Claudia Sheinbaum: firmeza y carácter frente a dos años de turbulencias
- La presidenta llega a su Segundo Informe con una economía que ha resistido las amenazas comerciales de Donald Trump, una política social ampliada y avances en empleo, salarios y seguridad. Su principal fortaleza política ha sido sostener el proyecto iniciado por López Obrador sin renunciar a construir un estilo propio: menos estridente, pero igualmente firme en la defensa de la soberanía y de los principios de la Cuarta Transformación.
Por Francisco Cuéllar Cardona
Claudia Sheinbaum Pardo llega a su Segundo Informe de Gobierno después de recorrer un tramo particularmente complejo de la historia reciente de México: la vuelta de Donald Trump a la Casa Blanca, las amenazas de aranceles, las presiones migratorias, los reclamos estadounidenses en materia de seguridad y una ofensiva opositora que, desde el inicio de su administración, apostó por una ruptura con Andrés Manuel López Obrador.
Nada de eso ocurrió como esperaban sus adversarios.
La primera mujer presidenta de México no rompió con su antecesor, tampoco se subordinó al gobierno estadounidense ni modificó el sentido social del proyecto que la llevó al poder. Optó por la continuidad con sello propio: defendió el legado de López Obrador, mantuvo los programas sociales, profundizó la recuperación salarial y buscó responder a las crisis con paciencia, información y negociación.
Su estilo ha sido distinto, pero el proyecto permanece.
Sheinbaum gobierna con una combinación de disciplina técnica, prudencia política y firmeza ideológica. Frente a Trump evitó la confrontación inútil, pero también el sometimiento. Ante la oposición interna resistió campañas, descalificaciones y presiones para distanciarse del fundador de Morena. Y frente a los problemas nacionales procuró conservar el rumbo sin desconocer que persisten rezagos graves en seguridad, salud y crecimiento económico.
La mayor prueba externa de su gobierno ha sido la relación con Donald Trump.
Desde su regreso a la Presidencia de Estados Unidos, Trump volvió a colocar a México en el centro de su discurso sobre migración, narcotráfico, fentanilo, comercio y seguridad fronteriza. Amenazó con aranceles generales, acusó a México de no hacer lo suficiente contra los cárteles y mantuvo abierta la posibilidad de realizar acciones unilaterales.
La presidenta Sheinbaum respondió con una fórmula que terminó definiendo su política exterior: “coordinación, sí; subordinación, no”.
En febrero de 2025 consiguió pausar la aplicación de aranceles generales de 25 por ciento. México desplegó 10 mil elementos de la Guardia Nacional en la frontera norte, mientras Washington se comprometió a trabajar para frenar el tráfico de armas de alto poder hacia territorio mexicano.
Meses después, ante una nueva amenaza de imponer aranceles de 30 por ciento, obtuvo otra prórroga de 90 días para continuar las negociaciones comerciales. Los bienes que cumplen las reglas del T-MEC —la mayoría de las exportaciones mexicanas— conservaron un acceso preferencial al mercado estadounidense. Reuters documentó la negociación y la suspensión arancelaria.
No todos los problemas fueron resueltos. Permanecieron gravámenes y controversias en sectores como el automotriz, el acero, el aluminio y el cobre. Sin embargo, México evitó el escenario de una guerra comercial generalizada que habría golpeado la inversión, el empleo y el tipo de cambio.
La estrategia de la Presidenta consistió en no responder a cada provocación con otra provocación. Mantuvo abiertos los canales diplomáticos, fortaleció la coordinación de seguridad y presentó a México como un socio estratégico imposible de sustituir en la economía de América del Norte.
Incluso Trump, después de varios desencuentros, terminó reconociéndola públicamente como una dirigente fuerte. La llamó “una líder maravillosa”, en vísperas de la revisión del T-MEC.
La relación sigue siendo incierta, pero México llegó a la revisión comercial sin romper con Estados Unidos, sin renunciar públicamente a su soberanía y sin aceptar operaciones militares extranjeras en su territorio.
La incertidumbre provocada por Trump, la desaceleración internacional y la cautela de los inversionistas presionaron a la economía mexicana. El crecimiento ha sido moderado y está lejos de constituir el punto más fuerte del balance gubernamental; sin embargo, tampoco se produjo el colapso económico que algunos sectores anticipaban.
Durante el segundo trimestre de 2026 la actividad económica mostró una reactivación; el peso mantuvo fortaleza frente al dólar, ayudado por la estabilidad política; el salario base de cotización aumentó 6.7 por ciento anual. Para 2026 aumentó 13 por ciento, al pasar de 278.80 a 315.04 pesos diarios en la mayor parte del país. El incremento representa la continuidad de una política iniciada durante el sexenio anterior: recuperar el poder adquisitivo después de décadas de contención salarial.
El bienestar como eje de gobierno
El principal vínculo político y social entre López Obrador y Sheinbaum está en los programas de bienestar.
Lejos de reducirlos, la presidenta los mantuvo como derechos constitucionales y agregó tres políticas emblemáticas: la Pensión Mujeres Bienestar, la beca universal Rita Cetina para estudiantes de educación básica y Salud Casa por Casa, mediante la cual personal médico visita a adultos mayores y personas con discapacidad.
Para 2026, las pensiones y programas prioritarios plantearon llegar a alrededor de 20 millones de personas. Sólo la Pensión para Adultos Mayores atendía a 12.7 millones de derechohabientes y requirió casi 79 mil millones de pesos para el bimestre julio-agosto. La Secretaría de Bienestar detalló la dispersión de esos recursos.
Los datos más recientes sobre pobreza corresponden a 2024 y, por tanto, reflejan principalmente el cierre del gobierno de López Obrador, no los dos años completos de Sheinbaum. No obstante, constituyen la base social que la presidenta decidió preservar.
En el rubro de seguridad, pese a la narrativa tóxica de la oposición, la estrategia se sostiene sobre los cuatro pilares: atención a las causas, fortalecimiento de la Guardia Nacional, inteligencia e investigación y coordinación con los estados.
La figura y el trabajo de Omar García Harfuch le ha dado peso y sustento al tema de la seguridad; los operativos contra generadores de violencia, laboratorios de drogas, armas y estructuras financieras del crimen organizado, que permanentemente ha informado en Las Mañaneras, dan certeza, pese a la guerra de mentiras del PRIAN.
El mérito del gobierno federal, está en haber colocado la inteligencia y la coordinación en el centro de la estrategia, y en eso García Harfuch, ha sido fundamental.
No romper con López Obrador
Desde antes de asumir la Presidencia, a Claudia Sheinbaum se le exigió una definición que pocas veces se planteó a otros mandatarios: romper con quien la precedió para demostrar que gobernaba por sí misma, incluso, le presión gringa no ha cesado para que eso ocurra.
La oposición buscó presentar cualquier continuidad como subordinación y cualquier diferencia como una fractura. La presidenta no aceptó ese dilema.
Su resistencia a romper con AMLO es también una decisión política. Morena conserva su cohesión porque la presidenta ha evitado una disputa por el pasado y ha concentrado su esfuerzo en prolongar el proyecto hacia el futuro. El último episodio de Andy López y Rubén Rocha que generó una gran escaramuza mediática, suponiendo una supuesta ruptura, fue manejado con firmeza por la presidenta.
La mujer que resistió
En estos casi dos años, Claudia Sheinbaum ha soportado críticas legítimas, pero también ataques cargados de clasismo, misoginia y descalificaciones personales. Ha enfrentado campañas que pusieron en duda su autonomía, su capacidad de mando y hasta su condición de jefa de Estado.
Su respuesta habitual ha sido la serenidad.
No es una presidenta de grandes arrebatos. Su fortaleza está en la constancia, la disciplina y la capacidad de esperar el momento político. Frente a Trump no se dobló; frente a la oposición no perdió el rumbo; frente a las presiones para romper con López Obrador defendió la legitimidad del movimiento que representa.
El balance, sin embargo, no debe ocultar los pendientes. México necesita crecer más, mejorar de manera profunda sus servicios de salud, abatir la violencia, reducir la informalidad laboral y garantizar que las grandes obras y programas se ejecuten con transparencia y eficacia.
En este su Segundo Informe, Sheinbaum puede sostener que el país no se desbordó ante la incertidumbre externa, que la economía resistió, que el empleo formal alcanzó niveles elevados, que el salario continuó recuperándose y que la política social no retrocedió.
Claudia Sheinbaum llegó a Palacio Nacional con la pesada responsabilidad de suceder al dirigente más influyente de la izquierda mexicana contemporánea. Casi dos años después, ha demostrado que se puede ser leal a una historia sin renunciar a una personalidad propia.
Su gobierno todavía está en construcción y deberá ser evaluado por los resultados de todo el sexenio. Pero en el tramo más difícil resistió sin romper, negoció sin someterse y defendió la soberanía sin aislar a México.
Esa firmeza —silenciosa, paciente y estoica— es, hasta ahora, la marca política de su Presidencia.