Otra Mirada

Luz Del Carmen Parranoviembre 2, 2020
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6min0

 

MIRADA DE MUJER

Por Luz del Carmen Parra

Necesito un abrazo

 

Me gustó mucho esta frase de autor anónimo: “Un día alguien te abrazará tan fuerte que todas tus piezas rotas volverán a unirse”.

Dicen los que saben que al ser humano le hacen falta 7 abrazos en el día para sentirse amado. El contacto del cuerpo con el calor del otro, nos transmite energía suficiente como para poder sentir que somos capaces de conquistar el mundo. Llenar nuestro cerebro de sustancias químicas, como la serotonina o la dopamina, que irrigan todo nuestro ser con la agradable sensación de bienestar y equilibrio emocional que nos hace ser funcionales.

Llenar nuestro entorno de buenas vibras, con miradas de aprobación y sonrisas contagiosas, o vivir en la intimidad, caricias y besos, eso es lo que nos hace diferentes dentro del reino animal. Somos seres sociales necesitados de afecto y amor. De cercanía y palabras que alimentan el alma. Pero los abrazos, creo yo, están un paso adelante por todo el cúmulo de sensaciones y vivencias que te hacen sentir más allá de lo erótico.

Un abrazo puede ser tan limpio como el que le damos a nuestros niños cuando son bebés, o a un amigo caído en desgracia. Hay abrazos que no se olvidan, que siempre recordaremos con ternura y nostalgia, sobre todo aquellos que hemos recibido de tal forma que nos han regresado la paz y la calma, la seguridad de que no estamos solos. Abrazos como los que guardo desde hace meses para mis amigos, cuando los vuelva a ver. Y qué decirles, del que tengo en mi corazón anidado para cada uno de mis hijos, que tanto he extrañado en este tiempo de confinamiento.

Un abrazo sincero y de corazón, se siente, se vive. Quien lo da y quien lo recibe, mejoran su autoestima, generan neurotransmisores que aumentan el nivel de bienestar, generando relajamiento, tranquilidad y sentimientos de alegría y felicidad. Puedo asegurar que es el mejor antídoto para el estrés, la ansiedad o el mal humor.

Hoy recuerdo con mucho cariño a mi padre que, en ocasiones, después de sus jornadas de trabajo, sentado en su sillón de palma tejida, jugaba con nosotros cuando éramos niños y de repente sacaba una moneda y gritaba para que lo escucháramos desde donde estuviéramos distraídos: “A peso los besos, a peso los besos”. Todos corríamos a ganarnos aquel pedacito de metal que mantenía elevado sobre su cabeza mientras nos esforzábamos para llegar en primer lugar. Así llenaba su necesidad de abrazos y besos de sus hijos.

Todavía recuerdo que cuando mis hijos eran pequeños había una serie de televisión llamada Teletubbies que motivaba a los niños a darse abrazos y esa frase inolvidable ¡abachos! y ese sol maravilloso que nos mostraba una carita de bebe, con unos ojos expresivos, tiernos e inocentes, que me hacen reflexionar que, si los adultos sentimos esa necesidad de recibir abrazos, ¡cuánto mayor será la de un niño!

Científicos hicieron un experimento que a mi parecer resulta muy ilustrador de lo que les vengo comentando. Resulta que intentando conocer el efecto que tiene en el ser humano el contacto y la cercanía de sus padres, tomaron cierto número de pequeños neonatos y los dividieron en dos grupos. A uno de ellos se les permitió que se les acariciara, que se les tocara, que se les cantara y arropara con todo el cariño de sus progenitores; al otro, se les separó de toda manifestación de amor, aun cuando se les prodigaron todos los cuidados necesarios para su sobrevivencia.

El resultado fue demoledor. Aquellos que recibieron el cariño y la atención amorosa de sus padres, estaban sanos, eran niños que respondían a cualquier estímulo de inmediato y habían ganado peso. En tanto aquellos que fueron tratados con frialdad, alejados de caricias y arrullos, mostraron retraso en su desarrollo psicológico y una degeneración física, que incluso en alguno de ellos, lo puso en riesgo de morir.

¡Cuán necesario para el ser humano independientemente de su edad, sentirse amado y aceptado, rodeado de manifestaciones de cariño y de abrazos sinceros y amorosos! Sin lugar a dudas, la mayor de las pruebas durante esta pandemia ha sido la abstinencia de ellos. Pasados los

riesgos de salud, hago votos porque nunca falten motivos para recordarnos cuánto bien nos hace dar y recibir un cálido abrazo.

“Si encuentras a una persona así, alguien a quien puedas abrazar y con la que puedas cerrar los ojos a todo lo demás, puedes considerarte muy afortunado. Aunque solo dure un minuto, o un día”. Patrick Rothfus en su libro El Nombre del Viento.

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Faltan escasos días para que concluyan las campañas políticas y ninguno de los 4 candidatos presidenciales ha presentado una agenda política de género.

Esta grave omisión, obligó a las distintas agencias de Naciones Unidas a llamar a los candidatos a construir una agenda integral para la igualdad, que incluya lo dispuesto en la constitución, las leyes, convenciones y tratados internacionales, y garantice, en sus proyectos de gobierno, el ejercicio pleno de los derechos de las mujeres en todos los ámbitos.

En México, las mujeres representan el 52% del padrón electoral, con 46 millones, 588 mil 477 ciudadanas que cuentan con su credencial para votar el próximo 1° de julio, y para los partidos políticos y sus candidatos, sólo constituyen un botín electoral, que no amerita más que promesas aisladas, fragmentadas, sobre feminicidio, brecha salarial o subsidios que perpetúan la visión asistencialista.

Trascurrieron 80 días de campañas  y el “tema de las mujeres”, sólo lo abordaron en el primero de los 3 debates entre candidatos a la presidencia, de manera muy superficial, y como parte de “grupos vulnerables”, en un formato del INE, que no alentó la discusión pública, ni la presentación de propuestas sobre los derechos de las mexicanas en sus proyectos de nación.

En un país como el nuestro, donde 6 de cada 10 mujeres sufre algún tipo de violencia a lo largo de su vida, donde son asesinadas 7 mujeres al día, donde la discriminación y la violencia política por razón de género se extiende y normaliza y donde la brecha salarial es del 17%, resulta inaceptable que, en el discurso de los candidatos y en las plataformas electorales registradas por los partidos, esté ausente una agenda política para la igualdad.

Sobre todo ahora, que México tan sólo en el 2017, cayó 15 lugares, al pasar de la posición 61 a la 81 de un total de 144 países evaluados en el reporte de brecha mundial de género 2017, del Foro Económico Mundial.

Ese desdén, ignorancia y falta de compromiso con una agenda política de género, es francamente reprobable, cuando México además, es de los países peor evaluados en participación y oportunidades para las mujeres en la economía. Un país, donde el  62% de las mujeres que trabajan lo hacen sin recibir pago alguno y que, de los 2.4 millones de personas que se dedican al trabajo doméstico, 90% son mujeres y 99% de ellas trabajan en la informalidad, sin prestaciones ni derechos laborales.

Si, si hay avances notables en el ámbito jurídico, político, educativo, para el empoderamiento de las mujeres, pero insuficientes. Los obstáculos culturales, partidistas, políticos, institucionales y estructurales, son tan fuertes que derribarlos podría tardar más de 100 años.

Uno de los avances más visibles, es el principio de paridad en la postulación de candidaturas que entró en vigor en el 2014 y que  permite ahora ser uno de los países con mayor  empoderamiento político de las mujeres. El 42% de las curules en la cámara federal de diputados son ocupadas por mujeres, el 32%  en el senado,  un promedio similar en los congresos locales, aunque en la integración de los ayuntamientos el avance es mucho menor, porque sólo el 14% de las presidencias municipales están encabezadas por mujeres en el país.

Los desafíos son muchos, uno de ellos ahora, es detener la violencia política por razón de género, que se incrementó de manera escalofriante, con la llegada de más mujeres a los puestos de decisión.

Pero el camino para alcanzar la igualdad nunca ha sido fácil, ha sido siempre cuesta arriba. Históricamente los partidos políticos, se han caracterizado por ser organizaciones, donde las mujeres juegan un papel secundario. Sólo el 33% tienen obligaciones estatutarias para la igualdad y los cargos directivos para ellas en las estructuras partidistas apenas representan el 25%.

Las resistencias para integrar equitativamente a las mujeres y garantizar procesos internos democráticos, están a la vista de todos. La renuncia de Margarita Zavala al Partido Acción Nacional, después de muchos años de militancia, es una de las muestras más fehacientes de esta realidad.

Luego de su declinación a la candidatura independiente, no sólo dejó al electorado, sin la posibilidad de votar por una opción femenina, puso en evidencia a todo un sistema que sigue cerrando la oportunidad a las mujeres de competir en condiciones de igualdad por la presidencia de la república, cargo al que ninguna mujer ha llegado en nuestro país.

Mexico ha suscrito tratados y convenciones internacionales, como la Plataforma de Beijing, la Agenda 2030 y CEDAW, que lo obligan a poner fin a todas las formas de discriminación y de violencia contra las mujeres,  a reconocer y valorar los cuidados no remunerados y el trabajo doméstico, asegurar la paridad en la política, la empresa privada, en los medios de comunicación, en la academia , y en todos los ámbitos de poder, garantizar el acceso universal a la salud sexual y reproductiva y reducir las brechas de desigualdad en el uso de las tecnologías de la información y la comunicación.

La agenda pendiente es amplia y el avance muy lento.

Por eso, no piden demasiado, quienes demandan contiendas más democráticas, donde no sea excluido del debate y del proyecto de nación el 50% de la población y que quienes aspiran a gobernar, se comprometan a trabajar por un cambio estructural, sin simulaciones, con presupuesto, planeación, leyes y políticas públicas con perspectiva de género, que sean visibles y tangibles en la vida cotidiana de las mujeres y no sólo de papel.


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Para quienes nos conocen y han sido testigos del camino que hemos recorrido en el periodismo, no les sorprenderá que estemos anunciando el nacimiento de un nuevo proyecto editorial digital: La Talacha Noreste (www.latalachanoreste.com), en el que reafirmamos nuestra pasión por el oficio, pero sobre todo, nuestro compromiso con la verdad y lealtad con los intereses de la sociedad.

La Talacha Noreste, surge justo  a un año 8 meses, de que mi familia y yo, salimos de manera abrupta de Tamaulipas,  víctimas de un desplazamiento forzoso por amenazas de muerte.

Por eso, es un proyecto que nace fuera de Tamaulipas, hecho por periodistas tamaulipecos, que seguimos en espera de poder regresar a nuestra casa y de que el Estado Mexicano nos garantice un retorno seguro para seguir ejerciendo la profesión en nuestra tierra. No vamos a perder la esperanza.

Mientras tanto, a pesar de los sobresaltos y pérdidas, que hemos tenido que sufrir en los últimos años, tenemos claro, que la mejor manera de contribuir para recuperar la paz y el estado de derecho y hacer de éste, un país más libre, más justo y democrático, es seguir haciendo nuestro trabajo, ejerciendo un periodismo socialmente responsable.

Conocemos los riesgos.  La amarga experiencia que vivimos así como los asesinatos, los feminicidios y las desapariciones de periodistas registradas en México en los dos últimos sexenios, nos recuerda todos los días la grave crisis de derechos humanos que enfrenta nuestro país y lo peligroso que es ejercer este oficio.

El repunte en el desplazamiento y la expansión de las zonas de silencio, como Tamaulipas, donde las redacciones viven bajo la autocensura y el miedo, desde luego que son motivo de preocupación.

Tan sólo en un lapso de 8  días, lamentamos el feminicidio de la periodista del Financiero Alicia Díaz González,  registrado el 24 de mayo, en la ciudad de Monterrey. El 29 de mayo, también lloramos el brutal asesinato a golpes del corresponsal de Excélsior y Grupo Imagen Hector González Antonio, en una colonia de Ciudad Victoria, Tamaulipas y el 2 de junio, le cegaron la vida con 7 balas a la joven fotoperiodista Maria del Sol Cruz Jarquín, en Juchitán, Oaxaca. Todas, pérdidas muy dolorosas, para sus familias, para el gremio periodístico y la sociedad entera, porque sin duda, representan un artero golpe al corazón de nuestra debilitada democracia.

En este contexto, el nacimiento de un nuevo medio de comunicación digital, es un reto mayúsculo. Porque junto a la violencia estructural que trastoca todos los días la libertad de expresión, también ha crecido la desconfianza ciudadana en la profesión periodística. No ignoramos que la prensa ha perdido credibilidad, que las audiencias ya no le creen a las/os periodistas como antes.

Por eso, la Talacha Noreste cuidará su independencia editorial y asume el compromiso con la verdad, en estos tiempos donde las noticias falsas (fake news), son el pan nuestro de cada día, que nos obliga a velar porque la inmediatez y la presión del tiempo, no sea pretexto para no profundizar y verificar la información que le estaremos presentando.

Estamos muy conscientes que, igual que otras instituciones, las relaciones entre la prensa y sus audiencias se han desgastado. Nosotros trabajaremos todos los días para ganar la confianza de nuestros lectores y para que nuestros contenidos, les ayuden a tomar decisiones de manera libre e informada.

 

rosamaria@latalachanoreste.com

 



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