Lucia Lagunes huerta

Lucia Lagunes huertanoviembre 13, 2020
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ZONA DE REFLEXIÓN

Por Lucía Lagunes Huerta

La represión de Cancún ¿pudo haberse evitado?

 

Cimacnoticias | Ninguna represión es espontánea, al menos eso nos ha demostrado la historia. Suele irse construyendo por acción directa o por falta de ésta. Por dejar pasar, por no atender las señales previas.

¿Qué pasó en Cancún que llevó a esta indignante represión? sigue estando nebuloso. Más allá de la versión oficial que asegura que los policías actuaron por su cuenta, dispararon al aire y donde la respuesta más rápida de las autoridades fue el deslinde, es necesario hacernos algunas preguntas.

En medida que las víctimas han ido dando su versión de los hechos crecen las dudas, sobre todo si esto pudo haberse evitado, ya que el gobernador Carlos Joaquín González sabía que se realizaría la marcha, pues el mismo lunes por la mañana dos defensoras lo abordaron en un acto público para exigirle resultados ante el incremento de violencia contra las mujeres en la entidad y le informaron de la marcha que se realizaría ese mismo día en la tarde.

 

CIMACFoto: Hazel Zamora Mendieta

 

La convocatoria de la marcha fue pública, así que las autoridades municipales y estatales lo sabían y podrían haberse preparado para evitar lo ocurrido.

Me pregunto ¿hubo alguna indicación para el actuar de las policías ante el anuncio de esta marcha?

Según el video del gobernador donde ofrece disculpas por los hechos, no se acataron sus órdenes ¿cuáles fueron? eso no lo dijo, ¿a quien se las dio? ¿al hoy destituido Jesús Alberto Capella?

De acuerdo con el testimonio de la periodista Cecilia Solis, quien recibió un disparo en la pierna derecha, los policías que la atacaron sabían que ella era reportera pues se identificó como prensa ante ellos.

Teniendo México el deshonroso segundo lugar mundial en agresiones contra periodistas, nadie se ha preocupado por instruir a las policías para respetar la labor periodística y la libre manifestación.

De acuerdo con su testimonio, los policías no dispararon al aire sino que hubo intensión de hacer daño. ¿Por qué?

Estas declaraciones de la periodista van acompañadas de una petición de protección, la cual es más que entendible y por supuesto que hay que garantizar su seguridad y la de su familia.

Si nadie dio la orden para que los policías salieran con sus armas y dispararan, ¿alguien impidió que esto ocurriera?

Las investigaciones que se realizan tras la terrible represión están buscando quién dio la orden, pero me parece que también habría que investigar si hubo omisión por parte de las autoridades que dejaron que esto ocurriera.

Esta no es la primera acción violenta de los policías contra una manifestación feminista ni en México ni en Quintana Roo, es sin duda la más grave. ¿Alguien está tomando cartas en el asunto para evitar la repetición de estos actos?.

¿Son suficientes talleres de nuevas masculinidades como ofrece el gobernador quintanarroense? ¿en dónde queda la justicia para las mujeres en la ecuación que propone? Sobre todo cuando se acerca el 25 de noviembre, Día Internacional para la Eliminación de la violencia contra las mujeres, y en la cual se esperan grandes movilizaciones. ¿Cuál será el protocolo de actuación en Quintana Roo y en el país? ¿Cómo se garantiza la no repetición?

Cancún, por la gravedad que entraña, debe ser también la investigación más clara y expedita que nos diga qué pasó, y que al seguir la línea de mando no sólo se busque quién dio la orden, sino también si pudieron haberse evitado estos hechos, porque la omisión también debe ser castigada.


Lucia Lagunes huertaoctubre 15, 2020
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ZONA DE REFLEXIÓN

Por Lucía Lagunes Huerta

El tiempo de las mujeres vale oro

 

¿En qué ocupan su tiempo las mujeres y los hombres? gran pregunta especialmente en tiempo de pandemia, pero aun cuando no la haya, identificar cuáles son las actividades que realizan unas y otros, permite desentrañar parte del núcleo de la desigualdad de género.

Por ello son tan importantes los resultados que recientemente se dieron a conocer de la Encuesta Nacional sobre el uso del Tiempo 2019, porque nos da la radiografía de las resistencias que hay que eliminar y nos muestra que el tiempo de las mujeres vale oro.

 

CIMACFoto: Maricruz Montesinos

 

En México, desde 1996 se realiza esta medición del uso del tiempo en cumplimiento al acuerdo internacional de hace 25 años para evidenciar la sobrecarga de las mujeres por el trabajo doméstico y el aporte que éste genera a las naciones.

Hablar del uso del tiempo entre mujeres y hombres es hablar de la división sexual del trabajo, entre el remunerado y el no remunerado.  Donde los hombres se desarrollan plenamente en el primero y las mujeres padecen el segundo.

Por siglos esta división sexual del trabajo ha hecho ver que las tareas del hogar y del cuidado de las personas que integran las familias son actividades poco valiosas, por no producir riqueza, desde una lógica de mercado, pero además que estas tareas les pertenecen a las mujeres por el simple hecho de ser mujeres.

Ambas son una mentira, pues el trabajo doméstico no remunerado en México aportó en 2018, 23.5 por ciento del Producto Interno Bruto, en pesos y centavos se traduce en 5.5 billones de pesos.

Por otro lado, el trabajo doméstico no es el reino de las mujeres, sino que es una condición para su desigualdad y el de las niñas.

Los datos

De acuerdo con los resultados de la Encuesta sobre el uso del tiempo 2019 cada semana las mujeres mayores de 12 años dedican 67 por ciento de su tiempo total de trabajo a las tareas domésticas no remuneradas y  31 por ciento al trabajo remunerado a diferencia de los hombres, quienes dedican 69 por ciento al trabajo remunerado, frente al 28 por ciento no remunerado.

Es decir, a mayor trabajo doméstico no remunerado menos posibilidades tienen las mujeres de participar en el trabajo que paga, y ello conlleva a generar condiciones de dependencia económica y desigualdad.

Si comparamos los resultados actuales con los que se obtuvieron en 2014, se observa que en 5 años prácticamente casi nada ha cambiado.

Es decir; las mujeres crecieron en trabajo remunerado un punto y los hombres incrementaron su participación en el trabajo doméstico 3 puntos porcentuales.

Al dividir las tareas entre las domésticas y las del cuidado, la encuesta revela que las mujeres dedican 19 horas más que los hombres a las tareas domésticas cada semana y 7 horas más a las tareas de cuidado que sus pares masculinos.

Esta sobrecarga de responsabilidades y tareas domésticas no remuneradas, siguen siendo la piedra angular para sostener las condiciones de desigualdad que enfrentamos las mujeres y que urge transformar rápidamente.

Los cambios son de ellos

Para lograrlo es necesario que los hombres asuman que el trabajo doméstico no remunerado y del cuidado es parte de su responsabilidad familiar y social, si no lo asumen difícilmente las mujeres podremos darle la vuelta.

Al analizar las distintas actividades no remuneradas que se desarrollan en los hogares vemos que las mujeres participan con mayor equilibrio con los hombres en actividades como mantenimiento, instalación y reparaciones menores de la vivienda, compras, pagos y trámites, gestión y administración.

El gran salto a la desigualdad está en la preparación y servicio de alimentos; limpieza de la vivienda; limpieza y cuidado de ropa y calzado, donde la carga mayor de estas actividades está sobre las vidas de las mujeres.

En cuanto a los cuidados, a menor edad de las personas a cuidar, mayor participación de las mujeres; a más enfermedad de las personas a cuidar, mayor participación de las mujeres.

Esta radiografía del uso del tiempo entre mujeres y hombres debe servir para las transformaciones personales y para el desarrollo de políticas que permitan dar los saltos necesarios para liberar a las niñas y mujeres de la sobrecarga que les impide contar con el tiempo para su desarrollo integral como seres humanas.

Una de las apuestas para liberar a las mujeres de estas condiciones de explotación es el sistema de cuidados que se ha propuesto en nuestro país y que esperamos se desarrolle muy pronto.


Lucia Lagunes huertajunio 25, 2020
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ZONA DE REFLEXIÓN

Por Lucía Lagunes Huerta 

A la mesa del poder con menú completo

 

En estos días me ronda en la memoria la frase de la filósofa Amelia Valcárcel, quien afirma que la igualdad entre los géneros llegará cuando las mujeres puedan cometer los mismos errores que los hombres y no ser insultadas por ello.

Razonamiento brillante que en su simpleza encierra el doble rasero con el que son medidas las mujeres permanentemente.

La exigencia de no cometer errores que se demanda en la vida cotidiana, se vuelve mucho más cruenta cuando las mujeres actúan en el mundo público. Ahí, existe la exigencia de la perfección, en un juego perverso que les demanda el doble esfuerzo para demostrar porque se “ganaron” un lugar, que por derecho les corresponde. Donde el error y el pensamiento propio se paga con la destitución y en muchas ocasiones con el entierro político, situación que no suele ocurrir en la misma proporción que en los hombres.

La salida reciente de las funcionarias Mónica Maccise, Mara Gómez y Asa Cristina Laurel, nos dejan ver que las mujeres están invitadas a la mesa del poder, pero no para ejercerlo a plenitud, no sólo por la exigencia de la perfección, sino por la demanda de sumisión que pesa sobre ellas.

Y no es sólo un problema de este gobierno, es histórico y estructural, el agravante hoy esta en la presunción de la paridad como si el número lo fuera todo y la igualdad plena de las mujeres estuviera ganada.

Las mujeres tienen tres siglos en la exigencia, a través del feminismo, del reconocimiento pleno de la ciudadanía y de la humanidad.

Quieren estar en la mesa del poder con todo el menú completo, siendo ellas mismas, sin tener que estar reprimiéndose para no incomodar, siendo inteligentes, sin ser acusadas de protagónicas, dando su opinión libremente y no sólo cuando se les solicite, defendiendo lo que ellas creen sin ser castigadas por ello.

La ausencia de estas tres funcionarias deja un hueco enorme en el camino a la igualdad que cuando parece estar cerca, se aleja un paso más, por la enorme simulación que se hace en este camino.

No se quiere que se aparente que somos iguales, queremos serlo en toda la amplitud del término. Es decir, queremos ser equivalentemente humanas y gozar de todos los derechos de manera plena.

¿Necesitamos a las mujeres en el poder?

Por supuesto, con todos los derechos, incluso al de equivocarse con la posibilidad de corregir, con libertad de pensamiento y el derecho a disentir.

Las necesitamos en el primer plano, para construir nuevos símbolos, el de la inclusión, la no discriminación y la igualdad.

Necesitamos escuchar a las mujeres todos los días en todos los temas, con voz propia para acostumbrarnos a compartir el espacio público y el privado en igualdad de condiciones.

Para construir un pensamiento más complejo articulando las visiones del mundo que hasta el día de hoy han estado asimétricas.

Claro que necesitamos a las mujeres en el poder, porque la historia nos ha demostrado que son ellas las que suelen impulsar la igualdad para todas y todos.

Qué sería este mundo sin una Rosa Parks quien luchó contra el racismo en Estados Unidos, una Berta Lutz, quien junto con  Eleanor Roosevelt impulsaron la Declaración Universal de los Derechos Humanos o una Elvia Carrillo Puerto, quien defendió el derecho de las mexicanas a votar y ser electas.

Todas ellas ejercieron el poder a contra corriente para que todas gocemos del derecho de estar en la mesa del poder con el menú completo.


Lucia Lagunes huertajunio 18, 2020
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Las Jóvenes

Por Lucía Lagunes Huerta 

 

Cimacnoticias | Lo hemos compartido en otras ocasiones, que los impactos de esta crisis sanitaria no son, ni será igual para todas las personas.

Las desigualdades añejas son las que hacen la diferencia, y las mujeres jóvenes lo padecen, al enfrentar una enorme precariedad y una violencia atroz, que las llevó a pintar de morado la Ciudad de México y muchas otras ciudades del país y del mundo, para gritar “ya basta”.

Entre las prioridades de los gobiernos para la era post COVID, las jóvenes poco pintan y su invisibilización traerá fracasos de las políticas publicas.

Las jóvenes de hoy serán las que enfrentarán durante más tiempo los estragos de la crisis mundial actual que vino agudizar la pandemia sanitaria y son ellas también las que está demandando un nuevo modelo de mundo.

Ellas han estado cargando, a través de la pérdida de derechos, la pobreza de sus países. En México, representan la mitad de la población joven de entre 12 y 29 años que no acceden a la escuela ni al trabajo, cuatro veces más en comparación con los hombres.

Desvanecer estas realidades desiguales haciendo pisos parejos para toda la juventud profundiza las desigualdades. Incluso si ellas son las beneficiarias mayoritarias en los programas sociales del actual gobierno, lo que no implica que la política tenga perspectiva para construir la igualdad de las mujeres y lo saben.

Cálculos de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) afirman que si México reduce la brecha de género, se añadirían mil 100 dólares al Producto Interno Bruto (PIB) per cápita, lo que generaría una mayor igualdad. Por qué no apostarle a ello.

Por más que se quiera convencer que en la frase “primero los pobres” están las mujeres, no es cierto, porque bien saben que lo que no se nombra se oculta de las prioridades.

Para uno de cada 3 hogares que  tiene como cabeza de hogar a  mujeres  entre 15 y 19 años, la pobreza, el desempleo y la desigualdad son la trampa mortal. Para resolverlo además de las becas o subsidios económicos, hay que agregar los elementos necesarios para que esas mujeres accedan a todos sus derechos y tomen sus vidas en sus manos.

Romper con el ciclo de la pobreza no es evitar que mueran de hambre o que sobrevivan a la miseria, como lo administró el PRI por años de gobierno y que dejó el desastre de país que hoy tenemos, al cual le ayudaron los gobiernos panistas.

Se trata de construir la ciudadanía de las mujeres a través de la apropiación de sus Derechos Humanos, de todos los derechos para todas las mujeres.

El ejemplo hay que ponerlo bien desde la federación para que las entidades puedan replicarlo o mejorarlo, especialmente aquellas que concentran el mayor número de mujeres jóvenes. Según el Instituto de la Juventud, en 2014, 8 Entidades Federativas concentraban la mitad de mujeres jóvenes: Estado de México, Distrito Federal, Jalisco, Veracruz, Puebla, Guanajuato, Chiapas y Michoacán.

La igualdad de las mujeres además de ser un derecho es apuesta que reditúa en todos los sentidos, humanos, económicos, sociales, culturales, democráticos y de justicia.

No hay que temerle a impulsar la igualdad de las mujeres, aún cuando el jefe no esté de acuerdo. Ese, es un largo camino andado por las feministas que han llegado a los puestos de poder y con las cuales hemos avanzado para llegar donde estamos hoy.

Con muchas de ellas, las feministas abrimos las puertas para lograr la paridad en los gabinetes.

Las jóvenes deben estar presentes en el diseño de las políticas que les atañen, hay que garantizar su presencia de manera plural, transparente y democrática, construir el camino a la igualdad de las mujeres para bien de la humanidad.


Lucia Lagunes huertajunio 11, 2020
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Por Lucía Lagunes Huerta

La pandemia de la democracia

 

La protesta es una expresión social legítima. Una vía que usa la población para hacerse oír, muestra sus desacuerdos y hacer llegar sus exigencias.

Los gobiernos democráticos usan el diálogo como vía de solución, sin embargo, cuando se recurre a la brutalidad policial y a la criminalización de la protesta, hay que encender los focos rojos porque estamos ante instituciones y gobiernos autoritarios y esa, es la pandemia de la democracia que no hay que dejar pasar.

Nos debe preocupar que en una semana en tres entidades federativas con gobiernos de filiaciones partidarias distintos, se tenga como puntos comunes la brutalidad policial y la criminalización de la protesta. Me refiero a Jalisco, Ciudad de México y Quintana Roo.

Solo para tener en la memoria el recuento de los hechos: en Jalisco la brutalidad policial quito la vida a Giovanni López, lo que llevó a la movilización social que ha sido reprimida en la entidad.

En la Ciudad de México, Mélani Martínez Uribe, adolescente de 16 años fue golpeada por la policías mientras participaba en la movilización que exigía justicia para Giovanni.

En Puerto Morelos, Quintana Roo, una manifestación que defendía el parque principal fue reprimida por la policía con brutalidad.

Vale la pena subrayar, que son las defensoras y feministas quienes más estigma están enfrentando.

La brutalidad policial es uno de los indicios de la pandemia autoritaria en la democracia, el segundo, es la criminalización de la protesta, la cual puede ocurrir antes, durante o después de la represión.

Acusarte de comunista en la década de los sesenta era suficiente para justificar cualquier barbarie. En la actualidad señalarte como anarquista, encapuchada o feminista, se ha colocado como sinónimo de vandalismo y violencia.

Estos señalamientos generan en la sociedad, un rechazo inmediato y la justificación del actuar policial en muchos casos; además, debilita el derecho a la protesta de la sociedad, como parte de su expresión política.

Incluso desde los medios de comunicación se refleja la tendencia de la criminalización de la protesta social, ya sea por mala práctica periodística, por sensacionalismo o por tendencia editorial. Cualquiera que sea la razón, daña.

La responsabilidad debe estar presente en todos lados, por ello, es importante el llamado que hacen desde Jalisco las  500 organizaciones, personas defensoras y académicas sobre nuestro actuar periodístico, para evitar sumar odios en lugar de dotar de elementos que permitan la reflexión de la sociedad.

Especialmente en este país con vergonzosos índices de asesinatos de personas defensoras señalarlas como responsables de la violencia en las movilizaciones, las coloca en alto riesgo.

La criminalización de la protesta también desvía la atención de las demandas centrales, las policías no actúan solas, hay una cadena de mando que debe ser investigada y sancionada, en su caso, por las agresiones cometidas.

La policía es responsabilidad de las y los gobernantes, quienes están obligadas a garantizar el actuar policial apegado a Derechos Humanos y a la ley. No es suficiente rechazar las acciones violentas, sin trasformar el actuar policial de raíz. Con todos los bemoles y las imperfecciones que puede tener, la casa de la democracia debe seguir siendo nuestra y para cuidarla hay que cerrar la puerta al autoritarismo.

Con todos los bemoles y las imperfecciones que puede tener, la casa de la democracia debe seguir siendo nuestra y para cuidarla hay que cerrar la puerta al autoritarismo.


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Por Lucía Lagunes Huerta 

Contar hasta diez

 

Me pregunto a quién se le ocurrió que sería buena idea revivir la campaña de televisa de la década de los 80 para responder, en el siglo XXI, a las exigencias de las ciudadanas para eliminar la violencia contra las mujeres.

Me refiero a la campaña presentada, recientemente, por el titular de Comunicación Social de la Presidencia, Jesús Ramírez Cuevas, titulada “Cuenta hasta diez”, la cual, inevitablemente evoca al emporio de Televisa, creador de la campaña en los años 80, con el mismo nombre y las mismas escenas.

 

Imagen tomada de la Campaña Cuenta hasta 10

Es aún más lamentablemente que esta campaña este respaldada por funcionarias cuyo mandato es cumplir con la Ley para promover y proteger los Derechos Humanos de las mujeres y erradicar las violencias contra ellas a lo largo de su ciclo de vida.

Pese a que han pasado varias décadas en las cuales se han desarrollado investigaciones científicas que demuestran que las violencias en las familias se deben a la desigualdad y no al carácter, desde comunicación social de presidencia deciden ignorarlas.

Hay que decir que esta campaña no está dirigida a eliminar la violencia contra las mujeres y las niñas, aunque se presentó en ese marco, sino a lo que suele llamarse violencia familiar, por ello llama a respirar hondo y contar hasta diez, cuando se está a punto de estallar.

Hasta en eso la campaña es un agravio, pues desdibuja la violencia contra niñas y mujeres y muestra a éstas últimas como agresoras, además que sus mensajes son confusos y contradictorios.

Confunden estrés y violencia. El primero es un estado físico y emocional, y la segunda, está basada en el abuso de poder, el cual no se detiene contando diez ni un millón. Para hacerlo se requiere eliminar la raíz, es decir, la desigualdad, la permisividad social y la injusticia. Elementos que en ningún momento la campaña aborda.

Por ejemplo, el día de ayer en Twitter se exhibió una escena donde el notario 102, Horacio Aguilar Alvarez de Alba, violenta a su esposa, en plena vía pública, por lo menos dos hombres más contemplan la escena, sin intervenir.

Esto es violencia y no estrés. El notario abusa de su poder masculino incrementado por su profesión, por ser dueño de la casa y por contar con dos testigos que miran lo que él hace sin sancionarlo, sino por el contrario, su inacción lo respalda. Les puedo asegurar que al notario no le importa contar hasta diez.

Las contradicciones en los mensajes desde la presidencia son más complejas. Primero nos dijeron que no había subido la violencia contra las mujeres y niñas en el confinamiento, porque aquí en México teníamos familias fraternas que en otros países ni soñarlo.

Después nos aseguraron que el aumento de llamadas de auxilio en el 911, no eran para tanto, pues el 90 por ciento eran falsas.

El titular del Centro Nacional de Prevención del Delito y Participación Ciudadana del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP), Luis García López Guerrero, aseguró a Cimacnoticias que por ahora no puede determinarse si son llamadas falsas ya que esa información aún no se analiza.

Me pregunto, si las familias mexicanas son tan maravillosas y las llamadas de auxilio no son tantas, para qué hacer una campaña que busca detener agresiones en ellas.


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Por Lucía Lagunes Huerta 

El día después

 

Cómo será el día después del anuncio oficial del regreso a la nueva normalidad. Hasta ahora todo se ha concentrado en las medidas sanitarias, en los metros de distancia que tendremos que guardar en los centros laborales, los horarios escalonados, el uso de cubrebocas como un accesorio más, etcétera. Sin duda, todas medidas importantes.

De lo que no se ha hablado es lo que dejó al desnudo esta pandemia, como es la desigualdad y la violencia, a esa “normalidad” tendríamos que darle la vuelta, transformarla, como si de verdad hubiéramos aprendido.

En días pasados leía a la escritora inglesa Premio Nobel de literatura 2007, Doris Lessing, sobre lo mucho que sabemos sobre la humanidad y lo poco que utilizamos ese conocimiento para vivir mejor.

Pensando en ello, me parece que el día después del regreso a la nueva normalidad, debe incluir la transformación profunda de esta humanidad que ha crecido en la desigualdad, en las posiciones individualistas y en el uso de la violencia para el sometimiento.

De todas ellas tenemos información a manos llenas que no se ha utilizado para transformar esta situación.

Sabemos que la desigualdad creció en las últimas 2 décadas gracias a las malas decisiones gubernamentales que prefirieron beneficiar a unos cuantos por encima de las inmensas mayorías, tenemos cantidad de investigaciones sobre el tema y sólo para hacer referencia a una, se puede consultar el informe de Naciones Unidas sobre la desigualdad que presentó a principios de este año.

Sabemos que una de las desigualdades más añejas y menos atendida ha sido la de las mujeres, desigualdad en la valoración social, económica, cultural, política, desigualdad en el acceso y goce pleno de todos los Derechos Humanos y mientras ésta no se modifique ningún cambio será completo, y lo ganado a lo largo de los años está en riesgo de perderse por falta de prioridad gubernamental.

Sabemos que existe la violencia contra las mujeres como una expresión brutal de esas desigualdades, y que esa misma violencia es utilizada para conservar el privilegio del poder y de la sobre representación para una minoría masculina.

Si nos apreciamos como humanidad y realmente queremos salir de esta pandemia con lecciones aprendidas, esto debe de ser transformado ya en la nueva normalidad.

Desdeñarlo, dejarlo a un lado e incluso tratar de ocultarlo en los planes para el retorno a la movilidad social, nos confirmará que por más conocimiento que hemos acumulado como humanidad no hemos sido capaces de ponerlo en práctica para dar un salto evolutivo, el más importante de este nuevo siglo.

La desigualdad ha sido el gran lastre en la historia humana, es tiempo ya que la información acumulada por milenios sobre los estragos de estas desigualdades queden en el pasado, para que el legado que dejemos a las próximas generaciones sea más de lecciones aprendidas que nos llevaron a la transformación, que de fracasos soberbios que nos regresaron al mismo camino pantanoso de los privilegios para unos cuantos.


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Por Lucía Lagunes Huerta

¿De qué familia hablamos?

 

Cimacnoticias | La respuesta presidencial dada sobre la violencia contra las mujeres en México a raíz del confinamiento, dejó ver su desinformación, por un lado, y sus profundas convicciones desde las cuales gobierna, entre ellas el modelo tradicional de familia jerárquica y una idea romántica de ella.

De acuerdo con el presidente, la violencia contra las mujeres en confinamiento no ha crecido, cosa que no es real de acuerdo con reportes oficiales, según la visión presidencial no ha crecido la violencia porque las familias mexicanas son solidarias y fraternas, producto de una cultura milenaria.

Él está convencido que así son las familias mexicanas, por eso las llama patrimonio de México que hay que conservar. El problema, radica, que, al romantizar la familia mexicana, desde la visión tradicional, le impide mirar y analizar las otras realidades.

Ciertamente hay familias solidarias y amorosas que desde la igualdad están construyendo otras realidades, pero por desgracia son las menos y no están exentas de resabios de desigualdad.  No hay familias perfectas.

La familia como institución a la que se refiere el presidente es aquella tradicional que mantiene un orden jerárquico, donde hay jefes de familia, que dictan órdenes, y no acuerdos familiares que parten del consenso y el diálogo. Donde los hombres tienen un papel “más desprendido de los cuidados” y las mujeres tienen lo opuesto, es decir, un apego al cuidado, por eso asegura Andrés Manuel son ellas las que cuidan a los viejitos.

No es que unos sean desprendidos y otras cuidadoras natas, lo que hay es una división desigual de las tareas y las responsabilidades dentro y fuera de las casas, que por siglos se ha idealizado como naturales de los hombres y las mujeres y de esa naturalización está convencido el presidente.

El modelo tradicional de familia, es el núcleo primario de la reproducción de las desigualdades y abusos en todos los ámbitos, y es también, el primer núcleo que castiga a quienes buscan romper con este modelo tradicional.

Hoy en día los hombres que niegan su masculinidad tradicional heterosexual, que son gay, son corridos de sus casas, orillados a la mendicidad y la prostitución. Pensemos en nuestra historia, cuando las hijas e hijos nacidos fuera del matrimonio eran estigmatizados como bastardos sin derechos.

Cambiar esta visión discriminatoria nos ha llevado años a la sociedad mexicana, especialmente empujada desde las feministas que proponemos crear familias y sociedades basadas en la igualdad, la justicia y el afecto.

Por ello desde el feminismo se han aportado otros datos, para evidenciar que dentro de las tres sílabas que conforman la palabra familia, se encierran los mayores abusos contra las personas con menos jerarquía familiar y social, es decir, las mujeres, la infancia, las personas adultas mayores y las personas con alguna discapacidad.

La preocupación, es que esta visión presidencial impide gobernar desde la igualdad y la diversidad, pues no le permite ver lo que sus propias instituciones están evidenciando y que no concuerda en muchas ocasiones con su versión de la realidad.

De acuerdo con los datos oficiales que se tienen en nuestro país, desde que inició la Jornada Nacional de Sana Distancia se registraron 19 mil 602 agresiones contra las mujeres en el país, se denunciaron 490 agresiones dentro de la familia, es decir, 20 agresiones cada hora, una cada tres minutos.

Dónde está la solidaridad, la fraternidad familiar, de la que habla el presidente con estas realidades.

Hace unos años se publicó una investigación sobre la violencia contra niñas y niños dentro de los hogares, se llamó “Detrás de la puerta que estamos educando”, el libro nos revelaba el maltrato físico que viven niñas y niños a manos de sus padres. Madres y tutores, quienes están convencidos que un golpe a tiempo educa, y ciertamente lo hace, educa en la violencia y la imposición, la misma que hoy nos tiene al tope en nuestro país.

Ciertamente muchos hogares se han hecho cargo de sus personas mayores, muchas veces más por interés que por amor. Datos dados a conocer en 2017 reportaron que 90 por ciento de los casos de maltrato contra esta población, denunciados ante la procuraduría capitalina, tenía como agresor a sus hijos.

Conservar desde la presidencia la idea de familia tradicional, condena a todas las personas a una política que profundizará las desigualdades, el abuso y la violencia.


Lucia Lagunes huertaabril 23, 2020
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Lo que menos se necesita son cínicos

Por Lucía Lagunes Huerta

Cimacnoticias | Como si no fuera poco la pandemia sanitaria y la crisis económica, que nos está sacudiendo, resulta que el Tribunal Superior de Justicia de la Ciudad de México, aprovechando esta situación, sorpresivamente restauró el 15 de abril a los jueces que permitieron el feminicidio de Abril Cecilia Pérez Sagaón.

Abril Sagaón, no debió ser asesinada como ninguna de las mujeres que han sido víctimas de feminicidio. El crimen ocurrió después que los jueces Federico Mosco González y Luis Alejandro Díaz Antonio, desestimaran la violencia vivida por Abril y dejaron en libertad a Juan Carlos García, su ex pareja, quien había sido denunciado por violencia.

Recordaremos la enorme indignación que generó este feminicidio, sobre todo por la negligencia y posible complicidad de los jueces, quienes desestimaron la denuncia de Abril Sagaón por violencia e intento de feminicidio para reclasificar el delito y dejar a Juan Carlos en libertad.

La reinstalación de los jueces manda un pésimo mensaje a la ciudadanía y en especial a las mujeres, quienes han estado exigiendo justicia para ellas y castigo a sus agresores, uno de los ejes nodales de la gran manifestación del 8 de marzo.

En estos momentos de tremenda crisis lo menos que se necesitan son cínicos que simulen hacer cumplir la ley y procurar justicia.

La decisión del Tribunal Superior de Justicia de la Ciudad de México, responsable de vigilar la actuación de los jueces, manda la señal que la mala actuación de los juzgadores es perdonada cuando se trata de la vida de las mujeres, y esto no puede ser posible cuando la impunidad es el gran lastre de México.

No hay que olvidar que el Juez de control Federico Mosco González, consideró que Juan Carlos no intentó matar a Abril, pese a golpearla con un bat, mientras ella dormía, hasta fracturarle el cráneo, por lo que reclasifico a lesiones y violencia familiar, por eso liberó al ex marido.

De acuerdo con organizaciones feministas este mismo juez en septiembre pasado liberó a un violador serial que operaba en la Ciudad de México y que estaba relacionado con al menos cuatro ataques sexuales.

Sin embargo, con los pésimos antecedentes, resulta que el 15 de abril fueron restituidos estos jueces bajo el argumento de la necesidad de equilibrar la carga de trabajo.

Traer nuevamente a dos jueces misóginos en plena pandemia cuando se han incrementado las denuncias de violencia contra las mujeres por parte de sus parejas hasta en un 60 por ciento, resulta una violencia más contra las mujeres pero desde la institución.

No hay pretexto que valgan ni pandemia que tolere la falta de criterio de la autoridad para poner en manos de los cómplices a las víctimas, de maridos o parejas potencialmente feminicidas.

Las organizaciones feministas ya han llamado a la Judicatura a rectificar esta vergonzosa acción. El llamado se le hace al Magistrado Rafael Guerra Álvarez, presidente del Consejo de la Judicatura y quien en noviembre suspendiera a estos jueces para que fueran investigados.

Lo menos que se puede esperar es congruencia del presidente y enmendar el error del tribunal, retirando nuevamente a los jueces Federico Mosco González y Luis Alejandro Díaz Antonio, hasta que no concluya la investigación que se les sigue para determinar lo que corresponda, como él mismo se comprometió.

Lo que se necesitas son jueces que protejan los derechos de las víctimas y sancionen a sus agresores.

 


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Por Lucía Lagunes Huerta

Desaparecer en tiempos de COVID-19

Cimacnoticias | En estos días hemos visto desvanecerse a 64 millones de personas mexicanas que comparten condiciones similares. Ellas fueron borradas de las respuestas a la emergencia sanitaria y económica en plena crisis de COVID-19.

Su invisibilidad no es responsabilidad de ellas, sino de quienes no las quieres ver ni oír, es decir, de quien las ignora, aunque tiene la responsabilidad de escucharlas.

Desde que se anunció el primer caso de Coronavirus en México y se empezó a proyectar la dimensión de esta crisis sanitaria y sus impactos económicos, iniciaron las señales para que estos 64 millones de personas fueran tomadas en cuenta por quienes tienen la responsabilidad de guiar este país.

Estas señales no son súplicas desvalidas, sino llamados desde la fuerza de la ciudadanía. Ellas, las mujeres, han señalado que en esta pandemia las cosas no son iguales para todas las personas, porque las condiciones de desigualdad marcan la diferencia.

Por lo tanto, los efectos de la crisis económica tampoco serán parejos, y esto ya se había señalado, pero no fueron escuchadas. Las desigualdades que enfrentan ellas son muy fáciles de ver. En materia laboral las puedes encontrar en los empleos precarios, temporales y sin seguridad social.

Si dejaran de ignorar a las mujeres, sabríamos cuántas de ellas han perdido sus empleos en estos 22 días de pandemia, saberlo ayudaría a darles una respuesta acorde a sus necesidades.

En 22 días, según la secretaria del Trabajo, Luisa María Alcalde, se perdieron 346 mil 878 puestos de trabajo, es decir, 15 mil 767 desempleos cada día en cuatro rubros principalmente: construcción, transporte, comunicaciones y servicios, este último concentra el mayor número de mujeres empleadas en nuestro país.

Verlas implicaría darles alternativas al 45 por ciento de las empresas mexicanas de un solo propietario dirigidas por mujeres.

Se suele decir que no hay peor ciego que el que no quiere ver, ni peor sordo que el que no quiere oír, y por desgracia esta es la realidad que desde Palacio Nacional se está viviendo.

Entre las 64 millones de mujeres que no son vistas ni oídas, se encuentran intelectuales, analistas, que tienen otros datos para contrastar con la versión oficial y poder construir las alternativas que la población necesita con urgencia.

Se ha demostrado que la desigualdad es ineficiente, que mantenerla lleva a gastar más recursos y frena el desarrollo de las naciones. Y una de las peores desigualdades es la que enfrentan las mujeres, de clase, etnia, discapacidad, entre otras más que se suman y se potencian.

El ignorar las necesidades de las mujeres no quiere decir que se desaparecen, como tampoco lo hace la violencia contra ellas, que como advertimos en época de pandemia crecería, y así fue.

Invisibilizar la desigualdad de las mujeres sólo generará que crezca y que cuando se grite lo logramos, las mujeres no gritarán porque para ellas la realidad será distinta, pues el haberlas ignorado profundizará la precariedad en la que ya viven.



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