¡Hay Dios!
LOS HECHOS
Por José Inés Figueroa Vitela
¡Hay Dios!
Si me lo permiten, en primera persona.
Quiero disculparme con quienes me han privilegiado con la deferencia de la lectura a mis escritos y las consideraciones a mis apreciaciones periodísticas.
Disculparme, porque aunque no he dejado de escribir, el haber incursionado en el servicio público dentro de la representación popular tamaulipeca, le restó espacio, en todos los sentidos, al oficio de la comunicación.
Desatendí las observaciones de quienes preguntaban por las formas y el alcance de mi trabajo de siempre en los medios, atendiendo mis otras responsabilidades.
Este jueves, finalmente presenté mi renuncia al encargo de titular de la Unidad de Comunicación Social del Congreso del Estado Libre y Soberano de Tamaulipas.
Como dice el lugar común: se cumplió un ciclo.
47 años en el oficio periodístico me han permitido ser testigo de innumerables nombramientos y retiros, por las más variadas causas dentro del gobierno y la política.
Por eso cada que me promovían, o me restaban, a mis amigos y conocidos siempre les dije que así es esto del servicio público: no tiene fecha de caducidad ni vigencia.
Cuando me invitaron al servicio público, me resistí, porque siempre había estado del otro lado de la barra, con altibajos e incertidumbres, pero con libertad y gallardía, que es lo más reconfortante del oficio.
Luego me gustó explorar nuevas experiencias y la seguridad que da la formalidad de estas oportunidades, pero nunca pensé que fuera eterno, sino más bien estuve consciente, siempre, de su eventualidad.
Se llegó el momento de volver a lo mío, lo de siempre; desde que tenía 16 años de edad, llegué a un periódico, me ofrecieron trabajo de reportero y me abracé de esta carrera.
Del diputado Presidente, HUMBERTO PRIETO HERRERA, no recibí sino respeto y disposición, para la ejecución de mi trabajo como comunicador y enlace del Congreso con los medios de comunicación.
Igual de los diputados todos, de todas las expresiones políticas con asiento en la Cámara.
A ellos, mi agradecimiento perenne.
También a todo el personal, a cada uno de los integrantes del área que facilitaron el trabajo en forma profesional y esforzada.
Y a mis compañeros periodistas que me permitieron hacer ese trabajo que me fue confiado, con camaradería, colaboración y respeto.
A ellos me integro como siempre lo dije, porque a ellos pertenezco.
A lo largo de mi vida laboral he sido muchas cosas, las más dentro de los medios, pero nunca he dejado de ser reportero.
Cuando me hicieron la invitación a brincar la barra, así se los hice saber y fue mi única petición: no dejar de escribir.
Voy a seguir haciéndolo, Dios Mediante.
ALEJANDRO SANZ escribió y canta:
Podría haber llorado un mar de lágrimas saladas, arrojarme a los abismos y partirme en dos el alma
Desatar la tempestad y el huracán de mi garganta, y confesar desesperado que no puedo con mi rabia, aunque en mi actitud no soy tan evidente…
Eso dice él, yo no.
Yo sé, hay Dios… y sé que sabe de emoción