La Nostalgia

talachaadminoctubre 5, 2018
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Vestida de verde esmeralda, que alegre ha crecido entre las copas de anacahuita y framboyanes y adornada por geranios, la capital tamaulipeca cumple un aniversario mas. Los tiempos ya no son los mismos, pero en la mente de sus habitantes están los mejores días de su vida

La calle 8 y el Hotel Sierra Gorda en primer plano   Imagen (México en Fotos)

Por Itzchel Moreno Maldonado

Fotos: Cortesía de Fotos Antiguas de Victoria

Es el  268 aniversario de Victoria. La dama vestida de verde esmeralda, de perlas que adornan su encanto al andar.

La que ha crecido alegre entre las copas de Anacahuita, ébanos, mezquites, ficus, magueyes, guamuchil y uno que otro framboyán…

Victoria, la niña linda, calurosa; con deseos de ser la gran capital, hace recuento del pasado.

Ya no acuden tanto a su llamado, en la misa de las seis, las campanas replican en la plaza, pero sabe que no son los tiempos de ayer…

Se fueron los gritos de chiquillos de la escuela “Leona Vicario” y  “Victoria”…

Y la algarabía del mercado a principios del siglo XIX  cuando los victorenses recibían a los tultecos, la Ciudad de los Pianos o las nueces, las paguas y uvas cosechadas en Jaumave…

Todo era un manjar en la mesa de los victorenses, sobre todo en esas noches de verano aromatizadas por  “Galán de noche”, un pequeño arbusto aromático, agradable para algunos, al grado que parecía ser el consentido de muchas amas de casa en la ciudad, para otras era la jaqueca en toda la extensión de la palabra… las hojas de “ilusión”, también adornaba los patios, igual los geranios…

Decía Altair Tejeda de Támez (+): “Lo bueno de vivir en ciudades chiquitas es que todo el mundo se regala poditas” y es verdad. Entonces en Victoria no había viveros, casi nadie compraba las plantas y el agua no se vendía en tiendas de conveniencia, bastaba pedirla en alguna casa.

Se decía que había trabajadores a domicilio, pasaba el vendedor de brillantina, el vendedor del pan, el que arreglaba los zapatos y había quien arreglaba hasta los paraguas.

Esos pregoneros los conoció bien el Profesor Alejandro Antonio Maldonado Guzmán y en varias ocasiones en vida  revivió ese pregón en su oficina cuando de hablar de historia se trataba…

El Paseo Méndez (México en Fotos)

Además de pregones, había anécdotas, que a Francisco Ramos Aguirre, le tocaron en el tiempo y este victorense adoptivo las inmortalizó en sus escritos…

Entre estos se contaba una vez que el Diputado Carlos Montemayor, anda enojado con la iglesia, porque a uno de sus trabajadores  le negaron el bautizo para su hijo en Nuestra Señora del Refugio.

A los pocos días cruzando la plaza se encuentran el párroco y don Carlos y éste último gritó: “En el Congreso del Estado vamos a echar una ley para colgar a todos los curas”… Aunque el párroco fingió no escuchar, fue a informar al Obispo y éste le habló a Don Carlos, aclarando que no eran buenos los pleitos entre la iglesia y el Estado, que contara con el bautizo.

El Padre Santiago, se dice que se fue a Nuevo Laredo a ejercer el periodismo… por aquellos tiempos y ante la decisión debió ser un oficio más seguro.

Pero Victoria era entonces sólo el centro de esta ciudad en la actualidad… entre esas calles estaban los tacos “Avalos” de don José Avalos Briones, los taquitos que hoy existen en la calle 22, frente a la plaza.

Esa taquería por muchos años se ubicó a media cuadra del cine “Obrero”, como era un carretón,  narra Francisco Ramos Aguirre, que la gente “bien” de Victoria mandaba por los taquitos para evitar ser vista comiendo en la calle y menos haciendo fila, porque la clientela era vasta.

En Victoria había barrios, pero estos lejos de conservarse desaparecieron, como queriendo olvidar que esos sectores fueron entonces el rostro de la marginación.

Nos hemos olvidado del Pitayal, de Cantarranas, del Vergel, de Tamatán… y todos ellos dieron vida a esta capital, que para ser ciudad, debía tener automóviles…

Por tanto empezaron a llegar aquellos primeros motores que en 1910 cargaban combustible  en una tienda llamada “El Puerto de Bagdad”, ese primer automóvil llegó a Tamaulipas por la cercanía de algunos tamaulipecos con don Porfirio Díaz…  es para preguntarse ¿qué sería de Tamaulipas sin tanto compadrazgo?, pues estaba Manuel González, con las haciendas, Manuel González Hijo, con la electricidad, su colaboración para la construcción del Hospital Civil, los tranvías y el teléfono, Carmelita Romero de Díaz,su esposa y su participación para el reloj de Tula y  no podía faltar el primer automóvil  que llegó a Victoria, propiedad de Josè Montesinos, otro ahijado de Don Porfirio Díaz…

En este viaje en el tiempo no se puede excluir la gastronomía y Carlota Murillo, la madre de las gorditas que casi nos internacionalizaron, “Doña Tota”…

Por esto y muchas cosas más, parafraseando a Amado Nervo… “Victoria, nada me debes; Victoria, estamos en paz”.

 

 

 


talachaadminjunio 6, 2018
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Atrás de ese majestuoso elefante de acero urbano que le abre los abrazos a 120 mil visitantes cada fin de semana, se teje una historia de trabajo inimaginable que sentó las bases para el Monterrey del futuro. Existen cascadas de anécdotas contadas por los trabajadores que añoran los tiempos de gloria de La Gran Fundidora.

Por Gustavo Mendoza Lemus

Diversos hechos históricos y circunstancias han moldeado a la ciudad de Monterrey, pero ninguno tan significativo como la apertura de la Fundidora de Fierro y Acero.

Parque Fundidora

Creada en 1900 por mexicanos e inversionistas extranjeros, no sólo fue la primera siderúrgica en América Latina sino que fue pionera en la organización sindical de obreros, logrando beneficios sociales nunca antes vistos, incluso, en México.

Tras su cierre en 1986 y convertirse en un parque público para la ciudad, la Fundidora volvió a sentar un precedente al transformarse en un Museo de Sitio de Arqueología Industrial, siendo declarado por la UNESCO como Patrimonio de la Humanidad.

Hoy es un parque recreativo que atrae a más de 120 mil personas durante los fines de semana, contando con centro de espectáculos, museos y un Centro Internacional de Negocios.

Sin embargo, en los hornos de la Fundidora se forjó mucho más que lingotes de acero.

Orígenes

Un plano de la ciudad de Monterrey elaborado en 1910 indica que los terrenos de la segunda Fundidora, mejor conocida como Peñoles, llegaban hasta el actual cruce de calles Washington y Héroes del 47.

El documento forma parte de la colección de planos del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), en su delegación Nuevo León.

“La fundición número dos, de Peñoles, logra llegar hasta las calles Héroes del 47 con Washington, Aramberri y Modesto Arreola, ese es su tope. Ahí eran los patios de maniobras en donde tiraban la escoria y el material”, afirmó Benjamín Valdez Fernández, director de obras del INAH.

El acta de creación de la Fundidora de Fierro y Acero de Acero de Monterrey se firmó el 5 de mayo de 1900, impulsada por los inversores Vicente Ferrara, León Signoret, Antonio Basagoiti y Eugenio Kelly, a decir de Alberto Casillas, responsable del archivo histórico de la Fundidora.

Con el Porfiriato el acero producido en Monterrey llegó prácticamente al corazón del país. La estructura del actual Monumento a la Revolución cuenta con este material, e incluso, un puente en Brooklyn, Nueva York, también es “hecho en Fundidora”.

Trabajadores

Así como la siderúrgica cambió la estructura de Monterrey, que a comienzos del 1900 ya comenzaba a construirse con concreto de Cementos Mexicanos, y con vidrio de la Vidriera, también cambiaron sus ciudadanos.

El trabajador promedio de la ciudad era campesino, sino más que un peón. Con la llegada de maquinaria sofisticada de Alemania, Inglaterra y Estados Unidos, era urgente la capacitación de la mano de obra.

Por ejemplo, se resalta que los ladrillos de los edificios de la Fundidora se compraron en Galveston, pues el material de Ladrillera Monterrey no brindaba la seguridad requerida, situación que obligó traer a Monterrey técnicos especializados procedentes de España, Italia, Polonia e Inglaterra pues no existía gente preparada en la localidad.

Un ejemplo fue la creación de la Escuela Acero, pionera en el servicio de capacitación contínua al trabajador en la historia laboral de México.  El ex fundidor y cronista Esteban Ovalle Carreón se ha dedicado a estudiar la evolución del trabajador en la siderúrgica.

Ingresó como aprendiz en 1956 desafiando los reglamentos pues lo hizo a la edad de 15 años, cuando lo permitido era que ingresaran jóvenes no menores a 15 años.

“Uno tenía que trabajar, apoyar en la familia. Nunca pude estudiar lo que yo quería, algo relacionado a la literatura”, explica el autor de Mártires de Fundidora. Crónica de una tragedia casi olvidada, El asesinato de Fundidora y Fundidora en el recuerdo.

Sus 30 años de trabajo en la acerera lo llevaron a recorrer cada uno de los departamentos, recolectando anécdotas y recuerdos de las experiencias con los compañeros trabajadores.

Su labor como cronista inició justamente tras el cierre de la industria, en 1986. Se animó a escribir tras la campaña difamatoria, que asegura, se levantó en algunos medios de comunicación acusando a los trabajadores de la quiebra.

“Cuando nos corrieron yo me dediqué a arreglar climas y boilers, y ya con más tiempo empecé a entrevistar a los familiares de los obreros fallecidos porque por mucho tiempo nadie quiso hablar de ése accidente”.

El historiador Jesús Ávila Ávila comenta que “nacer sano, trabajador y rebelde” eran características de quien nacía en la familia Fundidora.

Aurelio Guerra Pérez  es una muestra de ello, pues quien en sus 20 años de trabajo vivió muy de cerca el movimiento sindicalizado que los llevó a ser vetados de muchas de las empresas de Monterrey.

“Donde te tocara, te podía tocar como ayudante de carpintero, como soldador, o andar en las alturas en montaje”.

Los tiempos eran de esfuerzo, trabajo y no tanta riqueza. De niño, Aurelio Guerra Pérez no pudo cursar su educación en la Escuela “Adolfo Prieto” por una simple condición: no tenía zapatos.

Describe que al ingresar a la escuela los niños eran revisados meticulosamente en su higiene personal. Uñas, oídos y cabello limpios y su uniforme debía presentarse impecable.

Alberto Casillas señala que la acerera fue la primera empresa en ofrecer salud, vivienda y educación a las familias de los trabajadores.

“Se quería que todo el ciclo se cumpliera aquí: desde que nacían en la maternidad Fundidora hasta que se retiraran como empleados”, apunta.

El movimiento sindical en la década de los 30 fue un proceso importante para la clase obrera de la región. En 1935 se empiezan a formar los sindicatos independientes, también llamados ‘rojos’, no sólo en Fundidora sino también en Peñoles y en la American Smelting Company.

“Vino Lázaro Cárdenas en marzo de 1936 y recibió a una comitiva del departamento de aceración en la estación Unión. Le plantearon el problema de los 36 empleados despedidos e inmediatamente ordenó a su responsable de conflictos laborales arreglar el problema”, recuerda Aurelio Guerra.

Y también las mujeres

María de Jesús Garza, María Elena Pérez, Gloria Casas y María Dolores Puente compartieron sus experiencias como parte de la familia del Elefante de Acero.

Todas coincidieron en su orgullo por haber formado parte de la primera acerera del país aunque también hicieron hincapié en reconocer el trabajo de hombres y mujeres, pues se sienten difamados tras el cierre de la empresa el 10 de mayo de 1986.

“La sociedad de México le debe una disculpa a los y las trabajadoras de Fundidora por todo lo que se dijo tras el cierre”, apuntó enfática María Dolores Puente, quien laboró en el departamento administrativo.

Su participación fue variada, por ejemplo María de Jesús Garza formó parte de las primeras cinco mujeres ingenieras químicas en la planta; Gloria Casas se desempeñó en la modificación del Molino 46, mientras que María Elena Pérez lo hice en relaciones laborales.

“Fui la primera que se enteró del cierre de la empresa. Cuando me autorizaron a decirlo, fue muy difícil”, expresó María Elena.

Se habla que fueron entre 80 y 100 las mujeres que laboraron en la Fundidora, aunque el cronista e investigador Esteban Ovalle asegura pudieron ser hasta 300.

“¿Por qué no nos veían? Pues porque estábamos atrás del hombre, como siempre. Pero aquí estamos, compartiendo porque también nosotras tenemos recuerdos”, agregó Puente.

Cultura

Pareciera increíble que en medio de tanto hierro, acero y carbón se detonara la cultura. Pero hoy en día el Parque Fundidora le dio una vocación distinta a lo que fue la primera siderúrgica de América Latina.

Desde su operación en marcha el 5 de agosto de 1903 (NOTA, no confundir con firma del Acta en 1900), los directivos tenían conciencia que la fotografía y la publicidad serían su mejor carta de presentación.

Hoy la Fototeca del Estado cuenta con un acervo de 45 mil imágenes que narran el nacimiento, desarrollo y el cierre de la Fundidora de Fierro y Acero de Monterrey.

Las imágenes han sido cuidadas y clasificadas desde 1999 por Alberto, quien contó con la guía de Manuel González Caballero, extrabajador de la Fundidora, quien apoyó en la identificación de maquinaria, personajes y espacios de la acerera.

“El primero del que se tiene registro es Guillermo Kahlo, esto en 1906. Fue quien registró el inicio de la Fundidora así como de sus productos con fines publicitarios”, refiere Casillas.

Después llegaron nombres como el de Refugio Z. García, Lauro Leal Salinas, Plácido Bueno o el de Eugenio Espino Barros, quienes retrataron la vida “dentro y fuera” de la acerera más importante de la ciudad.

Las fotografías dan referencias sobre cómo se vivía dentro de la Fundidora, pues además de las imágenes de los trabajadores posando junto a las grandes moles de acero, también se muestran los bailes y representaciones teatrales, las comidas y ceremonias cívicas, así como las visitas de expresidentes del país.

Por ejemplo, para conocer cómo era la antigua Colonia Acero que se ubicaba al interior de lo que hoy es el parque habría que acudir una la fotografía que hiciera Refugio Z. García.

“Ellos hicieron una especie de bitácora constructiva sobre las obras de expansión de la empresa”, comenta Casillas.

Pese a su riqueza, Alberto Casillas menciona que hasta hace años el acervo era poco conocido entre los regiomontanos. Fue gracias a las publicaciones Imágenes de Nuestra Memoria y Eugenio Espino Barros. Fotógrafo moderno, ambos editados por Conarte.

“Gracias a estos libros, mucha gente pudo conocer el fono gráfico de la Fundidora”, señala.

Ahora un Parque

Hoy convertido en un parque público, bajo el diseño del arquitecto Oscar Bulnes a comienzos de la década del 90 del siglo pasado, es posible recorrer las chimeneas, hornos y diversa maquinaria y darles su dimensión artística y cultural.

Por ejemplo están las chimeneas del Alto Horno número 1, hoy declaradas como Patrimonio Artístico de la Nación por el Instituto Nacional de Bellas Artes. O bien, el Alto Horno número 3 que se restauró en 2007 y ahora es el Museo del Acero.

“Fueron instalados entre 1900 y 1903, y es el único modelo en México. La Sociedad Americana de los Metales indica que no hay otro en Latinoamérica”, indica Casillas.

Otra historia es el sótano de la Nave Sopladores. Hace frío y casi no hay luz, lo que provoca que la penumbra esconda lo estético que puede ser una máquina instalada en 1943.

Es cuando se lanza el flash de la cámara en donde uno puede ver los remaches dorados sobre un fondo negro, con las iniciales “RI” al frente. A esta pieza se le llamó en su momento “Turbosoplador del Alto Horno número dos”, y su llegada significó la renovación tecnológica de la fundidora en la década de los 40.

“En su época, los industriales no consideraban a esto como un patrimonio, o no apreciaban la belleza estética que nosotros vemos ahora”, detalla Casillas.

Casillas recuerda que el Horno Uno estuvo a punto de desaparecer en los 70, y se salvó gracias a la intervención de la Sociedad Americana de los Metales.

“Ellos (la sociedad americana) nombra al sitio como monumento histórico relevante, por lo que los industriales ya no pudieron derrumbarlo”, explica.

Misma suerte no corrió el horno número dos, que fue desmantelado y vendido a una empresa de oriente. Lo mismo sucedió con gran parte de la maquinaria en Nave Lewis, que desapareció por los altos costos que generaba a la acerera.

Las leyendas y comentarios en torno a aparecidos no cesan en todo el parque y en cada una de sus naves.

Los más “aparecidos” son los niños y enfermeras, aunque también lo hacen ex trabajadores. Quienes alimentan estas historias son los guardias de seguridad de espacios como la Nave Sopladores o Nave Lewis, aunque también al propio protector del archivo histórico.

“Ahí es un niño es que la mayoría hemos visto, tanto los que trabajamos aquí como los visitantes. Al principio sí te causa cierto temor, pero después nos acostumbramos pues no hacen nada malo”, afirma el historiador.

Los sótanos son la parte preferida para estos actos. Así se explica el temor a visitar el de Sopladores –por donde aseguran transita un extrabajador- o el de Nave Lewis –en donde se aparece un niño y un obrero con el rostro quemado.

Y ya no hablemos de las enfermeras, a quienes aseguran haber visto en: al interior de la Nave Sopladores; en las aulas de la Escuela Adolfo Prieto, en un andador cercano al Paseo Internacional de la Mujer.

“Al comienzo si da miedo, pero uno se acostumbra después”, indica el guardia quién vigila la Nave Lewis.


talachaadminjunio 4, 2018
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La Alameda de Victoria y su historia

Desde 1850 es el corazón de Victoria. En los años 30´s, alcanzó su esplendor donde las familias lucían sus residencias y sus costumbres de la época. Hoy en medio de la polémica se moderniza y se embellece para estar a tono con los cambios

Por Itzchel Moreno Maldonado

La calle de la Alameda, parece haber pertenecido siempre a los jóvenes. Primero a aquellas niñas del Colegio Antonio Repiso que al regresar a casa venían jugando con sus barquitos de papel por las acequias de la Alameda.

La esquina del 17 Hidalgo en los años 30´s así lucía…

Antes ya había pertenecido a las nuevas generaciones que leían el periódico o conversaban bajo la sombra de los árboles.

Perteneció a los que descalzos se refrescaron los pies entre el agua clara que venía del Río San Marcos hasta el ejido Benito Juárez, al norte de la ciudad. Pues de manera original la saca de agua, era para cubrir las necesidades de riego de la zona agrícola en terrenos ejidales.

En la década de los noventa perteneció a los jóvenes que ahora gozan de 40 primaveras o un poco más.

La Alameda, a la altura del Paseo Méndez era bañada por acequias y grandes árboles (Fotos Antiguas de Victoria)

No había celular, así que los reclamos o besos intensos eran de manera personal.

Hoy la Alameda sin coches pertenece a los jóvenes otra vez. Le llaman “Libre 17”, no sólo en domingo.

Lo hacen aún cuando van a dar referencia de la calle…

Para los adultos será por siempre “La Alameda”, el corazón de Victoria que en 2018, cómo una bella dama se preocupa aún por su apariencia y se remozo con 55 millones de pesos.

Así se anunció ante diversos actores de la sociedad civil, que opinaron porque les pertenece.

Pero antes de ser el espacio histórico de todos fue sólo  el hogar de los loros de Victoria y la vista al amanecer de las primeras familias que lo habitaron.

La Alameda adquirió en la década de los años 30’s su esplendor.

Ahí vivía todo tipo de gente, pero para muchos fue el área residencial, la zona dorada de Victoria…
En la actualidad la Alameda se convirtió en un escaparate de edificios públicos y pocos espacios aún habitados por particulares, se espera su reactivación económica luego de un cambio en la imagen urbana.

Pero antes era la calle que dividía a “los de arriba” y “los de abajo”, se proyectó en el año 1850, entonces fue conocida como La Alameda, a la muerte de Francisco I Madero, le otorgan este nombre, pero lo comparte con Alvaro Obregón, tras la muerte de este personaje, por tanto antes de la calle Hidalgo, la calle era conocida como Avenida Francisco I. Madero y después de Presidencia Municipal se conocía como Alvaro Obregón.

Entonces la belleza del lugar se la otorgaban las acequias y las parvadas de loros que anidaban en las palmas que crecían sin censura hacia el sureste y el norte de la ciudad, donde se ubica en la actualidad la colonia “Las Palmas” y la colonia “Revolución Verde”.

Entre los pocos habitantes de entonces se encuentran las hermanas Guzmán, que nacieron en el 17 Morelos y Matamoros.

Los que vivían en los alrededores eran en su mayoría familia, quienes narran la historia nacieron a finales de la década de los 20´s o a principios de los años treinta, pero sus recuerdos de Victoria surgen hasta 1934 o 1935.

Ellos son los ojos más certeros para ubicar las acequias que pasaban de sur a norte, una pegada a la acera de lado oriente y la otra justo en medio del camellón que conocemos en la actualidad y donde los árboles centenarios se extinguen ante la mirada indolente de los transeúntes.

Para mediados de los años treinta La Alameda, ya era un barrio residencial, ahí vivió la familia Zorrilla, le seguía la casa de la familia Torre en el 17 Allende y Abasolo.

Una casa famosa porque tenía una marquesina donde el jefe de la familia iba colocando el nombre y grado profesional de sus descendientes como muestra de orgullo familiar.

Pero la majestuosidad estaba en la residencia de los Asnar, El pilar de la familia era don Alejandro Asnar, su vivienda nunca tuvo espacio de comparación por su arquitectura.

El hombre había llegado de Yucatán y en Tamaulipas logró amasar una gran fortuna que le permitió ser el propietario de Victoria Motors, era un hombre elegante, casado con Aurora Martínez Carruche, tenían dos hijas: Gladys y Beatriz Asnar.

Quienes tuvieron la oportunidad de conocer su interior, hacen memoria de un pasillo lleno de grandes pinturas, pues don Alejandro era considerado un amante del arte.
Destacaba también el jardín de la residencia que llenaba de majestuosidad el 17 Bravo.

La familia Reséndez Treviño vivía en el 17 Guerrero, en la casa de ladrillo rojo. En esa zona de la avenida aún hay descendientes que reaniman las banquetas con sus sillas en la primavera, pero hacia el sur solo quedan los recuerdos.

Ya no está la familia Montemayor, La casa de la familia Arreola aún se extiende majestosa ante el firmamento.
Las acequias ya no existen, desaparecieron poco antes de los años cuarenta, cuando comenzó una campaña intensiva para desparecer las norias e inculcar en los ciudadanos costumbres urbanas.

Con el Ingeniero Marte R. Gómez, llegó la pavimentación y con el crecimiento de Victoria las familias de abolengo se disiparon de la avenida principal para ocupar espacios en los fraccionamientos privados ó áreas residenciales contemporáneas.

Existen espacios como la casa del 17 Juárez, esquina norte, que sirvió por años de pizarra urbana.

Perteneció a los hermanos Medina y fue un espacio que quedó intestado, les sobrevive ahora una hermana, que ha perdido interés en este inmueble.

En el 17 Allende está abandonado el cine Avenida, propiedad hasta hoy de José Sulaimán Chagnón, un espacio que recibiría con seguridad una gran Cineteca Cultural.

La residencia de los Montemayor, ocupa en la actualidad el espacio administrativo del Instituto Tamaulipeco para la Cultura y las Artes, en algún tiempo fue la residencia del Ingeniero Marte R. Gómez, mientras gobernada Tamaulipas, en la papelería”Carlet”, se ubicaba el Hotel “Palacio”, más tarde el restaurante la Tasca propiedad de la familia Bergmann. En la Calle Méndez vivió el señor Felipe Romero, el primer propietario de una bomba de gasolina en Victoria y dueño de una tienda de abarrotes.

Hoy pocos hablan del ayer, quizá los Patiño, se quedan en la esquina del 17 Zaragoza, como una memoria viva.

Y así lucirá tras la modernización

Pero cuando ya conoce la historia, vale la pena hablar del presente, y así como su esplendor nació con las acequias, que fortalecieron los árboles a su paso rumbo a los sembradíos de la zona norte.

Hoy en 2018, recupera su esplendor en busca del desarrollo comercial. Y lo está logrando.

Los hipster y millenians emprendedores quieren estar en la Alameda, los atletas jóvenes de corazón, quieren ser vistos ejercitándose en la Alameda y para disfrutar de un buen café o un raspado, nada como estar en las nuevas anchas banquetas de la Alameda.

Ahora vuelven a existir las bancas, se ha reforestado para cumplir con el objetivo de hacer de esta avenida un corredor comercial.

Y para estar a la vanguardia de la inclusión internacional, se han ampliado las banquetas en las esquinas, para facilitar el cruce del peatón, ahora hay rampas que facilitaran también la movilización independiente de las personas mayores o con discapacidad.

Si a eso se le suma el orden para evitar la contaminación ambiental, será por tanto, el renacer de este espacio querido por los victorenses.

 



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