Homero Hinojosa

Homero Hinojosanoviembre 30, 2019
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CABRITO NEWS

Por Homero Hinojosa

Seguimos reprobados

Medir la corrupción en todo el mundo se ha convertido en una buena práctica cada vez más recurrente.

Ya no solo se publican índices relacionados con el sector público. Aparecen cada vez más compañías y estudios que monitorean la corrupción a nivel empresarial y civil.

Nuestro país ha sido especialmente seguido y clasificado durante muchos años bajo el llamado Índice de Percepción de Corrupción (CPI), desarrollado por Transparencia Internacional. 

El CPI publica cada año un reporte que presenta resultados con base en regiones y países de prácticamente todo el mundo. Sus mediciones iniciaron al alrededor de la mitad de los años 90´s y han sido referencia favorita de muchas instancias oficiales y particulares, así como de medios de comunicación.

Su metodología se basa en la realización de entrevistas a expertos en el tema de corrupción en cada país y la estandarización de sus resultados. El valor final del CPI es el resultado de un número entre 0 y 100, donde los números más bajos indican una peor percepción de corrupción en cada país y los más altos indican un mejor nivel. 

México, por ejemplo, ha ido en notable retroceso en cuanto a corrupción a pesar de las declaraciones recientes de nuestro Presidente respecto a que ha mejorado. 

Nuestro país registró en 2018 un valor de 28, con lo que se coloca en la posición 16 de los 20 países de América Latina. Es decir, seguimos muy reprobados con respecto al resto del mundo

La corrupción no solo se da en el sector público por estos días. Este tipo de males sociales alcanza y afecta cada vez más al sector empresarial. Según un estudio de la Asociación Mexicana de Profesionales de Ética y Cumplimiento (AMPEC) cada cuatro de cinco negocios que operan en México han sido participes o víctimas de algún acto de corrupción.

El giro de empresas es fácil de identificar: construcción, servicios inmobiliarios, siderurgia, vidrio, papel, hotelería y telecomunicaciones.

La corrupción en el sector privado ocurre en manejos de «plomería» fina en donde se sigue operando a nivel de prestanombres y empresas fundadas con expectativa de corta vida. El sector de la construcción sigue un “modus operandi” ya muy reconocido en este aspecto.

Lo más preocupante es que la corrupción también ya se da a nivel de sociedad, es decir, entre los mismos ciudadanos. Por ejemplo, hoy es común la venta de «plazas» y «cuotas» para trabajar de doctor, abogado o constructor en muchas de nuestras ciudades de la frontera norte.

Tal parece que la corrupción es un mal con el que nos hemos ya acostumbrado a vivir, un elemento esencial para que funcionen mejor las cosas y un fenómeno al que cada vez se le da menos importancia combatir en serio.

El problema no solo es grave, sino terminal. Erradicarla se antoja una tarea monumental que merece políticas y reglamentaciones que aun no figuran entre las estrategias que se están siguiendo en el presente. Urge ya la intervención de terceros independientes y neutrales para detectarla, actuar y fiscalizar.


Homero Hinojosanoviembre 23, 2019
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Cabrito News

Que no falte la Prensa

Por Homero Hinojosa

Una profesión en camino seguro de transformación en México —que no de extinción— es el Periodismo.

“Pero si están cerrando periódicos”, dirán muchos lectores. Y pueden estar en lo correcto. Sin embargo, la migración del formato de papel a las plataformas digitales es un tema que mantiene ocupados hoy a muchos directivos de diarios tradicionales.

La tendencia es irreversible. Cada vez habrá menos diarios impresos y, en cambio, veremos más portales y plataformas digitales que nos presentarán y harán llegar las noticias. La esperanza, en todo esto, es que sigan existiendo reporteros, fotógrafos, columnistas y editores que nos den sentido al día-día y nos mantengan bien enterados de lo que ocurre tanto en nuestras localidades como en el orbe en general.

El rol del periodista es vital para la sociedad. Alguien tiene que poner orden a la cacofonía informativa que reina en el entorno y tiene que validar, neutralizar y frenar tantas “noticias” que por ahí circulan.

Sin embargo, este bello oficio está cada vez más amenazado por los enemigos de la libertad de expresión.

“¿Qué? ¿Han asesinado periodistas?”, preguntó Rosario Piedra Ibarra  justo al asumir la Presidencia de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos hace unos días.

La respuesta es sí y muchos. Según datos revelados hace unos días por la misma CNDH, tan solo en el presente año se han registrado por lo menos 13 asesinatos contra informadores sociales, la más alta registrada en cualquier sexenio. En 19 años la cifra que maneja este organismo alcanza los 153 comunicadores que han muerto en cumplimiento de su misión.

Ejercer esta noble profesión no es nada fácil ahora y mucho menos con un Jefe de Gobierno que casi todos los días arremete contra la prensa independiente. Ello aunado a la falta de garantías, continuas amenazas y un entorno cada vez más turbio en lo social que contribuyen a tener una mezcla de obstáculos para realizar un buen Periodismo en nuestro país.

La forma de hacer periodismo en México es sin duda muy diferente a la  practicada en el Siglo 20. Los reporteros y editores han aprendido muchas lecciones en años recientes y la profesión podría calificarse hoy como “difícil, pero desafiante».

Abundan las noticias negativas y fácil sería no publicarlas. Muchos periodistas han aprendido a ser cautelosos y recurrir frecuentemente a la «auto-censura» para evitar convertirse en una caja de resonancia de la información de violencia.

Sin embargo, no se pueden ocultar los sucesos trágicos cuando contienen elementos de impacto para la sociedad y, sobre todo, para mostrarle a nuestras autoridades los altos índices que ha alcanzado la violencia.

La tarea no se antoja nada sencilla en los próximos años. Las innovaciones y las nuevas tecnologías ofrecerán espacios para poder seguir ejerciendo el Periodismo y vendrán nuevas opciones de modelo de negocio que seguramente lo respaldarán financieramente.

El reto mayor está en que la comunidad siga reconociendo que una prensa independiente es necesaria para garantizar la paz, la democracia y la libertad. Los riesgos inherentes están bien identificados y serán asumidos por los periodistas de manera valiente como siempre lo han hecho, aún con autoridades que buscan minimizar o ridiculizar su rol en la sociedad.


Homero Hinojosanoviembre 16, 2019
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Por Homero Hinojosa

Marcelo, el Vice

A diferencia de otros países del mundo, en México no existe el cargo de Vicepresidente de la República. En Estados Unidos la hay, en la figura de Mike Pence.

Algunos vicepresidentes tienen mucho poder, como fue el caso de Dick Cheney durante la administración de George Bush hijo. Su poder y rango de acción eran prácticamente ilimitados como bien se ilustra en una polémica película, “Vice”.

Un dato importante es que en el pasado sí tuvimos vicepresidentes en México. Con la Constitución de 1824 apareció el cargo pero con la Constitución de 1917 se abolió. El último vicepresidente mexicano fue José María Pino Suárez hasta 1913.

¿Por qué desapareció este puesto en el esquema de Gobierno? Una explicación tiene que ver con la influencia que muchos de nuestros “ex-vices” alcanzaron y que llevó a tener algunos períodos con poderes prácticamente compartidos con el Ejecutivo al mando.

Los constituyentes de 1917 optaron por eliminar esta función para evitar que otros hicieran sombra al caudillo que llegaba al poder. Desde entonces, salvo algunas excepciones, se ha dado en México un Presidencialismo dominante, en donde nuestro mandatario en turno hace y deshace a conveniencia. Hasta ahora.

Y decimos hasta ahora porque un personaje del gabinete, aunque no tiene el cargo oficial, parece estar operando como un auténtico vicepresidente. Su nombre: Marcelo Ebrard.

Nuestro secretario de Relaciones Exteriores ha adquirido una influencia y notoriedad especial. Su intervención más evidente se manifestó esta semana con la planificación y ejecución de la Operación “Salven a Evo”.

Su rol fue más allá de la definición de estrategia de traslado. Marcelo tuvo que realizar muchas negociaciones para poder diseñar una ruta de huída para Evo.

En una de las conferencias “mañaneras” confirmó que negociaciones difíciles con Brasil, Perú y Ecuador fueron realizadas para permitir que el avión con Evo a bordo pudiera cruzar por estos países que no lo querían.

Diplomático de formación y oficio, Ebrard es quien mete las manos por nuestro Presidente. Su capacidad de negociación (propia de cualquier vicepresidente) aparece a la hora de rescatar también al periodista Jorge Ramos de Venezuela así como intervenir en Sonora para encarar la matanza contra los Le Baron.

Nuestro secretario fue un fuerte aspirante para las elecciones del 2018. Las encuestas avalaban que tenía popularidad, pero decidió hacerse a un lado para que su amigo y actual jefe, López Obrador, fuera quien llegara a la silla presidencial.

Como buen estratega, muy inteligente y negociador se ha podido consolidar como un poder alterno, que maniobra con sus lentes oscuros realizando eficiente plomería en las cañerías de la política y la diplomacia.

Marcelo es incansable, duerme poco, por eso aparece de repente en fotografías y “memes” echándose una siesta en el avión.

Todo un vicepresidente sin cargo oficial como tal, pero en la práctica —que es donde finalmente se cristalizan los resultados— Marcelo Ebrard es un poder alternativo que resuelve muchas cosas en donde AMLO se declara incapaz o simplemente le saca la vuelta involucrarse.


Homero Hinojosanoviembre 9, 2019
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Por Homero Hinojosa

Primer Round

Nuestro Presidente está por cumplir un año de Gobierno en unos días. No puede escapar, ciertamente, a una evaluación en su desempeño y en los resultados que ha mostrado en estos doce meses.

Andrés Manuel López Obrador llegó el 1 de diciembre de 2018 con la mayor popularidad que ha tenido un mandatario en la historia contemporánea de México. Indiscutibles eran las estadísticas que meses antes de las elecciones lo marcaban como evidente triunfador, con un margen de victoria demasiado cómodo.

Las esperanzas de millones de mexicanos por un cambio —ahora sí real— se volcaron hacia una figura que proclamó la famosa Cuarta Transformación (4T) como su lema de Gobierno.

Son claras las políticas sociales emprendidas por AMLO, enfocadas a una sustancial mejora en el nivel de calidad de vida en el País y una disminución radical en la burocracia.

Son visibles algunas acciones para emprender una incansable lucha contra una corrupción que merma el desarrollo económico y social (aunque permanece sin tocar a dos figuras claves: el ex presidente Enrique Peña Nieto y el titular de la CFE, Manuel Bartlett).

Es de reconocer que durante estos meses de transición el tipo de cambio se ha mantenido estable, aunque las señales en el entorno apuntan hacia una recesión y un menor crecimiento para los próximos dos años.

Para muchos, sin embargo, López Obrador ha sido un Presidente tibio, cauteloso y de mucha lengua más que de acciones concretas. Una calificación adecuada para su Gobierno podría resumirse en dos palabras: “gestión superficial”.

Ha sido un mandatario que en sus mecanismos de propaganda busca promover la prosperidad de un País, pero no ha mostrado muchos resultados en sus políticas que impacten favorablemente la economía. El mejor ejemplo fue la cancelación del nuevo Aeropuerto Internacional en Texcoco.

Las críticas más notables se enfocarían hacia tres aspectos. En primer lugar, el asomo de una estrategia tímida y cautelosa frente al crimen organizado y la falta de rumbo en materia de seguridad nacional y regional que quedó en evidencia con lo ocurrido en Culiacán.

En segundo lugar la falta de experiencia y coordinación en su Gabinete. AMLO no ha logrado inculcar un trabajo de equipo entre las diferentes secretarías. De ahí que hayan surgido varios cambios (el más notable en Hacienda) y que exista traslape en decisiones trascendentales para el País.

Y tercero, la carencia de congruencia en las ideas y palabras de nuestro Presidente que ha convertido su discurso diario y sus entrevistas en peligrosos monólogos construidos con base en rencores, miedos y pésima información que le llega. Sus intervenciones se han convertido en una oportunidad para exponer a “adversarios” y denunciar una Prensa que se ha salido de su bozal.

Hace doce meses nuestro Presidente llegó con una visión fresca y unas buenas intenciones de transformar al País. Ha pedido un año más para mostrar resultados.

AMLO no solo tiene ese año, sino cuatro más para rectificar, renovar cuadros en su Gabinete y apoyarse en asesoría basada en buena información de inteligencia y en escenarios que apuesten a acciones más pragmáticas y efectivas, sobre todo en temas de seguridad.


Homero Hinojosanoviembre 2, 2019
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El desencanto de “La Mañanera”

Por Homero Hinojosa

Casi puntualmente a las 7 de la mañana, de lunes a viernes, el presidente Andrés Manuel López Obrador hace su aparición en la tradicional conferencia conocida como “La Mañanera”.

Solemne, la mayor parte de las veces serio, AMLO comparece ante periodistas nacionales y extranjeros, youtubers y uno que otro “palero” que funge como distractor de los temas calientes y en otras más actúa como adulador.

Están por cumplirse este mes 250 intervenciones mañaneras desde que iniciaron el 1 de diciembre del 2018. De acuerdo al Gobierno Federal, con las conferencias se busca ejercer la transparencia y rendición de cuentas.

Empero, es muy común que durante su desarrollo aparezcan afirmaciones no verdaderas o imposibles de comprobar, así como refutaciones a preguntas y pruebas de los periodistas con la famosa frase “yo tengo otros datos”.

El pasado jueves fue una “mañanera” caliente. Continuaron los cuestionamientos severos de los reporteros sobre Culiacán y el Presidente contestó, citando a Gustavo Madero, que los periodistas en México “muerden la mano que les quitó el bozal” y repitió en diversas ocasiones que practican el amarillismo. Fue un quiebre histórico, que marca un antes y un después en la relación del mandatario con la Prensa.

AMLO fue más allá para hacer más controvertida esa reunión, ya que pidió se revelara el nombre del coronel responsable del operativo de captura de Ovidio Guzmán en Culiacán hace unos días. La mayoría de los medios advirtió del riesgo al incurrir en esa decisión.

Tras el vergonzoso episodio del jueves resulta oportuno cuestionar el interés real que se busca con la producción de “La Mañanera”. Ello porque se trata de un evento inédito en todo el mundo: tener a un Presidente hablando desde las 7 de la mañana a todo un País.

Para muchos esto es el mejor ejemplo de protagonismo y de populismo. Generalmente se espera de un gobernante más acciones y hechos que “declaracionitis” y amenazas verbales continuas, particularmente contra la Prensa independiente.

Se reconoce que el presidente tenga la voluntad de informar a su País. Hay gobernadores y alcaldes mexicanos que “se desaparecen” tan pronto asumen sus cargos, se la pasan viajando y dejando a sus secretarios dando la cara a los medios y a la opinión pública.

Sin embargo, la exposición de López Obrador se va totalmente al extremo opuesto. El exceso de apariciones, comentarios y condenas lleva a crear una agenda que parece querer imponerse para opacar las revelaciones que esa mañana aparecen en la prensa nacional (aunque a veces se logra poner en la mesa una investigación de Reforma que molesta a nuestro Presidente).

“La Mañanera” ha perdido su encanto y el factor novedad. Su impacto mediático se ha vuelto predecible y, por ende, poco efectivo. Comienza a rayar incluso en el entretenimiento y en otras ocasiones en evidente enfrentamiento (con la Prensa).

Los mexicanos no necesitamos estar enterados cada minuto por el Presidente, sino esperamos un informe detallado cuando la ocasión lo amerite. Lo demás es montaje gubernamental y protagonismo innecesario.

Quizá sea buen momento para que alguien le comente que la modalidad inaugurada el 1 de diciembre ya no funciona, que Presidencia debe hacer menos producción mediática y, por otro lado, ejecutar más acciones de Gobierno. Éstas últimas serán más agradecidas por los mexicanos.


Homero Hinojosaoctubre 26, 2019
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Por Homero Hinojosa

Sumemos, no restemos

Paz social y seguridad. Son dos derechos que como mexicanos buscamos tener, pero cada día que pasa vemos complicado disfrutar.

Luego de observar los recientes acontecimientos de violencia que acontecieron en diferentes rincones de nuestro querido México persiste entre la población la duda de que si algún día nuestras autoridades lograrán mejores resultados para prevenir y reducir la violencia que ha escalado a niveles macabros.

Sexenios van, otros más llegan y nada mejora. Pasan los años sin noticias positivas y crecen las estadísticas negativas. ¿Hasta cuando?… preguntamos todos los días en nuestros hogares.

La respuesta tiene que ver finalmente con la capacidad de acción y los recursos que inviertan nuestras autoridades para aplicar la ley con severidad, mejorar nuestros mecanismos de justicia y depurar a todas las policías, tanto locales como federales.

Uno de las principales barreras a superar es la evidente división de competencias entre autoridades de los tres tipos de gobierno (municipal, estatal y federal). Ello generalmente se manifiesta en una falta de coordinación entre las policías y autoridades de procuración y administración de justicia en todo el país. 

Ciertamente el problema que vivimos ha crecido a nivel exponencial, pero todavía se puede hacer mucho en el terreno preventivo y combativo desde la parte civil y familiar. Es decir, los ciudadanos podemos alternar con nuestras autoridades en este esfuerzo para alcanzar mayor seguridad y tratar de reducir la violencia.

Por ejemplo, la campaña Juntos por la Paz que lanzó recientemente el gobierno federal busca coordinar esfuerzos entre diferentes autoridades para prevenir y combatir el uso y dependencia de las drogas. Esta iniciativa forma parte de la Estrategia Nacional para la Prevención de Adicciones que ya se aplica en varios estados.

Su objetivo principal es inhibir la adopción y recurrencia de fármacos entre los jóvenes principalmente a través de pláticas donde se les enseña a discernir sobre los peligros de caer en las adicciones. 

Esta campaña, bien gestionada y fiscalizada, luce como una buena alternativa. Sin embargo, urge fomentar más programas preventivos a nivel local apoyados con supervisión paterna, ya que el hogar sigue siendo la mejor fuente de detección temprana y de control.

La meta al final es promover un cambio hacia una nueva cultura de protección en la sociedad. Hay quienes criticarán que comenzar este tipo de acciones se antoja una respuesta ya muy tardía y poco práctica a un problema ya demasiado complejo debido a la penetración de la drogadicción a todos los niveles sociales.

Sin embargo, cerrar los ojos, resguardarse en el hogar sin hacer nada y continuar quejándose son medidas que restan esfuerzos en lugar de sumar.

Los mexicanos ya hemos superado situaciones difíciles (terremotos, huracanes) trabajando de manera colectiva. No perdamos la esperanza de que somos capaces de actuar con mayor arrojo y más organizados con el fin de proteger a nuestros hijos y a nuestras familias en general.


Homero Hinojosaoctubre 19, 2019
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Por Homero Hinojosa

Los «Fidelitos» mexicanos

Don Fidel Velázquez podrá ser recordado en la Historia de México por muchas cosas. Sin embargo, si algo en especial distinguió al ex-líder de la CTM (quien murió en 1997) es haber definido un estilo peculiar longevo en el sindicalismo mexicano, legado que aún perdura.

El célebre líder obrero se lleva la presea de oro en cuanto a cantidad de años de haber permanecido intocable al frente de un sindicato, la CTM (47 años). Lo siguen Francisco Hernández Juárez de los Telefonistas (43 años) y Armando Neyra Chávez de la Industria Embotelladora (con 32 años).

Aunque pareciera que también ha sido un líder eterno, Carlos Romero Deschamps apenas llevaba 26 años como líder del Sindicato Petrolero. Su “carrera” sindical, sin embargo, se vio truncada esta semana al ser obligado a renunciar y ver sus cuentas bancarias congelarse.

El sindicalismo mexicano es todo un fenómeno laboral, social y político. No hay sector productivo que escape al dominio y control de un secretario general eterno como los que tenemos encumbrados en México.

Por ejemplo, pocos saben que existe el Sindicato de Trabajadores de la Industria del Cemento, Cal, Asbesto, Yeso, Envases y sus Productos. Su líder: Felipe Sosa, con 28 años en el poder.

Una lectura minuciosa a lo ocurrido con Romero Deschamps podría arrojar como conclusión que el gobierno de Andrés Manuel López Obrador ha iniciado una embestida frontal contra la perpetuidad de los dirigentes sindicalistas mexicanos. Empero, esto ha sido minimizado por los mismos jefes obreros.

“Es importante que lo tomemos como una llamada de atención”, dijo Francisco Hernández Juárez de los Telefonistas en una conferencia hace unos días. “Nos debe hacer reflexionar sobre la manera de operar, pero nada más, tampoco nos debemos apanicar”.

Para ellos, el caso Romero Deschamps es una lección de la cual aprender para ahora proceder de una manera más honesta en cuanto a transparencia, democracia interna y manejo de recursos de sus agremiados. Irónico, porque precisamente esto es lo que han pisoteado por decenas de años.

De hecho en México algunos sindicatos tienen conductas que se asemejan más a la de los carteles criminales. Esto debido a su opacidad respecto a lo que hacen con el recurso de sus agremiados y las tácticas internas para reelegirse.

De acuerdo con el Centro de Estudios Sociales y de Opinión Pública (CESOP) de la Cámara de Diputados, los sindicatos son un desafío para la transparencia y la rendición de cuentas a nivel nacional.

Los jefes se resisten a aceptar los cambios que se ven venir con el nuevo Gobierno. Todos están bajo la mira porque no podrán perpetuarse según la nueva Ley Federal del Trabajo, ya que en uno de sus artículos se señala que los procedimientos de elección deberán salvaguardar el voto personal, libre, directo y secreto.

Además, el periodo de las directivas no podrá ser indefinido o de una temporalidad que impida la participación democrática de los afiliados.

Esperemos que con la nueva ley se dificulte que se sigan reeligiendo como dirigentes indefinidamente. Resolver las ambigüedades que aun persisten en dicha legislación será un reto adicional para poner mayores candados a sus reelecciones.

Porque en una de esas alguno de estos secretarios podría “rebasar” en años a don Fidel Velázquez y quitarle el privilegio de haber sido el más longevo líder sindical en México.


Homero Hinojosaoctubre 12, 2019
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Por Homero Hinojosa

Día de la Raza

Oficialmente celebramos el 12 de octubre como el Día de la Raza y el Descubrimiento de América por el almirante genovés Cristóbal Colón.

Y decimos “oficialmente” porque muchos dan como fecha de llegada del explorador español un día antes, el 11 de octubre de 1492. De hecho en Estados Unidos así lo celebran, como “Columbus Day” o el Día de Colón.

Pero no importa la diferencia en el calendario, al fin y al cabo solo son unas cuantas horas. El arribo de Colón a la Isla de Guanahani, en las Bahamas, marca “un antes y un después” en la historia del mundo y la confirmación cada vez más evidente de que nuestro planeta era redondo como una naranja y no plano, como anticipaban muchos en el viejo continente.

En España se le denomina este día como el Día de la Hispanidad, pero acá, del otro lado del Atlántico, lo nombramos Día de la Raza. Ambos celebran el mestizaje puro, tradicional, que nos distingue a quienes vivimos en América Latina (aunque nuestros compatriotas de California y de Nueva York también podrían clamar propiedad cultural este día).

El mestizaje que brotó con la llegada de los conquistadores españoles es algo de lo que debemos sentirnos orgullosos. Quizá sea hora de reivindicar en ambos lados de océano esta fecha histórica por el valor cultural que significó y los beneficios que trajo y sigue generando. Ciertamente hubo mucha violencia, matazón y humillación con la llegada de los conquistadores, pero sumando el resto de las variables encontramos que el aporte ha sido superior a los daños.

Durante siglos “hacerse a la mar” y conquistar América fue el sueño de millones de españoles que se sentían frustrados ante la imposibilidad de hacer dinero y fortuna. De manera irónica, los roles se han invertido y son ahora mexicanos, ecuatorianos y argentinos quienes emigran a España en busca de un mejor nivel de vida, algunos beneficiados por la oferta de nacionalidad que se ha dado si uno comprueba raíces andaluzas o sevillanas en su árbol genealógico.

Esta migración de conacionales hacia la península ibérica cumple una función clave en la economía de allá. Los llegados a la “Madre Patria” terminan realizando labores a las que los españoles le sacan la vuelta. Es decir, ya no solo los latinoamericanos voltean hacia el norte, sino también hacia el oriente (España) en busca de una conquista personal y cultural.

Por ello conmemoramos el 12 de Octubre aquí en México, en América Latina y en España como una fiesta plurinacional. Quizá como nunca en la historia ese país europeo está más unido a sus hermanos y hermanas que vivimos de esta lado del océano.

La cultura hispana se reafirma así en este siglo 21, con sus costumbres y tradiciones centenarias. Se expande con sus defectos y virtudes por todo el continente americano, desde Alaska a Tierra del Fuego, hasta el punto de que un día no tan lejano un hispano seguramente llegará a dirigir el país más poderosos del mundo (Estados Unidos).

O al menos ese futuro mandatario hablará un español casi perfecto, contribuyendo así a extender el universo multicultural, la mezcla de razas y el mestizaje, un fenómeno que inició hace 527 años en América.


Homero Hinojosaoctubre 5, 2019
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Por Homero Hinojosa

Expresionismos de la 4T

Si algo distingue a nuestro presidente Andrés Manuel López Obrador es que no acostumbra a expresarse de manera muy formal como lo haría cualquier mandatario de otro país. Quizá solo el presidente Donald Trump se le acerca a su estilo peculiar de hablar en público.

AMLO no utiliza “palabras domingueras”, como dirían por ahí. Mucho menos eufemismos (términos cordiales para describir algo que podría sonar rudo u ofensivo).

Nuestro Presidente tiene un tono muy coloquial, muy popular. Su lenguaje con el tiempo ha adquirido una voz muy patriarcal, a veces hasta sonadamente matriarcal.

Esta semana, por ejemplo, López Obrador sugirió a los grupos de encapuchados que se infiltran en las marchas tener cuidado pues podría “acusarlos con sus mamás, papás y abuelos”, quienes seguramente no estarán de acuerdo con lo que hacen como saquear y dañar comercios, edificios y recintos públicos.

“Estoy seguro que ellos no están de acuerdo, me dejo de llamar Andrés Manuel, estoy seguro que los ven o los verían como malcriados, que no deben de andar haciendo eso, les darían hasta sus jalones de orejas, sus zapes”, dijo el Presidente.

“¿Qué le diría yo a los encapuchados?”, cuestionó ante los periodistas. “Que tengan cuidado porque en una de esas los voy a acusar con sus mamás, con sus papás, con sus abuelos”.

Su código lingüistico no solo suena en ocasiones matriarcal. También asume muchas veces un tono inquisidor, de sagrado juez que fustiga a aquéllos que no respaldan los esfuerzos de propaganda de la 4T.

Se le ha dado, por ejemplo, crear un universo de enemigos. El Presidente construye todos los días su realidad (y la quiere imponer al País) de “aliados y enemigos”.

“López Obrador sabe manejar a la perfección el discurso de la víctima”, escribe Xavier Ginebra en El Economista. “En lugar de transmitir un lenguaje tranquilizador que una al País ante las desgracias de cualquier tipo se encierra en su torre de cristal y prorrumpe en improperios contra aquellos que, por un motivo u otro, convierte en sus enemigos suyos y del Estado”.

Sus discursos se tornan así bipolares, sin cabida para el comentario justo. De repente al minuto cinco de su conferencia está tomando una postura minimalista frente a un tema serio como la inseguridad en la frontera (“guácala”, “fuchi”) y en el minuto seis ya está arremetiendo contra los conservadores, el Grupo Reforma y las logias “fifí”.

De esta manera nuestro Presidente acude a expresionismos muy populares —algunos rayando en la frontera de lo peyorativo— para perfilar un estilo muy personal de hablar en público.

La repetición y acentuación de sus palabras con tono matriarcal ayudan a consolidar su imagen de autoridad paternalista cómoda, que le ayuda a evadir una responsabilidad más seria que debería tener como Presidente: acudir menos a las palabras y más a las acciones y a los hechos.

AMLO logra así el efecto deseado. Que la opinión pública hable de él y de su lenguaje folclórico, que se entretengan y lancen “tuitazos” para llenar el espacio del discurso nacional. Con ello logra contar con una arma efectiva de propaganda y distracción, teniendo a las redes sociales trabajando como caja de resonancia.


Homero Hinojosaseptiembre 28, 2019
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Cabrito News

Por Homero Hinojosa

En Europa, Estados Unidos y América Latina están saliendo a las calles a protestar. Se organizan en cuestión de horas por mensajería instantánea y se citan en parques o avenidas importantes.

Los mueve una causa común: Un serio reclamo a los gobiernos del mundo que poco o nada están haciendo para controlar el calentamiento global.

Los inspira una chica sueca de 16 años, Greta Thunberg.

Hasta en la misma ONU se ha parado esta adolescente para decirles a los poderosos en sus caras que “Nos están fallando y los jóvenes empiezan a entender su traición”.

Ello mientras el Ártico se deshiela, Groenlandia (Greenland en inglés) empieza a mostrar más verdor y la Amazonia vive un año inédito de incendios en su selva. El mundo atestigua comportamientos extraños en la madre naturaleza cada vez más recurrentes y nada parece detener a la fuerza imparable del calentamiento global.

Pero los adolescentes y jóvenes sí parecen decididos, por lo menos, a no callar para que sus mayores se pongan a trabajar en este problema mundial.

Greta Thunberg representa a una generación rebelde que alza la voz y logra que se escuche gracias al Internet, las redes sociales y al apetito de los medios tradicionales por difundir todo lo que suene a escándalo o noticia espectacular

A muchos sorprende esta activismo juvenil global como el que emprende Greta y contagia a millones por todo el mundo. Hace apenas una década se anticipaba que debido a la tecnología moderna los chicos de hoy serían más indiferentes y apáticos porque estarían sumidos en sus pantallas pequeñas y grandes, como zombis modernos, absortos y alejados de la realidad.

Pero no todos resultaron así. Muchos jóvenes emplean las plataformas sociales y de mensajería para promover sus causas, compartir noticias de valor de temas de impacto (como el calentamiento global) y buscar crear conciencia no solo entre sus pares, sino también entre los adultos.

Y aquí nos distingue una brecha generacional más. Estos jóvenes quieren hacer algo en el presente y voltear más al futuro que les depara, mientras sus mayores muchas veces parecen atrapados en una nostalgia y un pasado “que fue mejor” y resultan ser más apáticos que aquéllos para construir un porvenir más seguro y con mejor calidad de vida.

Es evidente que esta generación parece cargar con menos culpas, rencores y remordimientos como los que padecen ahora muchos de sus padres y abuelos.

No tienen que curar, sanar o perdonar tanto del ayer porque están más concentrados en el presente, tal vez inmersos en sus canales de relación modernos, pero a fin de cuentas viviendo su propio «universo simbólico» de ideas y sentimientos.

Por ello los adultos deben buscar generar más empatía con las causas de los jóvenes y no considerarlas como “rabietas” propias de la edad. Eso solo seguirá poniendo más obstáculos a una comunicación intergeneracional que de por si ya está muy dañada.

La única receta para encontrar puentes que nos unan a una generación con otra seguirá siendo el debate y la discusión social con respeto en donde encontremos seguramente puntos de acuerdo común. Y el calentamiento global desmedido es un buen ejemplo de ello.

La presencia de Greta Thunberg esta semana en Nueva York fue un gran logro inicial. Ya prendió la leña en la misma caldera de la ONU.



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