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A 139 años, Matilde Montoya: la mujer que abrió las puertas de la medicina en México

A 139 años, Matilde Montoya: la mujer que abrió las puertas de la medicina en México
  • Publicadoagosto 24, 2026
  • La primera médica titulada del país enfrentó reglamentos excluyentes, ataques públicos y prejuicios sociales antes de presentar su examen profesional en agosto de 1887.

Ciudad de México.— El 24 de agosto de 1887, Matilde Petra Montoya Lafragua presentó la primera parte de su examen profesional en la Escuela Nacional de Medicina, un hecho que abrió el camino para que las mujeres mexicanas pudieran ingresar formalmente al ejercicio de la medicina y a otras profesiones científicas.

La evaluación se desarrolló durante dos jornadas. El primer día, Montoya presentó el examen teórico ante un jurado integrado por seis profesores; el 25 de agosto realizó la prueba práctica en el Hospital de San Andrés, donde examinó pacientes y efectuó las disecciones solicitadas. Fue aprobada por unanimidad y se convirtió en la primera mujer mexicana titulada como médica, de acuerdo con registros de la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional Autónoma de México.

A la evaluación asistieron familiares, periodistas, maestras y mujeres de distintos sectores sociales, además del entonces presidente Porfirio Díaz y su esposa, Carmen Romero Rubio. La presencia del mandatario fue interpretada como un respaldo ante las resistencias que Montoya enfrentó durante su formación académica.

Nacida el 14 de marzo de 1857 en la Ciudad de México, Matilde Montoya mostró desde niña interés por el conocimiento. Primero estudió obstetricia y, el 12 de mayo de 1873, cuando tenía 16 años, obtuvo el título de partera. Posteriormente ejerció en Puebla, donde decidió continuar su preparación para convertirse en médica.

Su incorporación a un espacio educativo reservado prácticamente para los hombres generó ataques y cuestionamientos. Sectores conservadores la acusaron de transgredir las normas sociales de la época por estudiar anatomía y participar en prácticas con cadáveres masculinos.

La Secretaría de Educación Pública documenta que su examen profesional provocó un intenso debate público. Mientras algunas publicaciones cuestionaron su conducta y capacidad, escritoras y defensoras de la educación femenina celebraron el acontecimiento como una conquista frente a las restricciones impuestas a las mujeres.

Montoya también enfrentó obstáculos administrativos. Los reglamentos escolares utilizaban la palabra “alumnos” y no contemplaban expresamente la inscripción o titulación de mujeres. Además, autoridades educativas cuestionaron la validez de algunas materias que había cursado de manera particular.

Ante estas barreras, solicitó la intervención de Porfirio Díaz. Primero obtuvo facilidades para acreditar asignaturas pendientes y, posteriormente, una disposición que le permitió presentar el examen profesional sin esperar una modificación legislativa.

Su tesis, titulada “Técnica de laboratorio en algunas investigaciones clínicas”, abordó temas relacionados con la bacteriología y destacó la importancia de la microbiología para conocer el origen de las enfermedades infecciosas, según la Gaceta de la Facultad de Medicina de la UNAM.

Después de titularse, Montoya ejerció la medicina durante varias décadas. Atendió principalmente padecimientos de mujeres, niñas y niños, y mantuvo consultorios en Mixcoac y Santa María la Ribera, donde ajustaba el costo de sus servicios a las posibilidades económicas de sus pacientes.

También participó en organizaciones de mujeres como el Ateneo Mexicano de Mujeres y, en 1925, colaboró con la doctora Aurora Uribe en la fundación de la Asociación de Médicas Mexicanas. Sin embargo, no fue incorporada a las academias médicas de su tiempo, integradas exclusivamente por hombres.

Matilde Montoya falleció el 26 de enero de 1938, cinco meses después de recibir un homenaje por sus 50 años de trayectoria profesional.

A 139 años de su examen, su historia representa mucho más que la obtención de un título universitario: marcó la ruptura de una barrera institucional y cultural que limitaba el acceso de las mujeres a la educación superior. Su perseverancia amplió las posibilidades profesionales de generaciones enteras y la convirtió en una figura fundamental de la medicina y de la lucha por la igualdad en México.

Fuentes consultadas: Facultad de Medicina de la UNAM, Gaceta de la Facultad de Medicina de la UNAM, Secretaría de Educación Pública y FES Iztacala de la UNAM.

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La Talacha Noreste

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