”), lo que era muy propio de los tiempos que entonces se vivían, aunque el sentido pretendiera ser otro. Este documento – fuente primaria del acontecimiento histórico con los otros decretos -, es evidencia del contexto de autoritarismo entonces vigente en todo el sistema político mexicano. Se imponían candidatos, se imponían nombres, se imponía casi todo.
Según Daniel Cosío Villegas, aquel sistema estaba basado en dos grandes pilares: un presidencialismo omnipotente y un partido de Estado (PRI) que controlaban por entero el poder político. El presidente de la República sometía a los otros poderes públicos, y medios de comunicación, sindicatos, cámaras empresariales, etc.; en general, la sociedad política y la sociedad civil mexicanas estaban bajo la férula del Ejecutivo federal en turno. Y los gobernadores reproducían en su entidad aquellas prácticas y el mismo esquema de dominación; por tanto, no resultaba ajeno que avasallaran al poder legislativo local, como ocurrió en el caso que nos ocupa. Por supuesto, había antecedentes históricos suficientes que justificaban el nombre de San Miguel al nuevo municipio, así se llamaba desde mediados del siglo XIX, pero el día que, sin consultar a los san miguelenses le cambiaron de nombre – el 24 de abril de1968-, se impuso la cortesanía política inherente al régimen autoritario que existía.
Tres meses después de aquel evento, el 26 de julio estalló el movimiento estudiantil que durante más de noventa días sacudió al sistema político y a la conciencia nacional; con apoyo creciente de la ciudadanía, los estudiantes enfrentaron a base de grandes movilizaciones pacíficas al gobierno antidemocrático de Gustavo Díaz Ordaz (GDO) cuyo secretario de gobernación era Luís Echeverría Álvarez (LEA). Pero a las demandas estudiantiles de libertades democráticas y diálogo público este gobierno respondió con la represión desde el inicio del conflicto; y de manera brutal en Tlatelolco, la noche del 2 de octubre, cuando soldados y francotiradores dispararon a mansalva con saldo todavía indeterminado de muertos y heridos. La represión continuó hasta los primeros días de diciembre, cuando terminó la huelga en la UNAM, el “Poli”, las normales rurales y otras instituciones de educación media y superior. El movimiento del 68 fue derrotado con imposición y violencia gubernamental, pero el país empezó a cambiar con este acontecimiento y grande fue el desprestigio del gobierno – dentro y fuera de México – y en especial del presidente Díaz Ordaz. Ahora lo sabemos, a la larga triunfaron las banderas democráticas del movimiento estudiantil-popular de 1968 y este acontecimiento histórico ejemplar ahora es considerado un parteaguas de la transformación nacional.
Ingrata memoria
Años después de aquel conflicto nacional el exgobernador Balboa publicó, en 1975, un libro de memorias que lleva por título “Apuntes de mi vida”, sin referirse ahí para nada al movimiento del 68, ni a la imposición del nombre de Díaz Ordaz al municipio de San Miguel, Tamaulipas. Tampoco tenía porque hacerlo, puesto que el libro abarcaba temas, recuerdos y sucesos hasta el gobierno de Adolfo López Mateos (1958-1964). Sin embargo, cierra el texto con esta nota: “Aquí termino la primera parte de mis memorias, dejando para la segunda – si es que me alcanza la vida -, mis últimos cuatro años como subdirector de Petróleos Mexicanos, las luchas que sostuve para llegar al Gobierno de Tamaulipas y mi actuación como Gobernador Constitucional del Estado”
La segunda parte de esas memorias continúa inédita. En el fondo documental “Praxedis Balboa” – los archivos del exmandatario local – resguardado en la Biblioteca Estatal “Marte R. Gómez” de la capital tamaulipeca, encontré el manuscrito de esa segunda parte, que tampoco aborda los acontecimientos aquí comentados, pero al menos deja testimonio de las verdaderas opiniones de Balboa sobre GDO y LEA como políticos y gobernantes, entre otras cosas interesantes. No es este lugar apropiado para extenderme sobre ello, solo comentar que, de acuerdo con ese testimonio, el exgobernador tuvo discrepancias con Echeverría (choque, dice el autor) y su opinión sobre Díaz Ordaz estaba muy distante del propósito de “honrar en forma continua y permanente al Estadista”.
En dicho manuscrito (inconcluso, por cierto, pues a Balboa no le alcanzó la vida para terminar y publicar esas memorias), refiriéndose al Díaz Ordaz candidato sucesor, dice don Praxedis que el presidente López Mateos le confió: “me decidí por el Lic. Díaz Ordaz, por considerarlo un hombre de lo más ponderado y prudente (subrayado en el original), incapaz de alterarse ante nada. Imagínese usted – seguía diciendo el presidente – que yo hubiera escogido a Uruchurtu con ese carácter impulsivo que tiene, que no sabe tolerar una broma ni resistir una crítica. ¿No cree usted que un hombre así sería peligroso para el País (sic)?”. Y concluye nuestro autor: “el Lic. López Mateos estaba igualmente muy equivocado con respecto al carácter de Díaz Ordaz, error cuyas consecuencias tuvieron que resentir el mismo en sus relaciones personales con su sucesor y el País (sic) entero cuando los acontecimientos de Tlatelolco”.
Es sabido que las relaciones de Balboa gobernador con Díaz Ordaz presidente no fueron las mejores. Se habla que el mandatario local fue maltratado por el ejecutivo federal e incluso corrió riesgo de ser destituido. Y aunque el autor omite de plano esto en sus memorias, tenemos a la mano otras evidencias: en carta del 23 de junio de 1978 dirigida al licenciado Juan Guerrero Villarreal y publicada por éste, dice Balboa que él estuvo a punto de pasar por un problema similar a la desaparición de poderes de 1947; un testimonio escrito de Valentín Lavín Higuera también arroja algo de luz sobre el asunto, asegurando que Balboa alguna vez le dijo que Díaz Ordaz lo mando llamar, molesto por hechos ocurridos durante la visita de Carlos A. Madrazo a Tamaulipas, y que al entrar a la oficina del presidente escuchó (palabras más, palabras menos) “el vozarrón” de GDO que lo increpaba: “Dé usted gracias de que cayó Dupré Cisneros [gobernador de Durango, removido del cargo en agosto de 1966 mediante la desaparición de poderes], de lo contrario no sería usted gobernador ahora”.
Agrega Lavín que Balboa dio el nombre de Díaz Ordaz al nuevo municipio, “para ganar la voluntad del presidente”. No obstante, años después el exgobernador comentaría al escritor, que con el tiempo este hecho le causaba (a don Praxedis) doble vergüenza: “ser responsable de la decisión y haberse dejado influir por personas cercanas a él para tomarla”.
Es posible que el exmandatario estatal se hubiera arrepentido de aquello, pero no hizo nada por remediarlo, por tanto, vivió con esa “doble vergüenza” y la memoria ingrata de tan cuestionable decisión, paradoja que ni el manto del olvido logró ocultar.
Oportunidad histórica
El municipio de Díaz Ordaz vive en el presente nueva e interesante etapa de su historia política. En general, la entidad tamaulipeca transita por un proceso de cambios de acuerdo con los resultados de la última elección. Una nueva mayoría con diputados locales de Morena en el Congreso Local instala otra época política, la de los llamados gobiernos divididos, donde el poder ejecutivo está en manos de un partido (PAN) y el legislativo en otro distinto, opositor. Y habrá elección de gobernador en junio de 2022 con todas las encuestas a favor del partido del presidente López Obrador. Mientras, Morena gobierna desde octubre de 2021 las principales ciudades y municipios de Tamaulipas, donde se concentra más del 70% de la población. También el pequeño municipio de Díaz Ordaz es gobernado por Morena, con Nataly García Díaz una joven presidenta municipal que ya alzó la voz para plantear el cambio de nombre a su municipio, quitándole el “de un asesino”. Reparar esa historia parece ahora viable, se antoja posible. Bastaría un acuerdo de cabildo y una mayoría simple en el Congreso, para que la legislatura 65 enmendara esa plana, o incluso una consulta popular pudiera iniciar la ruta del desagravio. En cualquier caso, el nuevo contexto político resulta favorable, al menos para discutir seriamente esa posibilidad. Aflora una oportunidad histórica.
Por si fuera poco, el 2 de octubre de 2021 fue creada por decreto presidencial, la Comisión para el Acceso a la Verdad, el Esclarecimiento Histórico y el Impulso a la Justicia de las violaciones graves a los derechos humanos cometidas de 1965 a 1990. Instancia pública de kilométrico nombre que mediante investigación, seguimiento, fiscalización e informes pondrá contra la pared al viejo régimen autoritario y a sus representantes, entre ellos Díaz Ordaz y Echeverría. El primero fallecido en 1979 y el segundo, ya sufrió detención domiciliaria por los crímenes del 68 y la guerra sucia, judicializados por la otrora Fiscalía Especial para delitos contra movimientos sociales del pasado (FEMOSP). Falta aún resarcir los daños a las víctimas, completar toda la verdad, hacer justicia y recuperar la memoria histórica. Ni Díaz Ordaz ni Luis Echeverría saldrán bien librados ante la historia.
Opinión
Saldo electoral 2021: acontecimiento histórico en Tamaulipas
PASADO Y PRESENTE
Por Pedro Alonso Pérez
Saldo electoral 2021: acontecimiento histórico en Tamaulipas
Más allá del lugar común – repetido en estos días como subterfugio o evasión – de que en política nunca se gana todo ni se pierde todo, o, dicho de otra forma, que las victorias y derrotas son relativas, y no duran para siempre; es necesario registrar y valorar adecuadamente los resultados electorales de 2021como acontecimiento histórico en Tamaulipas.
No es ocioso plantearse un cuestionamiento simple: ¿Quién ganó y quién perdió en estas elecciones? Pues las respuestas perfilan el análisis social y político, dimensionando la recomposición del escenario tamaulipeco.
Emerge nueva mayoría
A la luz de los datos hasta el momento disponibles, puede concluirse que Morena y la coalición “Juntos Hacemos Historia” fueron los ganadores en toda la línea. A pesar de ser partido muy reciente, Morena obtuvo 550 mil votos, y superó a los partidos tradicionales, PRI que logró 133 mil, y PAN que casi llegó a los 518 mil votos, de acuerdo con los comicios de diputados de representación proporcional, números estatales que sirven para efectos de registro electoral, prerrogativas y asignación de curules. Del resto de partidos hay menos que decir.
Siendo el partido más votado, Morena ganó además 9 ayuntamientos de los 43 que integran Tamaulipas. Podría pensarse que son pocos al considerar en su conjunto la división municipal, pero en esos municipios morenistas encontramos 7 de las 10 ciudades más grandes en una entidad mayoritariamente urbana. Tamaulipas tiene poco más de tres millones y medio de habitantes, distribuidos en 63 localidades urbanas y 13, 557 rurales; aquí resalta un sistema de ciudades que concentra la gran mayoría de la población tamaulipeca en los principales centros urbanos: Nuevo Laredo, Reynosa, Rio Bravo, Valle Hermoso y Matamoros en el norte, Ciudad Victoria en el centro, y Ciudad Mante, Altamira, Ciudad Madero y Tampico en el sur. Además, cuentan otras ciudades medias y chicas que completan ese concentrado urbano. Así, el 90 % de los tamaulipecos vive en localidades mayores de 2,500 habitantes, y en aquellas 10 ciudades se ubica el 86% del total de población. Habiendo ganado Nuevo Laredo, Reynosa, Rio Bravo, Matamoros, Ciudad Victoria, Altamira, Madero, Díaz Ordaz y Soto la Marina, Morena gobernará alrededor de dos millones y medio de personas, más del 70% de los tamaulipecos, lo cual muestra la importancia de esos triunfos electorales.
Aunado a la implantación territorial que ahora tiene el movimiento por la llamada cuarta transformación, considerando los resultados municipales, conviene poner de relieve también el panorama de cifras que modifican la composición del poder legislativo tamaulipeco. De 22 distritos locales de mayoría relativa, Morena ganó 16 que, junto a los 5 diputados asignados por representación proporcional, sumarán 21 en un Congreso Local de 36 diputados en total por ambos principios. Con esta mayoría legislativa de Morena se configura en la entidad una era política inédita: la del gobierno dividido. Cuando un partido ejerce el poder ejecutivo, pero otro partido o fuerza política distinta cogobierna desde el poder legislativo.
En síntesis, Morena antes gobernaba 4 municipios, ahora subió a 9, pasando de gobernar en ese nivel alrededor de 800 mil personas a más de dos millones y medio a partir de octubre próximo. En cuanto a diputados, solo tenía 1 de 22 de mayoría, ahora tendrá 16; y en total por ambos principios tenía 10 curules, ahora tendrá 21. Y en esta elección federal intermedia, de 9 distritos en disputa ganó 6, dos terceras partes de los diputados federales tamaulipecos. Nadie podría regatearle a Morena estos triunfos político-electorales.
La derrota es huérfana
Estudiar los resultados electorales en las 10 ciudades tamaulipecas más grandes permite observar claramente la magnitud de victorias y derrotas. Utilizo para ello un cuadro comparativo 2018-2021 con cifras electorales de estas zonas urbanas, elaborado por Juan Carlos López Aceves basado en el Programa de Resultados Electorales Preliminares (PREP).
Dejando de lado el ascenso de Morena que subió su votación y porcentaje electoral de 29.80 % en 2018 a 44. 22 en 2021; lo que llama más la atención es la caída de PRI y PAN en dichos centros urbanos. Los números relativos del PAN no reflejan a simple vista el tamaño de la pérdida, aunque bajó de 40.14% a 36.53, pero sí su cantidad de votos, que descendió de 547,328 obtenidos en 2018 a 406,587 en 2021. En tres años el PAN perdió más de 140 mil electores en estas ciudades. No obstante, este partido que gobierna la entidad desde 2016, continuará con la mayoría del territorio municipal, tendrá 29 ayuntamientos – solo 3 de los grandes: Tampico, Mante y Valle Hermoso – pero retrocede, al gobernar ahora a nivel municipal alrededor del 27% de los tamaulipecos. Y de 22 diputados locales bajará a 12, perdiendo el control de la nueva legislatura.
Por su lado, el PRI manifiesta una verdadera debacle electoral en el área analizada: en 2018 aún era un partido competitivo con 309,664 votos y un porcentaje electoral de 22.71, si bien ya había caído entonces al tercer lugar; pero en 2021 apenas obtuvo 84,777 votos, es decir casi 225 mil votos menos que tres años atrás, cayendo también su porcentaje a 7.62 o sea 15 puntos menos de los que tenía en 2018. Este partido no ganó ningún diputado de mayoría igual que en la elección pasada de 2019, y perdió ahora uno de tres diputados plurinominales que tenía. El PRI también perdió 50% de municipios gobernados, tenía solo 8 y ahora contará apenas con 4: Abasolo, Güémez, Guerrero y Jiménez. Arrinconado en áreas rurales, gobernará en esos municipios a menos de 40 mil tamaulipecos, después de haber sido hegemónico en Tamaulipas, desde su fundación como PRI en 1946 hasta 2016.
Acontecimientos históricos y alternancia política
La historia de la difícil transformación política de Tamaulipas en el S. XX registra varios acontecimientos significativos. El primero, en la posrevolución, cuando Emilio Portes Gil funda el Partido Socialista Fronterizo (PSF) en 1924 e inicia con su gobierno en 1925, un largo periodo de hegemonía política conocido como la era portesgilista. Otro acontecimiento histórico trascendente ocurre en 1947 siendo presidente Miguel Alemán, cuando la Comisión Permanente del Congreso de la Unión declara desaparecidos los poderes públicos en Tamaulipas y nombra gobernador sustituto al general Raúl Garate Leglú. Iniciaba así el desmantelamiento del portesgilismo, y la instalación en la entidad del sistema político mexicano, caracterizado según Daniel Cosío Villegas, por la dominación política del PRI y la figura omnipotente del presidencialismo. Instaurado de forma cruenta, el régimen autoritario priista duraría en Tamaulipas más de 75 años, hasta que en 2016 ocurrió otro acontecimiento memorable: la victoria electoral del PAN, que se benefició del hartazgo ciudadano con aquel régimen y empujaba al estado a la alternancia política con Francisco García Cabeza de Vaca electo gobernador.
Pero la alternancia política ya tenía su historia en la entidad. Aún sin conocerse el concepto, apareció por primera vez en Tampico en 1971, cuando un ex alcalde portesgilista de los años 40, Fernando San Pedro apodado “El Pich”, postulado por el Partido Popular Socialista (PPS) ganó la elección municipal. Fue la primera derrota del PRI en un ayuntamiento tamaulipeco, luego vinieron otros triunfos de la oposición, como el de Carlos Cantú Rosas en Nuevo Laredo 1974 y muchos otros después, algunos que incluso costaron sangre y muertos. Tuvieron que pasar 45 años para que la alternancia política llegara al gobierno del estado, fue en 2016 – como dijimos – cuando el PRI perdió la elección frente al PAN en otro acontecimiento histórico.
El presente histórico, el tiempo que vivimos, tiene su origen en aquel pasado. Pero también su propio espesor y profundidad porque está compuesto de varias temporalidades. Reúne en su “espacio de experiencia” al menos un pasado-pasado y un pasado-presente. Por eso resulta interesante el estudio de este acontecimiento político-electoral desde la perspectiva histórica, desde la historia del tiempo presente. El triunfo electoral de Morena fue propiciado, entre otras cuestiones, por dos factores objetivos innegables: el amplio rechazo ciudadano al gobierno panista, a la conducta del gobernador, y el respaldo social al presidente López Obrador. Estos elementos gravitaron y lo seguirán haciendo en el presente de la política tamaulipeca. Esta victoria de Morena no inaugura la alternancia política, pero si posibilita correrla hacia la izquierda en una entidad caracterizada como conservadora en las últimas décadas. Por lo pronto, dicho acontecimiento abrió nuevo ciclo en la historia política de Tamaulipas. No solo la era de los gobiernos divididos queda abierta en la entidad – con un Congreso Local de mayoría morenista – también cierra la corta etapa de dominación panista, al menos en su versión “cabecista”, con las principales ciudades y la mayoría de tamaulipecos bajo gobiernos municipales de Morena. Así, la próxima elección de gobernador se realizará en estas nuevas condiciones generadas por aquel acontecimiento histórico. Y antes deberá cerrarse también, en uno u otro sentido, el expediente abierto del desafuero…
Opinión
Con Valentín, hasta el fin… (III y última)
Pasado y Presente
Por Pedro Alonso Pérez
Con Valentín, hasta el fin… (III y última)
Conocí a Valentín Campa en Ciudad Victoria, en la primavera de 1976. Yo era un joven inquieto que aún no cumplía 18 años, activista en el movimiento estudiantil y las luchas sociales, por lo cual, a finales de 1975 había ingresado al PCM. Este partido no tenía entonces registro electoral – se lo había retirado el gobierno de Miguel Alemán en 1946 – por tanto, actuaba desde la semiclandestinidad en esos años. Sin embargo, en diciembre de 1975, sin abandonar la idea de hacer una nueva revolución “democrática y socialista”, el PCM acordó en su XVII Congreso Nacional participar en el proceso electivo del siguiente año, con candidato propio a presidente de la República, aunque sin registro legal, para impulsar de esta forma la construcción de una verdadera democracia y salir a la luz pública, conquistando la legalidad. Valentín fue el elegido, recibió apoyo de otras organizaciones de izquierda y empezó a recorrer el país en intensa campaña electoral.
Cuando en abril de 1976 llegó a Tamaulipas como candidato presidencial, Campa ya era figura política reconocida por tirios y troyanos. Puesto que, desde su salida de Ciudad Victoria – a finales de 1928 – para asumir responsabilidades nacionales en la lucha obrera y sindical, Valentín había vivido grandes experiencias que difícilmente podrían narrarse aquí en tan poco espacio. Solo rememorar algunas.
En febrero de 1929 – el año del crack capitalista – participó en la fundación de la Confederación Sindical Unitaria de México (CSUM), organización que agrupaba sindicatos petroleros, mineros, campesinos, electricistas y ferrocarrileros, entre otros, así como la Federación Obrera de Tampico. En la asamblea nacional de unificación que creó la CSUM, se eligió su primer Comité Ejecutivo con Julio Antonio Mella (asesinado 15 días antes) como secretario general honorario, el pintor David Alfaro Siqueiros, secretario general y Valentín Campa, que representaba las organizaciones de Monterrey y Tamaulipas, fue nombrado secretario de organización. Pero al año siguiente, Siqueiros se dedicó de tiempo completo a su labor artística y Campa asumió la dirigencia nacional.
En 1930, invitado por la Internacional Sindical Roja fue a Moscú, Leningrado y otras partes de la URSS que conocía por primera vez. A su regreso fue detenido por la policía política, y secuestrado varias semanas, reiniciando su largo periplo por distintas cárceles que había empezado en Ciudad Victoria. A lo largo de su vida Campa fue preso político en 12 ocasiones bajo los gobiernos de 10 presidentes diferentes.
Conocido en algunos segmentos del estudiantado por aquella trayectoria de lucha, especialmente por el movimiento ferrocarrilero de 1958-59 que lo llevó también a la prisión política – la más larga que sufrió -,y por el movimiento estudiantil de 1968 que, entre otras cosas reclamaba su libertad y la de Vallejo, Campa tuvo buena aceptación entre jóvenes y estudiantes en 1976. Además, era el único candidato de oposición en campaña, aunque no tenía registro electoral. El PAN no había postulado representante, y José López Portillo abanderado del PRI era apoyado por los otros dos partidos del sistema político mexicano: el PARM y el PPS. Legalmente López Portillo era candidato único, síntoma preciso de la crisis política y falta de democracia en México, que Valentín y la izquierda denunciaban.
El 25 de abril de 1976 Campa encabezó un evento político en la plaza Juárez de Ciudad Victoria dando espaldas al Palacio de Gobierno. Desde dos meses atrás, las Brigadas Juveniles Comunistas recientemente organizadas, realizábamos diversas actividades de campaña, pintando bardas, pegando carteles, repartiendo volantes y “boteando” en el transporte urbano, creando así un ambiente muy propicio para aquel día señalado. Convocado intensamente y con la debida anticipación, el mitin fue todo un éxito. Me tocó ser el primer orador y dar la bienvenida al candidato, en nombre de estudiantes y jóvenes que lo apoyábamos. (Con aprecio conservo una foto, testimonio de aquel momento inolvidable entre mis recuerdos.) Luego habló un compañero del Movimiento de Organización Socialista (MOS), que por cierto, desde Michoacán con una brigada, había llegado un día antes a la ciudad sin conocerla, con tan mala suerte que fueron detenidos por la policía local y encerrados por estar haciendo una “pinta”; para su fortuna, por la tarde fue detenida también una de nuestras brigadas y se identificaron con ellos dentro de la cárcel, más tarde fuimos a rescatarlos a todos, previo pago de multas y presiones diversas a las autoridades policiacas.
El tercer orador fue Gerardo Unzueta Lorenzana, tamaulipeco miembro del Comité Central del partido, y por último habló Campa, el orador principal como era de esperarse, dio un discurso claro, palabras directas, duras a veces, pero de estilo sincero y sin ambigüedades; me pareció un político diferente, un verdadero luchador social. Así lo conocí aquella tarde, compartiendo improvisada tarima.
Centenares de personas presentes escucharon por primera vez discursos que criticaban la antidemocracia y consignas de izquierda que compartieron coreándolas: “El pueblo-con Campa, aunque-le hagan trampa”. El Gráfico, un periódico local que había sufrido ataques en sus instalaciones y culpaba de ello al gobernador Enrique Cárdenas, publicó en portada el evento y contaba dos mil asistentes. Lo cierto es que fue la concentración más grande de toda la gira tamaulipeca del candidato izquierdista. Posterior al mitin, todavía hubo tiempo para reunir en un domicilio particular al “candidato de los obreros en lucha”, con trabajadores y sindicalistas que querían saludarlo y platicar con él, algunos que lo conocían desde 1926-1928, cuando vivió en Ciudad Victoria.
Un par de meses después se realizó en la ciudad de México el cierre de campaña de Valentín. Fue en la arena México, abarrotada por 20 mil asistentes. Los comités regionales del PCM en Tamaulipas organizaron el traslado de muchos militantes. Varios autobuses rentados salieron de distintos puntos de la entidad. Pude viajar desde Tampico para conocer por primera vez la capital del país y participar en aquel magno evento. Los discursos políticos se mezclaban con gritos y consignas combativas; el canto nuevo, la música de protesta y el folclor latinoamericano no faltaron – entonces la izquierda se identificaba por sus afanes culturales y afinidades musicales –, recuerdo cantar a “Antar y Margarita” una pareja de artistas comunistas, y los miles de gargantas repitiendo el pegajoso estribillo: “Con Valentín, con Valentín, con Valentín-hasta el fin-hasta el fin…” Sin duda estábamos contribuyendo a cambiar a México. Luego vino la elección en julio, votar por primera vez fue la experiencia de muchos; pero no era fácil hacerlo, en la boleta no venía ningún logotipo ni el nombre del candidato, había que escribir “Valentín Campa” abajo en un área reservada a candidato no registrado. Nunca supimos con certeza cuantos votos obtuvimos, pues la autoridad electoral – que entonces era el mismo gobierno – no los contabilizó.
En 1978, Campa publicó Mi testimonio libro donde dice haber recibido al menos un millón y medio de sufragios. Ese año, el PCM obtuvo su registro legal con la Reforma Política, y en 1979 participó en las elecciones para diputados federales, logrando convertirse en tercera fuerza después del PRI y el PAN, con el 5.8 % de la votación nacional y una fracción parlamentaria de 18 diputados, Valentín entre ellos.
Seguí viendo esporádicamente a Campa. En las reuniones nacionales del PCM o de los partidos que le sucedieron en el proceso de unidad de las izquierdas. A veces solo lo saludaba, otras pude platicar o responderle acerca del partido en Tamaulipas, de cómo estaba Ciudad Victoria o de aquel evento de 1976 que también el recordaba. Al pasar el tiempo, la noche del 25 de noviembre de 1999, un grupo de amigos y compañeros que entonces militábamos en el PRD, celebrábamos en la ciudad de México una nostálgica reunión por el 80 aniversario del PCM – fundado en 1919-, y hasta el salón donde estábamos llegó la terrible noticia: “ falleció Valentín ”.
Solo esperamos terminar nuestra reunión y dar el tiempo necesario para que el cuerpo estuviera en los funerales. Llegamos en grupo a despedir a Campa. La coincidencia de aquella reunión y su deceso nos permitió estar esa noche con Valentín, hasta el fin.
19 años después, el 27 de junio de 2018 en el estadio Azteca, durante su masivo cierre de campaña presidencial, AMLO mencionó a Valentín Campa como uno de los precursores de esta lucha. También lo recordó, junto a otros, en su toma de posesión; y en noviembre de 2019 Valentín fue declarado ejemplo de integridad, congruencia y firmes ideales sociales; y por decreto, sus restos fueron trasladados a la Rotonda de las Personas Ilustres. Millones de personas comunes celebramos aquella decisión gubernamental de homenajear a Valentín Campa Salazar, quien murió a los 95 años de edad, pero su ejemplo sigue viviendo.
Opinión
Con Valentín, hasta el fin… (II)
PASADO Y PRESENTE
Por Pedro Alonso Pérez
Con Valentín, hasta el fin… (II)
La huelga general en los ferrocarriles estalló el 22 de febrero de 1927 a mediodía, y Valentín Campa la encabezó en Ciudad Victoria. Pero semanas antes, durante los preparativos del paro, Campa había sido despedido arbitrariamente y se trasladó a Monterrey a reclamar; mientras, la CTC acordó hacer una huelga previa por su reinstalación. La empresa tuvo que reinstalarlo ante este amago laboral y Valentín regresó a Ciudad Victoria, iniciaba así su “bautizo represivo”.
Para detener labores el día señalado hubo que hacer varias maniobras, algunas – realizadas en la madrugada- de franco sabotaje a las locomotoras buscando evitar que funcionaran; otras, a pleno mediodía, al empezar formalmente el movimiento huelguístico. “A esa hora se aglomeraba ahí mucha gente por la llegada y salida de los trenes de pasajeros de Monterrey y Tampico. No había carreteras ni servicio de pasajeros en avión, solo existían los ferrocarriles como medio de transporte”.
Llegaron soldados del 33 Regimiento y ocuparon la estación, el patio y los talleres con toda la intención de obstruir la huelga y aprehender a Valentín, que así lo recuerda: “A bayoneta calada avanzaron hacia mí y me rodearon, mientras el coronel Cabrera me goleaba con su pistola”. Trabajadores, pasajeros y mirones eran testigos de tan cobarde agresión, generando indignación en muchos; tuvo que intervenir el profesor Graciano Sánchez, entonces diputado local portesgilista, que años después sería líder de la Confederación Nacional Campesina (CNC), para frenar los golpes y vejaciones contra los rieleros y en especial contra Campa.
De cualquier forma, éste fue detenido y trasladado a la guarnición militar donde estuvo incomunicado durante tres días. Al salir, sus compañeros le informaron lo ocurrido: “los agraristas de la región, […] decidieron solidarizarse con nosotros, utilizando las prácticas que hacía poco habían aplicado en la guerra civil: quemaron un puente donde se descarriló en forma aparatosa un tren”.
Aquella drástica acción campesina, realizada para evitar que fuera rota la huelga por “esquiroles” traídos por la empresa a manejar los trenes, al parecer se ejecutó con dinamita en el puente de ferrocarril sobre el rio Santa Engracia, al norte de Ciudad Victoria; al menos, en la memoria colectiva regional quedó así registrada, todavía en los años ochenta varios dirigentes ejidales me platicaban de ese acontecimiento de 1927, que habían protagonizado sus padres durante el movimiento agrarista.
Lo cierto es que, aquel descarrilamiento y los sabotajes a locomotoras al arranque de la huelga, fueron usados contra Campa. El presidente Calles con acuerdo de Luis N. Morones, su secretario de Industria, Trabajo y Comercio, ordenó el máximo castigo: pasarlo por las armas. Solo la intervención del gobernador Emilio Portes Gil – adversario acérrimo de Morones – logró evitar que Valentín fuera fusilado. Portes telegrafió a Calles pidiendo anular la orden, argumentando que, si Campa era llevado al paredón, la situación política se tornaría muy complicada. Finalmente, dice Valentín: “La orden de fusilamiento fue cancelada, acompañada de mi extradición inmediata de Ciudad Victoria […]. Me prohibieron regresar al estado de Tamaulipas, me condujeron a un tren y salí con destino a Monterrey”.
No obstante, regresaría a los pocos meses. Antes había viajado a la ciudad de México – que conocía por primera vez – para representar a los ferrocarrileros de la capital tamaulipeca en una reunión nacional. En Monterrey tampoco había perdido el tiempo, pues participó en actividades para fortalecer la Local del PCM en esa ciudad y un Centro sindical en alianza con los anarquistas, en un medio industrial hostil, donde predominaban los sindicatos blancos, llamados “independientes”, al servicio de la Patronal. Valentín había dejado en Ciudad Victoria a su madre y dos hermanas, por ello le urgía regresar. La oportunidad vino en agosto de 1927, cuando “se me presentó un amigo, diputado local de Ciudad Victoria, enviado por Emilio Portes Gil, para expresarme que, iniciada la campaña para la reelección presidencial de Álvaro Obregón, él tenía interés en que yo cooperara en esa campaña y me proponía un buen empleo en la Tesorería del Estado”. Se infiere que fue el profesor Juan Rincón, quién llevó esta propuesta del gobernador; rechazada por Campa porque el PCM se sumaría por su cuenta a Obregón, y por tanto no aceptaba incorporarse con el PSF, le dijo; también le hizo saber que volvería a Tamaulipas.
En efecto, Valentín regresó a la capital tamaulipeca y participó en la recepción al candidato Obregón, y en general en su campaña electoral, apoyada por los comunistas, pero dirigida en la entidad por los portesgilistas. Participó también en otras luchas sociales, como la sindicalización de los trabajadores de La Pedrera, una empresa trituradora de roca ubicada en Tamatán y concesionaria de los Ferrocarriles Nacionales, donde, según Campa: “Los propietarios tenían enormes ganancias basadas en los salarios miserables de los obreros. Un accionista destacado era un señor Zorrilla, quien también tenía plantaciones de henequén”. Por dichas actividades, Valentín volvió a prisión, detenido por la policía del estado en forma muy discreta. “Me llevaron a un calabozo inmundo – nos cuenta – de la cárcel municipal de Victoria donde tenía que respirar por un postigo de la puerta”.
Para su fortuna, informado por los ferrocarrileros, a medianoche llegó el licenciado Francisco Castellanos, gobernador electo, “de posiciones democráticas – dice Campa – y a quién habíamos apoyado en su campaña electoral”. Castellanos intervino para que lo sacaran del calabozo y le dieran mejor trato, mientras llegaba la orden de libertad que él había tramitado ante Portes Gil, convertido ahora en secretario de Gobernación, tras el asesinato de Obregón.
Ya libre, Valentín tuvo que presentarse con el profesor Juan Rincón, gobernador interino, quién le dijo que Portes Gil buscaba su amistad y le ratificaba la propuesta de “un buen puesto en la Tesorería” o de otro adecuado a sus intereses. “Le reiteré mi actitud de no aceptar ningún puesto – afirma Valentín – en el gobierno de Portes Gil y menos ahora que arbitrariamente había ordenado mi secuestro anticonstitucional”. Esta acre respuesta obedece a que entendió como intento de soborno la propuesta portesgilista; y porque al salir de la cárcel fue informado por sus camaradas, que, según investigaciones de ellos, Portes Gil era también socio destacado de la Pedrera de Tamatán, y antes de irse a la ciudad de México, habría dejado instrucciones para encarcelarlo. Lo cierto, es que estaba terminando el ciclo de Valentín Campa en la capital tamaulipeca. A finales de 1928 o principios de 1929 se trasladó a Tampico, entonces epicentro de la lucha obrera y sindical, para incorporarse a tareas nacionales que ya nunca abandonó.
En la tercera y última entrega hablaremos de esas tareas; también de algunos recuerdos personales sobre Campa, a quién conocí en Ciudad Victoria muchos años después de los acontecimientos que venimos comentando.
